Obito Uchiha: El Camino del Dolor y la Búsqueda de la Verdad

En las sombras de Orario, un individuo enmascarado se movía con la precisión de un shinobi, su presencia emanando un aura perturbadora. El edificio desde el que saltó, de dos pisos, no representó un obstáculo, y su aterrizaje, silencioso y certero, lo dejó en una calle desierta a altas horas de la noche. A pesar del bullicio distante de la calle principal, el sigilo del enmascarado era tal que, incluso si hubiera aterrizado junto a alguien, este no lo habría notado. El ruido era bienvenido, ya que garantizaba que cualquier inconveniente pasaría desapercibido a menos que alguien se acercara a menos de diez metros.

Se dirigió hacia la entrada de un edificio, descendiendo por unos escalones que llevaban a un sótano. Un sótano, pensó, era el lugar lógico para llevar a cabo sus actividades, pues allí, el alboroto sería inaudible. Por el ruido, estimó que había entre diez y cien personas en el interior.

La Búsqueda de Información

El enmascarado meditó sobre la mejor estrategia. Los Genjutsu, alguna vez una herramienta eficaz, se habían vuelto más complicados de usar contra los "aventureros", cuya energía vital, potenciada por una "bendición" o "gracia" divina, dificultaba su aplicación. Lanzar un Genjutsu a un grupo tan grande sería problemático, pero consideró la posibilidad de usarlo en el líder para obtener la información que necesitaba, o recurrir a la fuerza si fuera necesario.

Se detuvo frente a una puerta de madera, vieja pero firme. No había cerradura visible, solo una fina línea de luz que se filtraba por las grietas y por debajo de la puerta. Desde el interior, llegaban los ruidosos gritos de hombres bebiendo y riendo, el choque de tarros de lo que suponía era alcohol contra las mesas.

El hombre, envuelto en una túnica, fue tenuemente iluminado por la luz de la luna y las farolas de la calle principal. Se acercó a la puerta con calma, su mano de un blanco pálido, casi enfermizo, se extendió para girar la perilla. Al empujar la puerta con fuerza, la luz lo bañó por completo, revelando lámparas de piedra mágica dispersas por el lugar.

Dentro, unas quince personas, la mayoría hombres de diversas razas, se encontraban reunidas. El ruido casi ensordecedor del interior le molestó ligeramente. Había seis mujeres, que parecían ser el personal de la "taberna" y no aventureras. Observó cómo muchos hombres las tocaban de manera inapropiada mientras pasaban, y ellas parecían acostumbradas a ello.

El Confrontamiento

No tardó en localizar al líder, ubicado en la parte más profunda del local, acompañado por dos mujeres y conversando animadamente con otros sujetos. Todas las miradas se centraron en él. Un pesado silencio se apoderó del lugar, las conversaciones cesaron y las bebidas se detuvieron. Uno de los hombres, visiblemente ebrio, se burló: "jajaja ¿Qué es esto? ¿Acaso eres un payaso?". Su risa resonó, seguida por la de los demás.

Ignorando el ruido inútil, el enmascarado dirigió su mirada al hombre detrás del mostrador, vestido con esmoquin negro y camisa blanca, quien se sobresaltó ligeramente. "¿Estás relacionado con todo esto?", preguntó el enmascarado. Sus palabras, pronunciadas con una voz fuerte y resonante de inteligencia, cortaron el silencio y las risas, como si el mar se hubiera abierto para él.

El hombre detrás de la barra se tensó, un atisbo de miedo en sus ojos. Tragó audiblemente y respondió con un silencio opresivo. El enmascarado, tras considerar el agujero en su máscara, asintió. "Ya veo, ¿sabes? No me gustan las mentiras". El aire vibró un instante. El hombre se quedó paralizado, y luego cayó al suelo, agarrándose la cabeza, jadeando como un perro moribundo. El enmascarado, sin mirarlo, se dirigió a las mujeres: "Pueden irse ahora. Si no lo hacen, supondré que también forman parte de este grupo". Las mujeres dudaron, miraron al hombre en el suelo y finalmente se levantaron y salieron por la puerta del fondo.

"Oi, oi, oi, ¿Qué demonios estás haciendo?", exclamó el líder con el ceño fruncido, ocultando su disgusto. Tenía el cabello negro, una ligera barba y rasgos marcados; la imagen genérica de un aventurero. "Nada", respondió el enmascarado encogiéndose de hombros.

El líder notó entonces las peculiaridades del enmascarado: sus pies descalzos bajo la túnica y la máscara que cubría toda su cabeza. Aunque pensó que era un payaso al principio, al oír su voz, sintió como si un cubo de agua fría cayera sobre él. Era un tono dominante que casi le provocaba la necesidad de arrodillarse.

Miró a los demás aventureros reunidos, replanteándose su situación. "No quiero despreciar su tiempo, así que seré directo. ¿Reconoces el nombre de Anna Claes?". El ojo del enmascarado se entrecerró al notar la reacción del hombre, su sorpresa era evidente y patética. "¿Y qué si lo hago?", respondió el líder con una sonrisa torcida. "¿Acaso sus padres te contrataron o algo así? Entonces debes de ser una basura, después de todo, ellos no tenían ni dónde caerse muertos, jajaja".

El enmascarado permaneció en silencio, su mirada fija en él. "En todo caso, si quieres información, vas a tener que pagar por ella". Todos los aventureros se pusieron de pie, sonriendo, como si la actitud de su "jefe" les hubiera dado la determinación que les faltaba.

"Ya veo, me parece justo", respondió el enmascarado con una voz divertida. El "jefe" frunció el ceño, sintiendo que el enmascarado no se tomaba en serio sus palabras. "¿Qué tal esto? ¿Tu vida a cambio de la información?". El hombre soltó una carcajada y se puso de pie, considerablemente más alto que el enmascarado. "Oyeron eso, chicos, al parecer nuestro 'amigo' quiere hacer las cosas difíciles, ¡jajaja!". Las risas burlonas llenaron el lugar una vez más.

El enmascarado miró a las mujeres que se habían retirado, solo una permanecía: de piel bronceada, cabello negro largo y escasa ropa. "Bien, ¿entonces no? Entonces la oferta baja. Te romperé algunos huesos y luego me dirás la información", dijo el enmascarado, extendiendo sus brazos.

La Violencia como Herramienta

El "jefe", al límite de su paciencia, gritó una orden. Antes de que pudiera terminar, un pie blanco lo impactó en el pecho con un desagradable sonido de huesos rotos. El cuerpo del hombre salió volando hacia atrás, chocando contra la pared y provocando grietas. Se retorcía en el suelo, intentando respirar, sintiendo un dolor agudo y la fractura de un brazo. Por suerte, su columna vertebral no estaba dañada.

El enmascarado, que había vuelto a su posición original en un parpadeo, se acercó al líder. "Bien, con eso debería de ser suficiente. Si aprecias tu vida, deberías de decírmelo ahora. Las heridas que tienes son dolorosas, pero no morirás, y tampoco te obstaculizarán seguir siendo un 'aventurero'". La palabra "aventurero" estaba cargada de sarcasmo; el enmascarado se burlaba de un aventurero que amenazaba a civiles, bebía y se creía poderoso solo por reunir a un grupo de "basuras".

El "jefe" apretó los dientes, retorciéndose en el suelo. El enmascarado, más rápido que las palabras, saltó hacia el grupo de aventureros más cercanos. En un instante, golpeó la garganta de uno, enterró su codo en el abdomen de otro y, con un giro en el aire, conectó una patada en la cabeza de un tercero. Los tres cayeron al suelo. Los más capaces sacaron sus armas, mientras otros apenas procesaban lo que estaba sucediendo. El enmascarado se movía con una fluidez sobrenatural, golpeando los puntos exactos para causar el máximo dolor o noquear a sus oponentes. Sabía que estas personas no merecían consideración por jugar con la vida de inocentes, secuestrar, dañar y destruir vidas.

Su puño impactó en el plexo solar de un sujeto con orejas de gato, enviándolo volando a través de la habitación. El secuestro de una chica, arrebatada de su madre, era una de las razones de su furia. Al terminar, todos estaban en el suelo, incapaces de levantarse o luchando inútilmente contra el dolor.

Se giró lentamente hacia el "jefe", que lo miraba con una mezcla de miedo y confusión. Madara le había enseñado que había dos maneras de convencer a alguien: con mentiras o con violencia. La violencia, la herramienta de los poderosos. Levantó al hombre sin esfuerzo por el cuello, su máscara oscura mirándolo con indiferencia. "Ahora...", dejó que sus palabras se desvanecieran, apretando el cuello del hombre. "Dime, ¿dónde está esa chica?".

"E-ella está en el punto de intercambio. Nosotros la llevamos hace unos días", jadeó el hombre. El enmascarado apretó su agarre. "Un agente de ese lugar nos contrató para secuestrar a la chica sin causar mucho revuelo. E-eso es todo lo que sé, por favor, perdóname".

"Ya veo", el ojo del enmascarado brilló con un destello carmesí. Extendió su mano libre, y un kunai apareció. Lo levantó lentamente, dejando que la luz se reflejara en su filo. Al ver el cuchillo, la expresión del hombre se llenó de horror. "Dime, ¿cuánto te pagaron por la vida de esa chica? ¿Cuánto crees que vale una vida?". El enmascarado dijo suavemente, sus palabras resonando en el lugar. "Yo creo que tu vida no vale nada...".

El enmascarado soltó al hombre y se movió hacia un lado, esquivando una patada que iba directamente a su cabeza. Aterrizó sin producir sonido y miró a su atacante: una mujer con hermosos ojos azulados, cabello verde revoloteando y una pierna delgada y blanca extendida. Llevaba una capa y un vestido blanco. Su expresión era solemne, imperturbable y determinada.

"Oh", fue lo único que dijo el enmascarado. Las orejas puntiagudas de la chica se estremecieron ligeramente al notar la falta de sorpresa en su voz.

El enmascarado en la oscuridad del sótano

El texto del borrador también incluye información sobre Nagato (Pain) del universo de Naruto, su historia, sus habilidades, su filosofía sobre el dolor y la paz, y sus enfrentamientos. Si bien la narrativa principal se centra en un personaje enmascarado en Orario, la información sobre Nagato podría ser utilizada para comparar filosofías o para contextualizar la naturaleza del dolor y la violencia en diferentes universos ficticios.

Por ejemplo, la creencia de Nagato de que "nadie puede entender la verdadera paz sin antes entender el verdadero dolor" resuena con la implacable violencia empleada por el enmascarado en Orario. Ambos personajes, a su manera, buscan imponer un orden a través del sufrimiento.

El Dolor como Catalizador

La filosofía de Nagato, líder de Akatsuki, se basa en la profunda comprensión del dolor como el único camino hacia la paz. Tras experimentar innumerables pérdidas, desde la muerte de sus padres a manos de ninjas de Konohagakure hasta la trágica muerte de su amigo Yahiko, Nagato se convenció de que el mundo solo aprendería a través del sufrimiento extremo. Su Rinnegan, los ojos originales del Sabio de los Seis Caminos, le otorgó el poder para imponer esta visión.

Nagato (Pain) con el Rinnegan

Nagato creía que la violencia era un arma necesaria para crear un mundo sin guerras, similar al concepto de "destrucción mutua asegurada". Se veía a sí mismo como una deidad, un "dios de la paz" que guiaría a la humanidad hacia la madurez a través del dolor. Su transformación de un niño sensible y propenso al llanto a la figura fría y calculadora de Pain, líder de Akatsuki, es un testimonio del profundo trauma que experimentó.

La influencia de Jiraiya, su maestro, intentó guiarlo hacia la paz, pero tras la muerte de Yahiko, Nagato adoptó una perspectiva radicalmente diferente. La pérdida de su amigo, quien se sacrificó para protegerlo y a Konan, fue el catalizador que lo impulsó a utilizar su poder para imponer su visión del mundo.

En el anime, Nagato mostró una profunda sensibilidad al hablar del dolor, enfureciéndose cuando se trivializaba. A pesar de su crueldad como Pain, mantenía un respeto por los caídos y buscaba contener las disputas entre los miembros de Akatsuki. Sin embargo, su rencor hacia Konohagakure, responsable indirecta de las tragedias de su vida, y su maestro Jiraiya, por no haber podido prevenir el sufrimiento, lo llevaron a emprender su plan destructor.

Tras su resurrección, Nagato mostró un lado más amable y despreocupado, llegando a bromear. Su visión de sí mismo cambió de una deidad a ser parte de una "segunda trilogía", iniciada por Jiraiya y completada por Naruto, reconociendo el camino de su antiguo maestro y el potencial de su sucesor.

¿PAIN Tenía Razón? | La Filosofía del Dolor en Naruto Explicada | Basados Podcast

La historia de Nagato, aunque ambientada en el universo de Naruto, ofrece paralelismos temáticos con la narrativa de Orario. Ambos personajes, el enmascarado y Nagato, demuestran cómo el trauma y el dolor pueden moldear a un individuo, llevándolo por caminos de violencia y justificación propia en busca de un objetivo, ya sea la información sobre una persona o la imposición de una utopía dolorosa.

La lucha del enmascarado en Orario, aunque inicialmente centrada en la recuperación de Anna Claes, se desarrolla en un contexto donde la violencia es la herramienta principal. Al igual que Nagato, el enmascarado utiliza la fuerza bruta para obtener respuestas, demostrando una frialdad y eficiencia que sugiere un entrenamiento riguroso y una profunda convicción en sus métodos.

La escena en el sótano, con el rápido y brutal desmantelamiento de los aventureros, evoca la determinación implacable de Nagato. Ambos personajes operan con una lógica donde el fin justifica los medios, y el dolor infligido es un paso necesario en su camino.

Mapa de Orario destacando la calle principal y el área del sótano

La figura de la mujer que interviene al final, con sus "orejas puntiagudas", podría sugerir la presencia de otras razas o facciones en Orario, añadiendo complejidad al mundo. Su intervención plantea una nueva dinámica, un desafío para el enmascarado y una posible continuación de la confrontación.

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