"No te vayas": Un viaje al abismo de la paranoia y el miedo a la pérdida

Siempre he tenido una tendencia irrefrenable a fantasear, pero no me refiero a la manera ensoñadora y alegre de imaginar cosas de colorines, no. Me refiero a fantasear en el sentido más oscuro y dramático posible, a imaginar siempre lo peor.

Jordan Crane (1973, Estados Unidos) es uno de esos autores de cómic independiente sin una bibliografía especialmente extensa, pero con gran número de seguidores. Su obra Uptight consiguió los premios Ignatz en 2009 a mejor cómic y mejor serie, y en cada número de esta serie aparecían dos historias cortas y 20 páginas de la que sería su siguiente novela gráfica, Keeping Two, o como la ha traducido La Cúpula en esta edición en la que recopila toda la historia al completo, No te vayas.

La carrera de Jordan Crane ha estado muy dispersa entre las casi tres décadas que lleva dedicándose al arte. Desde 1996, cuando el autor se dio a conocer con su antología autoeditada Non, Crane ha intercalado distintos trabajos como diseñador, editor, grabador, archivista y más junto a la creación de cómics. Y aunque no son muchos, con todos ellos ha cosechado una gran acogida, visible en sus múltiples nominaciones (y galardones) en los premios Ignatz. Entre sus trabajos más destacados le hemos visto publicar con Fantagraphics The Last Lonely Saturday (2007) y The Clouds Above (2008), además de la premiada antología Uptight. En España hemos visto llegar sus obras en sentido inverso, con Bang Ediciones adelantándose a todos con Por encima de las nubes (2007), para más tarde encontrar a La Cúpula recuperando su Último Sábado de Soledad (2016).

Keeping Two se estrenó el pasado 2022 una vez más de la mano de Fantagraphics, pero su génesis se encuentra repartida a lo largo de los últimos veinte años. Hablamos de una obra que Crane comenzó a dibujar alrededor del año 2000, y de la que hemos visto algunos capítulos publicados tanto en formato webcomic como dentro de la citada antología Uptight. Traducido en español como No te vayas, el cómic nos presenta a Will y Connie, una pareja corriente que regresa a casa tras un largo viaje en coche en el que han tenido alguna que otra bronca. Connie decide salir a comprar mientras Will se encarga de ordenar la cocina, pero según pasan las horas, este comienza a percatarse de que Connie tarda demasiado en regresar. Y eso lo lleva a empezar a especular con lo que le puede haber pasado.

Como dice el propio autor en entrevistas, si tuviéramos en cuenta únicamente la trama, No te vayas sería probablemente el cómic más aburrido del mundo. A fin de cuentas, los eventos que tienen lugar son poco más que lo descrito en la sinopsis. Pero es que estamos hablando de un cómic diferente, un cómic que más que leerse se siente. Jordan Crane aborda una sensación muy sencilla: la de no conseguir contactar con un ser querido y empezar a emparanoiarse con que pueda haberle pasado algo. Con que la última vez que hablamos con él pueda haber sido la última de verdad.

Will y Connie acaban de volver de un viaje. Tienen la despensa casi vacía y la pila de platos sucios hasta arriba por lo que, mientras Will recoge la cocina, ella se acerca al supermercado a comprar algo para comer. Justo antes de salir, Will hace un par de llamadas. Al mismo tiempo se entera de que el perro de su madre y el hermano del compañero de piso de su mejor amigo han fallecido. Bromean comentando ese dicho de que las muertes vienen de tres en tres.

La mente de Will se llena de espantosas secuencias en las que Connie nunca regresa tras ser asaltada por un vagabundo o atropellada por un conductor borracho. De hecho, llega verse a sí mismo totalmente deshecho, abrumado por el arrepentimiento, tras haberla perdido para siempre. La ansiedad lo devora: ¿no está tardando Connie demasiado en volver? Sin embargo, no hay nada de lo que preocuparse, porque entre lo que pasa en la cabeza de uno y lo que pasa en realidad media siempre una gran distancia, ¿verdad?

La novela gráfica de Jordan Crane tiene unas considerables virtudes: un dibujo caricaturesco, pero claro y preciso; unos diálogos sencillos y creíbles; y, sobre todo, una narración tensa en la que una circunstancia de lo más mundana y común se vuelve progresivamente angustiosa y paranoica.

La magia de No te vayas consiste en tomar unas decisiones de estilo que en la mayoría de los casos podrían ir en contra de la obra y convertirlas en herramientas imprescindibles para que la experiencia funcione como un tiro. Crane opta por una distribución fija en casi todo el libro de cuadrícula regular de 2×3 viñetas cuadradas, todas ellas coloreadas únicamente en distintos niveles de verde.

Lo mismo sucede con la estructura narrativa de la obra, y es que la historia creada por Crane, lejos de ser lineal, está compuesta por una superposición abrumadora de líneas narrativas. Tenemos una historia real, por decirlo de algún modo, con constantes flashbacks, y tenemos un gran número de representaciones de las catastrofistas especulaciones del personaje de Will sobre la demora de su mujer. Incluso tenemos una historia-dentro-de-la-historia, correspondiente a la representación de una novela que los personajes leen en distintos momentos de la trama para pasar el rato.

Esto debería hacer de No te vayas una lectura pesada y extremadamente confusa, pero Crane logra hacer de ello las herramientas necesarias para convertir su cómic en una experiencia inmersiva fascinante. Con su esquema visual fijo, el autor logra meternos de lleno en la rutina completamente ordinaria de la pareja protagonista, una pareja de personas normales como cualquiera de nosotros, y ahogarnos poco a poco en sus preocupaciones.

La historia paralela con la pareja que ha perdido a su bebé plantea una depresión posparto terrible, con una sensación de vacío representada gráficamente con brillantez y con otro potente recurso como las escenas sin transición en las que alterna imágenes de ideas suicidas que se viven en silencio durante una escena cotidiana. Esas viñetas a modo de pensamiento flash se repiten a lo largo de toda la obra, y consiguen un efecto bastante eficaz para producir desasosiego.

La edición de La Cúpula es realmente bonita, con los bordes redondeados y un bitono en verde neón que parece amable pero acaba contribuyendo, con la saturación del color, al efecto opresivo de determinados pasajes, y me ha resultado interesante.

Evidentemente, la gran pega de una obra de este tipo es que no se puede leer de ninguna manera que no sea de una sentada. Lo que Jordan Crane trata de hacer aquí es transmitir una sensación, muy similar (salvando las distancias temáticas) a lo que Maria Llovet lograba en Loud!, creando una experiencia que se va desbocando y envuelve al lector como un barco atrapado en medio de una tormenta. Tal es la intención de Crane, que incluso optó expresamente por eliminar los números de página para contribuir a la inmersión, sin permitir que nada nos distraiga de la lectura. Por todas estas razones, todo lo que no sea leer el libro completo del tirón romperá el hechizo.

En definitiva, No te vayas es un ejemplo muy claro de las posibilidades que nos ofrece el cómic cuando se explotan sus características con inteligencia. Jordan Crane nos plasma esa paranoia de imaginarnos que le ha pasado algo a alguien a quien queremos, y lo hace con una obra que es un auténtico prodigio de narrativa. Esta es una situación que a todos nos puede resultar familiar.

No te vayas es un drama sobre la memoria, los recuerdos y el tiempo compartido. Un relato múltiple que con tacto poético y dejes sentimentales escarba en la estupefacción y el dolor atroz que sentimos ante la desaparición de los seres queridos.

Portada de la novela gráfica

El cómic nos presenta a Will y Connie, una pareja corriente que regresa a casa tras un largo viaje en coche en el que han tenido alguna que otra bronca. Connie decide salir a comprar mientras Will se encarga de ordenar la cocina, pero según pasan las horas, este comienza a percatarse de que Connie tarda demasiado en regresar.

Si tuviéramos en cuenta únicamente la trama, No te vayas sería probablemente el cómic más aburrido del mundo. A fin de cuentas, los eventos que tienen lugar son poco más que lo descrito en la sinopsis.

La magia de No te vayas consiste en tomar unas decisiones de estilo que en la mayoría de los casos podrían ir en contra de la obra y convertirlas en herramientas imprescindibles para que la experiencia funcione como un tiro.

Crane opta por una distribución fija en casi todo el libro de cuadrícula regular de 2×3 viñetas cuadradas, todas ellas coloreadas únicamente en distintos niveles de verde.

La historia creada por Crane, lejos de ser lineal, está compuesta por una superposición abrumadora de líneas narrativas.

Tenemos una historia real, por decirlo de algún modo, con constantes flashbacks, y tenemos un gran número de representaciones de las catastrofistas especulaciones del personaje de Will sobre la demora de su mujer.

Incluso tenemos una historia-dentro-de-la-historia, correspondiente a la representación de una novela que los personajes leen en distintos momentos de la trama para pasar el rato.

Todo esto debería hacer de No te vayas una lectura pesada y extremadamente confusa, pero Crane logra hacer de ello las herramientas necesarias para convertir su cómic en una experiencia inmersiva fascinante.

Con su esquema visual fijo, el autor logra meternos de lleno en la rutina completamente ordinaria de la pareja protagonista, una pareja de personas normales como cualquiera de nosotros, y ahogarnos poco a poco en sus preocupaciones.

La gran pega de una obra de este tipo es que no se puede leer de ninguna manera que no sea de una sentada.

Lo que Jordan Crane trata de hacer aquí es transmitir una sensación, muy similar (salvando las distancias temáticas) a lo que Maria Llovet lograba en Loud!, creando una experiencia que se va desbocando y envuelve al lector como un barco atrapado en medio de una tormenta.

Tal es la intención de Crane, que incluso optó expresamente por eliminar los números de página para contribuir a la inmersión, sin permitir que nada nos distraiga de la lectura.

Todo lo que no sea leer el libro completo del tirón romperá el hechizo.

En definitiva, No te vayas es un ejemplo muy claro de las posibilidades que nos ofrece el cómic cuando se explotan sus características con inteligencia.

Jordan Crane nos plasma esa paranoia de imaginarnos que le ha pasado algo a alguien a quien queremos, y lo hace con una obra que es un auténtico prodigio de narrativa.

Cómo hice mi novela gráfica: Yo a ti tampoco | Jota Studio - Jorge García

Esta es una situación que a todos nos puede resultar familiar.

Una pareja joven, pero en la que se perciben grietas, dificultades. Connie y Will regresan enfurruñados de un viaje por carretera. Se ha producido, por una causa minia, una agria discusión entre ambos. Pero al llegar a casa, al reencontrarse con su ámbito común (y con su gato), hacen las paces. Para sellarla definitiva o provisionalmente, planean ver una peli juntos. Connie sale a comprar algo para picar, mientras que Will hace unas cuantas tareas caseras: barrer, fregar los platos, etcétera. Cuando acaba se pone a leer un libro que lleva a medias (este es un recurso de contrapunto narrativo que recuerda poderosamente a la novela “Tres noches” de Austin Wright, magníficamente adaptada por Tom Ford en su película de 2016 “Animales nocturnos”).

La historia está protagonizada por otra pareja, Daniel y Claire, que para escapar del recuerdo de una reciente tragedia doméstica, deciden hacer un viaje crucero… lo que será, sin duda, la peor decisión de sus vidas.

La lectura afecta a Will, lo inquieta, como una especie de espejo deformante de su vida. Eso desata lo que podríamos definir como “el infierno de la imaginación”.

Los minutos pasan lentamente, como siempre sucede cuando estamos nerviosos. Acaba de recibir dos noticias bastante horribles: ha fallecido el perro de su madre, así como un primo que padecía leucemia. Recuerda el viejo dicho: nunca hay dos desgracias sin una tercera.

Si tuviéramos en cuenta únicamente la trama, No te vayas sería probablemente el cómic más aburrido del mundo. A fin de cuentas, los eventos que tienen lugar son poco más que lo descrito en la sinopsis.

Pero es que estamos hablando de un cómic diferente, un cómic que más que leerse se siente.

Jordan Crane aborda una sensación muy sencilla: la de no conseguir contactar con un ser querido y empezar a emparanoiarse con que pueda haberle pasado algo. Con que la última vez que hablamos con él pueda haber sido la última de verdad.

La magia de No te vayas consiste en tomar unas decisiones de estilo que en la mayoría de los casos podrían ir en contra de la obra y convertirlas en herramientas imprescindibles para que la experiencia funcione como un tiro.

Crane opta por una distribución fija en casi todo el libro de cuadrícula regular de 2×3 viñetas cuadradas, todas ellas coloreadas únicamente en distintos niveles de verde.

Lo mismo sucede con la estructura narrativa de la obra, y es que la historia creada por Crane, lejos de ser lineal, está compuesta por una superposición abrumadora de líneas narrativas.

Tenemos una historia real, por decirlo de algún modo, con constantes flashbacks, y tenemos un gran número de representaciones de las catastrofistas especulaciones del personaje de Will sobre la demora de su mujer.

Incluso tenemos una historia-dentro-de-la-historia, correspondiente a la representación de una novela que los personajes leen en distintos momentos de la trama para pasar el rato.

Todo esto debería hacer de No te vayas una lectura pesada y extremadamente confusa, pero Crane logra hacer de ello las herramientas necesarias para convertir su cómic en una experiencia inmersiva fascinante.

Con su esquema visual fijo, el autor logra meternos de lleno en la rutina completamente ordinaria de la pareja protagonista, una pareja de personas normales como cualquiera de nosotros, y ahogarnos poco a poco en sus preocupaciones.

Evidentemente, la gran pega de una obra de este tipo es que no se puede leer de ninguna manera que no sea de una sentada.

Lo que Jordan Crane trata de hacer aquí es transmitir una sensación, muy similar (salvando las distancias temáticas) a lo que Maria Llovet lograba en Loud!, creando una experiencia que se va desbocando y envuelve al lector como un barco atrapado en medio de una tormenta.

Tal es la intención de Crane, que incluso optó expresamente por eliminar los números de página para contribuir a la inmersión, sin permitir que nada nos distraiga de la lectura.

Por todas estas razones, todo lo que no sea leer el libro completo del tirón romperá el hechizo.

En definitiva, No te vayas es un ejemplo muy claro de las posibilidades que nos ofrece el cómic cuando se explotan sus características con inteligencia.

Jordan Crane nos plasma esa paranoia de imaginarnos que le ha pasado algo a alguien a quien queremos, y lo hace con una obra que es un auténtico prodigio de narrativa.

Esta es una situación que a todos nos puede resultar familiar.

Una pareja joven, pero en la que se perciben grietas, dificultades. Connie y Will regresan enfurruñados de un viaje por carretera. Se ha producido, por una causa minia, una agria discusión entre ambos. Pero al llegar a casa, al reencontrarse con su ámbito común (y con su gato), hacen las paces. Para sellarla definitiva o provisionalmente, planean ver una peli juntos. Connie sale a comprar algo para picar, mientras que Will hace unas cuantas tareas caseras: barrer, fregar los platos, etcétera. Cuando acaba se pone a leer un libro que lleva a medias (este es un recurso de contrapunto narrativo que recuerda poderosamente a la novela “Tres noches” de Austin Wright, magníficamente adaptada por Tom Ford en su película de 2016 “Animales nocturnos”).

La historia está protagonizada por otra pareja, Daniel y Claire, que para escapar del recuerdo de una reciente tragedia doméstica, deciden hacer un viaje crucero… lo que ser, sin duda, la peor decisión de sus vidas.

La lectura afecta a Will, lo inquieta, como una especie de espejo deformante de su vida. Eso desata lo que podríamos definir como “el infierno de la imaginación”.

Los minutos pasan lentamente, como siempre sucede cuando estamos nerviosos. Acaba de recibir dos noticias bastante horribles: ha fallecido el perro de su madre, así como un primo que padecía leucemia. Recuerda el viejo dicho: nunca hay dos desgracias sin una tercera.

Su mente se llena de espantosas secuencias en las que Connie nunca regresa tras ser asaltada por un vagabundo o atropellada por un conductor borracho. De hecho, llega verse a sí mismo totalmente deshecho, abrumado por el arrepentimiento, tras haberla perdido para siempre.

La ansiedad lo devora: ¿no está tardando Connie demasiado en volver?

Sin embargo, no hay nada de lo que preocuparse, porque entre lo que pasa en la cabeza de uno y lo que pasa en realidad media siempre una gran distancia, ¿verdad?

Esta novela gráfica del norteamericano Jordan Crane tiene una unas considerables virtudes: un dibujo caricaturesco, pero claro y preciso; unos diálogos sencillos y creíbles; y, sobre todo, una narración tensa en la que una circunstancia de lo más mundana y común se vuelve progresivamente angustiosa y paranoica.

Quizás lo único que se le puede reprochar es que el verde monocromático que invade todo el cómic, aunque se justifica por la maravillosa escena onírica final, pueden volverse algo pesado tras unas cuantas decenas de páginas y quizás habría sido una buena idea mantener el blanco y negro con el que se publicó, originalmente, por entregas. Pero es un reproche menor a una obra excelente.

No te vayas es un drama sobre la memoria, los recuerdos y el tiempo compartido. Un relato múltiple que con tacto poético y dejes sentimentales escarba en la estupefacción y el dolor atroz que sentimos ante la desaparición de los seres queridos.

Ficha técnica:

Editorial Ediciones la Cúpula, S.L.
ISBN 9788418809804
Idioma Castellano
Número de páginas 324
Encuadernación Tapa blanda
Fecha de lanzamiento 19/10/2023
Año de edición 2023
Alto 21.0 cm
Ancho 14.0 cm
Infografía sobre la estructura narrativa de

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