Continuando con las hipótesis, hoy propongo desplazar el eje de la reflexión hacia el lector. Generalizando un poco, diría que existe un gran sector de lectores que sienten una profunda aversión por cualquier tipo de aproximación analítica al lenguaje del comic. Hemos visto muchos ejemplos en los debates que se han generado en Zona Negativa en los últimos meses. Un importante sector de lectores rechaza los esfuerzos por analizar el lenguaje del comic y tacha de pseudos-intelectuales o gafa pasta a los que lo intentan. Esta reacción es ciertamente curiosa.
Podría ser que a ciertos lectores no les interese el discurso sobre el comic, y eso es totalmente respetable. Pero lo que yo detecto no es sólo desinterés: es desprecio. Es el caso de los que intervienen para boicotear los debates. Si no les interesan estos debates ¿por qué participan? La respuesta es la siguiente: no es que el debate no les interese: es que lo temen.
Yo atribuyo esta reacción fundamentalista, inmadura y enormemente patética, al miedo. La mejor manera de eludir un debate en el que no se tienen argumentos es despreciándolo y ridiculizando al que propone ese debate. Me recuerda a los norteamericanos que odian a Woody Allen: “es un judío”… no, peor…“es un intelectual”. Lo mismo que les ocurre a los terratenientes de Texas con Woody Allen, les ocurre a los bloggeros saboteadores que temen que nuevas maneras de entender el comic barran la suya. Prefieren proteger al comic de los “intelectuales”; no quieren que evolucione la “mirada sobre el comic”; no quieren que madure, y se esfuerzan en mantenerlo aislado de otras disciplinas artísticas: quieren que el comic siga siendo una sub-cultura, y arremeten contra cualquier intento de abrirlo a otras artes.
Yo calificaría esta actitud de “atrincheramiento” que busca impedir que el comic se incorpore con naturalidad dentro del mundo del arte. Pero los debates sobre la transversalidad son necesarios porque la transversalidad existe. Por ejemplo, el Arte Conceptual no hubiese existido sin la existencia de los “Ensayos filosóficos”; y el grupo de rock KISS no hubiese existido sin la existencia de películas de terror de serie B. Todas las manifestaciones artísticas están interconectadas; incluso el género de los Superhéroes.
Echo de menos que en el debate sobre el comic se reflejen debates externos al comic y que se incorporen puntos de vista exógenos. Creo que en el comic se manifiestan muchos elementos de nuestra cultura, y que una mirada que no tenga en cuenta la dimensión social o cultural del comic, es una mirada pobre y, lo que es peor, falsa. El universo Marvel no es un universo autoconclusivo. A la vez que tiene una dinámica interna que evoluciona en cada episodio, es también un universo que refleja y reproduce universos exteriores; y de la misma manera que para comprender una saga se requiere leer todos los volúmenes o capítulos de la saga, también es útil analizar las relaciones que esta saga mantiene con otros relatos artísticos, teóricos o culturales.
Cuando estos fundamentalistas desprecian a los que citamos a Eco, Barthes o Greimas al analizar un comic, me recuerdan a ciertos sacerdotes; esos sacerdotes que insisten en que la Biblia se autoexplica a sí misma, y que afirman que lo que digan los arqueólogos, historiadores o biólogos son paparruchas y disquisiciones gratuitas. E insisto: no les desacreditan porque no estén de acuerdo con ellos. Lo hacen porque les temen, a ellos y a sus discursos.
