Historia del Cómic y el Tebeo en España

La Asociación Cultural Tebeosfera publica Historia de los cómics en España, un libro que nació para mostrar a los franceses la rica trayectoria del cómic español, desde mediados del Siglo XIX hasta el 2023, pero que también es ideal para que los aficionados españoles descubran la apasionante historia de nuestras viñetas.

Un trabajo imprescindible para cualquiera al que le interesen los tebeos, que han redactado cinco de los mayores expertos españoles: Álvaro Pons, Antoni Guiral, Antonio Altarriba, Manuel Barrero y Noelia Ibarra.

Los orígenes del cómic español

El historiador y divulgador del cómic Manuel Barrero, creador de Tebeosfera, es el encargado del primer capítulo del libro, que comienza a mediados del siglo XIX, con los grabados populares conocidos como aucas o aleluyas, y concluye con el auge del cómic antes de la Guerra Civil, cuando ya se formó una industria que publicaba miles de ejemplares.

"El objetivo de este libro -nos comenta Manuel-, estaba claro desde el principio, cuando creamos este cuerpo documental para un editor extranjero: contar la historia de nuestra historieta de modo que resultara asequible y fácil de comprender para cualquier lector francófono. Cuando analizamos el resultado, nos dimos cuenta de que se trataba de un corpus interesante también para el lector español, dado que desde 2012 no se publicaba un tratado sobre la historia del cómic en España y en 2025 ya había una nueva generación de tebeolectores que podría sentirse interesada por conocer la evolución del medio aquí. Es cierto que los primeros capítulos ya “habían sido contados”, pero el último, redactado por Ibarra y Pons, añadía un tramo de la historia reciente de nuestro medio y nuestra industria que constituía una novedad."

"Obviamente, no es una historia detallada de los cómics españoles -añade Manuel-. Para eso haría falta una enciclopedia. Es una visión panorámica, unos apuntes para comenzar a andar en esta selva infinita de viñetas, y eso es precisamente lo que queríamos publicar y lo que creo que gustará a una amplia mayoría del público que, con este librito, tendrá en la palma de la mano una buena primera aproximación a la evolución de nuestros tebeos".

Preguntamos a Manuel cuando nacieron esos primeros cómics españoles y cómo eran: "Algo que no debemos olvidar es que la historieta es el último medio artesanal y, también, el primero vicario. Es decir, no llevaba pareja una tecnología propia (algo que sí caracterizó a la fotografía o al cine) y surgió “okupando” soportes como la prensa y los libros ilustrados. Era un medio nuevo, pero mestizo, que se coló en páginas ajenas para ir desarrollando su lenguaje. Ya se podían atisbar relatos gráficos a modo de historietas al final del primer tercio del siglo XIX en libros y prensa europea, pero en España surgen a remolque de lo que se hacía fuera (nuestras condiciones políticas y económicas no eran favorables) y no vemos las primeras historietas hechas por españoles hasta finales de la década de 1850, desarrollándose poco a poco durante los 1860 y 1870."

"Esos impresos no tenían nada que ver con los que fueron populares después -añade Manuel-. No eran monográficos, sino productos híbridos, con secciones didácticas, fabulísticas o de pasatiempos, entreveradas con viñetas humorísticas e historietas. De hecho, Dominguín fue una excepción, porque era solo de cómic, mientras que gran parte de los títulos que le sucederían a finales de los 1910 y durante los 1920 (Charlot, TBO, La Risa, Pulgarcito, etcétera) eran revistas con contenido variado, no exclusivamente de historieta. Los primeros cómics “solo con cómic” no se popularizarían hasta la posguerra".

Entonces, ¿Cómo eran los tebeos de antes de la Guerra Civil? ¿Ya había una industria del tebeo potente?

"Deberíamos haber vivido aquella época para poder afirmarlo, lo de la potencia, digo -nos explica Manuel-. Tampoco tenemos cifras de tirada confirmadas, pero lo cierto es que, si comparamos la población alfabetizada de entonces y las tiradas que conocemos de los años 1920 y 1930 -entre los 100.000 y 125.000 ejemplares por número en las revistas más populares-, podría afirmarse que era una industria a tener en cuenta. Yo siempre he sostenido que fue una industria tímida, porque los canales de distribución eran malos, porque nunca se quiso editar pensando en un público objetivo y porque algunos editores jugaron la baza fácil: confeccionar un producto barato, suficiente, sin riesgo, que daba beneficios justos para ir tirando. Apenas hubo innovación en ese periodo, ni técnica ni logística ni en la narrativa de las historietas. No quiero con esto denostar todos los tebeos publicados, pero solo hay que comprobar que Buigas, los Bruguera, Marco y otros editores solían lanzar un producto idéntico semana tras semana, sin pensar en variar los contenidos o en desarrollar ideas nuevas".

"No obstante, hubo sellos que sí trabajaron otros modelos e investigaron otras rutas comerciales y narrativas, como Calleja, Ediciones Chicos, Esteller y Sangés o CIAP. En fin, es un debate largo, porque lo que ha definido al cómic durante su expansión en el siglo XX fue su afán popular, comercial, masivo, basando el potencial de la industria en la fragmentación rentable: la venta de muchos productos de corte efímero pero asequibles y fáciles de leer."

Evolución histórica del cómic en España

Los tebeos en la Guerra Civil y la dictadura franquista

Desgraciadamente, no sabemos a dónde habrían llegado esos tebeos, porque la Guerra Civil, la dictadura franquista y la censura marcarían la historia de los tebeos durante casi 40 años. Una etapa de la que nos habla el guionista e historiador de cómics, Antonio Altarriba, Premio Nacional de Cómic por El arte de volar. Y empezamos preguntándole ¿Hasta qué punto los tebeos de esa época buscaban adoctrinar a los niños?

"En algunos casos se trataba de ideología partidista sin tapujos. Flechas y Pelayos (1938-49) surge de la unión entre carlistas (Pelayos) y falangistas (Flechas). Bajo la dirección de Fray Justo Pérez de Urbel las consignas franquistas constituían la base de la línea editorial. En 1949 será sustituida por Clarín con el mismo director y también editada por el Frente de Juventudes. Acción católica publica ¡Zas! (1945) y Trampolín (1948) que contienen un fuerte sesgo doctrinal. Pero las publicaciones comerciales no transmiten tanta carga ideológica como llegamos a pensar. El guerrero del antifaz (1943) o Roberto Alcázar y Pedrín (1941), sospechosas de planteamientos fascistas, siguen más las pautas propias del relato de aventuras que el de un discurso ideologizado. Hazañas bélicas (1948) respira un fuerte anticomunismo."

En cuanto a los autores y personajes que marcaron aquella época, Antonio Altarriba asegura: "Fue una época más de personajes que de autores. Pocos lectores conocían el nombre de quienes dibujaban sus series preferidas. Los personajes cómicos gozaban de bastante notoriedad, Zipi y Zape, Doña Urraca, Las hermanas Gilda. La familia Ulises, Gordito Relleno, Tribulete, también Mortadelo y Filemón. Pero, sin duda el más popular en los años cincuenta y sesenta fue Carpanta. El liderazgo indiscutible en los cuadernillos de aventuras le corresponde al Capitán Trueno".

Se suele decir que Bruguera retrató la evolución de la sociedad española desde los años cuarenta a los ochenta. Preguntamos a Altarriba si cree que eso es cierto: "El esquema narrativo de todas las series de humor de Bruguera está marcado por el fracaso. Todos los personajes tienen un proyecto al principio de cada historieta que nunca se cumple. De hecho, nos reímos de ver cómo, episodio tras episodio, fracasan y reciben golpes. Esta apoteosis de la frustración retrata muy bien la vida bajo el franquismo, con el horizonte social, político y económico muy reducido. Ahí está la condena a ayuno permanente de Carpanta, el desasosiego sentimental de las hermanas Gilda, los malvados propósitos de Doña Urraca, siempre incumplidos o las pesquisas inútiles de Mortadelo y Filemón."

Personajes icónicos del tebeo español de posguerra

El “boom del cómic para adultos"

Con la llegada de la democracia, a finales de los años 70, nacieron revistas de humor como El Papus y El Jueves, además de publicarse muchas historietas prohibidas hasta entonces, de autores como Hugo Pratt, Moebius, Crepax, Milo Manara, Alberto Breccia, José Muñoz, Carlos Sampayo... Sin olvidar a toda una generación de autores españoles dispuestos a cambiar las cosas.

Antoni Guiral, guionista, editor y divulgador de la historieta nos habla de esa época a la que algunos denominaron 'la edad de oro del cómic adulto español': "Bueno, lo de la 'edad de oro del cómic adulto español' está por ver, y lo digo porque en estos últimos años se están publicando obras excelentes. En todo caso, se estableció lo que convenimos en denominar el “boom del cómic para adultos”."

"En realidad -añade Guiral-, la historieta (o protohistorieta) para adultos empieza con la aparición de este medio en España durante la segunda mitad del siglo XIX, ya que básicamente se publicaba en revistas satíricas, por tanto, para adultos. A principios del siglo XX la historieta se establece en las publicaciones infantiles, y se asume como medio para menores de edad. Era difícil hablar de historieta para adultos durante el franquismo, pero hubo algunos apuntes de la misma, tanto en las revistas de Editorial Bruguera (alguna de ellas claramente para adultos, como Can Can), como en algunas páginas aparecidas en revistas de humor de esa época".

"Realmente -continúa Guiral-, es un proceso lento, marcado por nuestra propia historia y por la dictadura y la censura. Ya encontramos cómics para adultos en revistas como Oriflama (en 1968) o en fascículos como Drácula (1971), y desde 1968, con revistas de terror como Dossier Negro y posteriormente Vampus y Rufus, y algunos apuntes de ello en cabeceras como Mata Ratos (1965), Gaceta Junior/Tintín (1968) y Trinca (1970)".

"Quizá el primer paso serio, a mi entender, se da con El Papus a partir de 1973. Por mucho que fuera una revista satírica al filo de la actualidad, con textos y chistes, la historieta aparece desde su primer número, y es ahí donde encontramos regularmente cómics para adultos, de humor y crítica social, pero historietas. O sea, es realmente El Papus quien da el pistoletazo de salida en lo que respecta a este tema. El Jueves llega después, en 1977, y en efecto refuerza esa presencia y la regulariza, pero recordemos que en 1975 nace Butifarra! y en 1977 la revista Trocha/Troya, publicaciones autoeditadas por grupos de autores y autoras plenamente conscientes de estar haciendo historieta para adultos. O sea, que todo fue un proceso lento, pero seguro, y al albor de nuestra situación política".

Con el final de la censura también llegaron a España obras míticas del cómic europeo y latinoamericano, algunas prohibidas hasta entonces.

"Eso hay que matizarlo. Si te refieres a obras de la historieta latinoamericana y europea, así es. Fue a partir de la aparición de Totem (1977) y posteriormente de Bumerang y Blue Jeans, o sea, con el advenimiento de la democracia, que empezaron a publicarse en España obras para adultos de gran calado, obras de autores argentinos, chilenos, franceses e italianos, básicamente (amén de recuperar obras de autores españoles, como Enric Sió), que habían sido publicadas en sus respectivos países entre los años sesenta y setenta. Eso, por un lado. Por otro, estaría el mencionado boom de revistas de cómics para adultos, que podemos situar entre 1977 y 1984, con las mencionadas y, ya con obras nuevas de historietistas españoles, en cabeceras como 1984, Comix Internacional, Cimoc, Cairo, El Víbora, Makoki, Rambla, K.O. Comics, Metropol o Madriz. Digamos que si no fue la “edad de oro del cómic adulto español”, al menos empezó así".

Esa "edad de oro del cómic adulto" coincidió con la crisis del cómic infantil, cuyo mayor símbolo fue el cierre de Bruguera. Y los niños acabaron pasándose al cómic de superhéroes. Pero... ¿por qué sucedió eso?

"Esa es una pregunta de muy difícil respuesta -nos explica Guiral-. Por un lado, esos tebeos infantiles que habían llenado los quioscos con, en algunos casos, cientos de miles de ejemplares semanales, empezaron a declinar efectivamente hacia 1978. Quizá porque no se había producido una renovación de sus contenidos, quizá porque los niños disponían de otros medio de entretenimiento (como la televisión), tal vez porque las nuevas generaciones no se apuntaban como antes al ocio que representaban los tebeos, mientras que las generaciones que habían crecido y se habían formado con esos tebeos infantiles y juveniles, que eran muchos lectores, encontraron en el nuevo cómic para adultos aquello que realmente estaban esperando".

"No hubo un gran relevo generacional de lectores -añade-, y ni Bruguera ni otras editoriales supieron, entre finales de los setenta e inicios de lo ochenta, encontrar la fórmula para seguir interesando en la lectura de tebeos a los menores de edad, al menos en la cantidad en que se apuntaban años antes. La caída de Bruguera se debió a muchos factores, uno de ellos es este, pero hubo muchos más, como la mala gestión empresarial, la rescisión de su contrato con la editorial de Interviú (revista que imprimían en sus talleres), la devaluación del peso mexicano y la prohibición de salidas de divisas de Argentina (recordemos que Bruguera tenía muchos intereses comerciales en Latinoamérica) o el encarecimiento de los créditos internacionales a causa de la devaluación de la peseta con respecto al dólar. Todo esto cuenta".

"Y, en efecto, la sensación es que los niños se pasaron de las revistas de Bruguera a los superhéroes. También es un tema generacional. Recordemos que las ediciones de superhéroes empezaron por parte de Vértice en 1969, pero mejoraron y se institucionalizaron a partir de 1982, con los comic-books primero de Comics Forum (Marvel) y luego de Ediciones Zinco (DC)."

Portada de El Víbora, revista clave de la Transición

El presente y el futuro del cómic español

Del último capitulo, que habla de la nueva oleada de autores y propuestas que llegaron con el siglo XXI y del futuro del cómic español, se ocupan Noelia Ibarra, profesora de la Universidad de Valencia, y Álvaro Pons, también profesor de la Universidad de Valencia y uno de los críticos, periodistas y divulgadores más destacados de España. Ambos destacan el gran momento creativo de nuestros autores:

"Sin duda, desde el punto de vista creativo se está viviendo un momento de gran fecundidad y calidad, pero que en modo alguno se corresponde con la situación económica de los autores, completamente precaria. La calidad es indudable, plasmada como muestra, en los numerosos reconocimientos que está recibiendo la autoría española. Sin embargo se está generando una disociación entre la realidad del mercado y la creativa, que no tiene que ver estrictamente con el cómic, sino en general con el mundo de la cultura, siempre sometido a dificultades laborales y económicas".

Estos últimos años se han dado grandes pasos para apoyar y pro...

Cómics y tebeos

Cómics y tebeos antiguos y de época. Publicaciones con personajes del imaginario colectivo nacional como El Capitán Trueno, Guillermo Alcázar y Pedrín, El Coyote, Jabato, Pantera Negra, Jorge y Fernando, y El Guerrero del Antifaz, ejemplares con los alocados protagonistas del genial Ibáñez (Mortadelo y Filemón, Pepe Gotera y Otilio, Zipi y Zape...), unidades de superhéroes estadounidenses (Supermán, Batman, Spiderman, Los Cuatro Fantásticos, Patrulla X...), referencias de Tarzán y Conán, tomos de Pulgarcito, Alix, TBO y Hazañas Bélicas, colecciones de Pumby, Tintín y Axterix y Obelix, aventuras de Disney, y también cómics más modernos firmados por creadores nacionales y extranjeros.

Lo mejor de editoriales como Bruguera, Hispano Americana, Ediciones B, Glenat, Grijalbo, Norma, Planeta, Valenciana, Zinco, Amaller, Calleja, Molino, Rollán o Montena.

En España, a la historieta se la ha llamado también tebeo. Por aquellos días, el término cómic, recién acuñado por los esnobs, empezaba a desbancar la palabra tebeo acuñada por el uso, la historia y los lectores. El nuevo término se extendió con rapidez, llegando a aparecer en la denominación de los eventos de historieta que surgían por el país.

... son dos ramas de un mismo medio de expresión, el Noveno Arte, como se le ha llamado. Sobre todo los aficionados venimos de dos orígenes diferentes aunque compartamos tantas otras cosas y nuestros caminos son paralelos: los amantes de los tebeos (¡que nadie nos solemnice los tebeos ni les cambie el nombre!) llegamos con el tiempo a apreciar los cómics y hasta las novelas gráficas, que ya es mucho decir. En cambio resulta muy raro, si es que alguna vez se da, que un comicófilo se pase a la tebeomanía, salvo como ejercicio de erudición. Los tebeos son un mundo completo, cerrado sobre sí mismo, sin pretensiones didácticas o regeneradoras de la realidad exterior; los cómics ya apuntan a la interpretación del presente o el pasado, sobre todo del futuro, pertenecen al orden útil y algo fastidioso de las lecciones de cosas.

La historia del cómic en España puede remontarse muy atrás en el tiempo, dependiendo de lo que se entienda por historieta. Por ello, y al igual que sucede en otros países europeos, existe una fuerte controversia sobre cuál fue el primer cómic autóctono, llegándose a citar las Cantigas de Santa María, realizadas probablemente entre 1260 y 1270 por el taller de Alfonso X «el Sabio» como tales. Los antecedentes de la historieta en España se remontan a las aleluyas (o auca en catalán) del siglo XVIII, composiciones impresas con viñetas acompañadas de textos rimados.

Tras la Guerra Civil, la dictadura franquista impuso una estricta censura que condicionó la producción cultural. No obstante, las décadas de 1940 y 1950 son consideradas la "edad de oro" del cómic español. La transición a la democracia propició una apertura cultural que se reflejó en la historieta. Surgieron revistas como El Víbora, Totem y Cairo, que promovieron un cómic más experimental y dirigido al público adulto. La década de 1990 estuvo marcada por una crisis en la industria del cómic español, debido a factores como la competencia de otros medios de entretenimiento y la saturación del mercado. Muchas revistas cerraron, y editoriales como Bruguera desaparecieron o fueron absorbidas por otras compañías.

En el siglo XXI, el cómic español ha experimentado una renovación, con la aparición de nuevos autores y la consolidación de la novela gráfica como formato. Además, iniciativas como el Premio Nacional del Cómic, establecido en 2007, han contribuido a la valorización del medio.

Desde la aparición del primer tebeo, Dominguín, en 1915, Barcelona ha sido la principal productora de los mismos. Es en los años 30 cuando se populariza por fin el medio, logrando TBO una tirada de 220 000 ejemplares en 1935.

Los años sesenta, acompañando a la tremenda subida de la natalidad en la época, llenaron las calles de niñas y niños con pocas diversiones: la propia calle para jugar con la pelota, a policías y ladrones, la cogida o el escondite; y la lectura en la casa, donde era muy raro que no se pudiesen encontrar ejemplares de las publicaciones de Bruguera, las más populares. En cualquier estanco se encontraban DDT, DinDan, Pulgarcito, y posteriormente Mortadelo, TBO, Pumby, relatos ilustrados, sobre todo de Bruguera, una gran oferta. Muchos compañeros y compañeras recuerdan leer esos tebeos procedentes del cambio en el estanco, lo que generaba una actividad muy grande.

Portada de TBO, una de las revistas pioneras del tebeo español

Los primeros tebeos de principios del siglo pasado, igual que los periódicos para la infancia decimonónicos, difundían una ideología burguesa y tenían una intención moralizante, dirigiéndose a los hijos de las clases altas, aunque ya no exclusivamente de dirigentes, sino también de la alta burocracia y grandes negocios.

Durante los primeros años del franquismo, fray Justo Pérez de Urbel resolvía las solicitudes de autorización de nuevos tebeos que llegaban a la Vicesecretaría de Educación Popular de FET y de las JONS, clasificándose la mayoría como publicaciones unitarias, lo que perjudicaba su periodicidad.

La mayoría de los festivales y salones cuentan con subvenciones públicas. Se ha premiado a Karpa (medalla de oro de la Generalidad Valenciana), y a Miguel Quesada, Francisco Ibáñez y Purita Campos (medallas de oro al Mérito de las Bellas Artes en 2000, 2001 y 2010, respectivamente). Excepcionalmente, se ha llegado a dedicar alguna estatua al cómic autóctono, como la del El Capitán Trueno que el pueblo de Albuixech erigió en honor de Ambrós, paisano suyo y dibujante más célebre del personaje.

En 2002 se creó la Asociación de Autores de Cómic de España, con la intención de proteger los derechos de los autores, dibujantes y guionistas de historieta españoles. Actualmente, proliferan festivales de cómic en cada comunidad autónoma. No fue hasta los 90 que se crearon el Salón Internacional del Cómic de Granada (1994), las Jornadas Internacionales del Cómic Villa de Avilés (1996) y Expocómic y Viñetas desde el Atlántico, ambos en 1998.

La historieta española ha contado con espacios dedicados en diversos medios de comunicación, especialmente en la radio durante las décadas de 1970 y 1980.

Una de las primeras adaptaciones animadas basada en historietas españolas fue Mortadelo y Filemón de los que realizaron una serie de cortometrajes entre 1965 y 1971. Las series de imagen real han corrido una suerte dispar, desde el éxito de Historias de la puta mili (1994) y sobre todo Makinavaja (1995) al fracaso de Elbotones Sacarino (2002).

La evolución del cómic [Segunda parte] - IMAGE y DARK HORSE

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