El Arte Infantil como Testimonio de la Guerra Civil Española

Los lectores, que veáis esta publicación en las librerías, puestos, stands o direcciones digitales, estáis invitados a hojearla y a ojearla con respeto y admiración porque cada dibujo infantil es universal, irrepetible, y porque supone un gran drama personal y familiar. Muchas de estas pequeñas obras de arte, realizadas en las hojas arrancadas de sus cuadernos escolares, se dibujaron en las colonias de acogimiento, situadas lejos del hogar que sufría el acoso de bombardeos aéreos y artilleros franquistas.

Hemos tenido la suerte de incluir en estas hojas unos dibujos cuyos temas centrales no han sido aspectos bélicos (víctimas, hospitales, ambulancias, edificios colapsados, largas colas para adquirir alimentos, explosiones, armamento, enfermedades sin control sanitario, etc.), sino escenas divertidas desarrolladas en los cines comerciales, teatros empresariales, centros escolares y colonias de refugiados.

Se ha hecho mucha publicidad a las fotografías de la Guerra Civil española obtenidas por los reporteros de guerra; pero no hay que olvidar que todos ellos se limitaron a pulsar el disparador de sus cámaras; en cambio, los niños tuvieron que retener en su memoria los hechos para plasmarlos posteriormente en una hoja de papel, lo que les supuso mayor esfuerzo cognitivo y psicomotórico. Por tanto, las fotografías armonizan más con la pintura hiperrealista, mientras que los dibujos lo hacen con la impresionista, que luce un trazo desdibujado.

Niños dibujando en un refugio durante la Guerra Civil

Con la dedicatoria "A las niñas y niños que dibujaron aquello que nunca debieron vivir. A las maestras y maestros que les dieron palabras, lápices y consuelo cuando más lo necesitaban. Y a quienes hoy siguen protegiendo a la infancia en tiempos de guerra", arranca "Dibujos para una guerra". Son un centenar de dibujos, de pequeños entre 4 y 15 años, que salieron de las zonas del frente para ponerse a salvo.

El Gobierno de la Segunda República organizó su evacuación a las colonias de Levante, lejos de sus familias, pero arropados por un grupo de maestras. Los bombardeos aparecen de forma recurrente y muestran los destrozos sobre los edificios, pero también los muertos en las calles. El libro, cuyos protagonistas indiscutibles son los dibujos, reúne textos del hijo de una niña de la guerra exiliada en la URSS, la escritora Arona Moreno Durán, profesores, miembros de asociaciones vecinales e historiadores como Leticia Fernández-Fontecha o José Luis Ledesma Vera. Este último señala que los aviones lanzando bombas sobre las colas de reparto de leche eran parte "de la cotidianeidad de esos casi mil días de guerra."

Dibujo infantil de un bombardeo sobre una ciudad

La estudiosa del dolor en la infancia, Fernández Fontecha, apunta que "dibujar fue, para muchos niños, una forma de decir lo que no podían o no sabían nombrar. Algunos plasmaron escenas reconocibles de bombardeos, cuerpos caídos o huidas; otros trazaron imágenes más elusivas, cifradas, casi abstractas." La escritora Virginia Woolf recibe paquetes de fotos con imágenes de la Guerra Civil y las describe en toda su crudeza: “La colección de esta mañana contiene la fotografía de lo que podría ser el cuerpo de un hombre o una mujer; está tan mutilado que bien podría, por otra parte, ser el cuerpo de un cerdo."

La Guerra Civil robó la infancia de millones de niños y les obligó a madurar demasiado deprisa. En los más cercanos a la adolescencia, se aprecia una visión geopolítica de la contienda que podría haber firmado cualquier caricaturista de prensa.

Cinco años robados. Mi infancia en la guerra civil

Un ejemplo conmovedor de esta perspectiva infantil es la historia de Lola, una niña de siete años en el cómic "Sola". Lola es dejada con sus abuelos en Isona, Lleida, para mantenerla alejada de la guerra, pero esta acaba encontrándola. La vida en Isona era dura, reflejando la realidad de un país fundamentalmente agrario. Las primeras páginas del cómic muestran un modo de vida contrastante con las ciudades.

Lola vive sola en su mundo interior hasta que la guerra llega a Isona. En ese momento, aparece otra de las grandes penurias de la guerra civil española: la huida y el abandono del hogar. El exilio. "Sola" narra la guerra civil española desde una perspectiva infantil, basada en hechos reales. Es la perspectiva de una niña que la ha alejado de sus padres y de una hermana cuyo nombre ya ni recuerda. Lola se va quedando poco a poco sola en este mundo, y trata de aferrarse a él con todo lo que tiene, al mismo tiempo que pierde parte de su humanidad.

Tras abandonar Isona, se refugian en Llordá, una pequeña aldea al refugio de las montañas. En su nuevo destino la vida se hace más dura si cabe. Las penurias se acentúan. Es la guerra de retaguardia. Y Lola se va quedando cada vez más sola, sobre todo tras la muerte de su abuela. Poco tardará en llegar la guerra también a Llordá. Y ya no existe vía de escape: muerte, destrucción, pérdida de seres queridos.

Mapa de evacuación infantil durante la Guerra Civil Española

Seis días después, un centenar de nacionales invadieron el pueblo con banderas rojas y amarillas proclamando que la guerra había terminado, que todo el mundo podía salir de sus casas, y que España por fin estaba en paz. Era raro. La trama final transcurre con la guerra ya concluida. El dolor y la derrota quedan a un lado. La novela toma ahora otro rumbo. Lola decide viajar hasta Lleida en busca de su madre y su hermana, a la que no recuerda. Hace el camino sola y andando. Y al llegar, coge un tren para Terrassa. El reencuentro está cada vez más cerca.

"Sola" es una obra imprescindible. Es un choque de inocencia contra realidad. No cuenta nada que no sepamos de la guerra civil. No nos ofrece una nueva visión global. Ni cambia un ápice de todo lo que ya supiéramos sobre la misma. Pero estamos ante una obra que transmite sentimientos, y transmite tristeza. Denis Lapiere es un guionista belga que conocemos por ser autor de "Un poco de humo azul". Ricard Efa es el nieto de Lola, la protagonista de "Sola". Pero este autor español es de sobras conocido por su espectacular "Monet".

Datos sobre "Dibujos para una Guerra"
Autores de los textos Arona Moreno Durán, profesores, miembros de asociaciones vecinales, Leticia Fernández-Fontecha, José Luis Ledesma Vera.
Rango de edad de los niños dibujantes Entre 4 y 15 años.
Temática recurrente en los dibujos Bombardeos, destrozos de edificios, muertos en las calles, escenas cotidianas de la guerra.
Obras destacadas mencionadas "Dibujos para una guerra", "Sola" (cómic de Ricard Efa y Denis Lapiere).

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