La muerte fetal, también conocida como óbito fetal, es una realidad desgarradora que afecta a muchas familias. Se define como la muerte del feto antes de su expulsión o extracción en el nacimiento, y ocurre con una frecuencia alarmante en muchos países. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que esta pérdida puede ocurrir independientemente de la duración del embarazo, aunque generalmente se considera muerte fetal anteparto cuando sucede después de la semana 20 de gestación. Cada año, cerca de dos millones de bebés nacen muertos en todo el mundo, y en países de ingresos bajos y medios se produce la gran mayoría de estos casos.
La definición de “28 semanas o más” es útil para comparaciones internacionales de mortalidad infantil, pero excluye las muertes fetales que ocurren en etapas previas de la gestación. En términos generales, la muerte fetal se produce en aproximadamente 1 de cada 160 embarazos. Si un feto muere a partir de la semana 20 de gestación, se le llama parto de un feto muerto. Aunque la causa de la muerte fetal a menudo es desconocida, existen diversos factores que pueden aumentar la probabilidad de que ocurra.

Causas de la Muerte Fetal
Las causas de la muerte fetal pueden ser complejas y multifacéticas, originándose en la madre, el feto o la placenta. Identificar la causa exacta puede ser difícil, pero la investigación y las pruebas médicas pueden ayudar a determinar los factores contribuyentes.
Causas Maternas
La salud de la madre juega un papel crucial en la gestación. Ciertas condiciones maternas pueden aumentar el riesgo de muerte fetal:
- Obesidad, diabetes e hipertensión: Se estima que un 10% de las muertes fetales a nivel mundial se deben a estas condiciones. La preeclampsia, una forma de hipertensión arterial que ocurre solo durante el embarazo, también incrementa significativamente el riesgo.
- Infecciones maternas: Infecciones bacterianas, como el paludismo (8,0%) y la sífilis (7,7%), pueden ser causas de muerte fetal, especialmente entre las semanas 24 y 27 de gestación.
- Trastornos de la coagulación: Condiciones como el síndrome antifosfolipídico pueden afectar la coagulación de la sangre y aumentar el riesgo.
- Consumo de sustancias: El uso de drogas, alcohol y tabaco durante el embarazo está asociado con un mayor riesgo de muerte fetal y otras complicaciones.
- Enfermedades crónicas: La diabetes mal controlada, los trastornos tiroideos mal controlados y la obesidad grave (IMC igual o superior a 40) son factores de riesgo.
Causas Placentarias
La placenta es vital para el desarrollo fetal, proporcionando oxígeno y nutrientes. Problemas con la placenta pueden llevar a la muerte fetal:
- Desprendimiento de placenta: Ocurre cuando la placenta se separa de la pared del útero antes del parto, lo que puede impedir el suministro adecuado de sangre al feto. Las mujeres con esta condición o con preeclampsia tienen el doble de riesgo de muerte fetal.
- Envejecimiento grave de la placenta: Una placenta que envejece prematuramente puede no ser capaz de sostener el crecimiento del feto.
- Patología del cordón umbilical: Problemas como circulares, nudos, torsiones o roturas del cordón umbilical pueden interrumpir el flujo sanguíneo.
- Vasa previa: Los vasos sanguíneos fetales no están protegidos por el cordón y pueden rasgarse, causando hemorragia en el bebé.
- Trastornos que reducen el flujo sanguíneo: Cualquier condición que disminuya el flujo de sangre, oxígeno y nutrientes hacia el feto puede ser peligrosa.
Causas Fetales
En algunos casos, el feto mismo puede presentar anomalías que conducen a la muerte intrauterina:
- Alteraciones genéticas y cromosómicas: Los trastornos cromosómicos son responsables de un 15-20% de todos los bebés nacidos muertos. La mayoría de estas anomalías se deben a problemas en los cromosomas del óvulo o espermatozoide, o durante la división celular del cigoto.
- Malformaciones congénitas: Defectos de nacimiento estructurales pueden ser incompatibles con la vida.
- Crecimiento Intrauterino Retardado (CIR): Cuando el feto no crece al ritmo adecuado, puede ser más vulnerable.
- Alteraciones en el líquido amniótico: Tanto el oligoamnios (poco líquido amniótico) como el polihidramnios (exceso de líquido amniótico) pueden estar asociados con complicaciones.
- Embarazo múltiple: En embarazos de gemelos, puede haber un desequilibrio circulatorio que beneficie a un bebé en detrimento del otro.

Síntomas y Diagnóstico de la Muerte Fetal
Detectar la muerte fetal no siempre es sencillo, pero es fundamental que las madres estén atentas a cualquier cambio o señal inusual durante el embarazo. Los posibles síntomas incluyen:
- Ausencia de movimientos fetales.
- Pérdidas de líquido amniótico de color marrón.
- El útero no crece o su tamaño no se corresponde con las semanas de gestación.
- Desaparición de la elasticidad y firmeza de las partes fetales a la palpación.
- Dolor abdominal intenso.
- Sangrado vaginal.
Si se experimenta alguno de estos síntomas, es crucial acudir al ginecólogo de inmediato. El diagnóstico de certeza se realiza mediante pruebas médicas:
- Ecografía: Es la herramienta principal para detectar la ausencia de latido cardíaco fetal.
- Cardiotocografía: Monitoriza la frecuencia cardíaca del feto mientras está inmóvil y en movimiento.
- Perfil biofísico: Utiliza ecografía para evaluar la cantidad de líquido amniótico, los movimientos fetales, el tono muscular y los períodos de respiración rítmica.
Después del parto, se pueden realizar análisis genéticos y de sangre para intentar identificar la causa, así como un examen del feto, la placenta y el útero. Sin embargo, en un gran porcentaje de casos, las causas de la muerte fetal permanecen desconocidas, incluso después de pruebas exhaustivas y autopsia.
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El Proceso del Parto y la Atención Posterior
Más del 40% de las muertes fetales ocurren durante el parto. Las causas más comunes incluyen hipoxia (falta de oxígeno), obstrucciones provocadas por la placenta y otras complicaciones relacionadas con el proceso de dar a luz. El 86% de las muertes fetales ocurren antes del parto, mientras que el 14% tiene lugar durante el mismo.
Cuando se diagnostica una muerte fetal anteparto, la atención posterior depende del momento en que ocurrió. Si la muerte fetal se produce antes del parto, el profesional de la salud puede inducir el parto o recurrir a una cesárea para extraer el feto. Si el feto muerto no se expulsa espontáneamente, se puede inducir el parto para evitar complicaciones como hemorragias o infecciones. En embarazos de menos de 24 semanas o con fetos de tamaño reducido, se puede realizar una dilatación y evacuación (D y E) para extraer el contenido uterino.
Afrontar la Pérdida y el Duelo
La muerte fetal es una experiencia devastadora que tiene profundas implicaciones psicológicas para los padres y el personal sanitario. La pérdida de un hijo esperado es un momento especialmente duro y difícil de superar. El apoyo mutuo dentro de la pareja es fundamental para afrontar los estados de ansiedad y depresión.
En algunas culturas, las madres son culpabilizadas por las muertes fetales, lo que puede generar descrédito social, sentimientos de culpa o vergüenza, e impedirles expresar abiertamente su dolor. Estos tabúes, estigmas e ideas equivocadas contribuyen a la invisibilidad de estas pérdidas y dificultan el proceso de duelo.
Es importante que la información sobre la muerte fetal se brinde con sensibilidad, idealmente en presencia de ambos padres o con el apoyo de un familiar o amigo. Aunque una autopsia fetal puede ayudar a determinar la causa, no siempre es concluyente. Algunos especialistas recomiendan que los padres vean al bebé después del parto para facilitar la aceptación de la pérdida y el proceso de duelo. El personal sanitario puede preparar al bebé para que parezca dormido, pero la decisión final de verlo recae enteramente en los padres.
La incapacidad de mostrar el luto públicamente puede hacer que las muertes fetales parezcan no haber ocurrido. Para muchas mujeres, la pérdida de un hijo y la atención recibida posteriormente tendrán consecuencias duraderas en su perspectiva de la vida y la muerte, su autoestima e identidad. El acompañamiento desde el reconocimiento del dolor, la aceptación como proceso de pérdida y maduración, es fundamental, al igual que ocurre con la muerte de cualquier ser querido.

Prevención y Mejora de la Atención
La mejora de los sistemas de salud y la calidad de la atención prenatal y durante el parto son esenciales para prevenir las muertes fetales. Esto implica facilitar el acceso a establecimientos de salud funcionales con los recursos adecuados, como medicamentos, equipos, electricidad, agua corriente y jabón, así como sistemas de remisión las 24 horas.
Para las mujeres que han experimentado una muerte fetal, es importante trabajar de cerca con un profesional de la salud en futuros embarazos para disminuir los riesgos. Muchas mujeres que han sufrido una muerte fetal tienen bebés sanos en embarazos posteriores. UNICEF y sus aliados trabajan para brindar atención de salud asequible y de calidad a todas las madres y bebés, y exigen un compromiso renovado para poner fin a las muertes fetales prevenibles antes de 2030.
Algunas recomendaciones para prevenir óbitos fetales incluyen:
- Contar las patadas diarias del bebé a partir de la semana 26 de gestación. Si se nota una disminución repentina en los movimientos, se debe contactar al proveedor de atención médica.
- Evitar drogas, alcohol y tabaco durante el embarazo.
- Para mujeres con antecedentes de muerte fetal, es conveniente monitorear el embarazo con más cuidado, con visitas médicas y ecografías más frecuentes.
Si un feto muere y permanece en el útero, puede surgir un trastorno de la coagulación que cause hemorragia grave (coagulación intravascular diseminada), por lo que la intervención médica es necesaria.
