El tiempo es un elemento fundamental en la narrativa del tebeo, un medio que, en su inmensa mayoría, se dedica a contar historias. La representación del transcurso temporal se manifiesta de diversas maneras, principalmente dentro de las viñetas y, de forma crucial, en las transiciones entre ellas.
Scott McCloud, en su obra "Entender el cómic", introduce el concepto de clausura. Este proceso mental permite al lector "rellenar" los espacios vacíos entre viñetas, deduciendo lo que sucede fuera de ellas. McCloud clasifica las transiciones entre viñetas basándose en la relación temporal que establecen. De los seis tipos que describe, cuatro implican un salto temporal de mayor o menor magnitud. Para McCloud, esta capacidad de gestionar el tiempo, especialmente a través de las "calles" de la página -lo que no se muestra explícitamente-, es lo que define al tebeo como medio. Su ensayo, de hecho, lleva el subtítulo "El arte invisible", enfatizando la importancia de lo no dicho y lo no visto. Esta concepción subraya la necesidad de una secuencialidad entre viñetas para que podamos hablar propiamente de historieta.

Estrechamente ligado al tiempo, encontramos el concepto de elipsis. Algunos teóricos equiparan cada transición entre viñetas con una elipsis, considerándola la base de la narratividad en el cómic. Sin embargo, surge la pregunta de si toda operación de clausura implica necesariamente una elipsis narrativa. La mayoría de las definiciones de elipsis narrativa hacen referencia a un salto temporal en la trama u omisión de tiempos "muertos" en la narración. La inclusión de una elipsis puede tener motivaciones específicas, como ocultar una escena al lector por motivos argumentales (misterio, intriga) o censura. Atendiendo a estas definiciones, es cuestionable si todos los procesos de transición entre viñetas encajan en ellas. Si bien la clausura implica una omisión, esta no siempre afecta a una unidad narrativa completa o parcial que el autor decida eludir intencionadamente.
En los dos primeros tipos de transición descritos por McCloud, se prefiere no hablar de elipsis argumental. Tampoco se considera elipsis en las transiciones de tipo acción-a-acción, donde el tiempo transcurrido es generalmente menor. En estos casos, no se exige al lector imaginar unidades narrativas completas, sino fragmentos de ellas. En cambio, en la transición escena-a-escena, sí se produce un salto temporal significativo, omitiendo acciones y situaciones que el lector debe suponer o ignorar si no son relevantes.
Miguel Ángel Muro Munilla, en su ensayo "Análisis e interpretación del cómic", destaca la dificultad de crear la "ilusión de tiempo continuo" en el cómic. Argumenta que la imprecisión de la imagen respecto al tiempo hace que expresar un paso temporal concreto sea un desafío para el autor, siendo la palabra, a menudo, la solución más sencilla. Efectivamente, los lectores de tebeos están acostumbrados a que los cartuchos de texto informen sobre el paso del tiempo en las elipsis. No obstante, existen numerosos recursos visuales para expresar la elipsis sin recurrir a la explicitación textual.
Un ejemplo de ello se observa en los tebeos de la editorial Bruguera, donde era común representar el paso del tiempo de forma visual. Un personaje podía permanecer en la misma postura mientras su barba crecía o le surgían telarañas a su alrededor, indicando un largo lapso temporal sin necesidad de texto.

En la obra de Frederik Peeters, "Blood & Guts", se presenta una historieta casi muda donde un hombre prehistórico actúa de forma violenta. En la secuencia final, se aprecia un importante salto temporal cuando dos exploradores modernos descubren una pintura rupestre. Peeters resuelve la elipsis de manera visual: rompe la estructura de viñetas uniformes e introduce una viñeta de doble longitud mostrando una manada de mamuts avanzando. Esta transición brusca, escena-a-escena, sugiere el paso del tiempo al abandonar al protagonista y cambiar de motivo. El posterior fundido en negro cumple una función similar a la del cine, indicando la elipsis.
El cómic japonés ofrece otro ejemplo paradigmático de cómo representar la elipsis. Para transmitir la sensación de que el tiempo pasa lentamente, se intercalan escenas del paisaje por el que avanza un personaje, mientras otros esperan tensamente. El tamaño y la disposición horizontal de las viñetas contribuyen a esta sensación de larga y tensa espera, preparando el clímax del enfrentamiento.
Un ingenioso montaje se aprecia en una obra donde se superponen dos discursos temporales. Por un lado, el diálogo entre dos personajes avanza sin cortes, con transiciones de acción-a-acción. Por otro lado, los elementos gráficos sugieren abruptos saltos temporales de varios años. Esto se logra modificando elementos visuales como un objeto que sostiene un personaje o el paisaje de fondo, mientras otros personajes envejecen visiblemente, contrastando con la inmutabilidad de figuras inmortales. Este recurso no es anecdótico, ya que marca la percepción del tiempo de los personajes: para los inmortales, las vidas humanas son efímeros momentos.
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El tebeo, como arte secuencial, ha sido un vehículo para contar historias sobre eventos históricos y sociales. Obras que abordan el anarquismo, la Patagonia, la Guerra Civil Española o la vida en ciudades como Metropol, reflejan la complejidad de épocas pasadas y la añoranza por ideales perdidos. Estos tebeos no solo narran acontecimientos, sino que también exploran la construcción de la memoria y la percepción del tiempo de diferentes personajes y colectivos.
En España, la revista TBO jugó un papel crucial en la popularización del formato de historietas, hasta el punto de dar nombre al género ("tebeo"). Fundada en 1917, TBO evolucionó a lo largo de distintas épocas, adaptándose a los cambios históricos y políticos del país. Su humor blanco y familiar, aunque carente de crítica social explícita, logró retratar la sociedad española del siglo XX, evidenciando la pobreza y la miseria de la época. La revista tuvo una gran tirada y una vida útil prolongada, siendo compartida y conservada por varias generaciones. El legado de TBO es innegable, habiendo enseñado a leer en viñetas a todo un país y sentando las bases para las generaciones posteriores de autores españoles.
| Época | Periodo | Características Principales |
|---|---|---|
| Primera Época | 1917 - 1938 | Influencia de "En Patufet", humor blanco, público infantojuvenil, primeras colaboraciones de autores españoles. |
| Segunda Época | 1939 - 1951 | Edición irregular, restricciones de papel, colaboración de numerosos autores. |
| Tercera Época | 1952 - 1979 | Permiso de publicación periódica, reinicio de numeración, competencia de Editorial Bruguera, cambios de cabecera (TBO 2000, El TBO). |
| Cuarta Época | 1980 - 1983 | Suspensión temporal, número 2502 como último ejemplar. |
| Quinta Época | 1986 - 1987 | Edición conjunta de Editorial Complot y Bruguera, cambio de estilo y público objetivo. |
| Sexta Época | 1988 - 1998 | Propiedad de Ediciones B, nuevas series y secciones, encartes con material de archivo, publicación mensual. |
Otras corrientes dentro del tebeo español han explorado la sátira y la burla como refugio ante la memoria de tiempos difíciles, mientras que autores como Max han mantenido un universo creativo donde persisten esos recuerdos. Personajes como Vito, un pícaro contemporáneo, o aquellos que encarnan ideales perdidos, como en "Los viejos hornos", demuestran la diversidad temática y estilística del medio.

La representación del tiempo en el tebeo abarca desde las sutiles elipsis visuales hasta complejas superposiciones temporales, demostrando la riqueza y versatilidad de este medio narrativo para evocar el pasado, reflexionar sobre el presente y proyectar futuros posibles.