Tebeos Españoles de los Años 60: Una Década de Oro del Cómic

El mundo del cómic supuso toda una revolución allá por los años 60, cuando las ilustraciones y la literatura se juntaron para dar salida a historias increíbles. Este fenómeno golpeó con fuerza en todo el mundo y llegó para quedarse, habiendo hoy por hoy una enorme industria del cómic e incluso ferias y congresos. En España, las primeras muestras del cómic las vemos con el Capitán Trueno y el Guerrero del Antifaz, dos grandes referentes, o Roberto Alcázar y Pedrín.

La historia del cómic en España puede remontarse muy atrás en el tiempo, dependiendo de lo que se entienda por historieta. Por ello, y al igual que sucede en otros países europeos, existe una fuerte controversia sobre cuál fue el primer cómic autóctono, llegándose a citar las Cantigas de Santa María, realizadas probablemente entre 1260 y 1270 por el taller de Alfonso X «el Sabio» como tales. Los antecedentes de la historieta en España se remontan a las aleluyas (o auca en catalán) del siglo XVIII, composiciones impresas con viñetas acompañadas de textos rimados. El investigador Antonio Martín, cuya labor es fundamental para conocer este período, considera la serie El suero maravilloso de Robledano publicada en 1910 en la revista para niños "Infancia" como la primera historieta española con globos de diálogo. Estaban surgiendo entonces multitud de revistas infantiles como Dominguín (1915), Charlot (1916) y sobre todo TBO (1917), la primera que gozó de gran difusión (220.000 ejemplares en 1935) y que, a la postre, generó el nombre con el que se ha conocido al medio en España. Entre sus autores, destacan Ricard Opisso y Manuel Urda Marín.

En los años 30, el tebeo inició su popularización en España, al compás de los cambios sociales y el auge editorial, sumado a la introducción del material clásico estadounidense en revistas como Yumbo (1934), Aventurero (1935) y La revista de Tim Tyler (1935) de Hispano-Americana de Ediciones, Mickey (1935) de Editorial Molino y Cine Aventuras (1936) de Editorial Marco. Debido a esta influencia, las aventuras autóctonas se alargan y surgen autores de grafismo realista como Francisco Darnís, Salvador Mestres, Riera Rojas y Jaime Tomás, que se unen a los de grafismo caricaturesco, como José Cabrero Arnal o Arturo Moreno.

Tras la Guerra Civil, la dictadura franquista impuso una estricta censura que condicionó la producción cultural. No obstante, las décadas de 1940 y 1950 son consideradas la "edad de oro" del cómic español. La Editorial Valenciana implanta poco después el cuaderno de aventuras con series tan populares como Roberto Alcázar y Pedrín (1940) de Eduardo Vañó, y El Guerrero del Antifaz (1944) del prolífico Manuel Gago, destacando, por su factura gráfica, Silac, el Hombre-León (1945), de Enrique Pertegás. En 1947, nuevas revistas de Bruguera, como Pulgarcito y El Campeón incluyen también series de aventuras, como El Inspector Dan de la Patrulla Volante de Eugenio Giner, Silver Roy de Bosch Penalva y Dr. Niebla de Francisco Hidalgo.

Ya en los años 50, logran un gran éxito El Cachorro (1951) de Iranzo; Aventuras del F.B.I. (1951) de Luis Bermejo; Diego Valor (1954) de Jarber/Buylla/Bayo; Red Dixon (1954) de Joaquim Berenguer Artes/Martínez Osete; Mendoza Colt (1955) de González Casquel/Martín Salvador y sobre todo, El Capitán Trueno (1956) de Mora/Ambrós, que llega a vender hasta 350 000 tebeos semanales y provoca, con su éxito, que se desdramaticen las aventuras, ganando en tono festivo. Otros títulos destacados de esta década son El capitán Pantera (1954) de Carrillo, El mundo futuro (1955) de Boixcar y Hazañas de la juventud audaz (1959) de Matías Alonso.

Las series humorísticas, por el contrario, son autoconclusivas y siempre en formato vertical. Al principio, destacan Pepe Carter y Coco (1942) de Ángel Puigmiquel o Sherlock López y Watso de Leche (1943) de Gabi. El sempiterno TBO (1941) de la Editorial Buigas, Estivill y Viña, que, aunque tradicionalmente había optado por evitar los personajes fijos, popularizó en esta época La familia Ulises de Benejam. Pulgarcito (1947), El DDT (1951), Tío Vivo (1957) y Din Dan (1965) de Editorial Bruguera, en los que se desarrolla un amplio repertorio de personajes, obra de autores como Peñarroya, Cifré, Jorge, Escobar, Conti, Vázquez, Martz Schmidt, Enrich, Ibáñez, Segura, Nené Estivill o Alfons Figueras.

A finales de los 50, tuvo lugar un boom del tebeo femenino, cuando nuevas revistas empezaron a presentar historietas sentimentales más contemporáneas, que en muchas ocasiones buscaban sinergias con los éxitos cinematográficos y musicales del momento: Rosas Blancas y Sissi en 1958 y Claro de Luna en 1959.

Los años sesenta, acompañando a la tremenda subida de la natalidad en la época, llenaron las calles de niñas y niños con pocas diversiones: la propia calle para jugar con la pelota, a policías y ladrones, la cogida o el escondite; y la lectura en la casa, donde era muy raro que no se pudiesen encontrar ejemplares de las publicaciones de Bruguera, las más populares. En cualquier estanco se encontraban DDT, DinDan, Pulgarcito, y posteriormente Mortadelo, TBO, Pumby, relatos ilustrados, sobre todo de Bruguera, una gran oferta.

El Capitán Trueno (1956-1968) es una leyenda de historietas de aventuras creadas en 1956 por los barceloneses Víctor Mora Pujadas (guión) y el dibujante Miguel Ambrosio Zaragoza (Ambros), que es la más exitosa del comics español, especialmente desde 1956 hasta 1968, manteniendo en España una tirada máxima semanal de unos 350.000 ejemplares. El Jabato (1958, y numerosas reediciones posteriores, manteniéndose de esta manera hasta el 2010). Famosa serie de historietas creada por Víctor Mora (guion), en este caso con el seudónimo de R. Martín, y Francisco Darnís (dibujo) para la editorial Bruguera en 1958 y formadas por un trío de personajes: El Jabato como protagonista y sus inseparables compañeros: el forzudo Taurus y el poeta, enclenque y divertido Fideus de Mileto equipado con su lira y laureado con una corona. Piel de Lobo (1959-1961) fue un cuaderno de aventuras y todo un éxito de ventas, obra del guionista Juan Antonio de la Iglesia y el dibujante Manuel Gago, publicado originariamente por la Valenciana editorial Maga en 1959. Tony y Anita, los ases del circo (1951-1958) fue un cuaderno de aventuras de publicación quincenal, obra de los hermanos Quesada, (Pedro y Miguel), que fue publicado en España por la valenciana Editorial Maga desde 1951 hasta 1958, siendo uno de los primeros éxitos de la editorial, y su segunda serie de mayor duración: 153 números ordinarios, cinco almanaques (1954, 1955, 1956, 1957 y 1958) y un extra. Roberto Alcázar y Pedrín (1940-1976). En sus orígenes, Roberto Alcázar, el intrépido aventurero español, es una serie española de historietas de aventuras fantástico-policiacas creada en 1940 por el guionista y editor Juan Bautista Puerto, propietario de la Editorial Valenciana, y el dibujante Eduardo Vañó Pastor. Es la más longeva de la historia del cómic español, con un total de 1219 cuadernos a lo largo de 35 años, hasta 1976 y, junto con El Guerrero del Antifaz, la más popular e influyente de los años 40.

En el año 1965 se alcanzó una cifra de ventas que superó los 85 millones de ejemplares anuales. Se editaron más de cien títulos diferentes de tebeos y cómics infantiles.

La transición a la democracia propició una apertura cultural que se reflejó en la historieta. Surgieron revistas como El Víbora, Totem y Cairo, que promovieron un cómic más experimental y dirigido al público adulto. El mundo de los cómics tomó desde los años 70 una vertiente hacia la libertad de expresión y la temática de adultos, pero no se debe olvidar que el origen de las tiras cómicas es la diversión y las historietas para niños. Francisco Ibañez es el creador de esta historieta cómica que se iba publicando por números y que sigue vigente en la actualidad. Juan López Fernández creó en los 70 una parodia de Superman para niños con un toque cómico que triunfó y se sigue desarrollando a día de hoy.

La revista Víbora tomó el relevó del cómic underground y quiso dar salida a todos aquellos artistas españoles que tenían una propuesta gráfica alternativa. Se trata de una revista con diferentes historietas para adultos. La revista de cómic Totem surge como una propuesta en plenos años 80 para dar salida a una vertiente del cómic más experimental en la cual, a través de las ilustraciones, se pudiera expresar de una forma más directa. Fue otra de las revistas de cómic consideradas como «nuevo cómic para adultos». La revista Trocha fue un reducto para todos los autores de cómics en España que querían hacer un nuevo tipo de viñeta e historieta pero ligado a lo social.

El mundo de la novela gráfica y de las tiras cómicas están en un momento de fervor. Se trata de una tira cómica muy famosa de los años 80 y 90 en España. Creada por el dibujante Ivà y publicada a través de la revista «Jueves». Fue muy exitosa en su época y es la primera vez que se centra la temática de la ciencia ficción en una sola tira.

Se trata de un cómic de la Editorial Norma de corte de aventuras que se centra en un personaje principal. Escrita por Enrique Sánchez Abulí y dibujada por Jordi Bernet, se trata de un cómic ambientado en el Nueva York de la Gran Depresión. Es un cómic escrito por Antonio Segura y dibujado por José Ortiz que fue publicado en la revista Cimoc y que constituye una muestra de historieta de ciencia ficción. Se centra en un futuro post apocalíptico el cual ha quedado desolado por las guerras.

Creado por el dibujante y artista Nazario, Anarcoma es la mezcla entre Anarco y Carcoma y supuso todo un boom dentro de la revista «Víbora» reflejando ambientes sexualizados.

Con la desaparición en 1990 de la Editorial Bruguera, el mundo del cómic en España tuvo que reinventarse por completo. Sin embargo, comenzaron a tomar protagonismo las historias que venían de fuera de la frontera con superhéroes y mangas.

Colectivo La Penya fue una asociación de artistas que en los años 90 se decidió a crear un cómic en formato de tira cómica llamado «Mondo Lirondo» siguiendo la estética de Tebeo de años atrás.

Cels Piñol creó a finales de los noventa esta saga de cómic en forma de parodia. Se recrea un mundo en el que los fans son perseguidos y cazados y son personajes que solo tienen nariz. Se ha creado todo un mundo en torno Fanhunters e incluso un juego de rol.

Se trata de una tira de cómic en las cuales hay una fuerte parodia a todos los elementos del manga y de los superhéroes que estaban llegando del extranjero.

Sergi San Julian pretende continuar la línea de novela más transgresora y para adultos de la época de los 80 con Gorka, una historieta inspirada en Cerebus de Dave Sim.

Diseñada por Rafael Marín y Carlos Pacheco, se trata de un cómic de 6 números que fue editado por la colección Laberinto de Planeta.

Otra de las muestras de que las influencias extranjeras hacían mella en la época de los 90. Javier Sánchez propone un cómic catalogado como el «primer manga español».

El mundo de la historieta cómica es tan amplio que desde los más niños hasta los más adultos pueden disfrutar de sus historias y de nutrirse de un universo lleno de ilustraciones e historias increíbles. A través de dibujos y de un guión con personajes ficticios o reales y protagonistas, se puede recrear una realidad o un relato que cautive, como si de fotogramas se tratara. Sentarme a dibujar todos los días es algo que me gusta. Siempre me ha gustado dibujar, me ha gustado contar. Poder entrar a las grandes editoriales de España no es tarea fácil. Por suerte, con las plataformas de autoedición puedes tener tu cómic de forma física para poder distribuirlo en plataformas como Amazon. Conviértete en el próximo René Goscinny creando, quizás, al próximo héroe, mitad periodista, mitad investigador o un crossover de varios estilos de los últimos años.

Sus favoritos eran El Capitán Trueno, El Jabato, Piel de Lobo y Tony y Anita, que son los que conserva de su colección de entonces, la mayoría de los años 60. Posteriormente, cuando empezó a pintar a partir de los 13 años de edad algunas de sus portadas las reprodujo fidedignamente en sus cuadros de juventud, recreándolas sobre madera y con pintura plástica industrial en varios formatos de diferentes tamaños, predominando los de 92 x 66 cm e incluso de mayores dimensiones, dotándolas de un vivo y atrayente colorido y de una perfección en el dibujo y en los detalles sin igual, siendo las escasas copias que Juan Carmona se permitió realizar como pintor, motivado por las vivencias de su infancia, por los conocimientos que le aportaron estos héroes de papel alimentando su desbordada fantasía y por la demanda de dichas pinturas de aventuras como consecuencia directa de la enorme popularidad que alcanzaron en esa época. ¡¡Lástima que dichos tebeos no se hayan perpetuado en el tiempo, transmitiendo a las nuevas generaciones y, por qué no?, al mundo, la icónica imagen de esto superhéroes con marca netamente española!!

El Salón Internacional del Cómic de Barcelona reúne a todos los aficionados, guionistas, dibujantes y editoriales del sector. También es notoria la edición del Premio Nacional del Cómic, aunque no es tan popular. Habiendo numerosas librerías especializadas en el cómic.

El término tebeo o cómics nace en las primeras ediciones de la revista TBO. Se trata de una publicación con historietas variopintas de diversos personajes, unidos por un elemento común : el humor. Además de estas propias historietas, el tebeo de los años 50 recogía otras secciones como juegos y pasatiempos. Desde 1974 en adelante, comienza a usarse el término cómics. Éste, que proviene del mundo anglosajón se caracteriza por un tipo de historietas con unos dibujos y presentaciones más realistas y dirigidos particularmente a un público más adulto que los tebeos editados hasta esa fecha. Algunos incluso, con una temática en la que está presente el erotismo, relegando las ediciones habituales impresas hasta la fecha y dirigida a un público de menor edad. El vocablo cómic se extendió con rapidez. Aunque a partir de una determinada fecha, las últimas revistas del comic dirigido a mayores, recuperaron el término tebeo por alguna razón.

Desde sus inicios Barcelona fue el centro de la producción de los tebeos. Esto era debido al mayor desarrollo económico de la zona, que concentraba la mayor parte de los artistas, puesto que ya estaban trabajando como dibujantes para otro tipo de revistas. El entorno más cosmopolita de la ciudad comparativamente con otras, también hacía más atractivo su desarrollo. Tras Barcelona, Madrid también refleja una gran importancia editorial con tebeos como Pinocho, Macaco o Chiquilín. Pero las tiradas de esos ejemplares es bastante inferior.

A principios de los años 40, debido a los problemas económicos que atravesaba el país, hubieron muchos problemas de abastecimiento del papel necesario para la industria del tebeo. Esto motivaba que los editores no podían en muchos casos regularizar las impresiones de las ediciones. Y no podían mantener unas fechas periódicas de comercialización. Además, en muchos casos, por tratarse de un sector más lúdico en comparación con otros, en muchos casos no se les daba un permiso de edición periódico con lo que debían pedir autorización para cada una de las tiradas de sus ejemplares. En ese periodo fue bastante generalizada la impresión de los distintos cómics y tebeos sin fecha en su portada debido a esos contratiempos. A mediados de esa misma década es cuando las distintas ediciones comienzan a mejorar sus plazo de entrega y suministro. Las editoriales más conocidas en ese tiempo fueron Bruguera, Hispano Americana de Ediciones, Toray y Cliper.

La editorial Camaleón planteó, por ejemplo, una propuesta de edición independiente que, sin apenas generar beneficio económico, dio salida a un buen elenco de nuevos historietistas, a través de tebeos como Mondo Lirondo y Tess Tinieblas. Pese a que la editorial acabó cerrando en 1998, otras editoriales, pequeñas y no tanto (como Planeta DeAgostini con su línea Laberinto) siguieron su ejemplo apostando por nuevos talentos.

Las editoriales más conocidas en ese tiempo fueron Bruguera, Hispano Americana de Ediciones, Toray y Cliper. En el año 1965 se alcanzó una cifra de ventas que superó los 85 millones de ejemplares anuales. Se editaron más de cien títulos diferentes de tebeos y cómics infantiles.

A mediados de los años sesenta, la denominada novela gráfica, de formato vertical y mayor extensión que el cuadernillo de aventuras, domina el mercado español, con títulos tan duraderos como Novelas Gráficas de Hazañas Bélicas (1961) y Brigada Secreta (1962) de Toray o Celia de Bruguera. En el sector juvenil, se publicaron series de Miguel Calatayud, Carlos Giménez, Esteban Maroto, Antonio Hernández Palacios o Ventura y Nieto en Delta 99 (1968) o Trinca (1970) y se difundió el cómic franco-belga, de superhéroes y Disney a través de Gaceta Junior (1968), Strong (1969), Don Miki (1976) y Pif (1978) y Ediciones Junior y Editorial Vértice (siendo muy recordadas las ilustraciones de portada de superhéroes de Rafael López Espí). Los lectores más adultos sucumben a la moda del terror (Dossier Negro, 1968; Drácula y Vampus de 1971; Pánico, 1972; Rufus, 1973; Vampirella, 1974, o SOS, 1975) y la prensa satírica (Barrabás, 1972; El Papus, 1973) y underground (El Rrollo enmascarado, 1973; Star, 1974).

El momento de máximo esplendor del cómic para adultos (el llamado "boom") tendrá lugar tras la muerte de Franco, gracias a la labor de editores como Roberto Rocca, José María Berenguer, Luis García, Josep Maria Beà, Rafael Martínez, Joan Navarro y sobre todo Josep Toutain, responsables de un auténtico aluvión de revistas, siempre mensual o bimestral: Totem, Blue Jeans, El Jueves y Trocha, todas de 1977; Bumerang y 1984, ambas de 1978; Creepy y El Víbora, en 1979; Comix internacional, Delta y Bésame Mucho en 1980; Cairo, Cimoc, Sargento Kirk, Metal Hurlant y Rambla, todas de 1981, y Makoki y Vértigo, en 1982.

Las revistas de contenido satírico, ilustradas por autores como Ivà, Ja, José Luis Martín u OPS, se arriesgaron a represalias como el atentado que el 20 de septiembre de 1977 sufrió la redacción de El Papus. Otras cultivaban la ciencia ficción y la fantasía, en muchas ocasiones con un erotismo exacerbado, y se dedicaron primeramente a dar a conocer el cómic adulto editado en el extranjero, incluyendo el de autores españoles, como 5 x infinito (1967), Mara (1971), Las crónicas del Sin Nombre (1973) o Hom (1975), que todavía no había sido editado en el país. Surgieron, en este clima, nuevos dibujantes como Mique Beltrán, Ceesepe, Guillem Cifré, Gallardo, Pere Joan, Mariscal, Max, Micharmut, Nazario, Roger, Scaramuix, Sento, Daniel Torres o Luis Royo.

Bruguera fue la primera de las grandes editoriales en entrar en crisis, hasta el punto de que algunos de sus autores se sumaron la revista Jauja, ya en 1982. Ello no le impidió superar, sin embargo, a revistas cómicas como Spirou Ardilla (1979) y Fuera Borda (1984), adquirir el TBO en 1983 y dar luz verde a Esther (1981), Superlópez (1985) y Más madera! (1986).

La saturación del mercado fue ya evidente en 1983, con la breve vida de las revistas de Ediciones Metropol (Metropol, Mocambo y K.O. Lo cierto es que en estos años de aparente bonanza, editores y autores habían perdido "una oportunidad dorada de interesar de verdad al público lector en general" y así, a pesar de la proliferación del tebeo subvencionado a partir de 1984 con Madriz donde destacaron Federico del Barrio o Ana Juan, la mayoría de las revistas de cómic adulto fueron cerrando, Cairo y Creepy en 1985, El Papus en 1987 o Dossier Negro en 1988, además de la Editorial Bruguera (1986).

Tras la desaparición de Bruguera, varias editoriales pugnaron por hacerse con su mercado: Compañía General de Ediciones con "Bichos" y "Garibolo" y Editorial Grijalbo con "Guai!" y "Yo y Yo". Ninguna de ellas ni tampoco los "Mortadelos" y el "TBO" de Ediciones B pudieron mantener su nicho, desapareciendo también "Don Miki" en 1989. El mismo destino aciago sufrieron los últimos tebeos para chicas ("Pecosa", 1986). Entre las revistas para adultos, la situación no fue mucho mejor, cerrando "Cairo" (1991), "Creepy" (1992), "Zona 84" (1992) y "Cimoc" (1995) y lanzándose otras de breve vida, como "Gran Aventurero" (1989), "Puta Mili" (1992), "Viñetas" (1993), "Co&Co" (1993) o "Top Comics" (1993). Mientras duraron, permitieron que Pep Brocal, Fernando de Felipe, Corominas, Keko, Jaime Martín, Miguel Ángel Martín, Bartolomé Seguí o Sequeiros iniciaran sus carreras, algunas de ellas abortadas.

Sí que se produjo un auge de los superhéroes y el manga de importación, con lo que las influencias se internacionalizaron, además de editarse material franco-belga por parte de Norma Editorial y cabeceras directamente pornográficas como "Kiss Comix" y "Penthouse Comix". Se extendieron también las librerías especializadas y las revistas de información (Dentro de la viñeta, La Guía del Cómic, Krazy Comics, Nemo, Urich, Volumen).

Aunque la revista El Víbora desapareció en 2005, BD Banda, Cthulhu o El Manglar se sumaron a las ya establecidas Amaníaco, TMEO o El Jueves. Por su parte, las nuevas revistas infantiles, como ¡Dibucómics! (2001) o Mister K (2004) no prosperaron, cerrando además el suplemento Pequeño País en 2009. Sobrevive solo ¡Dibus! Poco a poco, y tras el éxito del portal Dreamers (1996) de Nacho Carmona, las antiguas revistas de información en papel son sustituidas por publicaciones electrónicas, como Guía del Cómic Archivado el 27 de diciembre de 2010 en Wayback Machine. (2000) de José A.

El Ministerio de Cultura ya había entregado su Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes a los historietistas Miguel Quesada (2000), Francisco Ibáñez (2001) y Carlos Giménez (2003) y al humorista gráfico Mingote (2004), en 2007 se crea en España un Premio Nacional del Cómic para premiar la mejor historieta de autor español del año, que constituyó un gran estímulo para el sector, habiéndose alzado con él autores como Max, Paco Roca, Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí, Altarriba y Kim, Santiago Valenzuela, Alfonso Zapico, Miguelanxo Prado, Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido, Santiago García y Javier Olivares, Pablo Auladell, Rayco Pulido o Ana Penyas.

El mundo del cómic es tan amplio que desde los más niños hasta los más adultos pueden disfrutar de sus historias y de nutrirse de un universo lleno de ilustraciones e historias increíbles. A través de dibujos y de un guión con personajes ficticios o reales y protagonistas, se puede recrear una realidad o un relato que cautive, como si de fotogramas se tratara.

Ilustración de El Capitán Trueno

HISTORIA DEL CÓMIC 1. Los Orígenes.

El cómic español o tebeo alcanza su máximo esplendor en los años cuarenta y cincuenta. Con posterioridad tiene otros años de expansión entre los setenta y ochenta. En la actualidad, sin embargo, la producción editorial de este tipo de impresiones es bastante reducida. Históricamente, la mayor fuente de producción aparece entre las ciudades de Barcelona, Valencia y Madrid. Aunque muchos dibujantes del género han estado trabajando para países extranjeros. Como ejemplos de ese éxito editorial podemos citar los ejemplares de Cairo, En Patufet, El Jueves, Jaimito, Chicos, Madriz, Pulgarcito, Rambla, TBO, Trinca o El Víbora. También las historietas con continuidad editadas en series. Ejemplos de ello son Cuto, El Capitán Trueno, Makoki, Makinavaja, Pumby, Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape o Torpedo.

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