Trazo de Tiza: Una Obra Maestra del Cómic Español que Desafía el Tiempo y la Percepción

Huyendo de un temporal, Raúl llega a un islote remoto en medio del océano. Es un islote minúsculo. Tiene muelle, fonda, un faro inservible y una población exigua. Los cuatro van a enredarse en un complejo tejido de pasión, casualidad y desengaño. Trazo de tiza es una obra maestra que convirtió a Miguelanxo Prado en uno de nuestros historietistas más internacionales.

Esta obra, que ahora vuelve a estar disponible en librerías con material adicional inédito, es la oportunidad ideal para ponerse con ella o volver para quien guste de grandes obras del cómic europeo como Prado ha creado en esta ocasión. Parece mentira pero ya han pasado 30 años desde la publicación de una de las obras más emblemáticas del gallego Miguelanxo Prado. Para celebrarlo, Norma Editorial publica Trazo de tiza. Edición 30 aniversario, una edición con numerosos extras en forma de portadas, bocetos y planteamientos de página, además de una introducción a cargo del divulgador Álvaro Pons.

Trazo de tiza nos traslada a una isla en el Océano Atlántico adonde el protagonista Raúl acaba llegando con su barco huyendo de un temporal. Allí se encontrará que solo está habitada por Sara, la dueña de una cantina que sirve igualmente de tienda, restaurante y posada; y de su hijo, que no da muestras de excesiva inteligencia ni es especialmente sociable. Con un tono sosegado y melancólico, Prado nos va contando poco a poco una historia en la que nada se revela con claridad, en la que un halo de misterio nos hace estar siempre alerta sobre lo que puede pasar en la isla. Pero a su vez, nos va presentando a personajes con un carácter muy fuerte, marcado por sus experiencias pasadas: Raúl intenta un acercamiento con Ana, que se muestra especialmente reacia y roza la descortesía en algunas ocasiones, mientras que Sara rezuma tristeza y desidia comprensibles por ese entorno solitario en el que lleva viviendo demasiados años.

Después de capear una tormenta durante dos días, Raúl aterriza en un islote que ningún mapa indica. Una pared cubierta de grafitis, un faro en desuso, una posada-cantina-bar de comidas regentada por una mujer y su extraño hijo, rocas, gaviotas y supersticiones, de eso trata Trazo de tiza. Otro barco está en el muelle. A bordo, Ana, una mujer bella y salvaje. Entre Raúl y Ana se anuda una divertida historia hecha de silencios, desencuentros y citas perdidas.

Raúl es un viajero solitario, que perdido en medio del océano llega en barco a un islote (Trazo de tiza), tan pequeño que no aparece en los mapas y cuyo faro no funciona (Inutile phare de la nuit). Sus únicos habitantes son Sara, dueña de la taberna, y su hijo Dimas un chico extraño, cuyo hobby es matar gaviotas. Allí conoce a Ana, una visitante que pasa los días escribiendo en un diario, mientras espera a un desconocido, convencida de que le dejó un mensaje en el muro del dique hace un año. Raúl no puede evitar enamorarse de ella, aunque es rechazado sin miramientos. A los pocos días Ana decide cambiar de actitud e inicia una relación cordial con el protagonista. Pero la llegada a la isla de dos hombres, Tato y Berto, altera el transcurso de la historia. Para Sara, el atraque de un tercer barco es símbolo de mal augurio. Raúl tiene un encontronazo con ellos e intenta prevenir a Ana sin exito. Borrachos se dirigen a su barco intentando abusar de ella; que logra amedrentarlos con un disparo. Sara asustada acude al espigón y les pregunta a los hombres de dónde vino el tiro. La pareja, la arrastra hasta la playa y la violan. Por la mañana los hombres se han marchado, Raúl desanimado se emborracha acompañado por una Sara humillada y vejada, que tal vez solo busca consuelo. Acaban haciendo el amor en su barco, él totalmente ebrio envilece la entrega de la mujer poniéndole precio. Ella le explica lo que hicieron los hombres añadiendo que Dimas los mató y hundió su barco. Ana los descubre y Raúl indignado echa a Sara del barco pagando sus servicios con un reloj que ella tira al mar. A la mañana siguiente temiendo las posibles represalias de Dimas y no queriendo afrontar a Ana, se marcha de la isla. Mientras en la isla Sara y Ana hablan de la partida de Raúl hace una semana, ella también se va con los amigos que han venido a buscarla, pero deja una carta en caso de que éste vuelva. Cuando regresa a la isla, descubre que el barco de Ana no está. Corre a la taberna y le pregunta a Sara por ella, que inesperadamente no lo reconoce. De regreso al puerto se encuentra con Tato, acompañado de otras tres personas y piensa que la historia del asesinato ha sido un engaño de Sara.

"Trazo de tiza" es una novela gráfica en la que el tiempo, la memoria y la realidad se entrelazan en un espacio insular extraño. El mar, la niebla, el faro, los personajes que aparecen y desaparecen: todo dibuja un escenario que parece claro en la superficie, pero que se deshace cuando una intenta atar los hilos. El enigma narrativo (quiénes son realmente los personajes, qué relación tienen entre sí, por qué los acontecimientos parecen repetirse o contradecirse) no se ofrece como un rompecabezas que deba resolverse, sino como una forma de experiencia lectora. Y lo curioso es que esa indeterminación no resulta frustrante, sino hipnótica: el dibujo envuelve tanto que la falta de cierre narrativo se vive más como misterio que como carencia.

El argumento aparente es sencillo: un hombre joven, Raúl, llega en su velero a una isla apartada. Allí encuentra a otros personajes (la mujer del farero y su hijo, una mujer solitaria llamada Ana, algunos visitantes ocasionales) y empieza una trama de relaciones, encuentros y desencuentros. La isla, entonces, se convierte en un territorio narrativo en el que las leyes de la causalidad se suspenden. Lo que importa no es qué ocurrió en orden cronológico, sino qué versiones posibles de lo ocurrido se superponen.

Prado dibuja con tanto detenimiento la luz y la niebla que una entra confiada en que lo que está viendo es estable, sólido, y sin embargo a medida que avanzas descubres que lo sólido es justamente lo que se resquebraja: los personajes no encajan, las cronologías no coinciden, los hechos parecen repetirse con variaciones. No es un dibujo meramente descriptivo: el estilo pictórico genera el mismo efecto que la trama, porque difumina, mezcla, impide que todo sea nítido. En suma, Prado no solo cuenta un enigma temporal: lo pinta. La materialidad de las viñetas se convierte en metáfora visual del tiempo roto. Lo que la narración dice con diarios contradictorios o hechos repetidos, el dibujo lo muestra con horizontes borrados, colores velados y repeticiones de encuadre.

Prado sembró en el álbum referencias literarias explícitas. En los epígrafes, en las citas dispersas y en la construcción misma de la trama se reconocen ecos de Borges, Bioy Casares y Tabucchi (la sensación de que los hechos pueden repetirse con variaciones mínimas, la sospecha de que el tiempo está duplicado o detenido, esa forma de construir atmósferas oníricas en las que el pasado y el presente se confunden…) Y esos procedimientos convierten la lectura en una experiencia de tiempo roto tangible: no es solo que “no entendamos”, sino que los propios objetos narrativos (diario, cartas, escenas repetidas) encarnan esa imposibilidad de fijar la cronología. En conjunto, la intertextualidad y los saltos temporales hacen de “Trazo de tiza” una obra maestra introspectiva, donde el misterio no está en la acción, sino en cómo el tiempo y las referencias literarias desestabilizan lo que creemos real.

El efecto final es que te conviertes en habitante de la isla y quieres recomponer la secuencia, pero te encuentras siempre con huecos, repeticiones, contradicciones. Eso es lo que yo veo en el libro: un experimento narrativo y visual que convierte al cómic en un espacio de indeterminación poética. Lo leí despacio, con la misma lentitud con la que se observa una marea. Me quedé mirando los colores más de lo que leía las frases. Sentí que los personajes estaban vivos y, al mismo tiempo, ausentes, como si pertenecieran a un tiempo distinto del mío.

El estilo gráfico es magnífico y poético contribuyendo al encanto de esta genial reedición que se ha marcado Norma Editorial. El dibujo está bastante bien en cuanto al decorado. Esta historia, aunque lenta y casi sin acción, me atrapó de principio a fin. Obviamente, es el final el que le da toda la dimensión a esta historia atemporal.

La incomunicación y la soledad de los protagonistas son los dos elementos que imprimen carácter a la narración. Raúl y Ana atracan sus respectivos barcos a uno y otro lado del dique, de manera que les separa un muro de hormigón que los aísla y les hace ver la realidad desde perspectivas distintas, por lo que solo captan una parte de la misma.

Prado consigue crear una atmósfera de misterio, no solo con los dibujos donde el cielo color azul, en contraste con el mar verde oscuro que rodea el islote, produce una angustiosa sensación de claustrofobia. Sino también a través de los diálogos de Raúl y Ana que acentúan la expectación del lector a la espera de que suceda lo “extraordinario”: Un sitio extraño con un dique inmenso sin apenas barcos, cubierto de mensajes en todos los idiomas(Raúl).

Pero el “elemento fantástico” que de verdad desconcierta al lector es la introducción de las alteraciones cronológicas en el tiempo, de manera que para Ana la partida de Raúl fue hace una semana, para él sin embargo han pasado dos días. Ella escribe un diario en el que también se observan alteraciones en la sucesión lógica de las fechas, parece que han entrado en un bucle temporal donde los hechos se repiten con resultados distintos.

Integrados en los siete capítulos del álbum se intercalan un conjunto de citas literarias (paratextos), y una carta que el editor R. Los intertextos y las diferentes citas literarias de los protagonistas por un lado realizan la función de cohesionar la obra, pero también son una expresión de las expectativas de Prado sobre sus lectores, animándolos a prestar atención para comprender el texto. El autor insistirá en el epílogo: Y es posible que le lector haya entendido lo sucedido […].

Trazo de tiza es una obra representativa del realismo mágico, que requiere de la interpretación del propio lector para darle su verdadero sentido, con un final cerrado pero abierto a la interpretación de cada uno.

Premios y Reconocimientos

  • Premio Alph Art al Mejor Álbum Extranjero en la Angoulême de 1994.
  • Premio a la Mejor Obra en el Salón del Cómic de Barcelona (1994).
  • Nominación a los Premios Eisner en la categoría de Mejor Pintor (1995).
  • Nominación a los Premios Harvey como Mejor Obra Extranjera en 1995.

En definitiva, Trazo de tiza no es otra cosa que la obra más premiada del maestro Miguelanxo Prado.

Isla remota con faro

Miguelanxo Prado (A Coruña, 1958) abandonó los estudios de arquitectura para dedicarse profesionalmente a la historieta. Inició pronto una trayectoria ascendente en las revistas de cómics para adultos de los 80, publicando en algunas de las cabeceras más emblemáticas de la época. Durante la década de los 90 realiza trabajos en otros medios, como la ilustración y el diseño de personajes para TV. Prado también fue uno de los autores europeos que fue contactado por Kodansha para realizar cómics directamente para Japón. En la primera década del siglo XXI, Prado realiza historietas nuevas en contadas ocasiones, destacando su trabajo en la película de animación "De Profundis".

La historia es aparentemente sencilla: un marinero busca un lugar donde meter su velero tras una noche de tormenta y encuentra una isla que no aparece en su mapa. Allí solo vive, sola con su hijo, una mujer que atiende un mesón-posada. Allí está también Ana, que llegó un tiempo atrás a la isla en otro barco y que duerme en su propia embarcación a la espera de que lleguen unos amigos y se la lleven de vuelta. La isla tiene un faro, una casa y un gran espigón blanco. Ese viajero accidental, Raúl, siente pronto un enorme magnetismo por Ana. Y a partir de ahí, una historia de relaciones tirantes en un entorno extraordinario -en todos los sentidos-, con unos personajes con muchos interrogantes, y una construcción del relato que va despistando al lector.

«Quería que esta fose unha obra atemporal que funcionara como un reloxo, cun control milimétrico sobre toda a historia, que se afastase de mecánicas previas», cuenta Prado, que admite que esta no es su obra más emotiva (posiblemente lo sea Ardalén), pero sí la que más trabajo previo le supuso. Se dejó inspirar por el realismo mágico y cita Rayuela como ejemplo de obra que juega con la mirada del lector. Porque, y esto no es spoiler, Trazo de tiza obliga a una cierta exigencia, a una segunda o tercera revisión para terminar de armar la historia y a fijarse en los pequeños detalles.

Personajes en un muelle

Es una obra de teatro llevada al cómic: un solo espacio, unos pocos personajes, muchos diálogos y algunas reflexiones privadas. Es también un juego de tiempos llevado a imágenes fijas, un complejo puzle con varias lecturas. Y es un gran poema desde su propio título -Trazo de tiza- hasta su exposición en grandes secuencias en cada página. Todo eso, meditado por su autor durante mucho tiempo y publicado hace treinta años, primero por entregas, luego en un solo álbum.

Cuando Miguelanxo Prado les presentó ese trabajo a sus editores le miraron extrañados. No había referencias de nada así en cómic; aún faltaban muchos años para películas que juegan con esos elementos como Crash o 21 gramos. No había internet, ni redes sociales, ni vídeos virales, ni plataformas de series ni semejante desarrollo audiovisual. «Non lle gustou a ninguén, non entendían nada, pensaban que non iría máis aló dunha publicación nunha revista e aí quedaría. Sucedió que ese álbum por el que apostaba solo Miguelanxo Prado se convirtió pronto en un éxito. De público y de crítica. Hoy nadie discute que Trazo de tiza es un punto de inflexión en la obra del dibujante gallego más internacional, pero también en la historia del cómic contemporáneo europeo. Ganó premios por todo el continente y, releído hoy, parece haber salido ayer de imprenta por primera vez. Pura contemporaneidad. Nada hace sospechar que llegó a las librerías entre 1992 y 1993.

Por esos treinta años, Norma acaba de publicar una edición especial con bocetos originales y material extra. La obra fue acaparando premios allá por donde pasaba: Salón del Cómic de Barcelona, Francia, Portugal, Austria… convirtiéndose en la obra más premiada que ha tenido el autor. En definitiva, Trazo de tiza. Edición 30 aniversario es una oportunidad magnífica para recuperar una rotunda obra de arte en una edición cuidada y con extras interesantes. Si no habéis tenido oportunidad previamente para leerla, ahora no tenéis excusa, puesto que es una de esas obras intemporales que, de haberse publicado por primera vez este año, tendría la misma fuerza e impacto que cuando se publicó originalmente hace 30 años.

Tú has visto y oído lo mismo que yo, unicamente que interpretamos los hechos de una manera diferente. (S.S. Si, yo también tuve que volver a leer el álbum. Convencida de que la calidad de los dibujos realizados al detalle, las perspectivas fantásticas desde el faro, la combinación de colores y la impecable técnica impresionista, había conseguido que perdiera el hilo de la narración. Pero está claro que la originalidad del cómic reside precisamente en la posibilidad de realizar múltiples interpretaciones de la historia.

Detalle de arte impresionista en cómic

Difícil resumir en pocas palabras todo el interés que siempre ha sembrado en mí esta pequeña (gran) obra maestra. El posadero, el muro del muelle, las extrañas relaciones entre los personajes, tantos detalles cruciales para entender qué pasó o qué pudo haber pasado… Una cosa es segura, cuando acabes de leerlo querrás re-leer este cómic otra vez. Apuesto a que lo harás. Y una segunda lectura os llevará a verificar, a cotejar la buena interpretación de los hechos algo “lynchianos” de la obra.

Es cierto que me gusta lo fantástico siempre que haya una dosis de racionalidad para entender los hechos que se suceden. No me gustan los ejercicios de estilo pseudo-intelectual y eah…, está dicho. El guion contiene escenas que me gustaron, pero no me gustó el hecho de que los elementos un poco extraños de la historia no se explicaran lo suficiente. No estoy pidiendo grandes explicaciones como si un personaje lo revelara todo pero las pistas deben ser certeras si salen a la palestra. De ahí mi comparación un poco al universo de David Lynch. Es un cómic muy interpretativo.

Faro solitario en la costa

Los amantes de esto lo fliparán. Quizás lo de “enrevesado” pueda provenir por la cantidad de detalles que se agolpan y de los que te das cuenta con segundas lecturas, como decía antes.

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