La Batalla de Guadalajara, librada en marzo de 1937, fue uno de los enfrentamientos más significativos y relevantes de la Guerra Civil Española, especialmente porque supuso un importante revés para las fuerzas italianas que apoyaban al bando sublevado. Este choque por el dominio de la capital aconteció en un momento de profundas transformaciones como la internacionalización de la contienda. La victoria republicana en Guadalajara tuvo una enorme repercusión propagandística, demostrando que las fuerzas fascistas podían ser vencidas y elevando la moral de combatientes y población. Para el bando sublevado y para Italia, supuso un fracaso humillante que evidenció la falta de coordinación y preparación de las tropas enviadas por Mussolini. El desenlace de la batalla de Guadalajara fue el último acto de un cambio de rumbo fundamental en el desarrollo de la guerra.
Hasta ese momento, en el bando rebelde pensaban que se encontraban ante un pronunciamiento militar clásico, en el que una parte del ejército se sublevaba, se hacía con el control, invadía Madrid y formaba gobierno. Los nacionales, tras varios fracasos, trasladaron su esfuerzo hacia Guadalajara, con el fin de hacer avanzar el frente en ese sector hasta las puertas de Madrid. Sin embargo, tras la derrota de Guadalajara, los fascistas tuvieron que cambiar otra vez de estrategia. No pudieron invadir la capital española tan pronto como pensaban. Habían minusvalorado la potencia de las tropas democráticas. Por tanto, tuvieron que corregir su táctica original, enfocándose en el Frente Norte.
El Contexto de la Ofensiva Italiana
A finales de 1936, el acuerdo al que habían llegado Franco y Mussolini de emplear tropas italianas para luchar en la Guerra Civil comenzó a exceder lo previsto con el desembarco de 10 000 soldados italianos a la Península. Los éxitos iniciales de este Corpo Truppe Volontarie (CTV) durante la toma de Málaga enardecieron al Duce que, convencido de que solo gracias a su apoyo podría Franco salir adelante, presionó al general para que permitiera a sus tropas atacar diversos objetivos clave. Para marzo de 1937, el ejército del Centro era ya un hecho y pronto tendría que enfrentarse al ataque del enemigo hacia Guadalajara. La ruptura del frente y el avance del CTV por Carlos J. Guadalajara se presentaba como una oportunidad idónea para tomar la capital de España mediante una maniobra envolvente desde el nordeste. Con elevada moral tras la toma de Málaga, los voluntarios italianos encuadrados en el recién formado Corpo Truppe Volontarie, que había recibido importantes refuerzos de efectivos y materiales, llevarían a cabo el esfuerzo principal de la operación.
La colaboración con el bando sublevado formaba parte de los proyectos imperialistas de Mussolini, que intentaba hacerse con el dominio del Mediterráneo, un proyecto en el que esperaba que una España franquista pudiera colaborar. El contingente italiano, que estaba ya convirtiéndose en un gran ejército expedicionario, buscaba obtener victorias que aumentaran su prestigio en acciones rápidas y decisivas. Aunque Guadalajara parecía ser la oportunidad perfecta, la incapacidad y escasa preparación de las tropas del CTV y una estimación errónea del terreno y las fuerzas del enemigo complicaron la victoria. A esto habría que sumar la rivalidad hispano-italiana que llevó a cierta falta de cooperación con Franco, al que el general italiano Roatta culpó del fracaso.

El Desarrollo de la Batalla
La Batalla de Guadalajara tuvo lugar entre el 8 y el 23 de marzo de 1937 en torno a la capital alcarreña. En ella participaron el Ejército Popular Republicano con el apoyo de las Brigadas Internacionales y, por otro lado, el Corpo Truppe Volontarie italiano apoyado por el ejército franquista, y en concreto por la División Soria comandada por el general Moscardó. Según cuenta Laura Lara, durante todo el 8 de marzo de 1937, los italianos bombardearon con su artillería el frente republicano al mando del coronel Víctor Lacalle, rompiendo la línea con sus tanquetas. Al día siguiente, el 9 de marzo, el Corpo Truppe Volontarie siguió su avance con tanques pesados y, hasta el 11 de marzo, los nacionales parecieron ir adelante. Es aquí donde Brihuega juega un papel fundamental, pues esta localidad guadalajareña fue el destino de un movimiento envolvente en el que las divisiones del ejército republicano, comandadas por Enrique Líster y Cipriano Mera, cosecharon éxitos. Otro hito republicano se registró el 14 de marzo, en los bosques de Brihuega, al ocupar la XII Brigada Internacional el Palacio de Ibarra, tomado jornadas antes por los «camisas negras».
La ofensiva italiana debía consistir en una violenta y rápida rotura de la línea, por la que penetraría el CTV en progresión celere a través de la carretera Madrid-Guadalajara-Zaragoza. Sin embargo, las condiciones meteorológicas fueron muy duras. Algo que las escuadras fascistas no tuvieron en cuenta. Así, progresivamente, se fueron complicando los deseos iniciales de los atacantes. El CTV pretendía, a través de un ataque combinado, abrir una brecha en las posiciones republicanas, y de esta forma rodear la capital española por el flanco noreste. Lo que, evidentemente, implicaba hacerse con Guadalajara o Alcalá de Henares.
El mal tiempo, con fuertes lluvias y barro, jugó un papel decisivo y desbarató la movilidad de los tanques y vehículos italianos, dejando a sus columnas expuestas. Las lluvias intensas convirtieron los caminos en auténticos lodazales, bloqueando el paso de tanques, camiones y artillería. Este imprevisto dejó a las columnas italianas desorganizadas y vulnerables, permitiendo a los defensores republicanos reorganizarse y lanzar contraataques efectivos. El periodista Mijail Koltsov informó de que «los elementos atmosféricos fueron los mejores aliados de los republicanos». Según señala Laura Lara, «los nacionales no podían salir del lodo desde la Nacional II y, así, se materializó el primer colapso o atasco de esta vía de comunicación entre Madrid y Zaragoza. El soporte aéreo al ejército sublevado tampoco pudo canalizarse a través de la ayuda que la Legión Cóndor estaba dispuesta a prestar, pues la meteorología impidió el uso de los aeródromos de campaña de Soria.»

La batalla comenzó con una ofensiva italiana el 8 de marzo precedida de un intenso bombardeo de artillería, obligando a las tropas del Ejército Popular Republicano a retroceder, perdiendo varias localidades, algunas de cierta transcendencia estratégica, como Jadraque, en el valle del río Henares y Brihuega, en el del Tajuña. El avance relámpago permitió a las tropas italianas llegar hasta las proximidades de Guadalajara, deteniéndose a menos de 20 km de esta ciudad. Sin embargo, la situación pronto cambiaría ya que los republicanos habían concentrado un importante contingente en su retaguardia. Con la llegada de Mussolini al poder, un afán por la “modernidad” sacudió toda la vida italiana. Guadalajara no solo puso fin a los intentos de tomar Madrid de los sublevados, también tuvo una enorme importancia en la puesta en funcionamiento de las maquinarias propagandísticas de ambos bandos como medio para elevar la moral de las tropas y la retaguardia.
A partir de la segunda semana, relata Laura Lara, «en las filas nacionales a menudo se escuchaba el grito de fratelli (hermanos). En desbandada, yacían los cadáveres de los italianos y sus enseres: documentos militares, cartas de familiares, fotografías de corridas de toros o de víctimas de la guerra colonial en África, documentos de la catedral de Sigüenza, botas…». Y es que, tal y como indica María Lara, «la batalla de Guadalajara significó la primera derrota internacional del fascismo, ya que entre ríos de sangre, por el ego del Duce, la expedición italiana sufrió unas 6.500 bajas».
Consecuencias y Repercusión
La Batalla de Guadalajara fue uno de los hitos fundamentales de la Guerra Civil Española. La lucha comenzó con una ofensiva del CTV el 8 de marzo y concluyó el 11 de marzo con el repliegue de las tropas republicanas ante el empuje de las fuerzas de Mussolini. Entre el 12 y el 14 de marzo el Ejército Republicano fue atacado duramente por las tropas franquistas perdiendo numerosas posiciones y localidades. En los días posteriores, entre el 15 de marzo y hasta el 23 del mismo mes, se produjo la contraofensiva republicana que contó con el apoyo de las Brigadas Internacionales. La batalla de Guadalajara representó el penúltimo intento de las tropas sublevadas por conquistar Madrid, hasta el final de la guerra. Dentro de los sublevados se determinó que la planificación de tácticas de combate sería realizada únicamente por el Estado Mayor de Francisco Franco, evitando que el Corpo di Truppe Volontarie asumiera nuevamente iniciativas bélicas por su cuenta, ordenando que los soldados italianos operasen desde entonces solo cuando lo requiriese el Estado Mayor de los sublevados.
La derrota italiana causó también un fuerte desprestigio militar para Mussolini debido a la gran cantidad de material bélico destruido o abandonado en el campo de batalla, el elevado número de bajas (hasta 8600 soldados italianos entre muertos, heridos, y prisioneros) y la notoria ineficacia de los comandantes italianos. Las pérdidas de hombres y material entre el bando sublevado resultaban muy pequeñas en comparación al daño sufrido por los italianos, lo cual resaltaba el mal desempeño de éstos. Algunos mandos militares de la época (como el Estado Mayor del ejército francés) señalaron que el fracaso de los tanques italianos en Guadalajara demostraba la ineficacia de las formaciones blindadas contra una defensa artillera en profundidad y que, en consecuencia, los tanques no podrían ser considerados elementos decisivos en la guerra moderna.
La Batalla de Guadalajara supuso el cierre del primer ciclo de operaciones de la Guerra Civil en torno a Madrid. Si en julio de 1936 se había pasado de un golpe de Estado a una contienda que debía ser corta y terminar con la conquista de Madrid, a partir de marzo de 1937, los nacionales comprendieron que para vencer ya no bastaba con conquistar la capital, iba a ser necesario operar en otros teatros periféricos y dominar el conjunto del país para vencer. La opinión internacional no se quedó al margen del fenómeno de la propaganda, y cuando Italia no pudo seguir ocultando su participación en el conflicto tras la batalla de Guadalajara, numerosos periódicos europeos desataron campañas a favor de presionar a Italia y Alemania para que mantuvieran la neutralidad.
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Guadalajara representó la visualización de que la Segunda República había conseguido construir un ejército capaz de tener éxito ante una paridad de medios. La plaza de Torija, bombardeada por la aviación nacionalista. Sin duda, el mencionado acontecimiento tuvo una gran relevancia para la Guerra. Pero, ¿qué pasó con la ciudadanía? “Guadalajara capital estaba llena de refugiados de toda la provincia”, confirma. Además, muchas poblaciones tuvieron que ser evacuadas. “Hay algunos pueblos que todavía hoy no se han recuperado, como Valdeancheta, abandonado tras la Guerra al ser completamente destruido”. “Se produjo una gran destrucción, sobre todo en la retaguardia”. Pero tampoco se debe pasar por alto la importante represión que se produjo. Un ejemplo fue Brihuega. Cuando los efectivos fascistas tomaron la villa, emprendieron una dura persecución contra de los disidentes. “Este municipio se había caracterizado por un movimiento anarcosindicalista muy importante, siendo reprimido por los ocupantes fascistas”.
“Guadalajara no es Abisinia. Aquí los rojos tiran bombas como piñas. no se desprenden de las camisas de seda. espera a que vuelvan los españoles”. En cada muestra se irán seleccionando el documento o documentos, ya sean textuales, fotográficos o filmográficos que sean prueba fehaciente de esos sucesos y sirvan como testigos del acontecer histórico. Serán expuestos en la Sala de Exposiciones del Archivo y las visitas podrán realizarse durante el horario de atención al público, de 9:00 a 14:00 horas de lunes a viernes y, además, las tardes de los martes y jueves entre las 16:30 y 19:30 horas.
En Guadalajara Ernest Hemingway contempló la auténtica dimensión internacional de la conflagración. Con el realizador holandés Joris Ivens, de militancia comunista, captaría luego imágenes para el documental The Spanish Earth (Tierra Española, 1937), del que el estadounidense fue guionista y locutor. Por Guadalajara pasó también la fotógrafa alemana Gerda Taro, pareja sentimental y profesional de Robert Capa.
Datos de las Tropas Italianas en Guadalajara
| Unidad | Dotación | Mando |
|---|---|---|
| 1ª División | 6.360 | Gral. |
| 2ª División (Fiamme Nere) | 6.336 | Gral. |
| 3ª División (Penne Nere) | 6.241 | Gral. |
| 4º División (Littorio) | 7.689 | Gral. |
| 4º grupo banderas XXIII de Marzo | 1.801 | Cor. |
| 5º grupo banderas | 1.800 | Cor. |
| Total (italiano) | 35.222 | |
| División Soria (franquista) | ~12.000 | Gral. Moscardó |
En total, y según estos datos aportados por Martínez Bande del Servicio Histórico Militar, un total de 35 222 soldados, con unidades motorizadas en muy alto grado, unidades de carros ligeros en gran número y una notable artillería. Además de la fuerza italiana, el flanco norte, la comarca de la Campiña de Guadalajara, desde la meseta de Trijueque hasta las estribaciones de la Sierra, la llamada División Soria al mando del ya general Moscardo, con la Brigada del coronel Marzo que protagonizaría los combates principales en ese sector, en torno a unos 12.000 soldados que han de añadirse al cómputo.

La batalla de Guadalajara, junto con la de Pozoblanco, fue una de las escasas victorias de la República Española durante la Guerra Civil Española (GCE). Las tropas del Ejército Popular Regular (EPR) de la República lograron frustrar los planes del enemigo y desbaratar la fuerza atacante, obligándola a retirarse y a tener que ser completamente reconstruida, esto nos basta para calificar los combates que tuvieron lugar en la meseta de Trijueque entre el 8 y el 22 de marzo de 1937, como una victoria para la causa republicana y una derrota de sus contrarios, pero la imposibilidad de explotar el éxito por falta de reservas ha llevado a muchos a minusvalorar aquel duro enfrentamiento. No se trató de unidades sueltas, de técnicos, especialistas o pertrechos, era algo más que eso, Guadalajara representa cómo un ejército extranjero completo toma como objetivo la capital de España, diseña un plan de ataque y ruptura del frente y se apresta a un avance rápido que estrangule la capital y con ello la supervivencia de la República. La batalla por Madrid se había desplazado a su entorno.
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