Bajo su aparente sencillez, se encuentra una de las tiras cómicas más complejas de finales del siglo XX. La historia está vagamente situada en un típico suburbio del actual Medio Oeste estadounidense, lugar probablemente inspirado en la casa natal de Waterson en Chagrin Falls, Ohio. Calvin y Hobbes nacieron cuando Watterson, cuyo trabajo como publicista detestaba, empezó a usar su tiempo libre desarrollando la que era su gran pasión: dibujar. Desarrolló varias ideas para tiras cómicas, que envió a varias editoriales, pero todas fueron rechazadas. Sin embargo, recibió una respuesta positiva de una de ellas, donde le aconsejaban que se centrara en un personaje secundario (el hermano pequeño del personaje principal) y su tigre de peluche. Watterson siguió este consejo, pero la nueva tira basada en este personaje fue rechazada por la propia editorial que le había animado a hacerla, la United Features Syndicate.
La primera tira apareció el 18 de noviembre de 1985, y pronto se convirtió en un éxito. Al cabo de un año ya se publicaba en unos 250 periódicos, y en abril de 1987, solo 16 meses después de su inicio, mereció un artículo en Los Angeles Times. Calvin y Hobbes le dieron a su autor dos premios Reuben de la National Cartoonists Society (Asociación Nacional de Historietistas) en la categoría de Mejor Historietista del Año (Outstanding Cartoonist of the Year), el primero en 1986 y el segundo en 1988, siendo nominado de nuevo en 1992.
Los temas más recurrentes de la tira son las fantasías de Calvin (en las que se evade del mundo real), su amistad con Hobbes, sus travesuras, sus puntos de vista sobre temas políticos y culturales y la interacción con sus padres, compañeros de colegio, profesores y otros miembros de la sociedad. Un motivo muy recurrente es la naturaleza dual de Hobbes, ya que Calvin lo ve como a un ser vivo mientras que el resto de personajes le ven como un muñeco de peluche.

Debido a las profundas convicciones anticomerciales de Watterson, y su negativa a ser un personaje célebre, apenas existen productos legítimos de Calvin (toallas, tazas, etcétera) aparte de los propios dibujos. Watterson llegó a plantearse la idea de crear una versión animada de Calvin y Hobbes, y expresó su admiración por esa forma de arte. Si miramos viejas películas de Tex Avery y Chuck Jones, podemos ver cosas que un simple dibujo sobre el papel no puede mostrar. Los animadores pueden jugar con la distorsión y la exageración... porque el animador puede controlar lo que ves y cuánto tiempo lo ves. Los movimientos apenas tienen tiempo para mostrarse y el espectador no es consciente del increíble desenfreno del que ha sido testigo. En una tira cómica sólo puedes mostrar los momentos claves de la acción, pero no el antes y el después, a no ser que quieras que la tira dé la sensación de estar viendo una película fotograma a fotograma, con lo que seguramente perderías el efecto que intentabas conseguir. En una tira cómica puedes sugerir sensación de movimiento o de tiempo, pero de una manera mucho más simple que la que puede conseguir un animador.
A raíz de estas inquietudes, le preguntaron si no le asustaba un poco el pensar qué voz tendría Calvin. Watterson respondió que estaba «muy asustado». Aunque le interesaban las posibilidades visuales de la animación, se sentía incómodo con la idea de seleccionar las voces de sus personajes. Tampoco le atraía la idea de trabajar con un equipo de animación para desarrollar un trabajo que siempre había hecho en solitario. Finalmente nunca hubo serie animada de Calvin y Hobbes.

Exceptuando los álbumes recopilatorios, dos calendarios de 16 meses (1988-1989 y 1989-1990), el libro Aprendiendo con Calvin y Hobbes (Teaching with Calvin and Hobbes) y una camiseta para una exhibición de cómics, todos los productos en los que aparecen los personajes (como pegatinas para las lunas traseras de los coches donde se ve a Calvin orinando sobre el logo de alguna empresa) no están autorizados. Como Watterson apuntó en los comentarios en uno de sus recopilatorios, la imagen original era la de Calvin llenando un globo de agua en un grifo. Después de varias amenazas de pleitos por infringir derechos de autor, los creadores de las pegatinas sustituyeron a Calvin por otro muchacho.
La Lucha por la Libertad Creativa
Desde el principio, Watterson tuvo problemas con la editorial, que le impulsó a desarrollar la mercadotecnia de los personajes y a recorrer el país para promocionar los primeros libros recopilatorios de las tiras, a lo que Watterson se negó. Watterson se sintió aún más frustrado con la desaparición gradual de espacio para las tiras cómicas en los periódicos. Durante el primer periodo de descanso de Watterson, la editorial seguía cobrando a los periódicos el mismo precio por publicar reposiciones de antiguas tiras cómicas de los personajes. A la vuelta de su descanso, la Universal Press anunció que Watterson había decidido que solo vendería su tira dominical si se le permitía ocupar la mitad de una página del periódico, sin posibilidad de dividirla.
Watterson llegó a un acuerdo con la editorial y consiguió más libertad creativa para las tiras dominicales. Antes del acuerdo tenía un número determinado de viñetas, con poca libertad en cuanto a la disposición (la anchura de las viñetas variaba según el periódico en que se publicaban); después del acuerdo podía usar la disposición gráfica que se le antojara, a menudo muy poco ortodoxa. Su frustración con la disposición estándar antes del acuerdo es evidente en algunas antiguas tiras; por ejemplo, una tira publicada en 1988 estaba encuadrada en una gran viñeta, pero la acción y los diálogos estaban situados en la parte inferior, con lo que cualquier editor podía recortar la parte superior si necesitaba ubicar la tira en un espacio más pequeño.
Me tomé un descanso después de resolver una larga y agotadora lucha para impedir la mercadotecnia de Calvin y Hobbes. Buscando una manera de reavivar mi entusiasmo por los nuevos términos contractuales, propuse un nuevo diseño para las tiras dominicales que me permitiera mayor flexibilidad. Para mi sorpresa, Universal me ofreció la posibilidad de dibujar tiras de media página indivisible (mucho más de lo que me habría permitido reclamar), a pesar del esperado rechazo de los editores. La editorial me aseguró que algunos editores estaban encantados con el nuevo formato, que apreciaban la diferencia, y estaban contentos con tiras de ese tamaño; pero es justo decir que ésa no era la reacción más frecuente. Me previnieron ante las más que previsibles cancelaciones de la tira dominical, pero después de unas pocas semanas de confrontaciones con airados editores, la editorial sugirió que los periódicos podrían reducir la tira al tamaño de los tabloides, que tenían las hojas más pequeñas.... Me quedé con la parte positiva: tendría una completa libertad creativa y virtualmente no habría cancelaciones. Los aullidos de ultrajados editores me han convencido de que la tira dominical más grande mejoraba estéticamente las tiras de los periódicos, e hizo que fueran más divertidas para los lectores. Las tiras cómicas son un medio visual. Una tira con mucho dibujo puede ser apasionante y aportar algo de variedad. Estoy orgulloso de haber sido capaz de dibujar una tira grande, pero no creo que eso pueda suceder otra vez en un futuro cercano. En el negocio de la prensa el espacio cuesta dinero, y sospecho que la mayor parte de los editores creen que la diferencia no compensa los costes.
En realidad, cuando empecé a dibujar la tira no estaba en contra de la comercialización. Pero luego reflexioné y me di cuenta de que cada producto podía violar el espíritu de la tira, contradecir su mensaje y llevarse algo del trabajo que yo amaba.
El Legado Artístico y Filosófico
Las tiras de Calvin y Hobbes se caracterizan por un dibujo escaso pero muy cuidado, humor inteligente, observaciones agudas, ingeniosos comentarios políticos y sociales y personajes muy bien definidos. Precedentes del mundo de fantasía de Calvin se pueden encontrar en Little Nemo, de Winsor McCay; en Barnaby, de Crockett Johnson; en Peanuts, de Charles M. Schulz; en Bloom County, de Berkeley Breathed; en Skippy, de Percy Crosby; en Krazy Kat, de George Herriman, o en Mafalda, de Quino, mientras que el uso sociopolítico que Watterson hace de la tira remite más a Pogo, de Walt Kelly. Precedentes de niños problemáticos que inspiraron a Calvin se encuentran, por ejemplo, en la tira cómica Daniel el travieso (Dennis the Menace) de Hank Ketcham, y la rebeldía y el eterno conflicto intergeneracional aparece en la Mafalda de Quino (aunque ésta sea una tira más politizada y comprometida). Un precedente de una relación entre un niño y un muñeco de peluche se observa en Winnie the Pooh, personaje creado por A. A. Milne.

Los rasgos más característicos del estilo de Watterson son: variadas y exageradas expresiones de sus personajes (especialmente Calvin), los elaborados y extraños fondos de las fantasías imaginadas del niño, gran sensación de movimiento y frecuentes juegos visuales y metáforas. En los últimos años de la tira, con más espacio a su disposición, Watterson experimentó con diversos tamaños y formas de las viñetas, historias sin diálogo y un mayor uso del espacio en blanco. También jugó con la idea de dejar ciertos episodios a la imaginación del lector, como el "Incidente de los fideos" o el contenido del libro El Hámster Ganster y su Gallina de Plastilina (Hámster Huey and the Gooey Kablooie) que Calvin quería que su padre le leyera cada noche.
La técnica de Watterson consistía en iniciar el dibujo con unos minimalistas croquis (aunque las tiras dominicales, más extensas, requerían un trabajo más elaborado); después solía usar un pincel de marta cebellina y tinta china para acabar el dibujo.
Watterson se sirvió de las tiras para criticar el mundo artístico, sobre todo con los poco convencionales muñecos de nieve creados por Calvin. Cuando la Señorita Carcoma (Miss Wormwood, profesora de Calvin) le reprocha que pierda el tiempo en clase dibujando cosas incomprensibles (por ejemplo, un Estegosaurio montado en una nave espacial), Calvin exclama «mi suspenso me confirma en la punta de la vanguardia». Sus primeras exploraciones de la nieve como medio de expresión se inician cuando uno de sus muñecos de nieve se derrite por el calor. Su siguiente escultura «versa sobre la trascendencia. Mientras se funde, invita al espectador a contemplar la evanescencia de la vida. Watterson también critica directamente al mundo académico. En general, los ensayos satíricos de Watterson van dirigidos a ambos lados. Ataca tanto a los artistas comerciales, como a los que se supone están fuera de ese círculo.
Lo duro para nosotros, los artistas vanguardistas post-modernos es decidir si somos comerciales. ¿Permitimos que nuestro trabajo sea promocionado y explotado por un mercado que sólo quiere la novedad? ¿Participamos de un sistema que convierte el buen arte en mal arte para que las masas puedan consumirlo mejor? Por supuesto, cuando un artista se vuelve comercial renuncia a su estatus de marginado y librepensador. Acepta los valores vacíos y trasnochados que el arte debería trascender. Watterson trata la clásica distinción entre cultura "alta" y "baja" en diversas tiras y desprende en ellas conceptos tales como poder, hegemonía, subjetividades, apropiaciones y violencia simbólica, entre muchas otras. En muchas ocasiones, Watterson crea tiras con extrañas deformaciones visuales: colores invertidos, objetos neocubistas, etcétera. En el recopilatorio del décimo aniversario de Calvin y Hobbes (Tenth Anniversary Book) Watterson explica que algunas de estas tiras eran metáforas de experiencias propias, mostrando, por ejemplo, sus conflictos con la editorial. En 1989 una tira dominical (normalmente en color) fue totalmente dibujada usando colores invertidos.
Cuando las tiras empezaron a publicarse, la vida y juegos de Calvin eran las propias de alguien que vive en el hemisferio norte. Se podía ver a Calvin haciendo muñecos de nieve o montando en su trineo en invierno, o en peleas con globos de agua en verano. Aunque Watterson muestra referencias temporales como años escolares, vacaciones de verano, varias excursiones al campo (donde se hacen alusiones a las excursiones anteriores) y los personajes son conscientes del paso de los años (como «Vote a papá 88» o «hemos entrado en la década de los 90») los personajes no envejecen y Calvin nunca celebra un cumpleaños (el único cumpleaños que aparece es el de Susie Derkins, una amiga de Calvin). Aunque Calvin no envejece, hay referencias en dos tiras (18 y 19 de noviembre de 1995) a Calvin con dos y tres años de edad, y su sensación de que «la experiencia de toda una vida me ha vuelto amargo y cínico». «Ésta es una fotografía mía de cuando tenía dos años», le dice a Hobbes mientras hojean un álbum de fotos familiar, para concluir: «¿No es extraño que nuestro pasado nos parezca tan irreal? Es como mirar la foto de otro». A pesar de que la edad de Calvin está suspendida en seis años, se muestra un tiempo pasado aunque nunca deje de tener esa edad. Irónicamente, en una de las primeras tiras, el padre de Calvin le critica por no vivir el momento.
Watterson también usó la tira para hablar sobre la cultura y sociedad estadounidenses, admitiendo que el contenido de las tiras podía ser visto como una suerte de autorretrato. Con escasas excepciones, no hay referencias a personajes o acontecimientos actuales, con lo que sus comentarios tienden, necesariamente, a generalizar. Expresa su frustración con la apatía y la decadencia del público, con el mercantilismo y con los medios de comunicación. La forma más frecuente que Watterson usa para sus críticas son los comentarios, desde una perspectiva más cínica, que hace Hobbes sobre las costumbres malsanas de Calvin. Aunque más que una intervención directa, se reduce a comentarios socarrones o a dejar que Calvin se dé cuenta por sí mismo.
La historia de Calvin y Hobbes - Dibujando la historia - Bully Magnets - Historia Documental
Bill Waterson. Mi segunda selección es una reivindicación consciente y meditada. Se trata de un cómic. Creo que lo puedo decir más alto, pero no más claro, el cómic es un género literario y artístico. Los grandes cómics (no en tamaño) son Literatura y Arte con mayúsculas y debieran promocionarse en escuelas, institutos y universidades. Para mí, uno de esos grandes es Bill Waterson y su serie cómica Calvin y Hobbes, la primera data del 18 de noviembre de 1985. Tenía dieciséis años cuando leí sus dos primeros libros, volúmenes que recopilaban sus tiras para prensa en Universal Press Syndicate. «I think some of the reason «Calvin and Hobbes» still finds an audience today is because I chose not to run the wheels off it. Luchó por un espacio digno en prensa y logró disponer de media página para el dominical, toda una hazaña. La obra de Calvin y Hobbes recrea un mundo lleno de submundos, la ironía del personaje del padre, la dificultad de la madre en ser la madre “modélica” que se espera debe ser toda mujer. El sistema educativo representado por la maestra de Calvin…, que el propio Calvin ve como a una marciana. Ya solo el nombre de estos dos personajes nos conduce hasta dos pensadores Thomas Hobbes y Juan Calvino, que con sus teorías cambiaron el curso de la Historia, nos lleva a dos momentos esenciales en el pensamiento y en el devenir de nuestra sociedad. Calvin es un trazo lleno de vida, lo miramos y ya no vemos unos garabatos sino a un niño de carne y hueso inocente y contestatario a la vez, que permite a su autor dar su peculiar visión del mundo y nos ayuda a conocer sus referentes. Hobbes es un personaje dual: tigre de peluche ante los ojos de los adultos. Waterson tuvo la brillantez de dibujarlo en esos momentos inmóvil e inerte, se convierte en el coprotagonista ante la mirada de Calvin que no ve un peluche en él, sino a un amigo de aventuras, y es entonces cuando se pone en movimiento y cobra vida. Calvin es más impulsivo, mide menos las consecuencias de sus actos. Los personajes de Calvin y Hobbes representan la infancia y nos revuelve el estómago presenciar como el sistema cercena sistemáticamente la imaginación infantil para convertirnos en seres mediocres. Calvin y Hobbes es un soplo de frescura, de inocencia, de ingenuidad; con espacio para la reflexión, la crítica, la denuncia. Cargada de un maravilloso sentido del humor que en ocasiones nos hace reír cuando debiéramos llorar y creo que esto forma parte de su gran valía. Pues Calvin y Hobbes va mucho más allá, hace que nos sintamos menos canallas por compartir una visión del mundo apocalíptica y descreída de la bondad del ser humano y, a la vez, logra redimirnos gracias a la inocencia de un niño y su tigre de peluche. Provoca que nos sepa mal nuestro propio pesimismo, nuestro sarcasmo.

Estados Unidos es, sin duda, el país en el que se desarrolla el cómic como medio de masas. Fueron los grandes propietarios de la prensa de finales del siglo XIX, William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer quienes, gracias a su rivalidad, hicieron posible que se popularizaran los primeros personajes y series de cómic en sus periódicos. Veremos, por ejemplo, algunos cómics que se publicarán durante la denominada Edad de Oro (Golden Age) que recoge aquellos cómics publicados entre 1938 y 1956, 18 años en los que el cómic se popularizó y se convirtió en una verdadera industria cultural. También incluiré títulos del cómic underground y el cómic independiente.