Azucena: Un Icono del Tebeo Femenino Español

Azucena fue una emblemática colección de cuadernos de historietas publicada en España por la editorial Toray, marcando un hito en la historia del cómic español. Su andadura se extendió desde 1946 hasta 1971, y a lo largo de su trayectoria, alcanzó la impresionante cifra de 1192 números en su primera época, complementada por una serie de 160 números "extraordinarios". Esta publicación se erigió como el ejemplo más popular del denominado "tebeo de hadas" y se consolidó como el tebeo femenino de mayor longevidad en la historia del cómic español.

La colección se caracterizaba por sus cuadernos grapados de 12 páginas en blanco y negro, a excepción de la cubierta y la contracubierta, que eran a color. El diseño de portada, con una ilustración envuelta en un marco de figuras doradas y líneas negras, se mantuvo casi invariable durante cerca de un millar de números. Desde el número 954, tras un breve parón, el marco fue sustituido por una simple banda vertical en el margen izquierdo, adaptándose a una concepción más moderna de la publicación.

Azucena, que nació en la década de los años 40 de la mano de la Editorial Toray, semana a semana y peseta a peseta, atesoró de inmediato una gran familia de adolescentes lectoras, ilusionadas "protagonistas" de tan hermosas historias y de absoluta fidelidad a través de los años. El interior estaba dominado generalmente por una historieta basada en un cuento maravilloso del folclore popular, pero incidiendo en los valores femeninos de la época: abnegación y vocación matrimonial. El investigador Juan Antonio Ramírez afirmó que era una de las revistas que más había influido, a nivel ideológico, en las mujeres españolas nacidas entre 1940 y 1960.

Portada de un cómic de Azucena

La colección Azucena se puede dividir en diferentes etapas. Inicialmente, desde 1946 hasta 1950, se editaron títulos sin numerar que posteriormente recibieron una numeración. A partir de septiembre de 1950, la colección continuó con un orden establecido, complementándose con la reedición de los primeros números realizada por Toray a partir de 1951. Esta reedición, debido a la pérdida de originales y a la reordenación de títulos, a veces presentaba contenidos o historietas diferentes, lo que generaba una percepción de novedad entre los aficionados. Una tercera fase, presuntamente iniciada en 1954, se separó de las anteriores por presentar números con contenidos y títulos no coincidentes y rasgos distintivos en el diseño de sus cubiertas.

En total, se trató de una única colección que se publicó de manera continua desde 1946 a 1971, sumando 1.215 números, además de 20 extraordinarios y miles de números variantes. Existieron tres colecciones con el título Azucena, pero en realidad se trató de una única colección publicada de forma continua. Como el resto de cuadernos de su época, tenía un formato apaisado, con portada a color e interior en blanco y negro.

El Fenómeno del "Tebeo de Hadas" y su Impacto Social

Azucena se convirtió en el máximo exponente del "tebeo de hadas", un género que cautivó a toda una generación de niñas. Estas historietas, aunque a menudo se centraban en temas de abnegación y vocación matrimonial, reflejaron los cambios de la sociedad española y contribuyeron a que muchas chicas aprendieran a leer. El investigador Manuel Barrero, director de Tebeosfera, destaca la importancia de estos cómics, señalando que el término "tebeo femenino" puede ser limitante, ya que el cómic no tiene género y las niñas leían de todo, no solo publicaciones específicamente dirigidas a ellas.

Barrero explica que los primeros "tebeos femeninos" de la posguerra, centrados en cuentos de hadas, no iban dirigidos exclusivamente a niñas, sino a la infancia en general. Sin embargo, editores avispados como los de Toray se percataron del gran interés de las niñas por estas publicaciones y comenzaron a especializar sus esfuerzos.

Ilustración de personajes de cuento de hadas en un tebeo

A pesar de la longevidad de Azucena, la producción de este tipo de tebeos, según Barrero, se estandarizó con el tiempo, aumentando la demanda y acelerando la producción. Esto llevó a un modelo de tebeo "de usar y tirar", convirtiéndose en un mero producto de consumo efímero y menos coleccionable en comparación con los tebeos de humor o aventura. Esta menor coleccionabilidad se atribuye, en parte, a que los coleccionistas han sido tradicionalmente hombres, quienes a menudo han relegado injustamente estos tebeos por factores sociológicos.

Investigación y Legado de Azucena

El estudio de más de medio siglo de tebeos femeninos, como el realizado por la Asociación Cultural Tebeosfera (ACyT) en su libro "Tebeos. Historietas para chicas", ha sido un trabajo titánico. Manuel Barrero, uno de los responsables, relata la dificultad de reunir y analizar este corpus, disperso y poco accesible en hemerotecas. Durante quince años, se dedicaron a investigar el Gran Catálogo de Tebeosfera para arrojar luz sobre las colecciones dirigidas a muchachas, enfrentándose a lagunas informativas y a la necesidad de separar colecciones que, en realidad, eran parte de una misma publicación.

El libro de la ACyT se estructura en capítulos dedicados a publicaciones clave, como Azucena, Florita, Blanca, entre otras. Cada autor ha aportado su enfoque, desde la perspectiva de género hasta el análisis sociológico y empírico de la industria. El objetivo era abordar un campo poco estudiado y, a menudo, tratado superficialmente en la historiografía del cómic.

A nivel artístico, Azucena sirvió de campo de pruebas para autoras como Juanita Bañolas, Carmen Barbará, Juliana Buch, M. Furto, y G. J. J., quienes contribuyeron a dar forma a las historias que cautivaron a miles de lectoras. El investigador Juan Antonio Ramírez, en su obra "El comic femenino en España" (1975), ya señalaba la profunda influencia ideológica de revistas como Azucena en las mujeres españolas de las generaciones nacidas entre 1940 y 1960.

En la actualidad, aunque el cómic ha evolucionado considerablemente, el legado de Azucena perdura como un testimonio valioso de la evolución del cómic femenino en España y de su impacto en la sociedad y la educación de las mujeres de la época.

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AZUCENA. Núm 885

  • COLECCIÓN: AZUCENA REVISTA JUVENIL FEMENINA
  • EDITORIAL: EDICIONES TORAY
  • AUTOR: ROSA GALCERÁN, A. MARÍA
  • FECHA DE EDICIÓN: 1964
  • COLOR: PORTADA Y CONTRAPORTADA EN COLOR E INTERIOR EN BLANCO Y NEGRO.
  • PÁGINAS: 24
  • DIMENSIONES: 21.5 x 15
  • ESTADO DE CONSERVACIÓN: BUENO
  • ENCUADERNACIÓN: RÚSTICA

AZUCENA. Núm 887

  • COLECCIÓN: AZUCENA REVISTA JUVENIL FEMENINA
  • EDITORIAL: EDICIONES TORAY
  • AUTOR: ROSA GALCERÁN, A. MARÍA
  • FECHA DE EDICIÓN: 1964
  • COLOR: PORTADA Y CONTRAPORTADA EN COLOR E INTERIOR EN BLANCO Y NEGRO.
  • PÁGINAS: 12
  • DIMENSIONES: 21.5 x 15
  • ESTADO DE CONSERVACIÓN: BUENO
  • ENCUADERNACIÓN: RÚSTICA

AZUCENA. COLECCION COMPLETA DE 10 TOMOS.

El investigador Juan Antonio Ramírez afirmó que era una de las revistas que más había influido, a nivel ideológico, en las mujeres españolas nacidas entre 1940 y 1960. Aquí recogemos la portada del ejemplar titulado «El bibliotecario» representado con el canon más clásico, que como afirma Ramón Abad Hiraldo en el capítulo «Las bibliotecas en el cómic» del libro » Nuevas visiones sobre el cómic: un enfoque interdisciplinar editado por Julio A. Gracia Lana, Ana Asión Suñer, guarda cierta semejanza con el periodista Clark Kent del comic y luego película «Superman». Como el resto de cuadernos de su época, tenía un formato apaisado, con portada a color e interior en blanco y negro.

Comparación de portadas de Azucena con Clark Kent

La industria de los cómics para muchachas experimentó un auge similar, y los editores descubrieron que había una demanda altísima de ese tipo de producto. Hasta tal punto que hemos podido demostrar que hubo ciertos sellos (Toray, Ricart, Ferma, Marco) que invirtieron mucho esfuerzo por editar este tipo de cómics y que durante cierto periodo proliferaron en los quioscos en mayor número y variedad que los dirigidos a un público masculino (me refiero a los de aventura).

El cerebro infantil es tan esponjoso en las niñas como en lo niños, y se alimenta de ficción con la misma gratificación. La única diferencia estimable quizá fuese que ellas no los coleccionaban, pero esto no se debía, seguramente, a su condición femenina, sino a una serie de ritos sociales y a una educación rígida que estaba constantemente reconduciendo los hábitos y comportamientos de las chicas, mientras que solía dejarse más libertad de actuación a los chicos.

Por entonces la sociedad era androcéntrica y los cómics transmiten esa idea, a la que asociamos automáticamente que los cómics para ellos perseguían un fin concreto y los cómics hechos para ellas otro distinto. Yo no creo eso y te lo comento a título personal, claro, que otras personas que participan en este libro podrían hacer otro razonamiento. Yo opino que los cómics nunca han sido herramientas al servicio de un poder informe que mueve los hilos desde lugares ignotos, salvo cuando ha sido obviamente creados con ese fin. Es decir, hay historieta propagandística, como la que se editaba durante la Guerra Civil, pero ya en la primera posguerra los poderes ligados al Estado dejaron de producir esas viñetas políticas y muy pocos fueron los editores que inocularon alguna soflama ideológica en sus tebeos, simple y llanamente porque eso no vendía.

Los tebeos que se vendían bien, hacían editores no vinculados al régimen franquista, cuyas historietas fueron realizadas por gentes del pueblo llano, la mayoría de ellos situados ideológicamente en las antípodas del franquismo. Eso sí, todos aquellos productos eran machistas, si se quiere. Lo eran porque la sociedad en la que vivíamos era así, mantenía unas coyunturas heredadas del antiguo régimen (no solo de España, del mundo occidental) que tardarían mucho en ser modificadas, al menos hasta el final de los sesenta. Eran machistas los cómics españoles como lo eran los cómics japoneses por entonces (y ahora), al igual que lo eran los cómics británicos por entonces (y aún), o como lo fueron los estadounidenses a lo largo de casi todo el siglo XX (y lo son).

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