El caos se desató en la prisión cuando bestias desconocidas emergieron de agujeros repentinos, sembrando terror y muerte entre los prisioneros. Estas criaturas, de apariencia aterradora y comportamiento salvaje, atacaban indiscriminadamente, arrastrando a los reclusos a las profundidades de donde surgían.

La primera ola de bestias fue seguida por una segunda clase, similar a un Espinosaurio pero de tamaño humano. Su agilidad y mandíbulas afiladas les permitían abalanzarse sobre los prisioneros, provocando muertes rápidas por desangramiento.
Mientras las bestias continuaban su asalto, la estructura de las barracas comenzó a ceder. El edificio se desestabilizó, y aquellos que no lograron escapar quedaron atrapados bajo los escombros, una suerte considerada casi misericordiosa en comparación con el horrible destino que les aguardaba a manos de las bestias.
Una tercera bestia, con un cráneo grueso y abovedado, se unió a la masacre. Cargando de frente, embistió contra los prisioneros, provocando una reacción en cadena que los aplastó o los lanzó por los aires. La muerte era instantánea.

El lado sur de la verja de la prisión fue completamente destruido por la embestida de las bestias, mientras que el lado norte permanecía relativamente intacto. La bestia de cráneo grueso, con su cabeza baja, intimidaba a sus presas. Un hombre cayó a sus pies en desesperación, mientras otro se aferraba a la verja, pero la fuerza de la bestia, superior al acero, era imparable.
De repente, un grito de guerra resonó desde detrás del muro: "¡¡Shanarooooooo!!". El muro se sacudió y cayó, abriendo una nueva vía de escape para los prisioneros. La bestia, sorprendida por el ataque, recibió un fuerte golpe en la mandíbula y sucumbió.
Sakura, la ninja médica, emergió liderando a los prisioneros hacia la salida a través del muro colapsado. A pesar del rastro de cuerpos y el sufrimiento que la rodeaba, su determinación era clara: debía encontrar a Zansuru y liberar el jutsu para mitigar el daño antes de que las bestias continuaran su avance.
Las bestias, sin importar los obstáculos, seguirían a los supervivientes. Sin embargo, al estar fuera del muro, las posibilidades de escapar y sobrevivir aumentaban considerablemente. La misión de Sakura era clara: proteger a tantos como fuera posible.
