Novela Gráfica Colombiana: Un Espejo de la Historia y la Resiliencia

La novela gráfica colombiana se ha consolidado en los últimos años como un poderoso medio para explorar y narrar las complejas historias que ha dejado la guerra en Colombia. A diferencia de los reportes académicos o las sentencias judiciales, que a menudo tienen pocos lectores, la novela gráfica ofrece una vía atractiva y accesible para comprender la realidad del país, alcanzando a un público más amplio.

“Lo que el cómic te da es una lectura rápida, fácil, atractiva”, afirma el ilustrador español Javier de Isusi, autor de Transparentes. Esta obra recoge la experiencia del exilio colombiano derivado del conflicto armado interno de más de cincuenta años, el más antiguo de América Latina. “Las personas siempre necesitamos contarnos historias para entender la realidad y el cómic es una manera que aprovecha el vehículo de los dibujos”, añade Isusi. “El texto te puede aportar los hechos, pero el dibujo entra por otro lugar distinto al cerebro: no entra por un lugar tan cognitivo como es la letra sino por un lugar más sensorial. Los dibujos siempre permiten entrar por el lado de la emoción”.

Ilustración de una mujer colombiana exiliada

Transparentes, publicada en 2021, se inspiró en historias de colombianos exiliados, como la de una mujer en Burdeos que busca la verdad sobre su madre desaparecida en un centro de tortura. El horizonte de este trabajo, según Carlos Beristain, uno de los representantes de la Comisión de la Verdad, es la no repetición. La novela gráfica se gestó tras el Acuerdo de Paz de 2016 entre el Gobierno colombiano y las FARC, que buscaba ampliar el debate sobre la memoria colectiva de la guerra. La Comisión de la Verdad facilitó el acceso del ilustrador a documentos, testimonios y reuniones con familiares de exiliados.

“Quienes nos fuimos de Colombia nos volvimos transparentes a los ojos de los que se quedaron”, expresa uno de los personajes en la novela, reflejando la sensación de invisibilidad de los exiliados. Cifras de la ACNUR indican que entre 2000 y 2012, al menos 400.000 colombianos se vieron forzados al exilio.

El Cómic Documental y la Reconstrucción de la Memoria

El cómic documental se presenta como un género con un gran potencial para la memoria visual. El ilustrador colombiano Pablo Guerra, fundador de Cohete Comics, explica que en este género es evidente que lo que se reporta sobre el conflicto armado está mediado por el ilustrador. “Es imposible ignorar que se trata de un dibujo, una caricatura, y no una foto”, pero precisamente por eso, tiene la capacidad de volver a recordar visualmente aquello que ninguna cámara pudo registrar, solo la memoria.

Guerra es coautor de Caminos Condenados (2016), un cómic documental basado en un estudio académico sobre el desplazamiento forzado de campesinos en Montes de María. La obra narra cómo empresas madereras se apropiaron de terrenos abandonados por campesinos durante la violencia, con frases como: “Nos están enterrando en nuestra propia casa”.

Mapa de la región de Montes de María en Colombia

“Un cómic está hecho de viñetas en secuencia, pero tenemos el reto de, a partir de esas viñetas, reconstruir un territorio, y cada viñeta era una ventana a cómo ese territorio es recordado por alguien”, comenta Guerra. Además de dirigir Cohete Comics, ha coescrito La Palizúa y Sin Mascar Palabra, novelas gráficas del Centro de Memoria Histórica sobre comunidades campesinas desplazadas. Estas obras surgieron a petición de las comunidades como parte de su proceso de reparación.

Las cifras oficiales revelan que al menos seis millones de personas fueron desplazadas de sus hogares durante el conflicto armado en Colombia. La novela gráfica se convierte así en una herramienta fundamental para dar voz a estas experiencias y visibilizar las consecuencias de la guerra.

Narrativas Gráficas sobre la Víctimización y la Desmovilización

La novela gráfica no solo aborda la experiencia de las víctimas, sino también la de los victimarios. En el ombligo, de Gala Rocabert Navarro y Anna-Lina Mattar, ganadora del Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac-Salamandra Graphic en 2020, se centra en los desmovilizados de las FARC. La obra, inspirada en hechos reales, narra la historia de una estudiante de ciencias sociales que voluntariamente se integra en un territorio de transición para guerrilleros.

“Después de tantos meses aquí, noto que hay quienes todavía no confían en mí”, dice la estudiante, reflejando la desconfianza y los miedos que deja la guerra. El formato de diario de campo del libro, con viñetas abiertas y fragmentos de texto, se considera menos invasivo para retratar temas íntimos en comparación con el documental o el ensayo fotográfico. “Un dibujante, en cambio, es más silencioso: escucha con calma y luego dibuja”, explica Mattar.

Gala Rocabert Navarro ve la novela gráfica como una oportunidad para llegar a un público más amplio, trascendiendo la polarización. “Lo que he intentado en el libro es trascender esa polarización, he intentado ir más allá”, afirma, enfocándose en personajes cotidianos para construir la paz desde la base y superar el discurso de la guerra que separa víctimas y victimarios.

El Posconflicto en Viñetas: Desafíos y Esperanzas

Las novelas gráficas del posconflicto colombiano reflejan la dificultad de la paz, que va más allá de los discursos políticos y acuerdos legales. Los exiliados temen regresar, los desplazados luchan por reconstruir sus vidas, y los excombatientes desmovilizados no siempre reciben el apoyo prometido. Desde finales de 2016, se estima que casi 300 excombatientes han sido asesinados, evidenciando que el posconflicto es un proceso más arduo de lo anticipado.

Tierra Removida, una novela gráfica escrita por Tanilo Errazuriz y publicada por la organización Somos CaPAZes, aborda la problemática de las minas antipersona. La historia sigue a una mujer que viaja con el cadáver de su padre a su pueblo natal para enterrarlo, solo para descubrir que el cementerio está minado. El cómic critica la lentitud e ineficacia del gobierno en el proceso de desminado.

Imagen de un campo minado y símbolos de advertencia

“Hace 15 años que no enterramos a nadie”, lamenta el alcalde del pueblo en la novela, donde un policía, un ex-FARC y un ex-paramilitar logran colaborar a pesar de su pasado. Los personajes, como en otras obras, se basan en historias reales, transmitiendo un mensaje de reconciliación y esperanza: “Es hora de revolver la tierra y resembrar”.

Esta novela gráfica surgió tras un estudio que reveló que el 85% de los jóvenes en municipios golpeados por el conflicto pensaban que no había habido avances en el acuerdo de paz de 2016. El objetivo era dialogar con estos jóvenes sin darles una cátedra, sino invitándolos a reflexionar.

El ilustrador Miguel Vallejo, conocido como Gusanillo, considera que Colombia vive un renacimiento del género de la historieta. Recuerda el esfuerzo pionero de Orlando Fals Borda en los años setenta, quien intentó hacer cómics sobre movimientos campesinos. “Ahora sí siento que tenemos una oportunidad para volver a contar esa historia, nuestra historia, en nuestros propios términos”, afirma Vallejo.

La Ciencia Ficción y la Construcción de Futuros Alternativos

En el ámbito de la ciencia ficción, novelas gráficas como Robotrópico exploran futuros distópicos y alternativos de Colombia y Latinoamérica. Creada por Andrés Barragán y Guillermo Torres, la obra se inspira en la experiencia de la pandemia del COVID-19 y reflexiona sobre la tecnocracia, la inteligencia artificial y la resistencia humana.

Ilustración futurista de una ciudad colombiana con elementos robóticos

Robotrópico se sitúa en 2073, en un escenario post-pandémico donde la “Generación 19” llega al poder con un modelo tecnocrático. La historia presenta la Resistencia Antrópica, un movimiento que se opone a las tecnologías robóticas. La estética de la novela gráfica busca reflejar la diversidad colombiana, inspirándose en imaginarios ancestrales y ecosistemas locales.

“Queríamos diversidad porque pensamos que Colombia al final es un gran sancocho de cosas y eso es lo que nos define”, explica Guillermo Torres sobre la estética de la obra, que utiliza múltiples estilos gráficos para representar la riqueza cultural del país.

El Diálogo entre Filosofía y Novela Gráfica

La novela gráfica, como género híbrido que une imagen y texto, abre nuevas posibilidades para el diálogo con la filosofía. La complejidad de su forma y contenido permite abordar temáticas profundas y reflexivas, invitando a una lectura a un nivel distinto, que combina la percepción estética con la recreación intelectual.

La obra de Gilles Deleuze y Félix Guattari, especialmente su concepto de "literatura menor", ofrece un marco para entender cómo la novela gráfica puede funcionar como un espacio de pensamiento subversivo y rebelde. Al igual que la literatura, la novela gráfica puede producir afectos, líneas y posibilidades de vida, cuestionando las estructuras y discursos dominantes.

En definitiva, la novela gráfica colombiana se erige como un espejo de la historia, la resiliencia y las aspiraciones de un país en proceso de construcción de paz. A través de sus diversas narrativas, este género artístico invita a la reflexión, al diálogo y a la comprensión profunda de las realidades que han marcado y continúan marcando la identidad colombiana.

La memoria histórica disputada en Colombia

tags: #novela #grafica #colombiana