El Fascinante Mundo de los Cómics y Tebeos: Un Viaje Personal

Este amigo vuestro que se atreve a hablar desde esta pequeña atalaya que brindan escritores y poetas, quiere decir algo desde tiempo callado. Mi voz está en silencio pues un terremoto personal ha dormido mis letras mucho tiempo. Algunas de las cosas que leéis las tenía guardadas. Deseo hablaros aquí del Amor que siento, tengo, venero por los tebeos y cómics. He leído muchos. Muchísimos. Cientos, miles cuando era un niño moreno de ojos grandes, callado, ensimismado en intangibles mundos y los tebeos me ayudaban a ponerle decorado.

El mejor o peor escritor que pueda ser ahora, que no sé (otra indecisión más que apuntar a la lista) no sería sin la lectura y el fervor que sentía y mantengo por los tebeos y cómics que luego en la adolescencia desenvocó en la lectura de los primeros libros: “La isla del tesoro”, “20.000 leguas de viaje submarino”, “El mundo del Montecristo” y los libros que cayeron en mis manos gracias al Bibliobús, que primero en la Avenida de Alicante y luego en la Plaza de Altabix me brindaron muchos momentos de felicidad lectora. Toda la seria de Los Tres Investigadores, Sandokán, el tigre de Mompracén. Para emprender después el recorrido por una colmena de lecturas que cada vez se ramifica más con nuevos autores y títulos que convierten el empeño en una ruta inacabable, plena de encuentros, desencuentros y gratas sorpresas. Un itinerario que durará toda la vida con la Literatura como una amante fiel que no abandona.

Mi pequeña historia con los tebeos comienza en el barrio San Antón de Elche, un barrio de gente trabajadora, inmigrante que había venido a la “city” a prosperar desde muchos puntos de España. Gente buena y currante que han hecho de la ciudad de las Lanzas y la Festa lo que es hoy. Mi Madre y mi Padre, manchegos de nacimiento y corazón, se conocieron en este barrio. Vivíamos en el bloque 15 al lado de la iglesia. Al volver de la esquina estaba el kiosco de Enrique donde compré mis primeros tebeos de Mortadelo y Filemón, que me enloquecen aún.

Aquí compré los primeros cromos de las ligas de fútbol de la época mientras jugaba en los campos de la Patata y del Barça. Aquellos encuentros interminables… Recuerdo del kiosco de Enrique que tenía dos grandes mostradores. Uno que estaba frente a la entrada hasta los topes de revistas del corazón, deportivas y los tebeos colgados en hileras de cuerdas sujetos con pinzas, a veces hasta dos y tres tebeos. El otro más interior lo dedicaba a juguetes que hacían las delicias de los niños y niñas de aquel tiempo dichoso. Disfrutaba como un enano cuando compraba mis primeras aventuras de mis detectives atrabiliarios o compraba los cromos ansiados a la búsqueda del que faltaba para completar el álbum, en especial los de Mazinguer que nos llevaba locos.

No puedo ni quiero olvidar a Ramón que tan generosamente me dejaba ir a su casa del Bloque Nuevo y dejaba los Super Humor que me fascinaban. Ir a su hogar era una fiesta, un descubrimiento para mis ojos. Historias completas de mis héroes de la TIA, Rompetechos, Carpanta, Pepe Gotera y Otilio. Sus padres, Manolo y Encarna me veían disfrutar como un niño ante la cueva del tesoro más preciado cuando veían que entraba en la habitación de su hijo. Ahora mismo lo veo, lo siento. Ahora mismo. Es cierto, el Tiempo es Todo Uno, como dice mi admirado Eloy Sánchez Rosillo. Ramón es hijo único y gozaba como él con aquellos tebeos y los primeros libros que ambos devorábamos.

Nunca, nunca podré olvidar los enormes momentos de intensa felicidad y guardo en la memoria el kiosco de la Caracelga (la llamaban por su mote) en la Glorieta del Toboso, el mítico pueblo de mi familia materna donde mi madre Angelines cuidaba tres meses al año a su madre, mi abuela Sinforosa, imposibilitada en la cama por un paralís. En este kiosco encontré un universo de posibilidades infinitas. Mi madre me daba las pesetas justas para comprar aquellos tebeos y mejorar mi aprendizaje lector. Ella me enseñó a leer y escribir y las cuatro reglas con no pocos coscorrones. Era una aventura ir al kiosco de la Glorieta para comprar esos cómics apaisados, horizontales, de medio folio con las historias de El Guerrero del Antifaz, El Capitán Trueno, El Jabato, Hazañas Bélicas, Roberto Alcázar y Pedrín, Flash Gordon, Pumby, TBO y algunos más que ahora no recuerdo bien.

También iba casi todos los días a la tienda de Luis y la Esperanza, primo de mi madre. Compartíamos patio. Su establecimiento, de confección y utensilios de todo tipo para el hogar, sigue en marcha y hace esquina con la calle Dulcinea. Me sentaba en una mesa camilla circular con vistas a la ventana de la calle mientras leía con voracidad las aventuras de mis héroes que me transportaban a otros mundos y volaba…

Cierta vez (el río del tiempo no perdona) iba a comprar tebeos a la Glorieta y un chico del pueblo me los robó. Llegué a casa de mis abuelos hecho un mar de lágrimas. Desolado porque me habían sustraído mis preciados tesoros. Mi madre, hecha una furia, obligó al chaval a devolvérmelos. En aquellos tiempos se arreaban coscorrones, tirones de orejas y calvotazos, entre otras caricias de las madres.

Recuerdo si miro con el retrovisor de la vida, qué rabia me daba que los tebeos acabaran casi siempre con el “continuará…” de marras, que te dejaban en suspense con la trama por desentrañar y las ganas de seguir el próximo episodio que también acababa inevitable en otro “continuará…” en un bucle que parecía no tener fin en la mirada ansiosa de un niño embutido en las historias que vivía entre sus páginas.

Hacia 1975, famosa fecha por estos pagos, cuando el tío Paco dejó de dirigir con manos férrea y brazo alzado los destinos de un país en blanco y negro durante cuatro largas décadas de silencio. Apenas se intuía la naciente democracia y mis padres compraron una casa en Altabix cuando uno tenía nueve años y el mundo seguía abierto a todas las posibilidades. Empecé a frecuentar los kioscos de este barrio donde cambiamos para prosperar. Acudía a comprar tebeos y ya empecé con los cómics en dos kioscos sobre todo. El kiosco de la Abuela en una de las arterias principales del barrio tras el bar El Molinero. Estaba en semisótano con un escalón de bajada. Allí compré cromos de la Abeja Maya, Heidi, Marco, Comando G, entre los que recuerdo y seguía con la compra de los tebeos de mis personajes de la editorial Bruguera y su creador, el dibujante Ibáñez, que vivía con intensidad.

Los compraba a tres, cuatro, cinco pesetas. Mi padre me daba un aguinaldo semanal de cinco duros para toda la semana y no siempre me llegaba para comprar los que quería. Lo que hacía entonces era “fangarle” tebeos a la abuelica con un inquieto sentimiento de culpa por la travesura. Ponía uno o dos dentro del que compraba y pagaba sólo uno. Luego los devoraba en la cama de mis padres o en la mía mientras veía mi imagen en la dorada cómoda antigua con ribetes de marquetería que reflejaba mi imagen de niño inquieto y ladrón. Descubrí más héroes: Sir Tim O´Theo, 13 Rue del Percebe que me chiflaban. Ibáñez tenía una pluma y una mente prodigiosa y parecía que nunca se acababa el universo de sus referencias.

Me recuerda mi amigo Ramón Quiñones, el informático, que también acudíamos al kiosco de Susi en la calle Juan Espuche, enfrente del desaparecido gimnasio Victoria, donde podíamos comprar y cambiar tebeos. Recuerdo que lo llevaba un hombre bonachón, alto, con gafas, de nombre Pepe y su mujer más bajita. Les compraba y cambiaba tebeos y aquí inicié mi idilio con los cómics de Marvel con sus viñetas en blanco y negro, grandes, trepidantes y su acción a todo gas me abría a un cúmulo de emociones e invenciones. Mis referencias se ensanchaban: Spiderman, Capitán América, Los Vengadores, Los Cuatro Fantásticos… corrían ante mis ojos devoradores de vivir sus peripecias entre los mundos de la realidad y la ficción. A Pepe también he de reconocer que le quitaba tebeos y sobre todo cómics. Tenía muchos y mi presupuesto limitado.

Ramón me comenta (uno no lo recordaba) que en el kiosco de Susi podían comprarse coleccionables que luego al terminar, te los encuadernaba. Allí empezó y terminó una historia de la Ciencia. En Altabix había más kioscos en aquella época. Era un barrio de trabajadores con muchas fábricas de zapatos y el runrún de los talleres de aparado y cortado por las calles era la música de cada día con grandes fábricas como Uniroyal con más de un millar de trabajadores o Sánchez Meca en plena Avenida, que ya había soterrado el ferrocarril.

En los kioscos los vecinos compraban todo tipo de artículos; pipas, chicles, caramelos, tabaco, bebidas, revistas del corazón y deportivas. La prensa escrita estaba en auge en aquellos días de agitación social y política cuando casi todo estaba por reinventarse. Los periodistas cubrían una intensa demanda social de información, de conocer la evolución de este país aún llamado España. Hablo del kiosco Ortiz, cercano a la antigua iglesia de San Vicente Ferrer, ubicada en una antigua nave de zapatos y el kiosco de la Avenida de Alicante, cerca del inolvidable campo de Altabix donde el Elche C.F.. vivió sus mayores momentos de gloria futbolística y se celebraron los primeros mítines políticos y sindicales.

No quiero ni puedo olvidar los inolvidables momentos de amistad y camaradería juvenil que viví y conservo en mi corazón con mi primo José Antonio Alarcón Gómez. Él, que fue el “culpable” de hacerme aficionado y seguidor del Barça para siempre. Con él recorrí muchas caminatas y deseos adolescentes de intercambio de tebeos y cómics de Marvel. Un hombre instalaba en la Plaza de Madrid un puesto de intercambio en una sábana sobre el suelo. Desplegaba su preciada mercancía y nosotros estábamos ansiosos por encontrar el ejemplar que nos faltaba para acabar de leer un episodio. Cada sábado tenía una cita con este señor moreno de mediana edad, recorriendo las huertas para acortar camino y llegar cuanto antes a su encuentro. Sobre todo los cómics de Marvel que intercambiábamos a duro o esperar a otros chicos que también llevaban sus bienes preciados. Nosotros comprábamos en Altabix los cómics y tebeos que menos nos interesaban y nos desprendíamos de los que ya no queríamos.

Gracias al estanco de la Benita en El Toboso, que mantuvo abierta su persiana hasta 1986 donde compraba tabaco para mi abuelo Francisco y también los chicles Cosmos con pegatinas de naves espaciales. Cuando terminabas el álbum de dos hojas, te regalaban un balón, según me comenta mi primo José Benito que tiene más memoria que yo en El Toboso y la foto del kiosco de la Glorieta que envió mi prima Marta desde el mítico pueblo de Aldonza Lorenzo.

Gracias de verdad a mi amigo Ramón de San Antón, hoy directivo de un banco y a sus padres, Manolo y Encarna, que me abrieron con amor las puertas de su casa para descubrir el universo. Gracias a mi primo José Antonio, hoy reputado abogado, con una memoria enciclopédica al igual que mi amigo Ramón Quiñones. Os quiero. Conmigo vais.

Ilustración de Mortadelo y Filemón

La Evolución del Formato: De los Tebeos a los Cómics Modernos

El universo del cómic ha experimentado una notable evolución a lo largo de los años, y la experiencia personal del autor refleja esta transformación. Inicialmente, la fascinación comenzaba con los "tebeos", publicaciones periódicas que ofrecían historias serializadas y a menudo asequibles. El kiosco de Enrique, con sus hileras de tebeos sujetos con pinzas, evoca una época donde la adquisición de estas maravillas era un ritual cotidiano.

La transición hacia los "cómics" modernos se percibe en la mención de los cómics de Marvel, con sus viñetas en blanco y negro, grandes y trepidantes. Esta nueva forma ofrecía una acción a todo gas que abría a un cúmulo de emociones e invenciones, ampliando las referencias del lector a personajes como Spiderman, Capitán América, Los Vengadores y Los Cuatro Fantásticos. La posibilidad de comprar y cambiar tebeos en lugares como el kiosco de Susi añadió una dimensión social a la afición, permitiendo a los lectores compartir sus tesoros y descubrir nuevas aventuras.

La influencia del manga japonés también se hace presente en la descripción de cómo algunas novelas gráficas emplean páginas completas sin viñetas para crear una sensación etérea y onírica, un recurso que bebe directamente de la tradición del cómic japonés. El estilo de dibujo rápido e inteligente, simple en apariencia, pero detallado mediante el sombreado y las tonalidades de color, es otra característica que resalta la fusión de influencias en el cómic contemporáneo.

Viñeta de cómic de superhéroes de Marvel

Personajes Icónicos y el Legado de los Autores

La memoria del autor está repleta de personajes que marcaron su infancia y adolescencia. Mortadelo y Filemón, los detectives atrabiliarios de Ibáñez, provocaban un disfrute incomparable. La fascinación por los cromos, especialmente los de Mazinguer, era una búsqueda constante del que faltaba para completar el álbum.

El universo de Ibáñez se expandió con héroes como Rompetechos, Carpanta, Pepe Gotera y Otilio, cuyas historias completas se descubrían gracias a la generosidad de amigos como Ramón. La editorial Bruguera y sus personajes, como Sir Tim O´Theo y 13 Rue del Percebe, son recordados con especial cariño por su ingenio y originalidad. Ibáñez es elogiado por su pluma y mente prodigiosa, que parecían inagotables.

En el ámbito de los cómics de superhéroes, personajes como Spiderman, Capitán América, Los Vengadores y Los Cuatro Fantásticos se convirtieron en referencias, transportando al lector a mundos de realidad y ficción. La influencia de autores como Hergé, con personajes como Tintín, también se menciona, aunque se reflexiona sobre la representación de personajes femeninos en sus obras.

La obra "Aquel verano" de Jillian y Mariko Tamaki se presenta como un ejemplo de cómic que aborda temas de adolescencia, crecimiento, depresión, amistad y relaciones familiares. El estilo de dibujo de Jillian Tamaki, con su paleta monocromática y trazos rápidos, junto con el guion de Mariko Tamaki, que explora la complejidad de las relaciones humanas, conforman una obra que combina influencias europeas, americanas y japonesas.

Ilustración de personajes de cómic de Ibáñez

La Influencia de los Cómics en la Formación Personal

La lectura y el fervor por los tebeos y cómics tuvieron un impacto profundo en la formación del autor. Los tebeos no solo proporcionaban entretenimiento, sino que también ayudaban a "ponerle decorado" a los mundos intangibles que habitaba en su infancia. Esta inmersión en narrativas visuales sentó las bases para su desarrollo como escritor.

La adolescencia marcó el paso de los cómics a la lectura de libros más complejos, pero la influencia de los tebeos perduró. La pasión por las historias y los personajes forjó una ruta inacabable de lecturas, enriqueciendo su bagaje cultural y literario. El Bibliobús, con su surtido de títulos, se convirtió en un vehículo de felicidad lectora, ampliando horizontes y alimentando la imaginación.

La experiencia de adquirir tebeos en los kioscos, la búsqueda de cromos, el intercambio de ejemplares y la lectura voraz de aventuras, no solo fueron pasatiempos, sino que moldearon su forma de ver el mundo. Estos momentos de intensa felicidad quedaron grabados en la memoria, demostrando el poder de los cómics como catalizadores de crecimiento personal y cultural.

La narrativa personal del autor subraya cómo los cómics y tebeos, más allá de ser meros entretenimientos, fueron herramientas fundamentales en su desarrollo intelectual y emocional. La conexión con personajes, las historias que exploraban mundos fantásticos y la experiencia social de compartir esta afición contribuyeron a forjar su identidad y su camino hacia la escritura.

Colección de cómics antiguos

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