Gaara, Shinki y la Búsqueda de una Familia: Una Historia de Adopción y Ternura

La vida de Gaara, el Kazekage de la Aldea de la Arena, da un giro inesperado cuando un encuentro fortuito lo lleva a adoptar a Shinki, un niño que, al igual que él, ha experimentado el rechazo y la soledad. Esta historia explora el profundo vínculo que se forma entre ellos, la influencia sanadora de Sakura y el significado de encontrar un hogar.

El Comienzo de una Nueva Vida

A la mañana siguiente, Shinki se levantó lleno de ilusión, deseando hacer nuevos amigos. Sin embargo, el Kazekage no pudo acompañarlo, ya que tenía un discurso que dar y debía llegar temprano. Al llegar, varios niños lo miraban fijamente; Shinki sabía que no era una persona común, pero las miradas comenzaban a incomodarlo.

Shinki tiene 5 años cuando fue adoptado por Gaara, pero se dio cuenta de que no tendría una Madre y le causaba celos los demás niños, además que Gaara no pasaba mucho con él, se sentía muy solo.

La oscuridad de la habitación envolvía el sitio al completo, asustando al pequeño de negra cabellera y ojos verdes de seis años de edad. Shinki era su nombre, y hacía un mes que permanecía encerrado en esa oscura y fría habitación sin poder salir. Cada tanto iba un hombre a llevarle comida, luego se marchaba cerrando otra vez la puerta con llave. Shinki no soportaba más seguir viviendo así. Sentía que cada día pasaba en extremo lento. No paraba de llorar, ya que extrañaba a su papá Gaara a más no poder. El pequeño había sido secuestrado para forzar a su papá a cometer un asesinato y luego suicidarse. Shinki sabía aquello debido a que escuchó hablar a sus secuestradores, por eso lloraba tanto. No quería que su papá muera y menos por su culpa. Había intentado salir de esa habitación incontables veces sin lograrlo. Ahora se había rendido y tan solo se limitaba a existir. Su palidez era mortal debido a que había permanecido lejos de la luz del sol por varios días.

Niño asustado en una habitación oscura

Sin embargo esa noche sintió el sonido de disparos en la casa donde yacía prisionero, asustado se ocultó bajo la cama llorando. Cuando los sonidos de los disparos acabaron, la puerta de la habitación donde Shinki se encontraba se abrió. Desde donde él estaba podía ver unos pasos acercándose a la cama donde se detuvo. El recién llegado se arrodilló y tras encender una linterna, iluminó bajo la cama donde se encontraba el pequeño Shinki, quien se cubrió sus ojos debido a que la luz lo encegueció.

- Eres Shinki Sabaku ¿verdad? - sin esperar respuesta alguna el recién llegado prosiguió - Ven pequeño, te llevaré junto a tu papá Gaara.

Los ojos del niño se adaptaron a la luz, así pudo ver al recién llegado. Era un rubio de ojos celestes y blanca piel. Pero su luminosa sonrisa convenció a Shinki de confiar en él y aceptó su mano para salir de allí. Usando un tono de voz suave, el extraño se acuclilló frente del pequeño para estar a la altura de sus ojos. Y mientras acariciaba su negra cabellera le habló con voz suave - Estuviste aquí durante mucho tiempo pequeño, pero descuida. Ya eres libre.

- ¿En serio me llevarás junto a mi papá? - Así es Shinki

- ¿Quién eres tú? ¿Cómo te llamas? - Naruto, y soy quien te salvó.

Inmediatamente el rubio se incorporó y sujetó a Shinki entre sus brazos para salir de esa horrenda habitación y de la casa. Fuera era noche cerrada cuando Naruto colocó a Shinki en el interior de su auto para subirse posteriormente él y desaparecer en la noche.

Sin embargo el niño seguía muy asustado, no podía dejar de temblar. Miraba con desconfianza a ese rubio que se hubo presentado ante él como su salvador. Respiraba entrecortado. - A mi papá le pidieron que se suicide. - Lo se pequeño, pero descuida. No lo hará. - ¿En serio lo dices? - Si. - También le pidieron que mate a alguien ¿eso tampoco lo hará? - No, tampoco lo hará. - ¿Cómo es que estás tan seguro Naruto? - Porque a tu padre le asignaron matarme a mí y como verás, sigo vivo - Esto último lo dijo el rubio mirando al pequeño con una alegre sonrisa.

Ante esas palabras el niño lo miró asombrado por unos momentos, pero luego se acurrucó en el asiento mirando al frente. Cerró sus ojos derramando lágrimas en silencio. Naruto detuvo el auto en esos momentos, para mirar al pequeño con dulzura. - Pequeño, ya no sigas llorando - el rubio le fue secando las lágrimas con intensa suavidad - Ningún niño debería sufrir tanto.

Naruto consolando a Shinki

El Encuentro con Gaara y Sakura

Habían pasado solo unas semanas desde su regreso a la Aldea de la Arena, pero algo en la vida de Gaara y Sakura había cambiado para siempre. Las paredes del despacho del Kazekage ya no parecían tan frías con las plantas que Sakura había colocado, y en casa, los silencios ya no eran incómodos, sino llenos de complicidad.

Una mañana, mientras caminaban juntos por el mercado principal, un jounin se acercó con prisa. - Kazekage-sama, perdón por interrumpir - dijo el ninja con respeto -. Hay un niño en las afueras de la aldea. Lo encontramos solo, junto a una formación rocosa. No quiere hablar con nadie. Solo repite que está buscando al Kazekage.

Gaara frunció el ceño. - ¿Cómo es? - Cabello negro, ojos oscuros, marcas bajo los ojos... parece tener unos diez u once años. Duro. Pero asustado.

Sakura intercambió una mirada con su esposo. - ¿Quieres que vaya contigo? - preguntó, y Gaara asintió sin pensarlo.

Cuando llegaron al lugar, lo encontraron sentado sobre una roca. El viento levantaba la arena a su alrededor, y su postura rígida mostraba desconfianza, aunque su mirada estaba fija en el horizonte. - Shinki... - murmuró Gaara con un leve estremecimiento.

El niño alzó la cabeza de inmediato. Se levantó, mirándolo fijamente. - ¿Eres tú? ¿Eres el Kazekage? - Sí. Soy Gaara - dijo él, caminando despacio hacia él -. ¿Cómo sabes mi nombre?

- Me dijeron... que era como tú. Que usaba la arena. Que nadie me querría - dijo el niño con voz baja, casi contenida -. Pero yo... quiero aprender a controlarla. No quiero hacer daño.

Sakura dio un paso adelante, con la mirada llena de ternura. - ¿Cómo te llamas? - Shinki - respondió él, sin apartar la vista de Gaara.

Gaara se arrodilló frente a él. - Eres fuerte. La arena te ha elegido, como me eligió a mí. Pero eso no significa que estés solo. - ¿No... me vas a rechazar? - preguntó Shinki, por primera vez mostrando una grieta en su voz.

Gaara negó con la cabeza. - No. Porque yo también fui rechazado. Y aprendí que la fuerza no está en destruir... sino en proteger.

Sakura se agachó a su lado. Su sonrisa era cálida, envolvente. - Shinki, ¿te gustaría venir con nosotros? Vivir en casa, aprender, comer con nosotros, tener una familia. - Los ojos del niño se abrieron, confundidos. - ¿Una familia... conmigo?

Sakura alargó la mano, ofreciéndosela sin presionarlo. - Con nosotros. Si tú quieres.

Shinki la observó durante unos largos segundos. Había algo quebrado en él, algo que no sabía cómo expresar. Hasta que, de repente, corrió hacia Sakura y la abrazó con fuerza, enterrando el rostro en su pecho. - No me dejes solo... por favor...

Sakura lo rodeó con ambos brazos, cerrando los ojos. - Nunca. Ya no estás solo, Shinki.

Gaara se acercó y apoyó una mano en la cabeza del niño. Por primera vez en años, una lágrima descendió por su mejilla. Pero esta vez, no era por soledad ni dolor. Era por esperanza.

Gaara, Sakura y Shinki abrazándose

Una Familia Completa

Esa noche, en casa, Shinki comió con ellos por primera vez. Se sentó entre ambos, aún algo tímido, pero con los ojos brillando. Cuando Sakura lo arropó en la habitación que ella misma preparó, el niño tomó su mano con fuerza. - ¿Puedo... llamarte mamá?

Sakura se arrodilló a su lado, besando su frente. - Desde ahora y para siempre.

Y cuando Gaara entró a la habitación, vio a su esposa sonriendo con lágrimas en los ojos, y a su nuevo hijo dormido entre sus brazos. Una familia. Completa.

Sakura y Gaara son novios

En otro momento, Kankuro solo asintió. Pudo ver qué compró una cama más grande. Y tenía trozos de madera anigual que unas marionetas de animalitos recién talladas. No pude evitar sonreír. Sabía que todo era para Shinki.

El Kazekage me dejo solo con su hermano.

A la Iván a demoler ya que sus dueños murieron asé años y bueno la aldea la decomiso y el hokage me la vendió barata.

Casa acogedora con familia

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