El mundo de la comedia cinematográfica ha sido testigo de innumerables talentos que han dejado una huella imborrable en la memoria colectiva. Entre ellos, destacan aquellos actores cuya presencia física, a menudo corpulenta, se convirtió en un sello distintivo de su arte cómico, especialmente durante las décadas de los 80 y 90. Estos artistas, con su carisma y talento innato, demostraron que el humor no tiene talla y que la risa puede surgir de las formas más inesperadas.
Laurel y Hardy: Pioneros del Humor Gordo
El dúo cómico por excelencia, conocido en español como "El Gordo y el Flaco", formado por Oliver Hardy y Stan Laurel, sentó las bases para muchos cómicos que vendrían después. Su carrera, que se inició en el cine mudo en la década de 1920 y se extendió hasta la segunda mitad del siglo XX, es un testimonio de su perdurable popularidad.
Oliver Hardy, "el Gordo", y Stan Laurel, "el Flaco", eran un dúo estadounidense y británico respectivamente. Su primer encuentro en la gran pantalla fue en la película muda "The Lucky Dog" (1918), aunque no fue hasta 1927, bajo la producción de Hal Roach, que su carrera como pareja despegó. La transición al cine sonoro, con el corto "Unaccustomed As We Are" (1929), demostró su adaptabilidad, y los acentos distintivos de Laurel y Hardy añadieron una nueva dimensión a sus personajes.

Los cortos de Laurel y Hardy, a menudo de veinte minutos de duración, se caracterizaban por un humor slapstick, donde la exageración de la violencia física era una constante, similar a la de los dibujos animados. Un ejemplo clásico es la escena en la que Hardy, con clavos en la boca, recibe una palmada en la espalda de Laurel y se los traga accidentalmente. Su método de "ordeñar" ideas simples para encadenar múltiples gags cómicos era muy efectivo.
Sus personajes, a menudo tontos pero eternamente optimistas e inocentes, resonaban con el público. A pesar de las caídas y los accidentes, su amistad inquebrantable y su devoción mutua eran el corazón de su comedia. Laurel y Hardy utilizaban su físico para potenciar sus poses ridículas pero realistas, como el peinado "de susto" de Stan o los andares de pies planos de Oliver.
La imagen de ambos con sombrero bombín añadía una cuota de formalidad cuasi británica que contrastaba cómicamente con sus desventuras. Aunque en la pantalla parecían torpes, en la vida real Laurel era el líder dinámico y ambicioso, mientras que Hardy era más tolerante. Laurel, de hecho, retocaba gran parte de los guiones, supervisando meticulosamente cada fase de la producción.

La famosa rutina cómica "tit-for-tat" (esto por aquello) ilustra perfectamente su estilo de conflicto cómico. En ella, el dúo y su oponente se destrozan mutuamente objetos preciados, llevando la situación a un caos generalizado. Sus películas, a veces rozando el surrealismo, como cuando Laurel enciende una pipa con una llama que surge de sus dedos, demostraban una inventiva sin límites.
John Candy: Un Gigante de la Comedia de los 80 y 90
Saltando a las décadas de los 80 y 90, la figura de John Candy emerge como un pilar del cine cómico. Su carisma y talento natural lo consagraron como uno de los actores más queridos de su generación, a pesar de su corpulencia, que a menudo era objeto de comentarios en la industria.
Bill Murray, compañero de Candy en sus inicios, lo describe como un actor que definía el cine gamberro de los ochenta. A pesar de su éxito, Candy era conocido por su humildad y generosidad. Renunció a papeles para estar con sus hijos, fue un marido fiel y un actor venerado por sus compatriotas canadienses, quienes llegaron a cerrar la autopista principal de Toronto para su cortejo fúnebre.

El documental "John Candy: Yo me gusto" revela facetas menos conocidas del actor, como el trauma por la muerte temprana de su padre y sus luchas contra la ansiedad y el estigma de su peso en Hollywood. A pesar de las burlas, Candy afirmaba quererse tal como era, aunque la industria a menudo le pedía que mantuviera su figura corpulenta.
Candy demostró ser un actor versátil, capaz de pasar de la comedia pura a roles dramáticos, como su impactante interpretación en "JFK: Caso abierto" (1991). Su talento y su calidad humana eran admirados por colegas como Steve Martin, Tom Hanks, Dan Aykroyd, Martin Short, Catherine O'Hara y Bill Pullman, quienes destacaron su generosidad y su capacidad para hacer brillar a los demás.
A pesar de las tentaciones y presiones de Hollywood, Candy luchó por mantener su integridad. Rechazó papeles que podrían haber alterado su carrera, como el de Fatty Arbuckle o el de "Cazafantasmas", demostrando un compromiso con sus valores. Su vida, vivida a toda velocidad, terminó trágicamente en 1994, dejando un vacío en el mundo de la comedia.
JOHN CANDY - Vida y Muerte
El Legado de los Cómicos "Gordos"
Tanto Laurel y Hardy como John Candy, a pesar de sus diferentes épocas, compartieron la habilidad de transformar su físico en una herramienta cómica poderosa. Demostraron que la empatía, la vulnerabilidad y un talento excepcional para hacer reír son universales, trascendiendo cualquier barrera física.
Su legado perdura en las generaciones de comediantes que han seguido sus pasos, inspirados por su valentía para ser ellos mismos y por su innegable capacidad para conectar con el público a través de la risa. Estos "actores gordos cómicos" no solo nos hicieron reír, sino que también nos enseñaron valiosas lecciones sobre la aceptación y la importancia de la humanidad en el arte.
| Año | Película |
|---|---|
| 1932 | Pack Up Your Troubles |
| 1933 | Fra Diavolo (The Devil's Brother) |
| 1933 | Sons of the Desert |
| 1934 | Babes in Toyland |
| 1951 | Robinsones Atómicos (Utopía) |
| Año | Película |
|---|---|
| 1981 | El pelotón chiflado |
| 1983 | ¡Socorro! Llegan las vacaciones |
| 1984 | Un, dos tres... Splash |
| 1987 | Mejor solo que mal acompañado |
| 1991 | JFK: Caso abierto |
| 1995 | Operación Canadá |