Situaciones Cómicas de la Vida Cotidiana: Una Mirada Personal

La idea para este artículo me vino cuando leí a Nicole describir su estrategia de usar la fotografía análoga para manejar su ansiedad. El título me llamó la atención porque como fotógrafo aficionado comenzando en el 1980, esa era la única opción para mí. El advenimiento de la fotografía digital es un descubrimiento fabuloso y hoy en día todas aquellas fotos residen digitalizadas en la nube de Google Photos.

El título de Nicole es curioso, pero fue nuestra análoga batalla contra la ansiedad lo que me mantuvo leyendo y me trae aquí. Yo también tengo mis estrategias, así que rebusqué en mi diario notas del pasado, no muy íntimas, pero sí personales, de mi vida real, para compartir.

Persona escribiendo en un diario con una taza de café al lado.

Inquieto al sentarme, respiración acelerada, estómago retorcido, raciocinio limitado; son los desagradables síntomas como lluvia, viento y oscuridad indican una tormenta. Es mi tormenta interior. Ansioso siempre he sido, desde mis recuerdos más remotos sobre cincuenta años atrás. No tiene cura y la manejo, con paciencia, un día tras otro. Experimento, hasta que me tranquilizo. Me enfrento, aunque mi ser pide alejarse. Sé lo que casi siempre me funciona pero no necesariamente tengo el tiempo, dinero o lugar para ponerlo en práctica, así que la ignoro tratando de controlar mis signos externos: acariciarme el pelo (lo poco que me queda), las rodillas temblorosas (si tengo que estar sentado), la inquietud e inhabilidad de estar quieto en un solo sitio.

Mi ansiedad no ha llegado al punto de ser inmanejable y requerir ayuda mental (digo yo, no creo que todo el mundo lo comparta), pero no quita lo molestosa que es y muchas veces me sorprende cuando aparece sin una razón lógica. Y eso me pone ansioso. La retroalimentación es una pendejada. A veces me defiendo y llamo al raciocinio de mi lóbulo frontal para romper el bucle de retroalimentación. Otras veces la soporto y espero que pase. Lo pongo en la página para tratar de descifrar la causa raíz y dejarla allí, moviéndola del inconsciente, a lo consciente, a la página y al olvido en ese momento.

Reconozco, sin embargo, que la inquietud, preludio a la ansiedad, me levanta cada mañana. Y es mi consciencia quien trata de tomar control, dirigiendo ese impulso en algo de beneficio.

Cuatro acciones que ejecuto para sofocar el rojo carbón de la ansiedad y minihistorias de la vida real para acompañarlas

1. Escribo lo que siento

Mi ansiedad está siempre presente, como alguien que constantemente mira sobre mis hombros. Esta vez es regañándome por escribir esto en vez de estar trabajando en mis proyectos. Pero no quiero perder la costumbre de encontrarme aquí, en la página, aunque sea un ratito todos los días. Y cuando no lo hago es porque estoy hasta el cuello con tareas o he escrito en otro sitio con miras a publicar.

Tuve una revelación, si se le puede llamar así. Una de mis ansiedades es causada por ya estar ajustado y acostumbrado a vivir en Estados Unidos. ¿Y cómo es eso? Pues resulta que al estarlo me pregunto inconscientemente: «¿Y como adquirir un sentido de belonging aquí?» Y eso es lo que no siento. Tras siete - casi ocho - años de vivir aquí no tengo un ancla local ni al momento tengo planes de una. Es como unas eternas vacaciones, con trabajo, pero de visita nada más. Eventualmente voy a quedar sin salud o dinero. Cuál primero no sé y las dos alternativas me aterrorizan. Pero haré lo que hago siempre, no pensar demasiado y bregar con lo que aparezca. No estoy totalmente ignorante. Estoy resuelto a bajar la cantidad de deudas que tengo aunque sin idea de la mejor forma de hacerlo.

Debo escribir todos los días sin llevar cuenta de la cantidad de palabras. Si lo convierto en una competencia se pierde la diversión. Ya es suficiente con todos los días escribir para solicitar trabajo o responder a posibilidades de trabajo o seguimiento de nuevas oportunidades de trabajo. Estas tres circunstancias requieren mi total atención y mesura en lo que escribo. ¿Para qué llevarlo a mi vida de escritor también? Libre y sin criticar. Con censura al publicar, reflejo de mi introversión y mi personalidad calmada y callada. Lo que publique sigue siendo quien soy yo.

Son casi las nueve de la noche y todavía tengo ganas de escribir. Tengo días buenos, malos y regulares. Hoy fue regular, ayer fue malo. La semana pasada hubo uno bueno, creo, no me acuerdo exactamente. Estoy guardando el día estupendo para cuando reciba una oferta de trabajo. Si alguien me preguntara diría que como me siento ahora cualquier oferta es buena. En lo que sea, en donde sea y por lo que sea, y sería un día estupendo. Si aplicara lo poquito que sé de la filosofía budista sería detenerme, meditar, no crear una historia (me va a pasar esto o lo otro si acepto o no lo acepto), conversar calmadamente con L., volver a mis valores centrales y tomar una decisión.

No debería ni pensar en eso, pero el escribirlo me alivia la ansiedad. Es como si al escribirlo me estuviera dando permiso de olvidarlo. Dejarlo pasar sin juzgar o emoción. Estoy presente para reconocerlo y escribirlo, pero nada más. Se escribió y ya. Ahora a enfrentar el próximo pensamiento de duda que despierta la inquietud, que enciende la ansiedad.

Tengo hambre, hambre de escribir y todavía no estoy satisfecho. Debería estar haciendo planes de acostarme, alejarme de esta pantalla y su radiación azul, pero siento una inquietud… que atenta con encender mi ansiedad.

El domingo es un buen día para escribir y éste, frío, nublado y tranquilo era inspirador. Pero de alguna forma el tiempo pasó. De leer el periódico con noticias repetidas del día anterior y nada novedoso localmente a panqueques de desayuno porque toman tiempo que de lunes a viernes no tengo. Seguí con algo productivo y necesario, limpiar los baños, porque mi gerente interior necesita complacerse.

Levantado de mi vagancia le di al ejercicio en una máquina elíptica, brazos y piernas en sincronización, estimulado con música de rock a través de mis auriculares. Media hora vigorizante que debería ser un hábito diario tan arraigado en mí como leer el periódico. Sin darme cuenta y después de hablar con A., ya era tiempo de buscar la compra de la semana y de camino detenerme en el correo. Sin prisa y con premeditación de no apurarme, añadí comprar almuerzo en Panera y se fueron 45 minutos. Y como no se puede almorzar sin ver televisión, sintonicé una película y dieron las cinco de la tarde.

Se fue el día sin sentarme a escribir. Por eso, ahora, a quince minutos para las diez de la noche todavía escribo, porque tengo hambre.

Persona cansada mirando su ordenador portátil por la noche.

Ese respirar agitado, el divagar de pensamientos negativos, miro el reloj por enésima vez y, ¿son sólo las nueve y 7 minutos? Tengo ansiedad, esos son mis síntomas. Cuando mi trabajo es mi propósito, ¿pero no tengo nada que hacer en el momento? Y me he pasado hasta ahora leyendo, tratando de escapar de esa ansiedad. Leyendo sobre personas que padecen de demencia y de personas que ganaron dinero de una forma que no esperaban y que quizás yo podría hacerlo también. ¿Estoy en donde debo estar, haciendo lo que debo hacer?

2. Decidir

Tengo encendido el fuego de la ansiedad por las múltiples opciones que se me presentan. Y la realización de actividades que debería hacer y decisiones que debería tomar pero no lo hago. Escribir y escribir solo en mi diario no me va a llevar a ningún sitio si no comparto activamente lo que escribo. Entonces entro en el dilema, «¿qué compartir?». Porque si es de mi vida diaria de seguro que no vale la pena para nadie. Yo no lo escogería como lectura entre las muchas opciones que hay para escoger en este mundo.

Agitación, inquietud y zozobra penetran mi consciencia al pensar en una cita que acabo de ver: «What’s meant to be will always find a way». Eso es si uno cree en el destino. No sé qué pensar. Con pocas excepciones ya no hago planes y me dejo llevar por el deseo inmediato. Como el responder a un antojo de viajar o comprar algo. Decir sí, cuando debo decir no, decir no, cuando debo decir sí, escoger entre el nebuloso e incierto futuro o el diáfano e inmediato presente.

Con todo lo que me gusta conducir en auto y pasear, decir que no a una invitación de pasar despedida de año en Orlando con mi hijo fue duro. Pero era demasiado gasto. Muchas horas de viaje en carretera (volar sería muy oneroso) por solo dos días. Taquillas para los parques de Universal Studios y Disney World. Gastos en comida. Comprar ropa. Tengo que echar pa’lante y ser fuerte, sé que es lo mejor bajo las circunstancias actuales.

Una persona dividida entre dos caminos, uno claro y otro nebuloso.

Mi ansiedad levanta su desagradable vista con ojos de rojo carbón al darse cuenta de que tengo que decidir cómo dirigir mi tiempo y encontrar la motivación para hacerlo. Ahora estoy motivado en escribir un ensayo sobre trabajar en equipo. Por otro lado, no es un tema alineado con las publicaciones que me han aceptado en Medium. Ahí está el detalle para pensar qué hacer y no simplemente copiar o repetir.

3. Hago lo que tengo que hacer

Como si fuera «para que te jodas», estoy en Cantrell Auto Service de nuevo. Habiendo escogido este lugar la semana pasada para reparar una goma que impertinentemente perdía aire, en la sala de espera escribí en mi diario deseando no volver a pesar del excelente servicio porque, como visitar al dentista, ¿a quién le gusta llevar su auto a reparar?

Esta vez es la batería y no sé si llamarle buena suerte a que ayer domingo al tratar de prender mi auto no lo hiciera. Desesperado y ansioso, tras una hora conseguí ayuda y de inmediato salí a conseguir un reemplazo, pero ya era muy tarde en el día. Si hubiera pasado hoy lunes, con reunión de trabajo a las diez, hubiera sido peor mi ansiedad. Llegué a las 7:30 a. m., aquí, hoy, ahora, al menos creo que podré llegar a tiempo al trabajo y a la reunión.

Una imagen de un coche siendo reparado en un taller.

Me preocupan los gastos médicos, estoy ansioso por demás. Tengo un nuevo plan médico y todavía no me han llegado las primeras facturas. Hasta que no vea el costo de las recientes citas médicas no voy a estar tranquilo. Pero hay que hacerlo, es una de esas cosas de «paga ahora porque después será peor», pero siempre he sido terrible en escoger entre esas dos opciones, haciendo nada, esperando a ver qué pasa. Quizás ahora sea distinto.

En mi trabajo actual tengo suficientes actividades para sentirme útil y productivo sin sentirme agobiado. La ansiedad me quema como un látigo a la espalda cuando surgen tareas que necesitan atención inmediata e involucran múltiples personas. Sé que tengo que ser asertivo, pero ¿cómo lo hago sin parecer presumido, cuando no estoy seguro o exigir que se haga de inmediato cuando pudiera esperar? Esa es la cuestión.

Hoy empieza la cacería. La cacería de casas para alquilar. Las presas son elusivas, escondidas en un área grande con miles de habitantes donde solo con paciencia y perseverancia se pueden percibir. Se esconden entre sus pares, con pequeños indicios que indican si están disponibles. Y una vez identificada, todavía hay que conseguir a su dueño o gerente, inspeccionar, comparar, negociar y solicitar, antes de finalmente hacerla mía.

Es un trabajo colaborativo donde mis deseos están supeditados a los deseos de L. Mi rol es proveer un ancla a nuestra realidad económica, empujar a una decisión y actuar sobre lo decidido sin titubeos. Obviamente no espero que en el primer día tengamos éxito, paciencia es la emoción que debe prevalecer en esta cacería.

La ansiedad se debe mantener sofocada sin oxígeno y a la excitación, aunque necesaria, no se le debe soltar la rienda. Que sirva para actuar con premura, pero sin nublar la mente racional. Palabras rimbombantes para lo que promete ser un día difícil. ¿Cómo me siento? Optimista, pero con cautela. Rogando por suerte, sé muy bien que mucho he conseguido por ella. A la paciencia tengo que encontrarla para controlar la rabia que sé que va a aparecer.

Llevamos provisiones: agua y maní. Dinero, gasolina y localización electrónica son herramientas indispensables. L. tiene su selección y, por supuesto, como siempre, es la casa más cara. Absolutamente no voy a pagar $1800, voy a ofrecer $1500 y parar en $1600. Yo prefiero la casa nueva de cuatro cuartos por $1600, pero voy a tratar con su selección porque si le gusta a L. todo es más fácil. Es bregar con la carga que tengo que llevar sin irme a un extremo ridículo de complacerla en todo. Si no fuera por la cocina sin ventanas y tener que comprar una nevera estaría tan entusiasmado como ella.

4. Aceptación

Nada como el ejercicio para de una forma natural sofocar la ansiedad y tranquilizarme. Al menos me funcionó hoy después de darle media hora a la máquina de ejercicio elíptica. ¿Por qué no lo hago todos los días? Porque la fricción mental al prepararme para hacerlo y sacar esa media hora de mi «importante programa» (ja, ja) es como rasparse la rodilla en el cemento después de una caída a alta velocidad. Excusas y dejadez, lo sé. Pero es la forma en que mi mente racional lo interpreta para excusar algo que no hago pero debería hacer todos los días.

Cuando empiezo el día de trabajo leyendo Slate, quiere decir que no tengo nada urgente que hacer. Al contrario, tengo que pensar en qué hacer. Proactivo, no reactivo, es mi lema. No he podido poner en práctica nada de lo que el libro de Caroline Webb en consejos de productividad para ejecutivos (quizás algún día), Cómo tener un buen día, describe como buenas prácticas para aquellos superocupados (no estoy ahí todavía tampoco) y ansiosos (siempre, eso sí). Y me da ansiedad pensar que no estoy superocupado, como las historias del libro.

Una persona haciendo ejercicio en una máquina elíptica.

Es martes, la semana se ve bien. No hay conflictos de qué escribir, ansiedad o pena. Déjame corregirme. Hay conflictos, ansiedad y pena si me pongo a pensar detenidamente. Nada inmediato, pero los hay. Lo que sucede es que los ignoro.

Con mi actitud de estar presente y tener una visión positiva estoy ignorando el futuro, pero ansioso de lo que pueda pasar si no lo tengo en cuenta al presente. El conflicto entre gastar dinero y ahorrar dinero. Entre lucir bien y tener las cosas que queremos ahora, mientras podemos pagarlas. O ahorrar dinero para la próxima necesidad, sean gastos médicos, perder el trabajo o un accidente. La ansiedad de que el tiempo pasa y no veo un futuro de crecimiento o lleno de promesas.

Logré mi ilusión de trabajar en Estados Unidos continental y ganar un saco de dinero, aunque nunca fue mi propósito principal, lo vi como algo posible. Es tiempo de que me lo saque de la cabeza. Al momento, mi definición de éxito depende de que podamos mantener el contacto y las buenas relaciones con nuestros hijos y nuestros padres, ahora divididos entre Arkansas y Puerto Rico.

Mi nuevo trabajo es lo que esperaba, por ahora. Es más bien llevar cuenta y facilitar la comunicación, insertar urgencia en los proyectos cuando sea necesario. Asegurarse de que el proceso se sigue y lo entregable se cumpla a tiempo. Que encontraré retos y crecimiento. Aceptar los momentos de ansiedad pero...

3 Consejos para Manejar la ANSIEDAD de una manera mas SANA

tags: #situaciones #comicas #de #la #vida #cotidiana