La reputación de Abraham Lincoln se basa en haber salvado a su país de los estragos de la secesión y en la abolición de la esclavitud. Pero su heroica lucha contra las fuerzas del mal, contra los vampiros, los «no muertos», ha permanecido oculta durante cientos de años. Hasta que Seth Grahame-Smith, célebre coautor de Orgullo y prejuicio y zombis, descubrió el Diario secreto de Abraham Lincoln.
Usando ese asombroso documento como guía, Grahame-Smith ha reconstruido la verdadera historia del prócer estadounidense, revelando los temibles secretos tras la Guerra Civil y arrojando luz sobre el papel de los vampiros en el nacimiento y desarrollo de Estados Unidos, así como el momento en que esas terroríficas criaturas casi acabaron con el país.
Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros parte de una idea tan absurda como fascinante: el Presidente Lincoln, que promulgó la ley de emancipación que liberaba a los esclavos, era también un cazador de vampiros. Y además, la Guerra de Secesión no sólo enfrentó a Norte contra Sur, sino que fue la guerra definitiva contra los vampiros.
La película cuenta la vida de Lincoln, desde su niñez, cuando un vampiro mata a su madre y sólo tiene una idea en la cabeza, vengarse de él. Al crecer conocerá a Henry, un misterioso personaje que le enseñará el oficio de cazador de vampiros. Lincoln elegirá un hacha para su trabajo y terminará siendo Presidente de Día y Cazador de vampiros por la noche.
La manera de presentar a los confederados como villanos aliados de los vampiros parece haber despertado polémica en Estados Unidos, quizá por la simplificación de esa segunda mitad, que trata los acontecimientos históricos de manera esquemática y con ligereza. La película somete la Historia, con mayúscula, a su historia, con minúscula, de una forma un tanto simplona.
En cierto modo es una técnica parecida a la reinvención de la Historia llevada a cabo por Tarantino en Malditos Bastardos pero llevada al límite del absurdo.
La película combina un poco de terror (lo justo) con mucha acción. Lo mejor, sin duda, son las explicaciones del papel de los vampiros en la esclavitud y en la historia de EE.UU.
El gran momento de esa primera mitad es la pelea en la estampida de caballos. Espectacular y descarada.

La segunda parte llega tras una elipsis temporal de varios años y nos presenta a Abraham Lincoln convertido ya en presidente de los Estados Unidos, tras haber abandonado durante años la caza de vampiros. Es en esa segunda parte donde todo lo que era festivo y divertido en la primera adquiere un tono más trascendente y denso.
Asistimos en esa segunda mitad a la guerra entre la Unión y la Confederación hasta llegar a la batalla de Gettysburg. El estupendo actor británico Dominic Cooper interpreta a Henry, el personaje más misterioso de la película que instruye a Lincoln en la caza de vampiros pero que guarda numerosos secretos.
Anthony Mackie es Will, el amigo y guardaespaldas de Lincoln. Un personaje que se creó especialmente para la película. Y Mary Elizabeth Winstead interpreta convincentemente a la esposa de Lincoln, una mujer de armas tomar.
Adam es el líder de los vampiros, una criatura milenaria, con poderes prácticamente ilimitados, interpretada por el estupendo Rufus Sewell. Un personaje creado también para la película por Seth Grahame-Smith.
La manera de presentar la transformación y los ataques de los vampiros es destacable. Lo mismo ocurre con el antagonista, Adam. Merece más secuencias en esa plantación del sur que me ha recordado una novela sobre vampirismo en el Mississippi escrita por George R.R. Martin, autor de Juego de tronos, titulada Sueño del Fevre.
El ruso Benjamin Bekmambetov es un experto en el cine de vampiros, ya que saltó a la fama con la exitosa Guardianes de la noche (2004), una interesante vuelta de tuerca al género a la que siguió una secuela, Guardianes del día.

Dos películas que triunfaron en todo el mundo (En Rusia recaudaron más que El Señor de los anillos: La Comunidad del anillo) y le llevaron a Hollywood. También dirigió The irony of fate, la película más taquillera de la historia, en Rusia, sólo por detrás de Avatar.
En Hollywood se estrenó con Wanted, la adaptación del cómic de Mark Millar protagonizada por Angelina Jolie, de la que actualmente prepara una secuela. Por cierto que Wanted y Lincoln tienen su clímax en sendos descarrilamientos de trenes.
Un director muy cualificado para las escenas de acción que ofrece lo que promete: dos horas de pura adrenalina. Lo mejor, su visión vampírica de la historia de Norteamérica y ese ejército de vampiros sudistas imparable.
La película es un competente producto de acción y evasión en la que destaca una coreografía de secuencias de lucha inspirada por Matrix que nos permite ver con claridad y en cámara lenta la evolución de la verdadera estrella de la función: el hacha que maneja el protagonista.
Las escenas de la estampida de los caballos y el ataque al tren son muy buenos ejemplos de sinergia entre el lenguaje del cómic y el cine que viene manifestándose en los últimos tiempos en las películas de acción y fantasía.
CAZADOR DE VAMPIROS - NUEVO TRAILER CASTELLANO
La película cuenta con un prometedor arranque, una introducción en el estilo de aquel Stephen King de finales de los 70 y principios de los 80 que nos hacía presagiar algo realmente bueno. Tras ese inicio lleno de misterio e intriga asistimos a los primeros años de vida de Lincoln, son los mejores momentos de la historia.
Acción, rebeldía, inquietudes, preguntas sin respuesta, se dan la mano con un telón vampírico de fondo en el que comprendemos por lo que el joven está pasando y nos creemos que eso llegará a ser posible.
Si bien es cierto que esta concepción del futuro Presidente recuerda sobremanera al Dean Winchester de la serie Sobrenatural no molesta, estamos disfrutando mucho con lo que se nos cuenta, la ambientación es propicia y encaja a la perfección con un chico que ha tenido que pasar momentos duros, terribles y terroríficos.
Uno de los problemas de la historia es haber querido mantener inalterado el carácter histórico del personaje, el carisma de Abe es mundialmente conocido y empieza a desentonar con el escenario planteado.
La manera de presentar a los confederados como villanos aliados de los vampiros parece haber despertado polémica en Estados Unidos, quizá por la simplificación de esa segunda mitad, que trata los acontecimientos históricos de manera esquemática y con ligereza. La película somete la Historia, con mayúscula, a su historia, con minúscula, de una forma un tanto simplona.
Como historia de época, el diseño de producción es brillante, pero el tratamiento de las claves de la Guerra Civil es tópico e ingenuo, especialmente a la hora de abordar el tema de la liberación de los esclavos. Creo que a la segunda mitad le perjudica esa moralina simplista y el alarde de maniqueísmo en el conflicto del Norte contra el Sur.
Ese desequilibrio entre la primera y la segunda mitad indica que habría sido buena idea rodar dos películas sobre la novela de Seth Grahame-Smith, siguiendo la estrategia de adaptación de El Hobbit planteada por Peter Jackson.
El arco de desarrollo del personaje y el entorno histórico que lo rodea son tan amplios que meterlo todo en 105 minutos de metraje ha generado ese desequilibrio entre la primera y la segunda mitad.
La juventud de Lincoln y su formación como ejecutor de vampiros tenía material de sobra para dar lugar a una primera película. La vida de Lincoln como inquilino de la Casa Blanca y la etapa de la Guerra Civil merecían también su propio largometraje.
A pesar de todo ello, la película es un competente producto de acción y evasión en la que destaca una coreografía de secuencias de lucha inspirada por Matrix que nos permite ver con claridad y en cámara lenta la evolución de la verdadera estrella de la función: el hacha que maneja el protagonista.
Otra cosa que me ha gustado mucho es la manera de presentar la transformación y los ataques de los vampiros. Lo mismo ocurre con el antagonista, Adam (Rufus Sewell).
Merece más secuencias en esa plantación del sur que me ha recordado una novela sobre vampirismo en el Mississippi escrita por George R.R. Martin, autor de Juego de tronos, titulada Sueño del Fevre.
Creo que la película ganaría mucho dándole más protagonismo a los vampiros, algo desdibujados en el conjunto del filme.
Es algo que se repite en la filmografía de Timur Bekmambetov: películas con tendencia a ser mejores en su primera mitad que en la segunda. Y tal como ocurre en sus títulos anteriores, donde más brilla el talento visual de este director es en las secuencias de acción, un despliegue arrollador de energía visual.
Las escenas de la estampida de los caballos y el ataque al tren son muy buenos ejemplos de sinergia entre el lenguaje del cómic y el cine que viene manifestándose en los últimos tiempos en las películas de acción y fantasía.
Conclusión: un buen producto de entretenimiento que brilla en su primera mitad y nos proporciona un saludable retorno de los vampiros como protagonistas del cine de terror.
La película se toma a sí misma demasiado en serio. Con otro enfoque, quizá de comedia, podía haber sido una película más interesante. Pero es lo que es, un entretenimiento bien rodado que da lo que promete: espectáculo y peleas constantes contra los vampiros, hasta un clímax espectacular.
Una típica película de palomitas que combina un poco de terror (lo justo) con mucha acción.
Lo mejor, sin duda, son las explicaciones del papel de los vampiros en la esclavitud y en la historia de EE.UU.
La película cuenta la vida de Lincoln (Lux Haney-Jardine), desde su niñez, cuando un vampiro mata a su madre y sólo tiene una idea en la cabeza, vengarse de él.
Al crecer conocerá a Henry (Dominic Cooper) un misterioso personaje que le enseñará el oficio de cazador de vampiros.
Lincoln elegirá un hacha para su trabajo y terminará siendo Presidente de Día y Cazador de vampiros por la noche.
Una disparatada historia que sólo podía surgir de la mente de Seth Grahame-Smith, el escritor de la novela, guionista y coproductor de la película.
Y mundialmente conocido por su bestseller Orgullo y prejuicio y zombis (ed. Urano), la versión de la novela de Jane Austen con Zombis.
También ha escrito el guión de la reciente Dark Shadows, dirigida por Tim Burton, que es productor de este Lincoln (todo queda en casa).
Grahame cuenta que en 2009, con motivo del bicentenario del nacimiento de Lincoln, se fijó en las estanterías de las librerías. Y contenían dos tipos de libros, sobre la vida del presidente y sobre vampiros tipo Crepúsculo y True Blood. Así que se le ocurrió juntar ambos temas.
Afortunadamente sus vampiros son malos hasta la médula y no los acaramelados que tanto daño han hecho al género.
Eso sí, caminan de día (algo que tampoco nos gusta demasiado a los aficionados al género) y lo peor de todo, ¡pueden volverse invisibles!, algo que quizá funcione en la novela (que no he tenido la ocasión de leer) pero que en la película es totalmente innecesario y hasta ridículo (Si los vampiros pueden ser tan veloces como para escapar a la vista de los humanos ¿para qué volverse invisibles?).
Y su Lincoln es un auténtico superhéroe, quizá el primero de EE.UU.: "No tenía familia, era pobre y sin apenas educación. Y aún así, provisto únicamente de su cerebro, se convirtió en presidente y salvó una nación" -asegura Seth-.
El protagonista es el desconocido Benjamin Walker (que guarda un asombroso parecido con Liam Neeson) un actor de teatro, y yerno de Meryl Streep, que ha dotado de un toque de humor a su personaje.
Se suma así a otros célebres cazadores de no muertos como Van Helsing o Blade, pero sin llegar a tener el carisma de los mismos.
Sus armas, un hacha de plata (con sorpresas) y mucho ingenio.
Y la escena el famoso discurso de Gettysburg, cuando invocó los principios de igualdad de los hombres consagrado en la Declaración de Independencia y redefinió la Guerra Civil como un nuevo nacimiento de la libertad para los Estados Unidos y sus ciudadanos.
El estupendo actor británico Dominic Cooper (Mi semana con Marilyn) interpreta a Henry, el personaje más misterioso de la película que instruye a Lincoln en la caza de vampiros pero que guarda numerosos secretos.
Anthony Mackie (Million dollar baby) es Will, el amigo y guardaespaldas de Lincoln.
Un personaje que se creó especialmente para la película.
Y Mary Elizabeth Winstead (Breaking Bad) interpreta convincentemente a la esposa de Lincoln, una mujer de armas tomar.
Adam es el líder de los vampiros, una criatura milenaria, con poderes prácticamente ilimitados, interpretada por el estupendo Rufus Sewell (The tourist).
Un personaje creado también para la película por Seth Grahame-Smith.
El ruso Benjamin Bekmambetov es un experto en el cine de vampiros, ya que saltó a la fama con la exitosa Guardianes de la noche (2004), una interesante vuelta de tuerca al género a la que siguió una secuela, Guardianes del día.
Dos películas que triunfaron en todo el mundo (En Rusia recaudaron más que El Señor de los anillos: La Comunidad del anillo) y le llevaron a Hollywood.
También dirigió The irony of fate, la película más taquillera de la historia, en Rusia, sólo por detrás de Avatar.
En Hollywood se estrenó con Wanted, la adaptación del cómic de Mark Millar protagonizada por Angelina Jolie, de la que actualmente prepara una secuela.
Por cierto que Wanted y Lincoln tienen su clímax en sendos descarrilamientos de trenes.
En fin, un director muy cualificado para las escenas de acción que ofrece lo que promete, dos horas de pura adrenalina.
Lo mejor, su visión vampírica de la historia de norteamérica y ese ejército de vampiros sudistas imparable.
Tal y como dice el título esto va de que el insigne Presidente de los Estados Unidos de América fue en realidad un cazador de vampiros desde jovencito hasta el día de su muerte.
De este modo, la película nos narra como el caballero recorre el camino desde ser estudiante de derecho a abolicionista de la esclavitud.
Afortunadamente, durante su trayecto se tendrá que enfrentar con unos cuantos vampiros y veremos como toma consciencia de que eso de que los de los colmillos afilados se coman a los negros no está bonito.
Siguiendo con la mezcla del tema de los vampiros con la historia real también veremos como los del sur se alían con éstos para intentar ganar la guerra civil y cómo Abraham se lo monta para idear un estupendo plan para ganar la definitiva Batalla de Gettysburg.
La chica de la película no debe enterarse de nada pero aun así debe tener carácter: esto que puede parecer una contradicción ciertamente lo es y aquí se aplica a la perfección.
Yo ya no sé si Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros es buena o es mala. Me cuesta discernir el bien del mal en este caso.
No sé si el hecho de que esté contada en serio le ha hecho perder público que lo mismo quería ver un dislate y no un drama histórico.
Porque está claro que los que quieran ver algo relacionado con la historia de Lincoln se esperarán a la de Spielberg.
Esta es la versión escrita sobre la que se hizo el filme del mismo nombre, adaptado y dirigido por Tim Burton y Timur Bekmambetov.
La obra está en la ola, tan de moda, de revisar obras o vidas clásicas incorporando vampiros como alter egos de los protagonistas.
En esta novela, la historia se levanta sobre la base de un mítico diario del ex presidente norteamericano al que habría tenido acceso el escritor que, en el libro, cuenta la otra biografía de Abraham Lincoln.
La historia de la novela señala que este habría sido un cazador de vampiros, instruido en tal actividad por su padre, ya que su madre habría sido una víctima de semejantes criaturas.
La obra mezcla inteligentemente aspectos verdaderos y otros fantásticos de la vida del ilustre estadounidense, como su amistad con el poeta Edgar Allan Poe, quien también es señalado como víctima de los vampiros.
La reputación de Abraham Lincoln se basa en haber salvado a su país de los estragos de la secesión y en la abolición de la esclavitud. Pero su heroica lucha contra las fuerzas del mal, contra los vampiros, los «no muertos», ha permanecido oculta durante cientos de años.
Hasta que Seth Grahame-Smith, célebre coautor de Orgullo y prejuicio y zombis, descubrió el Diario secreto de Abraham Lincoln.
Seth Grahame-Smith es autor del best-seller internacional Orgullo y prejuicio y zombis (publicado por Umbriel).
En la actualidad se encuentra dando los toques finales a Unholy Night, una versión oscuramente revisionista de los Reyes Magos.
Muchas veces se me ha acusado de ser muy purista con el género de terror en general y con los vampiros en particular.
Por supuesto esto no es cierto, ya que de ser así una de mis películas favoritas jamás sería (y lo es) El baile de los vampiros, una de las mejores comedias de horror en la que el mito vampírico recibe un varapalo.
Así pues no es cuestión de purismo, o de falta de sentido del humor, por el contrario es una cuestión de sentido común.
Conste que soy de las que piensa que hay pocas cosas sagradas dentro de la literatura, todo es susceptible de ser parodiado o revisado, pero también creo que esto no significa que todo vale sólo con la intención de vender más ejemplares.
Lamentablemente Seth Grahame-Smith piensa que sí en ambos casos, su segunda novela en ver la luz en nuestro país es un claro ejemplo de ello.
“Abraham Lincoln. Cazador de vampiros” cuenta con un prometedor arranque, una introducción en el estilo de aquel Stephen King de finales de los 70 y principios de los 80 que nos hacía presagiar algo realmente bueno.
Tras ese inicio lleno de misterio e intriga asistimos a los primeros años de vida de Lincoln, son los mejores momentos de la historia.
Acción, rebeldía, inquietudes, preguntas sin respuesta, se dan la mano con un telón vampírico de fondo en el que comprendemos por lo que el joven está pasando y nos creemos que eso llegará a ser posible.
Si bien es cierto que está concepción del futuro Presidente recuerda sobremanera al Dean Winchester de la serie “Sobrenatural” no molesta, estamos disfrutando mucho con lo que se nos cuenta, la ambientación es propicia y encaja a la perfección con un chico que ha tenido que pasar momentos duros, terribles y terroríficos; luego Abraham crece… y llega el desastre.
Uno de los problemas de la historia es haber querido mantener inalterado el carácter histórico del personaje, el carisma de Abe es mundialmente conocido y empieza a desentonar con el escenario planteado.
Nos encontramos en este punto con un protagonista que se convierte en la marioneta de un puñado de vampiros, que ejecuta los actos que ellos le dicen sin plantearse cuestión alguna, el Abraham Lincoln de Grahame-Smith se ha convertido en un esclavo, en el brazo armado de las criaturas que trata de combatir; esto choca con la manera de ser del personaje, el autor, al no querer remodelar la personalidad real de Abe, cae en continuas contradicciones como, por un lado narrar en primera persona la férrea voluntad de exterminar a esas criaturas, y por otro, asistir en tercera a sus actuaciones por orden del vampiro como si fuera un perrito faldero.
Esto nos lleva a uno de los puntos más lamentables de toda la trama: el motivo por el que Lincoln quiere abolir la esclavitud.
A este supuesto Lincoln le importan tres pepinos que los negros sean tratados como escoria, si se les reconoce como personas o no importa poco, el único fin que quiere lograr es que no haya vampiros, y como estos se alimentan de esclavos hay que acabar con la esclavitud.
Así de claro, así de triste, así de provocación barata.
Como dije más arriba, hay pocas cosas sagradas, pero reducir uno de los mayores logros de la humanidad a una cosa tan burda, y a la vez querer dotar el todo de una seriedad elevada, es oportunismo y mal gusto.
Si el escritor pretendía hacer algo realmente exagerado sólo tendría que haber escrito “Adolf Hitler y el Holocausto de los zombis”, hablarían de él, se montaría un cirio descomunal, y a él le importaría muy poco lo que dijeran de su obra.
Y en realidad muy poco le tiene que importar todo para, además de ningunear la libertad de la raza negra, documentarse en la Wikipedia y calcar párrafos, expresiones y situaciones; digo yo que será porque en Estados Unidos no hay eruditos, profesores e historiadores especializados en la figura de Lincoln y en la guerra de secesión (que en la novela se reduce a un capítulo y, sí, adivinais bien, ganan los buenos gracias a los vampiros que Lincoln se quiere cargar… entonces ¿es Abraham el malo, no?).
Mientras aniquila vampiros, acata sus órdenes y le pasa alguna cosa más, llega a convertirse en Presidente de la nación.
Lo peor de todo es que la novela pretende pasar por una historia seria para adultos, cuando la realidad nos dice que este tipo de pastiches, revisiones o reinterpretaciones históricas, necesitan un punto irreverente y gamberro para no caer en el más absoluto de los ridículos.
Se puede hacer parodia de los monstruos, la saga de “La cocina de los monstruos” de Martin Piñol, lo deja claro, nos podemos mofar de la Navidad y lo que representa como demostró Christopher Moore en “El Ángel más tonto del mundo”, incluso carcajearse sobre Jesucristo sin herir sensibilidades con David Safier y su “Jesús me quiere”, pero no se puede coger un personaje histórico, rodearlo de vampiros, pillar cuatro datos de internet y hacerse llamar escritor, máxime cuando tu anterior novela no está escrita por ti, si no por una tal Jane Austen.
Añadir zombis, vampiros, hombres lobo, momias, o lo que sea a una historia ya existente, no es escribir, es aprovecharse de la situación.

Puede que en un pasado alternativo en la tarjeta de visita de El Honesto Abe viniera escrito “Abraham Lincoln.