Tras el final de la Guerra Civil, España vive una cruel posguerra a la que cínicamente llaman paz los vencedores, pero que en realidad es el aniquilamiento, hasta la devastación, de la legalidad previa a la sublevación de las tropas lideradas por el general Franco.
En 1949, a los diez años (casi exactos) de la proclamación de la victoria por parte del bando rebelde, nacen en las páginas de Pulgarcito (concretamente, desde su portada del número 96) las Hermanas Gilda, de Manuel Vázquez.
Casi un muchacho
Con sólo 19 años, Vázquez inicia la producción de una de sus series más populares y más longevas. Las vivencias de estas hermanas de nombres visigodos (quienes por cierto, aparecen citados en el anuncio del estreno de la serie) y de caracteres antagónicos y físicos opuestos, se prolongarán durante tres décadas quedando para siempre impresas en la memoria colectiva. El caso es que de toda la innumerable cantidad de historietas protagonizadas por ellas, la primera es esta que les mostramos aquí y que nos disponemos a comentar.

Viven en la calle del Rollo
Que viven en la calle del Rollo es una de las primeras cosas de las que nos enteramos leyendo la primera historieta de la Hermanas Gilda. Desde la primera viñeta, en la que conocemos sus nombres (tomados prestados de un rey visigodo arriano (Leovigildo) y su hijo, el converso al catolicismo (Hermenegildo) que anduvieron a la greña, con resultado de ejecución del segundo), ya quedan fijadas sus personalidades para el resto de su prolongadísima existencia. Leovigilda aparece ya instalada en el que será su hábitat natural, su sillón más o menos orejero de color rojo, del que raramente se separará y en el que se entrega cotidianamente a la lectura de libros y periódicos. Desde él intentará ejercer el mando sobre su díscola hermanita, Hermenegilda. Ésta es romántica e impulsiva, desencadenará la acción con sus un tanto atolondradas iniciativas y provocará las situaciones cómicas, casi siempre motivadas (sobre todo, en los primeros años) por la búsqueda de una pareja sentimental. La primera hermana, en consonancia con su carácter reflexivo y austero, es muy delgada, la segunda, en cambio, más dada a lo sensual, tiene un físico rebosante, propio de quienes gustan de los placeres del paladar.
El ambiente escogido para la primera historieta
La primera historieta lleva por título “Hermenegilda, madrina de guerra” y está impregnada (como tantas historietas de aquellos primeros tiempos brugueriles) de la realidad española. Como ya hemos dicho, se publicó hacia finales de abril o principios de mayo de 1949, no muy lejos de la celebración primer decenio de la victoria franquista en la cruel Guerra Civil. Algún eco de este hecho lo encontramos en la viñeta en la que una paloma tocada con un sombrero atraviesa con su vuelo la expresión “La Paz”. El hecho de la guerra, que Vázquez tuvo que vivir intensamente, como sólo los niños pueden hacerlo (lo que no quiere decir que la entendiera, ni que fuera consciente de ella en todo su significado) se le cuela al dibujante en esta historieta en la que reconocemos la guerra española en la borla que pende del gorrito cuartelero del soldado que se reincorpora a la vida civil. El detalle no es baladí, porque Vázquez podía haber optado por idealizar toda referencia gráfica y dibujar soldados inventados, con uniformes o gorros fantásticos o de procedencia extranjera. También el fusil dibujado, sobre cuya punta de bayoneta se mantiene en equilibrio un cigarrillo, parece un Mauser de los utilizados en la contienda española.

El tema: Las madrinas de guerra
Las madrinas de guerra eran corresponsales voluntarias que con sus misivas mitigaban la soledad y el dolor del frente de batalla a los soldados. Su labor ayudaba a mantener alta la moral de la tropa y las esperanzas que despertaban en los combatientes de una futura relación personal, les ilusionaba, les consolaba y contribuía a motivarles. Las primeras fueron las francesas, en la Primera Guerra Mundial. Luego las hubo en los otros bandos y en otras guerras. Aquí, en España, las “Madrinas de guerra” se iniciaron en las guerras de Marruecos, alcanzando su figura tal popularidad que Miguel Mihura escribió en 1922 “La madrina de guerra”, una obra en dos actos. Durante la Guerra Civil, las hubo en los dos bandos, aunque en mayor cantidad en el de los sublevados. Pues bien, la primera decisión impulsiva que toma Hermenegilda en su dilatada existencia de papel es ser una madrina de guerra, para lograrlo, inserta un anuncio en la prensa y consigue un “cliente” en la persona de Tirone Probe (obvio trasunto del astro del cine Tyrone Power), lo que la hace saltar de entusiasmo. Como era obligado en todas sus historietas primitivas, el asunto amoroso resulta un fiasco y Hermenegilda se encuentra con un “ahijado” sin ningún atractivo y que además se le instala en casa para vivir una vida de rajá (con negro abanicante y todo, puro, pastel, licores y una radio en que suena “María Bonita”).
Detalles para terminar
Queda para la historia del tebeo que el primer libro que se le ve leer a Leovigilda es un manual de boxeo. Por otra parte, la referencia a los difíciles tiempos que se vivían entonces a causa de la escasez de alimentos se concreta en la viñeta en que comprobamos que cuando llamaban a la puerta en España, en 1949, si no se esperaba a nadie, lo más probable era que se tratara de alguien que pedía limosna y que darle cinco céntimos para un panecillo y esperar la vuelta era una reacción bastante normal. La presencia de Heliodoro, el otro personaje que dibujaba Vázquez entonces en Pulgarcito, en un segundo plano de una viñeta, contribuye a crear la apetecida atmósfera de disparate y dislate que caracterizaban estos años brugueriles.
Para los aficionados a la cábala y a la numerología brugueresca, anotamos que el número de portal en la dirección de las Gilda, es una combinación de treses y sietes, lo mismo que el número del batallón del soldado que contesta al anuncio de Hermenegilda. El anuncio que reclamaba la atención de lapidarios, visigodos, ortopédicos y sastres (no podían faltar los sastres, tratándose de Vázquez) se publicó, curiosamente, en la misma revista en la que aparecía la primera historieta, en el número 96. Seguramente el joven Vázquez, iniciando sus usos que serían más habituales, lo entregó con retraso.

El asombro de siempre
A los aficionados a los tebeos (burgomaestres incluidos) nunca deja de asombrarnos hasta qué punto cambia el aspecto de los personajes desde sus orígenes hasta su forma definitiva. Este caso de hoy, de las hermanas Gilda, es uno de los más notables y estamos convencidos de que su visión provocará el correspondiente “¡Oh!” de estupor en todos aquellos que sólo conocen la versión final de estos popularísimos personajes. Parece mentira, pero son ellas. Eran así, cuando empezaron. Es como cuando miramos una foto nuestra de hace veinticinco o treinta años. Tampoco nos lo acabamos de creer.
Las hermanas Gilda son una serie de historietas creada por el autor español Vázquez en 1949 y protagonizada por dos hermanas solteronas, llamadas Leovigilda y Hermenegilda, que viven juntas. Hermenegilda y Leovigilda, solteronas, son opuestas entre sí, como muestra su caracterización física: Herme es morena, de baja estatura, rellenita, con el pelo recogido en un característico moño; Leo es alta y delgada, de pelo rubio. Ambas son poco agraciadas. Hermenegilda es inocente y tontorrona, y persigue incansablemente un marido, mientras que Leovigilda, más madura, escéptica y con un carácter agrio, intenta frustrar siempre a su hermana pequeña. Hermenegilda y Leovigilda representan la frustración y represión sexual de posguerra, además de constituir una crítica mordaz de las relaciones familiares. Su convivencia es una continua fuente de conflictos en los que, como es característico de las historietas de Bruguera, abundan las agresiones físicas. Según Luis Gasca, su relación puede compararse a la que trece años después, Joan Crawford y Bette Davis mostrarían en What Ever Happened to Baby Jane?
“Las hermanas Gilda” se caracterizaba en sus primeros años por una comicidad vertiginosa, semejante a la del cine cómico mudo, que estaba presente también en otras obras del autor, como Heliodoro Hipotenuso y Currito Farola, er Niño e la Bola.
Manuel Vázquez, para mí un genio, creó a esta pareja de hermanas cuando contaba 19 años de edad. Nacido en 1930, es uno de los autores básicos de la historieta española. Creador de innumerables personajes, entre otros, Heliodoro Hipotenuso, Ángel Síseñor, Angelito (Gugú), La abuelita Paz, La Familia Churumbel, Anacleto, agente secreto o la genial Familia Cebolleta, estuvo ligado principalmente a la editorial Bruguera, junto con Cifré, Escobar e Ibáñez, y entretuvieron y entretienen a varias generaciones desde mediados del siglo pasado. Tristemente, Vázquez nos dejaba en 1995.
Las hermanas Gilda nos contaban las peripecias de dos hermanas solteras. Una, Leovigilda, era larguirucha, delgada, dominante y casi siempre de mal humor. La otra, Hermenegilda, era bajita, regordeta e ingenua. Y perseguía incansablemente un marido.
La revista Pulgarcito y el contexto editorial
El primer número de la publicación de la revista Pulgarcito, subtitulada “Periódico infantil de cuentos, historietas, aventuras y entretenimientos”, fue editada por El Gato Negro en 1921. La revista nace con la idea de dirigirse a todo tipo de público, inicialmente infantil pero con un contenido de adultos. Desde el principio y durante muchos años Pulgarcito fue una revista de textos. En los años 30 se renueva la revista con la introducción de bocadillos y de personajes fijos, y pasa a manos de los hijos de Juan Bruguera al morir éste. Debido a la Guerra Civil la revista fue incautada por el comité de colectivización y hasta 1939 no fue devuelta a sus dueños: Pantaleón y Francisco Bruguera. En dicho año la revista cambió el nombre de El Gato Negro por el de Editorial Bruguera, teniendo que empezar de cero. Rafael González (director de publicaciones) fue el encargado de seleccionar a los dibujantes. En 1952 la Editorial conseguía el permiso para editar Pulgarcito como publicación periódica e ideó un nuevo semanario, el DDT, que era una publicación para adultos en la que se reducía el número de historietas. Esta revista se lanzó además como uno de los primeros intentos de la posguerra española de explotar comercialmente el reprimido erotismo masculino.
El humor de posguerra y sus personajes
Las hermanas Gilda (Vázquez) representa la situación de dos hermanas solteronas que vivían juntas en la posguerra y que por ello era mal visto por la sociedad quién las marginaba. La representación del español de clase media oficinista, sin ambiciones y fiel servidor de su jefe al que le pide aumentos de sueldos, sin conseguirlos, para cubrir los caprichos que quiere su mujer: persona controladora a la que solo le interesa presumir y aparentar tener una posición social alta. Dos hermanos capaces de hacer cualquier cosa con tal de satisfacer los deseos de su padre. El problema es que tan noble actitud acababa siempre con graves desastres caseros y con un don Pantuflo Zapatilla aplicando crueles castigos a sus hijos. Serie que mostraba la relación de una suegra con su yerno. Compartir piso con la suegra era habitual durante la posguerra. El sentimiento de protección que tenía Tula hacía su hija hacía odiar a su yerno. La antítesis de la familia es el soltero: Calixto (Peñarroya) es el prototipo de soltero que busca de todas las maneras posible encontrar una novia. El retrato caricaturizado de las solteronas de la época cuya única razón de ser era hacer el mal, abusando de los más débiles y distinguiéndose por sus extrañas costumbres. Una de las temáticas más populares era la relación entre las clases altas y las bajas: Petra, criada para todo (Escobar) es el reflejo de una situación social cotidiana que muestra el choque entre dos mundos: mundo rural de la criada y el mundo aristócrata de la ama. Pascual, criado Leal (Nadal) es la representación de una relación entre amo-criado que fluctúa entre el amor-odio, consciente cada uno de ellos de su lugar en la jerarquía social, etc.
Legado y reediciones
De las hermanas Gilda se han llegado a sacar figuras de yeso, peluches, delantales e incluso un teatrillo de papel. Y un sello de correos. Las historietas de las hermanas Gilda han tenido anteriormente su publicación en distintos recopilatorios de la editorial Bruguera, como el número 9 de la Colección Olé titulado “Las hermanas Gilda y sus locuelas peripecias” o la selección publicada en el año 1985 en la colección Genios de la Historieta nº1.
“Volver a publicar la serie de las hermanas Gilda era una asignatura pendiente que debíamos a nuestro padre. En Internet siguen apareciendo ventas de ejemplares, aunque pocos y en muy mal estado. Las hermanas Gilda surgieron dentro de la corriente de personajes cómicos que, a su manera, testimoniaban la actualidad social española llevada a las esferas del absurdo. Aparecieron por primera vez en 1949 y, más concretamente, en el número 96 de la revista Pulgarcito. Y, posteriormente, en otras publicaciones de Bruguera, como Gran Pulgarcito o el DDT.
El 6 de Mayo del presente año, Ediciones B publicó, con una tirada inicial de 5.000 ejemplares, y en su colección de Super Humor, el libro que yo me acabo de comprar. Es una excelente selección de las historietas de estas genuinas hermanas. Y un recorrido por sus viñetas que permite al lector recordar o descubrir el humor costumbrista y surrealista, en la época española de la posguerra, en la piel de Leo y Herme. Este volumen de las hermanas Gilda contiene páginas en blanco y negro, bitono y color. Las más abundantes son las de la segunda etapa de los personajes, allá por 1967, en la que las hermanas ya adquieren el aspecto visual con que las recordamos la mayoría.
La visión de Manuel Vázquez
“Soy más humorista que dibujante. Si de verdad eres humorista, en todas las cosas de la vida cotidiana ves, sin forzarte, una situación de humor. Aunque a veces vaya en contra mía, no lo puedo evitar. Para dibujar en humor no valen técnicas especiales. Además, cuanta menos técnica, más suelta queda, más espontáneo y más gracioso. Tampoco me gusta hacer primero el guión y luego dibujarlo.

El humor costumbrista y la crítica social
Las Hermanas Gilda, a través de su humor costumbrista y surrealista, reflejaron la época española de la posguerra. Representan la frustración y represión sexual de posguerra, además de constituir una crítica mordaz de las relaciones familiares. Su convivencia es una continua fuente de conflictos en los que abundan las agresiones físicas. La serie se caracterizaba por una comicidad vertiginosa, semejante a la del cine cómico mudo.
