Hay, a veces, relatos sencillos que, sin tener nada de espectacular, son maravillosos, te llegan, te emocionan y sabes muy bien por qué lo hacen, porque lo que narran lo has vivido de formas similares. Los chicos que coleccionaban tebeos, de Julián M. Clemente y Helio Mira, es uno de estos loables casos.
La novela narra la amistad de cuatro jóvenes en la década de los ochenta, en plena explosión de los cómics de la editorial Marvel y DC en España, de la mano de Comics Forum y Ediciones Zinco. Los ochenta fueron tiempos difíciles para conseguir todos los tebeos que le podían gustar a un chico, no solo por la falta de dinero y la gran variedad de publicaciones, sino porque dependiendo de donde vivieses los tebeos no solían llegar asiduamente a los quioscos. Tiempos sin Internet en que las informaciones llegaban a través de los correos de los propios cómics, en donde se crearon obras muy potentes que aún perduran y en donde las sorpresas y descubrimientos leyendo esas historias eran mucho más auténticas y marcadas.
Con 14 o 20 años las amistades son más intensas y las aventuras más vividas, si además te gustaban los tebeos, tenias ese plus de pasión y disfrute compartida o no, que no pueden entender los que no les gustan.
Los chicos que coleccionaban tebeos tiene esa magia especial de películas como Los Goonies, libros como IT, o series como Stranger Things. En la novela, la amistad y la afición tebeística, desembocan en una serie de historias y aventuras entrañables o rocambolescas, sin olvidar ese otro motor de alegrías y pesares, que son las chicas.
Julián M. Clemente y Helio Mira crean, de manera ficcionada, un relato creíble, entrañable y sensible, porque las historias que cuentan tienen base real, pero van más allá pues ponen, en cierto modo, el madurar y tratar todo ese mundo de “papel y plástico” de otra forma. Hacerse mayor es enfrentarse a las pérdidas, pero también en cómo gestionamos de forma distinta nuestro mundo de fantasía que es el cómic y todo lo que lo envuelve. La novela hace hincapié de forma crítica y muy bien narrada de ese estancamiento que sufren algunos. Pero salvo este pasaje, que a más de uno le dará un bofetón, la novela es un divertimento nostálgico que encantará, pues no solo habla de tebeos y vivencias con estos, sino de la vida en sí en pasado y presente. Y por encima de todo, es un canto de amor a estos.
La novela se inicia en 2012. La vida de uno de los protagonistas cambia para siempre pues ha tenido un hijo, pero también está el estreno de un acontecimiento cinematográfico sin precedentes y el recibimiento de una llamada fatídica, que le hará recordar su juventud.
El contexto de una generación
La novela narra la amistad de cuatro jóvenes en la década de los ochenta, en plena explosión de los cómics de la editorial Marvel y DC en España, de la mano de Comics Forum y Ediciones Zinco. Los ochenta fueron tiempos difíciles para conseguir todos los tebeos que le podían gustar a un chico, no solo por la falta de dinero y la gran variedad de publicaciones, sino porque dependiendo de donde vivieses los tebeos no solían llegar asiduamente a los quioscos.
Tiempos sin Internet en que las informaciones llegaban a través de los correos de los propios cómics, en donde se crearon obras muy potentes que aún perduran y en donde las sorpresas y descubrimientos leyendo esas historias eran mucho más auténticas y marcadas.
Los últimos años de la década de los 80 fueron muy importantes para los seguidores de Marvel y de DC en España, que eran publicados respectivamente por Forum y Zinco. Fue la época en la que los lectores descubrieron Watchmen de Alan Moore, Batman: Dark Knight de Frank Miller o la Patrulla-X de Chris Claremont y John Byrne, entre otras muchas joyas clásicas.
Pero también era la época en la que Bruguera estaba dando sus últimos coletazos, en la que se produjo el salto a Ediciones B, con un intento por reavivar el interés del público infantil y juvenil probando nuevas fórmulas distintas a las caducos y encorsetados caminos anteriores.
La novela habla de esos años, y lo hace desde la perspectiva de quienes amamos los cómics. Hoy hablamos con sus autores, Helio Mira, director y guionista, y Julián M. Clemente.
El punto de partida son dos hechos que, si puestos en una balanza se compensan en importancia, el nacimiento de un hijo y el estreno de la película de Los Vengadores, nos da una idea de qué es lo que nos vamos a encontrar en las páginas de este libro.
A través de sus páginas, esta novela, construida en forma de memorias con tal grado de verosimilitud que, si llega a escribirla una sola persona se podría haber pensado que no era ficción, nos invita a recordar cómo transcurrió la adolescencia para una generación, la de los años ochenta y parte de los noventa, o al menos de una parte de ella, lo que supusieron los tebeos e, incluso, las locuras que se llegaron a hacer para conseguirlos.
Uno de los recuerdos que tengo de aquellos años, además de copiar a muchos de esos personajes que en aquel momento ya no formaban parte de Bruguera, es la de peregrinar por los quioscos en busca de los tebeos. Aunque en realidad en mi caso, al vivir en un pueblo, era probar suerte en dos quioscos y, si no llegaba lo que buscabas, te quedabas con las manos vacías. Es por eso que me he sentido tan identificado con los personajes de la novela.
La novela se inicia en 2012. La vida de uno de los protagonistas cambia para siempre pues ha tenido un hijo, pero también está el estreno de un acontecimiento cinematográfico sin precedentes y el recibimiento de una llamada fatídica, que le hará recordar su juventud.
Julian M. Clemente es el editor de Panini en España y ha creado junto a Víctor Gómez la serie de dibujos animados Hero Kids. Escribe todos los artículos de las publicaciones actuales en Panini y tiene publicados varios ensayos comiqueros. Helio Mira ha escrito guiones para series y programas de televisión, es divulgador de cómics y profesor de guión.
Antes de Internet, antes de los efectos digitales, antes de los blu-rays y los smartphones, existió otro mundo. Un mundo en que los tebeos se vendían en quioscos, en que nunca sabías qué historia encontrarías en su interior y en que cuatro chicos locos por los cómics emprendieron el camino que les llevaría a convertirse en adultos. Julián M. Clemente se une al guionista y director de cine Helio Mira en una novela íntima, nostálgica y reveladora sobre la generación que creció leyendo, coleccionando, compartiendo y viviendo los cómics de superhéroes en la España de finales de los años ochenta, cuando no parecía haber nada más importante en el mundo.
La historia -nos cuenta Julián M. Clemente- está centrada en un aficionado a los cómics treintaañero, que después de ver la película de Los Vengadores tiene importantes motivos para echar la vista atrás y examinar sus años de instituto, que fueron del 85 al 89, coincidiendo con la época dorada del cómic de superhéroes en España y con su amistad con otros tres chicos, así que básicamente recordamos esos años y la manera en que los cómics y otras muchas cosas, como la televisión, los estudios, las chicas, etc, influía en la vida de estos chavales, aunque con mucha más importancia sobre los cómics que sobre todo lo demás, porque están verdaderamente locos por los cómics.
Se trata -añade Helio mira- de contar un momento tan determinante en la vida de una serie de personajes como suele ser la adolescencia, y ver cómo el hecho de que fueran lectores de cómics y aficionados a todo tipo de cultura popular pudo influir tanto en su proceso de supuesta maduración, como en la relación entre ellos y en su entorno (familia, estudios, relaciones, etc).
La amistad como eje central
Yo creo -asegura Clemente- que principal de la novela es la historia de la amistad de esos chavales. Estamos hablando de cómics todo el rato, pero a fin de cuentas de lo que hablamos es del tipo de amistad que sólo puedes tener cuando eres adolescente.
Desde luego -añade Helio-, pero también su afición compartida a los cómics de la época. Sin un elemento o el otro, el libro no tendría el sentido que buscábamos. La idea era que una cosa y la otra se retroalimentaran de la manera más orgánica posible.
Con 14 o 20 años las amistades son más intensas y las aventuras más vividas, si además te gustaban los tebeos, tenias ese plus de pasión y disfrute compartida o no, que no pueden entender los que no les gustan.
El proceso de maduración que narráis en la novela se da en los personajes, pero felizmente, también se ha dio en el mundo del cómic de superhéroes gracias a tipos como Alan Moore o Frank Miller.
Hay de todo -añade Helio-. Desde los que dejaron los superhéroes hasta los que pasaron a preferir otras opciones lectoras, pasando por los que a día de hoy no han cambiado ni un ápice de sus gustos comiqueros, ni por supuesto de su manera de afrontar cualquier otro aspecto de su vida. Lo que entronca de lleno con la temática del libro.
Cuando voy al pueblo es muy agradable quedar con ellos y hablar de cómo van las cosas -confiesa Julián-. Te das cuenta que, aunque nuestra vida sea totalmente distinta, es como si no hubieran pasado los años.
La búsqueda de los tebeos: Una odisea
Una época en la que conseguir los tebeos no era fácil, y podías tardar años para encontrar un número que te faltase, como nos cuenta Julián Clemente: "Yo era un lector de provincias, pero de provincias provincias, y lo tenía realmente difícil en muchos casos. Conseguir atrasados era una utopía. Cuando descubrí las librerías especializadas y que hacían envíos a provincias fue un gran alivio, y esperar el paquete era una cuenta atrás eterna".
Un poco como se cuenta en el libro -continúa Helio-. De kiosco en kiosco primero: sabíamos qué series solían llegar a según cuáles. Luego, haciendo amistad con el distribuidor de prensa y revistas de la zona. Más tarde, en la librería supuestamente especializada en cómics de nuestra ciudad, a la que aunque parezca mentira a veces llegaban menos títulos que a los propios kioscos del principio. Finalmente, haciendo pedidos ingentes a las librerías de cómics de Madrid.
Los ochenta fueron tiempos difíciles para conseguir todos los tebeos que le podían gustar a un chico, no solo por la falta de dinero y la gran variedad de publicaciones, sino porque dependiendo de donde vivieses los tebeos no solían llegar asiduamente a los quioscos.
Tiempos sin Internet en que las informaciones llegaban a través de los correos de los propios cómics, en donde se crearon obras muy potentes que aún perduran y en donde las sorpresas y descubrimientos leyendo esas historias eran mucho más auténticas y marcadas.
La búsqueda de los cómics no era fácil en aquella época y para estos cuatro chavales fue una fuente constante de divertidas anécdotas: "En el libro están la mayoría de esas anécdotas -asegura Clemente-, no sólo las nuestras, sino las que nos han contado muchos amigos.
Mía es por ejemplo la del quiosco donde aparece el 6 de La Patrulla X de la editorial Surco (Que contenía la muerte de Fénix, una de las historias más importantes del cómic americano) y el quiosquero lo deja más barato, porque no sabe que es una pieza de coleccionismo. ¡Creo que todos los libreros deberían comportarse así! No me gusta nada que un librero, o cualquier otra persona, especule con los precios de los cómics. Esto debería ser un negocio mucho más amable de lo que a veces llega a ser. Helio tiene un montón de anécdotas más".
"Aunque convenientemente ficcionadas -comenta Helio- están casi todas en el libro. Supongo que aquella en la que huímos en vespino de nuestro terrible librero tras atentar contra su establecimiento se lleva la palma. Nos había dejado sin los cómics del mes por no pagarle al distribuidor, y cargaba contra nosotros por malos clientes (¡cuando éramos los únicos que tenía!). Íbamos tres mochuelos subidos en la moto, con lo que el motor no daba a basto y el tío casi nos alcanza a la carrera".
El Cobra, el librero de la novela, existía y existe, y es el único de todo el libro que no ha sido ficcionado: se le retrata tan cual fue porque no había manera de inventar a semejante pájaro, era imposible que aquí la ficción superara a la realidad, es el supervillano de barrio perfecto.
El Cobra está teniendo su repercusión, surge en todas las entrevistas y nos han llegado correos pidiéndonos un spin off. Gracias a mi amigo y paisano, el escritor Alberto López Aroca, acabo de descubrir un par de detalles que no conocía: tuvo que huir de nuestra ciudad porque adeudaba dinero, y llegó a montarse un negocio de cazafantasmas. Dos detalles muy acordes con lo que ya sabíamos de él, y que hubieran aparecido en el libro si me llego a enterar a tiempo.
Qué pena no haber sabido esas cosas a tiempo, porque todavía nos lo habríamos pasado mejor con el personaje. Es curioso lo mucho que ha gustado El Cobra.

La época dorada del cómic de superhéroes en España
La generación forum es la nuestra -asegura Julián-. Si miras los correos de la época, la gente que hacía fanzines, ahí estamos todos nosotros y un montón de gente más que conocemos o que hemos llegado a conocer de mayor. Creo que fue tan importante para nosotros porque se publicaron cómics trascendentales, como Watchmen o Dark Knight, que cambiaron la manera de hacer los tebeos, y eso además nos$[\ldots]$ llegó en un momento en que estábamos en una edad muy particular, en que todo lo amplificas y lo ves con mucha más pasión.
Fue importante para una generación lectora -continúa Helio- porque coincidieron la maduración de un medio y de un género (el de superhéroes) con la de de esos propios lectores que nos encontrábamos en algún punto entre los 12 y los 18 años. Siempre he pensado que si no hubieran aparecido en aquel momento cómics como Watchmen o Dark Knight, yo hubiera dejado de ser lector. Pero ocurrió, ahí había un salto cualitativo, era algo nuevo y más adulto y los cómics parecían seguirnos el paso.
Cada momento tiene un cómic trascendental -señala Julián-. El 6 de La Patrulla X de Surco fue un anécdota imposible en una época, y luego estuvo Crisis, y luego estuvo Sandman, y luego estuvo New X-Men de Morrison. Siempre hay si no uno, unos cuantos cómics de los que te quedas prendado y que no puedes soltar durante una temporada, hasta que llega otro.
Supongo que los comentados Watchmen y Dark Knight -asegura Helio-. Hasta entonces creo que el que más me había impresionado había sido la muerte de Gwen Stacy (La novia de Spiderman). Ver ese grado de dramatismo en un tebeo de Spìderman me impresionó realmente, recuerdo leerlo una y otra vez y no dejar de hacerlo prácticamente hasta hoy.
Para nosotros, la muerte de Fénix era fundamental. Más importante incluso lo que simbolizaba que lo que era realmente. Creo que durante mucho tiempo fue el cómic más buscado de nuestra generación, y luego, cuando fue accesible, el cómic favorito de muchos, quizás hasta que Watchmen le quitó el puesto. Para mí, simbolizaba el momento en que La Patrulla-X se había convertido en el cómic que no podías dejar de leer.
En la actualidad, los controles de calidad en las ediciones españolas de Marvel son muy exigentes. En los lanzamientos de cada título, se ha reducido enormemente la distancia con la edición americana. No es difícil conseguir números atrasados. Y por si ello no bastara, a través de Internet, y aunque vivamos en el pueblo más aislado, podemos estar al tanto de las novedades en tiempo real. Todo eso, objetivamente, es una gran ventaja para el lector. Pero en los ochenta, cuando conseguir un determinado tebeo era una tarea casi imposible, me da la impresión de que valorábamos mucho más el coleccionismo, y cualquier hallazgo nos hacía enormemente felices. ¿Estáis de acuerdo o es que la nostalgia me lleva a mitificar aquella época?
Claro que se mitifica todo tiempo en que uno fue feliz.
Tiene de mitificación, como antes se han mitificado los sesenta, y ahora le ha tocado a los ochenta y le empieza a tocar a los noventa en algunas cosas (fundamentalmente en la música). Pero también es cierto que es una época de renacimiento de los cómics. Los setenta no fueron tan rupturistas e interesantes. Y los noventa fueron un horror.
Imaginaos por un momento que retornáis a esa segunda mitad de los ochenta, y que con vuestro modo de entender los tebeos de aquel entonces, alguien os diera a leer un cómic de superhéroes actual, como los de la línea Marvel Now! Ha cambiado bastante la narrativa, y eso es interesante. De hecho, a los lectores nos ha costado adaptarnos a esa narrativa. Pero me imagino un lector de los ochenta empatizando con muchos de los tebeos que se han hecho en los 2000.
Del cómic a la novela: Un proceso creativo
En principio, Los chicos que coleccionaban tebeos iba a ser un cómic dibujado por Víctor Gómez. Habladme del proceso previo. Helio: Lo de escribirlo juntos resultó del hecho de que los dos teníamos en la cabeza hacer algo parecido, y al ser amigos y estar permanentemente maquinando proyectos en común, la ocasión se presentaba cristalina. El proyecto pasó de ser un tebeo a una novela gracias al ojo avispado de nuestro editor, Alejandro M.
Julián: Sé que es raro escribir una novela a cuatro manos, pero nosotros la trabajamos como un guión de cine, y aquí sí es mucho más habitual trabajar en equipo.
Helio, como guionista y director, ¿te has planteado Los chicos que coleccionaban tebeos de una manera visual? No se lo cuentes a nadie, pero nos estamos peleando con ello. Es una adaptación mucho más complicada de lo que pueda parecer. Hay que darle la vuelta como a un calcetín para que funcione. Esta historia en audiovisual sería lo mismo, pero no igual. Un jaleo.
Helio, he leído que, entre tus próximos guiones, figura el de un cómic. Es una novela gráfica que está dibujando mi amiga, la gran Carla Berrocal. Nos ha contratado el proyecto EDT, y estamos en ello, lentos pero seguros. Es la cruenta historia de un lider mapuche revolucionario contra el invasor español, en Chile, en el siglo XVI. Las páginas que nos van llegando de Carla son tan afiladas como la propia historia, son completamente alucinantes, lo mejor de su carrera sin duda. Se lo intento poner difícil con el guión, pero ella siempre es más rápida. Así que nos estamos divirtiendo mucho.
Julián, también has participado en la edición española del libro de Sean Howe, Marvel Comics: La historia jamás contada, coescribiendo un capítulo especial sobre la historia de Marvel en España. Lo menciono porque Los chicos que coleccionaban tebeos se complementa, en clave emocional, con esa misma historia. Es muy divertido, porque aunque no los escribí a la vez, sí los corregí a la vez, y a veces confundía un libro con el otro. En mi imaginario, están enlazados y se complementan. Uno es Marvel desde dentro, otro son los tebeos desde fuera. Y ambos me están dando muchísimas satisfacciones.
En los 70 los cómics de superhéroes llegaron a España gracias a la editorial Vértice, que los publicó de forma atroz: en blanco y negro, con páginas y viñetas remontadas y retocadas, ningún respeto por la continuidad de los episodios, y a un precio muy elevado para la época.... y aún así triunfaron. Pero a mitad de los años 80 dos editoriales (Forum y Zinco) nos ofrecieron las primeras versiones, más o menos fieles, a los cómics originales, marcando a toda una generación como al actual editor de Marvel en España (Julián M. Clemente) y al Guionista y director de cine Helio Mira, que han plasmando sus recuerdos en la novela Los chicos que coleccionaban tebeos (Panini), la historia de la amistad de cuatro chavales y su descubrimiento de un universo mágico: los cómics de superhéroes.
Tendría que ser Víctor Gómez, que para eso ha hecho la portada y estuvo implicado en el proyecto desde el principio, cuando de hecho esto iba a ser un tebeo -concreta Helio-.

El legado de los cómics y la cultura pop
Los adolescentes de los ochenta aprendimos a entender la vida a través de la cultura popular, y en concreto, a través del cine, la televisión y los tebeos.
Grant Morrison asegura en Supergods. Héroes, mitos e historias del cómic, que «las historias de superhéroes se destilan en los niveles supuestamente más bajos de nuestra cultura, pero, al igual que la base de un holograma, contienen en su interior todos los sueños y miedos de generaciones enteras, en forma de intensas miniaturas.
En varios momentos de la novela, se recuerda la famosa de Jack Kirby, «los cómics te romperán el corazón». Si acaso, para desmentirla. Porque más allá de romper el corazón, los cómics suponen para los personajes una puerta para la amistad, para convertir una edad complicada, la adolescencia, en algo digno de recordar, a la que volver incluso desde la nostalgia. Compartir la emoción de ls búsqueda y el placer de la lectura une mucho. No es necesario pertenecer a la misma generación que los personajes y ni siquiera hace falta tener gustos comunes para sentirse en comunión con esta historia.
Por encima de épocas y acontecimientos concretos, por encima incluso de la temática de superhéroes y del fandom, lo que destaca en esta novela es el profundo y apasionado amor hacia el coleccionismo. Y, al fin y al cabo, poco importa el objeto de nuestros deseos, ya sea un cómic de superhéroes o una primera edición de Lorca, porque el destino de estos es el nuestro, ya que sin ellos no existiríamos como seres verdaderamente humanos.
No creo que el encanto se haya perdido, igual somos nosotros que alcanzamos ciertas edades más desencantadas. Pero un consejo: hay que luchar contra eso, crecer no significa dejar de disfrutar de las cosas que te puedan hacer feliz y esto es algo que salva a más de un personaje de esta novela, e incluso a nosotros mismos como autores. Me sorprende lo mal que crecen algunos, he de decir.
En cuanto a lo de que a nadie le sorprenda ya una sección de cómics en un lugar como este, pues es una nueva prueba de la normalización general de cierto tipo de ficción. Algo predecible. No olvidemos que la cultura es ante todo un juego social bastante orgánico y en constante evolución.
Yo no sólo no creo que se haya perdido, sino todo lo contrario. Y al hilo de lo que decía Helio, creo que ahora hay más gente que sigue disfrutando de lo que le gusta por más que haya crecido. Hay una parte de la madurez mal entendida que consiste en dejar de comprar tebeos o ir al cine o dejar de escuchar música. Antes estaba mal visto ser adulto y leer cómics.
Los chicos que coleccionaban tebeos logra transmitir la pasión por los cómics pero, sobre todo, la pasión por la vida y la verdadera amistad, en un libro absolutamente recomendable para todo tipo de lectores, incluso los que no han leído un tebeo en su vida.
Qué nos contó MAX: exposición retrospectiva 1974-2000
En cuanto a sus proyectos, Julián nos avanza algunos títulos imprescindibles de 2013: "Marvel Now! es la prioridad absoluta. Y luego tenemos el libro de Sean Howe, Marvel Comics: La historia jamás contada, que sale ahora también y es fabuloso. Estoy muy contento de haber podido aportar un capítulo extra que he escrito con Alejandro, sobre la historia de Marvel en España, porque nunca se había contado, al menos no de manera tan completa. Además, me gustaría hacer más cosas con Helio y alguna idea tenemos que es muy chula. Pero es un hombre muy ocupado, y yo tampoco es que tenga tiempo libre, así que tenemos que ver cuándo es el momento propicio".
En cuanto a helio: "Sigo con mis guiones de películas y de series de televisión, de los cuales algunos se rodarán y otros muchos no, como siempre. También sigo paseando mi cortometraje por festivales de medio mundo a la espera de rodar una peli un día de estos. Ando construyendo un blog sobre el cómic en cine y escribiendo el guion de un tebeo para la gran dibujante Carla Berrocal, que publicará EDT. Van a ser casi 200 páginas de "novela gráfica", y vistas las primeras planchas me atrevo a afirmar que os va a encantar como poco".
