El mundo del toreo lamenta profundamente la pérdida de Dámaso González Carrasco, un matador albaceteño que dejó una huella imborrable en la historia de la tauromaquia. Nacido en Albacete el 11 de septiembre de 1948, Dámaso González se erigió como una de las grandes figuras del toreo de las décadas de los 70 y 80, compartiendo cartel con nombres como Manzanares, Paquirri y El Niño de la Capea.
Proveniente de una familia humilde de ganaderos, Dámaso trabajó en su juventud como repartidor de leche, lo que le valió el apodo de "El Lechero" en sus inicios en las capeas. Se vistió de luces por primera vez el 27 de agosto de 1966 en un festejo menor en Albacete. Al año siguiente, inició su carrera como novillero bajo el apodo de "Curro de Alba".
El éxito comenzó a sonreírle en 1969. El 19 de marzo de ese año, se presentó en Barcelona y obtuvo un gran triunfo, cortando cuatro orejas y un rabo. Este éxito le abrió las puertas a siete actuaciones más en la misma plaza. Así, el 24 de junio de 1969, en la plaza de Alicante, tomó la alternativa de manos de Miguel Mateo Miguelín y con Paquirri como testigo, lidiando toros de Flores Cubero. La confirmación de su doctorado llegó el 14 de mayo de 1970 en Madrid, con El Viti como padrino y Miguel Hernández como testigo, lidiando toros de Francisco Galache. Ese mismo año, confirmó su alternativa en México el 20 de diciembre, sumando 45 actuaciones en España y otras tantas en América.
Dámaso González fue considerado un torero de valor excepcional, un rey del temple y un referente para varias generaciones de toreros. Era un excelente muletero, valeroso y poderoso, con un gran sentido de las distancias y los terrenos, capaz de lidiar toros de las ganaderías más duras sin inmutarse. Se decía que hipnotizaba a los toros con su muleta y su famoso péndulo. A pesar de sus muchas cualidades como matador, su estética, a menudo desaliñada, con la camisa desabrochada y el corbatín al viento, pudo haber contribuido a una tardía consideración como artista del toreo.
A lo largo de su carrera, Dámaso González consiguió sonados éxitos en plazas americanas y en España. Salió por la Puerta Grande de Las Ventas por primera vez en 1979, cortando dos orejas a un toro de La Laguna. Fue el primero del escalafón al año siguiente y volvió a salir a hombros en Madrid en 1981. Tras reiterados triunfos en todas las ferias y ganarse un puesto de privilegio, Dámaso González decidió retirarse de los ruedos en septiembre de 1988.

Sin embargo, tres años después, su paisano Manuel Caballero lo convenció para que le diera la alternativa en Nimes, y en 1992 volvió a vestirse de luces de manera regular. Su última corrida en activo tuvo lugar en la Feria de Valencia de 2003, a la edad de 55 años. Desde entonces, se dedicó a su ganadería, que llevaba el nombre de su hija, Sonia González. Su hijo, Dámaso González hijo, también llegó a ser novillero.
Fuera de los ruedos, Dámaso González ganó el reconocimiento y el prestigio que, según algunos, se le negó durante su vida profesional. El 14 de octubre de 1994, fue elegido "manchego del año" por la Casa de Castilla-La Mancha de Barcelona, en reconocimiento a haber paseado el nombre de Albacete por todo el mundo y por sus cualidades humanas y taurinas.
La noticia de su fallecimiento, tras sufrir un cáncer de huesos, ha causado una enorme consternación en el mundo taurino. Sus restos mortales fueron trasladados al tanatorio de San Isidro de Madrid, donde fue velado por numerosos amigos y familiares. Dámaso González, hombre de valores como la solidaridad, la ética y la honradez, será recordado no solo por su valía como torero, sino también por su calidad como persona sencilla, cabal y sabia.
Cinco años sin el gran Dámaso González
La organización ASPRONA ha querido expresar su más sentido pésame a la familia de Dámaso González, honrando su memoria en nombre de todas las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo, a las cuales, según la entidad, les dio mucho a lo largo de su vida.

Dámaso González Carrasco falleció en el Hospital Quirón de Pozuelo de Alarcón (Madrid) en la madrugada del sábado 26 de agosto, a la edad de 68 años, a causa de una fulminante enfermedad detectada hacía menos de un mes. Su desaparición deja un vacío en el toreo moderno, consolidándolo como una figura trascendental y uno de los padres de la tauromaquia actual.