La obra maestra de Vittorio Giardino, "Rapsodia Húngara", junto con su secuela "La Puerta de Oriente", se presenta como un hito del cómic europeo, ofreciendo una inmersión profunda en el mundo del espionaje en la Europa de entreguerras.
Oficialmente, Max Fridman es el inofensivo director de una pequeña empresa que comercia con tabaco y que opera desde Ginebra. Extraoficialmente, es un agente ligado a 'la Firma', o sea, a los servicios de espionaje franceses, que lo obligan a participar en misiones secretas mientras atraviesa una Europa desgarrada por los totalitarismos y al borde mismo de la II Guerra Mundial.
Este volumen reúne los dos primeros álbumes que el maestro italiano Vittorio Giardino dedicó a Max Fridman, su personaje más emblemático. Oficialmente, Max Fridman es el inofensivo director de una pequeña empresa que comercia con tabaco y que opera desde Ginebra. Extraoficialmente, es un agente ligado a “la Firma”, o sea, a los servicios de espionaje franceses, que lo obligan a participar en misiones secretas mientras atraviesa una Europa desgarrada por los totalitarismos y al borde mismo de la II Guerra Mundial.
Vittorio Giardino, nacido en Bolonia el 24 de diciembre de 1946, tras licenciarse como ingeniero electrónico y trabajar nueve años en esta profesión, la abandona para consagrarse al cómic. En 1978 aparecen sus primeras historietas, recogidas bajo el título genérico de Storie da dimenticare en el semanario La città futura. En 1979 pasa a la revista Il mago, donde crea su primer personaje de importancia, el investigador privado Sam Pezzo, que más tarde se trasladará a las páginas de Orient Express. Para dicha publicación, Giardino crea en 1982 otro personaje detectivesco: el ex-agente del servicio secreto francés Max Fridman. Su primera aventura, Rapsodia húngara, supondrá para su autor la consagración internacional, y quedará superada en las siguientes entregas: La puerta de Oriente y ¡No pasarán!, esta última ambientada en la guerra civil española. En 1983 cambia de registro con Little Ego, revisión del Little Nemo de Winsor McCay. Giardino ha recibido numerosos premios por su carrera, incluyendo el Yellow Kid del Salón de Lucca en 1982, el Alfred del Salón de Angoulème, y el Premio Harvey concedido en la San Diego Comic Con.
La publicación de la primera historia de Max Fridman a comienzos de los ochenta supuso todo un acontecimiento de repercusiones excepcionales que llevaron a su autor, el italiano Vittorio Giardino, a ocupar un lugar entre los mejores artistas de la historieta de todos los tiempos. Con una extensión que excedía la regla y ponía en un compromiso a cualquier editor que quisiera encargarse de su publicación -la revista Orient-Express nace casi con el exclusivo propósito de financiar la obra-, un guión y unas ilustraciones que desbordaban con creces la calidad de cuanto en aquel momento se realizaba en toda Europa, Rapsodia Ungherese obtiene un éxito casi sin precedentes tras su recopilación en álbum en 1982 a la vez que fue colmada con algunos de los premios más importantes de la industria, entre los que se pueden contar el Yellow Kid del Salón Internacional del Cómic de Lucca y el St. Michel de Bruselas a la mejor obra del año.
Max Fridman es un comerciante judío de origen francés con un pasado de trabajos realizados para el servicio de espionaje galo que ahora se dedica al cuidado de su hija y de su próspero negocio en la ciudad suiza de Ginebra. Dichas circunstancias son aprovechadas para chantajear al espía retirado con su expulsión de Suiza si este no lleva a cabo un último trabajo de investigación. El grupo Rapsodia, una célula de espionaje del servicio secreto francés en Budapest, ha sido borrada del mapa casi en su totalidad y será tarea de Fridman averiguar quién ha ejecutado el atentado.
La novela gráfica "Rapsodia Húngara" se ambienta en Budapest en febrero de 1938. Max Fridman, un judío cuarentón que trabajó tiempo atrás como agente de contrainteligencia para el gobierno francés, desea dejar esa vida atrás y busca paz en Suiza con su hija de diez años, Ester, dedicándose al negocio de importación y venta de tabaco. Un día, recibe la visita de un antiguo superior suyo, Ledoux, que trabaja para una organización francesa de información que depende directamente del gobierno sin pasar por el Deuxième Bureau. Éste le pide que viaje a Budapest para llevar a cabo una misión, ya que no puede fiarse de sus propios agentes. Aunque Fridman se muestra al principio reacio, sucumbe a la amenaza de ser deportado a Francia, donde le espera algún tipo de proceso legal. La capital húngara es un hervidero de espías de las diferentes potencias, enfrentadas o aliadas, que a su manera van preparándose para lo que poco más de un año después explotará en la Segunda Guerra Mundial. La tarea de Fridman es averiguar quién y por qué ha asesinado allí, uno a uno, a los miembros de la red de agentes franceses conocida como Rapsodia. Una joven, Ethel Möget, ha sido la única cuyo instinto de supervivencia le ha permitido seguir con vida.
La obra tuvo una mediana acogida en la revista Orient Express y fue recogida en libro en una pequeña edición de mil ejemplares. El problema es que, si bien es un trabajo bellísimo y valioso, era un tipo de comic muy difícil de hacer, dibujos con muchísimo detalle, muy elaborados y con colores aplicados a mano. Las ganancias que dejaba una publicación mensual y una edición pequeña no la hacían viable. Giardino quería seguir en esa vertiente pero intercaló la continuación de Max Friedman con la última aventura de Sam Pezzo, Shit City. Intentó vender el comic en el mercado francés, que era más grande que el italiano, y se enfrentó con el problema de que Francia manejaba álbumes de 46 páginas y la Rapsodia duplicaba esa extensión (porque era, ya lo podemos decir, una novela gráfica). El editor Glénat corrió el riesgo de publicarla y Giardino cuenta que temía que si el libro era un fracaso en Francia abandonaría los comics y regresaría a la ingeniería. Afortunadamente fue un éxito absoluto, con ventas masivas, premios, el merecido reconocimiento para Giardino como un gran autor, y la aceptación de que el comic era un espacio donde podían caber historias sumamente complejas.
A diferencia del arquetipo de héroe de cómic o cine, Fridman se aleja completamente. Su carácter es frío e introvertido. Está divorciado y tiene una hija pequeña. Sus actividades habituales (la gestión de su negocio de tabaco, el cuidado de su jardín, sus fumadas de pipa...) no son precisamente las de un héroe de acción. Solitario e individualista, pero con un gran sentido de la lealtad y la solidaridad, Fridman interviene de forma activa en unos conflictos que, si en ocasiones participa por ideales políticos, acaba superando por pura supervivencia.
Vittorio Giardino presenta una historia de espías de dimensión internacional que durante noventa páginas nos traslada por París, Zurich y Budapest y nos pasea levemente por Grecia, Rumanía, Austria y Alemania, no da un respiro ni al lector ni al protagonista y cumple a la perfección con la tarea de hacer creíble un relato de estas características. Rapsodia Ungherese, una de las mejores obras del cómic de los ochenta y a la postre de todos los tiempos.
La ambientación histórica es absolutamente precisa, tanto en lo gráfico, los vestuarios, los peinados, la arquitectura, como en todos los elementos de la trama, hasta el uso de las canciones, de conversaciones casuales que solo pudieron ser sostenidas en esa época, en ese lugar. Rapsodia Húngara es el primer gran cómic de espionaje que existe, mucho más cercano a las novelas de Graham Greene y de John Le Carré (en algo Max Friedman nos recuerda al agente Smiley), que al muchísimo más ligero James Bond de Ian Fleming. Max Friedman es un agente tranquilo, un hombre reposado de más de 40 años de edad al que no le gusta la violencia, y que carga un estrés postraumático por haber sobrevivido explosiones en la Guerra Civil Española. Friedman, con su andar refinado, su barba cuidada, su bata japonesa y su elegante sombrero, parece todo menos un héroe de acción, aunque eventualmente se ve obligado a disparar y a matar.
El Budapest de preguerra, magníficamente reconstruido en estas páginas como una ciudad de decadente belleza en la que se encuentran Oriente y Occidente, pasa a ser un personaje más, discreto, de fondo, pero imprescindible a la hora de dotar de cuerpo y espacio a ese efervescente batiburrillo prebélico en el que se mezclaban los fanáticos ideológicos, los aprovechados, los patriotas y los pragmáticos, culminando en la última viñeta, que muestra a las tropas nazis entrando en Austria. Es esta una historia de corte urbano que describe perfectamente el polvorín en que se había convertido Europa y el denso ambiente en el que se movían espías e intrigantes de diverso pelaje, para quienes ya no era tanto una cuestión de evitar el conflicto bélico como de prepararse para él tomando la medida a los posibles adversarios y aliados.
Giardino presenta personajes muy variados, mujeres bellísimas, gente de todas las razas, para convertir a Budapest en un punto de encuentro entre rusos, húngaros, turcos, griegos, alemanes y gitanos que fluctúan en una historia que por momentos recuerda a la película Casablanca y en la que Giardino demuestra el gran autor que es.
La Puerta de Oriente traslada a Max Fridman a un escenario tan increíble e importante para el futuro de la Europa de Entreguerras como fue Estambul, esa legendaria ciudad que fue capital de tres imperios y que, aún en la época en que Giardino la retrata, como bien podría ser hoy en día, sigue siendo una urbe universal donde confluyen ríos de culturas tan diferentes que resulta imposible no caer ante sus encantos como escenario ideal de otra historia de espías aún más complicada, donde nuevamente el doble juego de no saber en quien se puede confiar sitúa a Fridman en una complicada encrucijada en la que, ya sin tener ninguna misión como agente secreto francés, su pasado le persigue y todos los bandos habidos y por haber (a cuál más cruel e implacable, empezando por los rusos), acabarán queriendo matarle por algo en lo que, esta vez, no tiene absolutamente nada que ver hasta que decide involucrarse por salvar su propia vida.
Fridman volverá a vivir sus peripecias rodeado de impenetrables enemigos rusos, alemanes e incluso turcos de objetivos fijos mientras que los personajes femeninos, pese a cierto e inevitable sabor ochentero donde los roles de hombres y mujeres obedecían aún a ciertos estereotipos hoy mal vistos, son en realidad mujeres fuertes, decididas a formar por méritos propios de tramas donde Giardino no muestra piedad cuando toca hacer recuento de víctimas de sus historias. Así, el inolvidable papel de la agente Cleo o la inocente Etel en Rapsodia húngara lo llena en La puerta de Oriente la misteriosa y enigmática Magda Witnitz quien, parejo a su complejo personaje imprescindible en el conjunto de la trama, es también excusa para la forma en que Giardino se recrea en el dibujo de mujeres con un toque tan único e inconfundible.
Las aventuras de Max Fridman se caracterizan por un guion denso y rico en acontecimientos y personajes, pero narrado con pulso y orden, encuentra incluso tiempo para encajar algunas notas eróticas y una subtrama romántica, menos como gancho para el lector convencional que como forma de mostrar los últimos placeres de los que disfrutarían los protagonistas antes del advenimiento del caos bélico. El erotismo es un elemento siempre presente en las obras de Giardino, pero jamás como algo exclusivamente carnal sino muchas veces expresado con miradas, gestos o insinuaciones e impregnado de ese amor tan italiano por la belleza y la sensualidad del cuerpo femenino.
Gráficamente, Giardino ofrece un estilo clásico y elegante adscrito a la línea clara. Pero no tanto la rama francesa de la misma (ya sea en su vertiente original encabezada por Hergé o E.P.Jacobs; o la posterior ejemplificada por Ted Benoit o Yves Chaland) sino una derivación italiana, más realista, exuberante sin perder la contención, incluso con un punto sensual. Los fondos están extraordinariamente cuidados (las vistas de Budapest, el mobiliario y decoración de interiores, los automóviles y objetos de época), sin tomar atajos ni ahorrarse detalles a la hora de dibujar tal estampado de una tela, el dibujo de una alfombra o la fachada de un edificio. Eso sí, ese detallismo no se apodera del dibujo, no ahoga a las figuras o la acción ni cae en el exhibicionismo vacuo.
La obra "Rapsodia Húngara" es una historia en la que prima la intriga y el ambiente sobre la caracterización de personajes. Quizá el único que está verdaderamente perfilado sea el protagonista, Max Fridman, un héroe atípico. Un antihéroe, en realidad creado con un molde más próximo al de George Smiley de John Le Carré que al del James Bond de Ian Fleming. Hombre maduro, elegante, metódico, introvertido y de modales impolutos, Fridman no puede sin embargo ocultar los golpes que la ha dado la vida: la ausencia de su mujer, su situación de padre soltero y origen judío en una Europa cada vez más hostil a éstos (la propia esposa de Giardino era judía, de ahí su interés por ese pueblo)… La suma de todo ello es lo que le ha llevado a establecerse en la tranquila Ginebra.
El autor acierta especialmente en dotar al protagonista de una apariencia inmediatamente reconocible y verosímil: una gabardina beige, un sombrero de fieltro Borsalino, pipa y bien recortada barba. En cuanto al resto, Giardino los caracteriza perfectamente con una extensa diversidad de rasgos pero podría achacársele todavía en este punto cierta rigidez y simplicidad en cuanto a su expresividad facial, quizá derivada de alguna influencia tomada del francés Jacques Tardi. Por otra parte, Giardino utiliza el texto sólo cuando es necesario, ya sea en los diálogos o breves cuadros para localizar una fecha o un lugar concretos. Giardino demuestra su talento dejando que las imágenes hablen por sí solas y sacando el máximo provecho narrativo del medio a la hora de crear atmósfera o situar y desarrollar la acción.
La doble vida de Max Fridman. Rapsodia Húngara / La puerta de Oriente es toda una celebración incluso cuando has leído ya estas historias de Giardino. Primero como Integral por su ingente cantidad de extras, muchos de los cuales no te esperas y suponen una más que agradable sorpresa. Segundo como obra escrita con mayúsculas, la lectura de ambos álbumes, tan bien planificados y mejor dibujados, hace ya la friolera de hace más de 40 años, nos recuerda la importancia de mantener vivo el legado de las mejores historias, lejos de nostálgicos revival ochenteros, por el verdadero valor narrativo e histórico de autores que merecen ser recordados hoy tanto como celebrados todos los que han llegado después, fruto en algunos casos de la buena influencia de maestros como Vittorio Giardino.
Este volumen reúne los dos primeros álbumes que el maestro italiano Vittorio Giardino dedicó a Max Fridman, su personaje más emblemático. Rapsodia húngara y La puerta de Oriente son dos obras maestras esenciales para entender la evolución de la historieta europea de los años 80 en su registro más adulto.
Max Fridman se ve inmerso en un juego de engaño y muerte en el que toda la sangre se vierte más por juegos de poder entre las potencias que en 1938 tenían Budapest plagada de espías que para evitar que Hitler desencadenase una Segunda Guerra Mundial (que todo el mundo da ya por inminente). De hecho, se desliza entre líneas que ese conflicto ya está, en 1938, no ya larvado sino iniciado, gracias a la Guerra Civil española, la última guerra romántica y la primera guerra política según el propio Giardino; nuestro conflicto es, al final en las dos aventuras de este volumen, un ruido de fondo cada vez más atronador en esta serie. Otra vez cogido entre la espada y la pared, aunque sea por error, Fridman volverá a no saber de quién fiarse ni lo que esconden las nuevas amistades, por muy seductoras que sean, como la de Martha Witnitz - respecto de la cual nuestro protagonista no sabrá si flirteó con él por auténtico interés o sólo como una trampa para usarle en su propia agenda-. En ambas intrigas un elemento común es que nadie es lo que dice ser, incluso los personajes que Fridman considera honrados o fuera del juego de espejos del espionaje tienen algo que ocultar y gran parte del interés de la historia consiste en tratar de averiguar cuál es el juego de cada cual y a qué intereses sirve.
La obra de Vittorio Giardino, "Rapsodia Húngara", es considerada una obra maestra del cómic europeo. La calidad del guion, la minuciosidad de la documentación y la excelencia del dibujo la convierten en una lectura imprescindible.
El cómic de Vittorio Giardino, "Rapsodia Húngara", es una obra imprescindible del cómic europeo. Presenta un guion apasionante y minuciosamente documentado, acompañado de un dibujo excelente, propio de un gran maestro. Muy recomendado.

Música clásica en las caricaturas - Rapsodia Húngara núm. 2 - Franz Liszt en Tom y Jerry.
En ambas historias, nadie es lo que dice ser, incluso los personajes que Fridman considera honrados o fuera del juego de espejos del espionaje tienen algo que ocultar, y gran parte del interés de la historia consiste en tratar de averiguar cuál es el juego de cada cual y a qué intereses sirve. Fridman se ve inmerso en un juego de engaño y muerte en el que toda la sangre se vierte más por juegos de poder entre las potencias que en 1938 tenían Budapest plagada de espías.
La obra de Giardino se caracteriza por su precisión histórica, recreando con detalle los escenarios, vestuarios y atmósferas de la época. El Budapest de preguerra, dibujado con maestría, se convierte en un personaje más, reflejando el tenso ambiente internacional y la efervescencia de espías y facciones ideológicas.
La serie de Max Fridman se aleja del arquetipo de héroe de acción, presentando un protagonista complejo y humano. Fridman es un hombre maduro, reflexivo, cansado y con un punto cínico, desengañado de las burocracias gubernamentales que manipulan a quienes trabajan para ellas. A pesar de sus miedos y de no ser un héroe espectacular, su inteligencia, su buen ojo táctico y su determinación le granjean el respeto de quienes le rodean.
La obra de Vittorio Giardino, "Rapsodia Húngara", es una lectura autocontenida y fácilmente accesible, dirigida a un lector adulto y exigente, capaz de concentrar su atención en los vericuetos y dobles juegos de las historias de espionaje y que además no busque tanto acción y pirotecnia visual y narrativa como sutileza, elegancia, ambientación y sofisticación argumental.
Con esta obra, más compleja y ambiciosa de lo que solía ofrecer el cómic de principios de los ochenta, Vittorio Giardino empezó a ganarse el puesto de maestro del cómic europeo y situó a Max Fridman entre los personajes más atractivos del género de espías en cualquiera de sus formas.

La publicación de "Rapsodia Húngara" supuso el verdadero punto de inflexión en la carrera de Giardino, consolidándolo como un gran autor y demostrando que el cómic podía ser un espacio para historias sumamente complejas y adultas.
Norma Editorial nos ofrece la oportunidad de redescubrir en este volumen dos títulos reunidos en un completísimo Integral que, siendo éxitos inesperados a principios de la década de los 80 del siglo pasado, se mantienen hoy en día más interesantes y vigentes que nunca.
Este volumen de Norma Editorial, con 208 páginas en tapa dura y en castellano, se lanzó el 21 de junio de 2024, consolidando la obra de Giardino como un clásico atemporal del cómic europeo.
