Antes de que se hablara del noveno arte, antes de que los españoles se dividiesen entre el tebeo y el cómic, antes de Ibáñez y compañía, mucho antes, los egipcios dibujaban escenas en las vendas con las que cubrían a las momias. Fue hace 2.300 años, pero la estructura recuerda, inevitablemente, a la viñeta.
Algo parecido concibieron los mayas en sus códices siglos después. Y los iluminadores en los monasterios medievales. Quizás es que llevamos haciéndolo toda la vida: ordenar el mundo en tiras, que luego convertimos en cómicas.
Esta idea se refleja en la exposición "Beatos, mecachis y percebes" de la Biblioteca Nacional, un recorrido libre por la historia del cómic comisariado por Enrique Bordes. Bordes propone una mirada irreverente y flexible, dividiendo la muestra en tres partes con términos propios: "Beatos", "Mecachis" y "Percebes".
"Beatos": Los Orígenes Visuales
En la sección "Beatos", se agrupa la producción gráfica hasta la aparición de la fotografía. Esto incluye desde las vendas egipcias y los pergaminos hasta los códices, pasando por los marfiles venecianos o los relieves renacentistas.
Un ejemplo notable es el Beato de Tábara, un códice del siglo X que copia los "Comentarios del apocalipsis" de Liébana. Incluye una ilustración de un edificio sin fachada donde se aprecian todas las habitaciones y las acciones de los personajes. Este sistema de representación, con matices temporales, anticipa lo que utilizaría Ibáñez en su serie "13, Rue del Percebe", permitiendo observar la vida de los vecinos como en una casa de muñecas.
Este concepto visual fue adoptado posteriormente en la televisión con series como "Aquí no hay quien viva". El experto señala que estos códices sorprenden por su cercanía al tebeo en la forma de producirse, y que la libertad gráfica de los iluminadores medievales no se recuperaría hasta finales del siglo XX.

La reivindicación de estos orígenes lejanos del cómic comenzó en 1967 en el Museo de Artes Decorativas del Louvre. Claude Moliterni y Pierre Couperie proyectaron una muestra que consideraba los relieves narrativos egipcios, asirios y romanos como una suerte de "cómics del pasado". Aunque las diferencias artísticas impidieron que la idea se desarrollara en el Louvre, la semilla quedó plantada.
Como anota Bordes en el catálogo, el recorrido visual de "antiguas casas del tebeo" es un reflejo de ese primer capítulo que Moliterni y Couperie no pudieron escribir.
"Mecachis": La Revolución Industrial y el Tebeo
Tras los "tiempos beatos", la siguiente etapa es "Mecachis", en honor a Eduardo Sáenz Hermúa, pseudónimo de un autor de historietas. Nos situamos en el siglo XIX, en plena revolución industrial, cuando la modernización y los cambios culturales democratizaron la imagen con la llegada de la fotografía, el cine y los medios de masas.
En este contexto, el tebeo toma fuerza. Es el momento de los pioneros que experimentaron con la gramática del medio, liberándose de la tradición. Surgen formatos como las aucas o los libros ilustrados.
Gustave Doré, inspirado por la literatura en estampas del suizo Rodolphe Töpffer, creó un antecedente de la novela gráfica con "Los rusos o Historia dramática, pintoresca y caricaturesca de la Santa Rusia". Aunque el invento no tuvo éxito, Doré continuó ilustrando la Biblia y "La divina comedia".
A principios del siglo XX, Xaudaró triunfaba con sus escenas cotidianas y su famoso perrito en las páginas de "Blanco y Negro" y ABC.

"Percebes": La Diversidad del Cómic Contemporáneo
La última parada de esta travesía es "Percebes", evocando la obra de Francisco Ibáñez. Esta sección abarca la ilustración desde los años treinta hasta la actualidad, incluyendo tanto expresiones populares como Ibáñez, Íñigo o Manuel Vázquez, como las vanguardias que, instigadas por Otto Neurath, renovaron el lenguaje de la ilustración.
Se presentan también los contadores de historias gráficas más recientes como Juan Berrio, Álvaro Ortiz o Ana Galvañ, entre otros.
El final de la exposición regresa al principio: después de 2.300 años, la experimentación con la imagen continúa.
Cuando Egipto Inventó el Cómic
El Antiguo Egipto en el Cómic
El antiguo Egipto ha sido una fuente de inspiración recurrente en el mundo del cómic, ofreciendo escenarios y narrativas ricas para explorar.
En el libro "Historia de la Humanidad en Viñetas", se presenta la etapa faraónica de la historia de Egipto. Este volumen explora la sociedad de la época faraónica, su estructura, jerarquización y la vida cotidiana de sus gentes. Se detallan aspectos como la construcción de las pirámides, la escritura con jeroglíficos y papiros, y la vida junto al río Nilo.
Otro ejemplo es "El niño jeroglífico" de la colección Papyrus de Lucien de Gieter, que utiliza el cómic para relatar historias ambientadas en el antiguo Egipto.

Viajar en el tiempo y aprender sobre el antiguo Egipto, desde la vida cotidiana hasta el más allá, es posible a través de estos cómics. Se abordan preguntas sobre la lectura de jeroglíficos, los dioses, los juegos infantiles y las costumbres de los faraones. Se descubre por qué los gatos eran sagrados, cómo se protegían las tumbas y el uso de pelucas por la élite.
Incluso en un contexto futurista, como en "Castigados en la historia", se propone un viaje al antiguo Egipto para buscar la primera pizza de la historia, combinando risas, misterios y aventuras.
Estas obras, a través de sus imágenes tipo cómic, sitúan al lector en el contexto histórico y ofrecen una forma divertida de conocer la historia y las peripecias de sus personajes.
