Gordito Relleno es un personaje de historieta creado por el dibujante español José Peñarroya en 1948 para la revista Pulgarcito n*31. Este entrañable personaje, caracterizado por su extremada bondad y unas enormes ganas de ayudar al prójimo, apareció también en otras revistas de la Editorial Bruguera y en numerosas reediciones, consolidándose como un icono del tebeo español.
La serie se caracteriza por tener un único personaje recurrente: el propio Gordito Relleno. El investigador Juan Antonio Ramírez lo incluye en el apartado de "Marginados", junto a otros personajes de la editorial como Carpanta, Currito Farola, Don Danubio, Morfeo Pérez, Agamenón, Rompetechos y Pitagorín, todos ellos definidos por un alto grado de extrañamiento respecto a su entorno.
Gordito Relleno es, por naturaleza, un personaje optimista, aunque la suerte parece evitarle. Es una criatura torpe tanto en sus relaciones sociales como en su actividad física. Su benevolencia e ingenuidad, sin embargo, generan el caos a su paso, siendo a menudo víctima de la violencia física de quienes le rodean.

La comicidad de la serie se basa en la explotación del enfrentamiento entre la ingenuidad, la buena voluntad y la confianza del protagonista en los demás, y la dinámica insolidaria y hasta depredadora de una parte significativa de la sociedad en la que vive. Sus prójimos le consideran un pobre tipo y un infeliz. Su molesta bondad, que recuerda una actitud en desuso que complica el espíritu de supervivencia de la época, genera odio.
Falto de mala fe, Gordito Relleno es un hombre sencillo, de inteligencia limitada, apacible, ingenuo, de muy buen talante y siempre dispuesto a ayudar. Pacífico, panzudo y luciendo frecuentemente un bombín, Gordito Relleno está soltero y parece carecer de oficio fijo. Sus buenas intenciones, lamentablemente, terminaban siempre en catástrofes.
Según confesó en su día el propio Peñarroya, Gordito Relleno era uno de sus personajes favoritos. El autor lo describía como un personaje tan buenazo e inocente que parecía un tontorrón sin remedio. Peñarroya esbozó inicialmente a Gordito en la historieta “Calixto trabaja” (Cuadernos Humorísticos Pulgarcito, 1948), imaginándolo como un Gordito cínico y estraperlista enriquecido, pero finalmente decidió plasmarlo como el tipo inocentón que conocemos, con ese toque de mal genio que surge cuando los ingenuos se dan cuenta de su condición.
Frente a otros personajes como Don Pío, Gordito tiene la ventaja de no sufrir a ninguna santa esposa ni a jefe alguno. Sin un trabajo conocido, sus oficios han sido variados: fue oficinista, cobrador de autobús, vendedor de corbatas... Sus historietas se desarrollan básicamente en la calle.

Durante una temporada (1950), apareció en las historietas de Gordito Relleno otra creación de Peñarroya, Don Berrinche, la antítesis de Gordito. Don Berrinche, siempre con un garrote en la mano, presuponía que las personas solo se le acercaban para pedirle favores o abusar de su buena fe. Sin embargo, como en la mayoría de los cómics "made in Bruguera", el gag final solía demostrar que Don Berrinche acababa perjudicado por su propia actitud, no haciéndole demasiado diferente a Gordito Relleno en cuanto a su destino.
Gordito compartió con Don Berrinche, protagonista de la serie homónima del mismo Peñarroya, varias páginas en los años cincuenta, en las que no siempre el primero se convertía en víctima del segundo, mostrando así la compleja dinámica entre ambos personajes.
La serie sólo tiene un personaje recurrente, el propio Gordito Relleno. A pesar de sus desventuras y de ser visto por sus prójimos como un personaje desafortunado, la bondad y la inocencia de Gordito Relleno lo han convertido en una figura perdurable y querida en la historia del cómic español.