Tebeos bajo sospecha: Un recorrido por la historia del cómic español

El mundo del cómic español, conocido popularmente como "tebeos", es un universo fascinante y complejo, lleno de historias que reflejan la sociedad, la cultura y las vicisitudes de cada época. Desde sus inicios hasta la actualidad, los tebeos han sido objeto de análisis, crítica y, en ocasiones, de controversia, generando debates sobre su valor artístico, su influencia y su relación con el contexto social.

El amigo Fernando Ariel, escritor, periodista y director de la revista Sonaste Maneco, nos ha señalado desde su blog LA BITÁCORA DE MANECO como merecedores de un Liebster Blog Award, un premio que se concede a los blogs con menos de doscientos seguidores, pero que por la calidad de sus contenidos merecen especial atención. Con el objetivo de arrojar luz sobre este rico panorama, exploraremos algunos de los aspectos más relevantes de la historia del tebeo en España, abordando publicaciones emblemáticas, figuras clave y los desafíos que enfrentaron.

El TBO: Un referente indiscutible

La revista TBO ocupa un lugar de honor en la historia del tebeo español. ¿Dónde reside la importancia de TBO? De hecho, por las tres cosas. Por un lado, el hecho de publicar historietas festivas para toda la familia. La revista, a pesar de las dificultades y los cambios de época, se mantuvo como un pilar fundamental, demostrando una gran capacidad de adaptación.

Portada de la revista TBO

La importancia de TBO radica en su capacidad para conectar con el público a través de contenidos que iban más allá del mero entretenimiento. Giralt, Guiral ha firmado una obra de referencia única. El trabajo de documentación es impresionante. El proyecto se lo propuse yo a Ediciones B hace dos años. y me encargaron oficialmente el libro. Giralt. serie, y me pasó mucha información que yo desconocía. originales. colección. son la base de TBO, su alma máter.

Roberto Alcázar y Pedrín: Un fenómeno de masas

En el ámbito de las publicaciones populares, la serie "Roberto Alcázar y Pedrín" emerge como un fenómeno de culto del tebeo español. Esta colección de Editorial Valenciana, iniciada en 1941, se convirtió en la serie locomotora del sello e incluso del sector en las primeras luces de posguerra. Pocos personajes del tebeo han sido tan encumbrados y obscurecidos como la pareja formada por el Sr. Alcázar y su deslenguado escudero Pedrín.

Portada del cuaderno de Roberto Alcázar y Pedrín

Sus números no ofrecen lugar a dudas sobre el papel preponderante que jugó esta serie en el panorama de la viñeta durante decenas de años. No sólo fue la primera en alcanzar el éxito, sino la más longeva con diferencia: treinta y cinco años en cartel y 1.219 cuadernos. Una enciclopedia, una ventana a la imaginación, a la geografía, a las razas del mundo, a la botánica, a los monstruos y seres diabólicos, a la mujer pérfida y a la desamparada... Y también al ingenio y frescura de una forma nueva de lenguaje, el de Pedrín, que incluso en ocasiones se instaló en la calle.

Roberto Alcázar y Pedrín encandilaba y enganchaba desde su primera lectura. Cualquiera de sus aventuras era marchamo de garantía a los ojos del primerizo lector. Apenas se tomaba contacto con la pareja uno tenía la sensación de estar frente a dos héroes privilegiados. Roberto, encarnando como nadie la justicia, la fuerza, la destreza; esgrimiendo toda suerte de virtudes: desde la elegancia a la inteligencia. ¡Qué manera de golpear a diestro y siniestro! ¡Qué estilismo tan depurado! Roberto era Dios, el hombre diez. Un ser sobrehumano, invencible. ¿Y Pedrín?... pues eso, el vivo retrato de la astucia, la pillería personificada; un enano deslenguado de pantalón corto que se paseaba por la serie destilando provocación. Cada uno de sus movimientos anunciaba ingenio y sagacidad. Nada de lo que hacía era gratuito. Siempre alerta. Su vocabulario, de alta escuela escuela creativa, rayaba la exquisitez objetiva cada vez que lo dirigía sobre algún malvado: insultos y expresiones que caricaturizaban magistralmente a la persona destinataria de su palabrería. Un verdadero maestro de la expresión callejera más genuina.

La compostura argumental de la serie pasó por diferentes procesos de creación. La tibieza inicial de conectividad entre cuaderno y cuaderno puesta de manifiesto por el dúo Puerto-Vañó, pronto desembocó en relatos con principio y final en cada ejemplar. La serie nació con dudas estructurales, como no podía ser de otra manera dadas las circunstancias que rodeaban a la industria editorial. Los cuadernos carecían de numeración; también de cabecera corporativa, lo que dificultaba sobremanera su identificación y coleccionismo. De ahí que los autores decidieran durante los primeros ejemplares cierta ligadura argumental, a pesar de que cada aventura estaba pensada para ser consumida de forma independiente, sin condicionantes argumentales. No obstante, mantuvo, como decimos, algunos elementos de enlace en un intento de arropar y promover su coleccionismo.

Roberto Alcazar es un periodista inquieto y aventurero que se dirige a Buenos Aires para hacerse cargo de una herencia. Viaja en el trasatlántico Neptunia. Lo mismo que Pedrín, un avispado mozalbete que transita escondido debido a su condición de polizón. Y que será pieza clave, junto a Roberto, en la tarea de evitar el robo de la colección de brillantes Gipsy que se encuentra a bordo. Una banda encapuchados dirigida por el Doctor Leyva serán los malos de la película. así, Argentina, el barco Neptunia, su herencia de Roberto, etc., se convierten en los elementos perdurables a lo largo de unos cuentos cuadernos. De hecho, en el segundo de ellos, Roberto y Pedrín tendrán que lidiar de nuevo con Los piratas del aire, la banda de encapuchados capitaneada por el malvado Doctor Leyva. La obsesión de los ladrones por hacerse con la colección de brillantes continuaba en la segunda entrega.

Es posible que estas flores que vierto puedan resultar excesivas o exageradas, puedo entenderlo. Quizá soy poco objetivo. Es probable que la razón de esta encendida defensa no sea más que una edulcorada respuesta a los comentarios peyorativos que sufrió la serie en tiempos no muy lejanos. Si es así, está mas que justificada mi defensa. Porque, aún no habiendo sido muchos los críticos, afortunadamente, sí han sido mezquinos o poco afortunados en su análisis. Salvo alguna excepción, pocos de esos escritos han sido objetivos con el tipo de producto que los señores Puerto y Vañó diseñaron. Roberto Alcázar y Pedrín no puede ser analizada desde la capacidad de discernir que ofrecen los años adultos; sobretodo si se hace a destiempo, cincuenta años después de haber sido concebida. Señalar a la pareja protagonista como representantes del régimen franquista, o que el Sr. Alcázar estaba inspirado en el fundador de la falange, José Antonio primo de Ribera, es grotesco. Y no digamos de aquellos que veían en la relación de la pareja signos de homosexualidad. Puro esperpento.

Roberto Alcázar y Pedrín no fue más, ni menos, que un producto que emergió de las circunstancias sociales de aquellos años. Una producción gestada al amparo de una sociedad poco cultivada, condicionada en extremo. Una serie creada por gentes que mantuvieron el tipo y la dignidad frente a leyes ridículas que tenían como principal objetivo abortar todo tipo de renuevo social o político, ya fuese escrito o gráfico. En definitiva, un proyecto nacido de la imaginación y catarsis de unos jóvenes creadores que bebían en las únicas fuentes posibles de aquellos años de racionamiento cultural. Con el valor añadido de haber sabido rastrear en el imaginario colectivo de manera brillante; en sus referentes más universales. Una herencia acumulada por el cine, la novela decimonónica en todas sus variables, el folletín y la calle. Dicho de otra manera, Roberto Alcazar y Pedrín fue el espejo sociológico de esos años, la destilación cultural de sus guionistas, sin que estos tuvieran la más mínima intención de adoctrinar a nadie.

La censura y la competencia en el mundo del tebeo

El mundo del tebeo en España no estuvo exento de censura y de conflictos entre editoriales. Durante el franquismo, la censura previa era una realidad que afectaba a todas las publicaciones, incluyendo los tebeos. Las empresas debían presentar una maqueta de cada número para pasar por censura previa.

En 1951, TBO tuvo un problema grave al publicar un texto humorístico sobre un tal Blas Pérez. Este tipo de situaciones ponían de manifiesto la delicada relación entre los creadores y el poder establecido.

Sello de censura en un tebeo

Otro aspecto relevante fue la competencia entre editoriales, especialmente la que surgió con la llegada de los comic books mexicanos. Bruguera reclamaba y alegaba contra la competencia de los comic books mexicanos, señalando que su distribución en el mercado español perjudicaba a todos los editores, los cuales habían elegido a Francisco Bruguera como su representante gremial. Finalmente, Bruguera fue quien sucedió a Novaro en la publicación de superhéroes como Superman y Batman en España.

La censura española, a través de la Comisión de Información de Publicaciones Infantiles y Juveniles, realizó un estudio sobre 'lo perjudicial para la educación juvenil de las aventuras de superhéroes'. Como resultado, en marzo de 1964, la Dirección General de Prensa prohibió la entrada de estas revistas en España. Sin embargo, el problema se venía arrastrando ya desde 1961, pues a partir de ese año no todas las revistas de Superman llegaban a la península.

La prohibición se levantó en 1971. Para algunos, la censura, en ese caso, fue claramente una artimaña comercial y de proteccionismo industrial ante una empresa extranjera. Novaro con DC es México. Vértice con Marvel es España. Como mínimo le cortaron buena parte del mercado al competidor extranjero en España, la mano de los superhéroes.

Miguel Quesada Cerdán: Un adiós a un gigante de la historieta

En el plano personal y emotivo, el pasado 6 de noviembre nos dejó el último de los grandes maestros de la Historieta Valenciana del pasado siglo, Miguel Quesada Cerdán. Se fue el amigo a quien tanto quise y venero. Nunca olvidaré su bondad y elegancia, su enorme generosidad, su modestia infinita, a pesar de su grandeza que nunca quiso reconocer.

Querido Miguel, con tu marcha has dejado huérfanos a todos: a tu familia y amigos, a tus admiradores y a tus hijos de papel: Pacho Dinamita, Tony y Anita, Pantera Negra, Pequeño Pantera Negra, Flecha Roja, etc. Toda una vida dedicada a nosotros, los lectores, alimentando espíritus, despertando ilusiones, haciéndonos soñar. Una vida consagrada al lector más joven. De niño a niño, pues apenas habías cumplido 13 años cuando tomaste la responsabilidad (guion y dibujo) de una colección tan popular como llegó a ser La Pandilla de los Siete (Valenciana, 1945) ¡Sólo 13 años!

En la historia de nuestros tebeos serás eternamente, junto a Manuel Gago, el gran referente de la inolvidable Escuela Valenciana que tanto ayudó a popularizar el tebeo de aventuras.

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