Nazo no Kanojo X: El Fanservice y la Exploración del Deseo en el Anime

El tópico preferencial del fanservice, el episodio playero alimenta y reproduce las fantasías del sujeto masculino (espectador y personaje) que construye, empleando cual lienzo al cuerpo femenino, un discurso simbólico acerca del deseo.

Visitar la playa se considera un evento especial: escapa al monótono ritmo cotidiano, predomina la diversión sobre la seriedad, se celebra el placer, la sensualidad, la corporalidad, la satisfacción del apetito. Exponer la piel con legitimidad, participar en juegos o confundirse bajo las olas incita, entre los jóvenes, al contacto, la desinhibición, el solaz erótico.

El escenario es carnavalesco y atrae las ilusiones más torrentosas del adolescente promedio porque enciende las expectativas de saciar su curiosidad mediante la revelación del cuerpo al descubierto, propiciando el lucimiento exuberante de la protagonista.

Chicas en bikini en la playa, estilo anime

Según la imaginación popular, las elevadas temperaturas del verano suelen vincularse con otro tipo de acaloramientos: morbo, excitación, pérdida del recato, furor sexual, impudicia. En concreto, se percibe un desplazamiento sensitivo hacia la corporalidad (minifaldas, ombligos destapados, hombros al aire, escotes más generosos): Tsubaki, con cierta inocencia, lleva esta fijación hasta límites insospechados.

Sus compañeros de clase encarnan la mañosería «común y corriente» del adolescente inexperto que pretende «catalogar» lo femenino adjudicándole categorías antojadizas que reflejen sus anhelos. Ponerle «calificaciones» a las alumnas en sukumizu suena grosero o estúpido, pero resulta normal o aceptable siguiendo la lógica de grupo masculina.

Tsubaki defrauda al espíritu colectivo, no logra graduarse como «hombre» (para conseguirlo, necesitaba realizar la criollada y actuar de voyeur), incluso un miserable palo de helado le machaca su falta de suerte. Además, queda en vergüenza en horas de educación física, un supuesto espacio de afirmación varonil.

Aunque la serie redunda en presentarlo (y reivindicarlo) como perdedor, y desestabilizar -mediante su actitud subordinada y torpe- las cándidas aspiraciones del orgullo masculino, también suele premiar su simpleza de espíritu, en especial cuando esa ingenuidad lo instiga a apartarse del comportamiento «normal» y asumir conductas «anómalas» como detenerse a oler el aroma de Urabe. Ese giro extravagante se manifiesta enfatizando la sensibilidad de Tsubaki por detalles inusuales, mostrando su ineludible atracción por cosas cuya percepción solemos obviar o evitar.

Podría afirmarse que Akira aprendió a captar la Realidad de forma «rara» y comunica su predisposición por capturar mediante su vista, olfato, gusto o tacto esos estímulos extraños, al punto que contagia su mirada al encuadre. Se concentra sobre la boca de Mikoto cuando sorbe el helado, ensimismándose con la saliva brillante resbalando por la paleta o enfocando su nuca donde destella una gota de sudor y, rato después, su amenazante ojo derecho de impenetrable pupila.

Primer plano de Mikoto Urabe lamiendo un helado

Sin recurrir -todavía- a tópicos relamidos del erotismo veraniego, se crea una escena que combina la serenidad superficial con ingredientes de tensión sexual bastante sutiles. Una pareja bajo un árbol protegiéndose de la lluvia recuerda al tradicional símbolo del paraguas, una imagen romántica desmitificada y reintegrada al mundo cotidiano. La proximidad entre novios quiebra la distancia y diluye la timidez.

Este sentimiento tiende una barrera y reprime la emotividad, pero también -vaya paradoja- intensifica la corriente del deseo, pues la supresión del impulso solo alimenta las ansias por complacerlo.

Nazo no Kanojo X recupera como signo y canal comunicativo los fluidos corporales, cuya materialidad y visceralidad es empleada como catalizador para transmitir los procesos orgánicos, incluidos los estados de ánimo, recuerdos o pensamientos (también circunstancias biológicas). Sin embargo, no limita su filosofía al mero mecanicismo, sino que rodea lo somático de poesía y romanticismo, incluso si el consumo de fluidos como saliva o sudor causan repulsión o suelen calificarse como partes asquerosas o despreciables de nuestro organismo, como residuos. Cada vivencia en pareja con Urabe implica el descubrimiento de una perla bajo un cúmulo de lodo. Solamente quienes se atreven a ensuciarse, mirar más allá del prejuicio, escarbar bajo la superficie y buscar entre la suciedad, alcanzarán ese premio y experimentarán ese sabor insuperable.

Se entrecruzan varias pulsiones irracionales: el asco, el anhelo de contacto físico, el ímpetu de transgresión. La saliva se asocia a conceptos negativos como «inmundicia» o «hediondez»: gracias a Mikoto, sirve de conducto sentimental para transportar una «evocación» en forma de éxtasis o visión.

La idea del tesoro escondido, reservado al alcance del observador más intrépido y desprejuiciado, puede extenderse a distintos niveles. Podría aplicarse a Mikoto, una chica catalogada de estrafalaria y antisocial, menospreciada, marginada o eludida por sus libidinosos compañeros de clases, quienes, pese a elaborar sus impúdicos rankings de voluptuosidad, jamás se imaginarían que Urabe, la excéntrica del salón, luciese unas curvas tan despampanantes.

Idéntica reflexión se emplearía para describir la recepción en general de Nazo no Kanojo X: ante un público sensible a cuestiones «repugnantes» o «rarezas» que bordean el fetiche, un espectador con suficiente coraje analítico y menos remilgos podrá disfrutar, en cambio, de quizá la love comedy de anime más original y encantadora en muchos años. El episodio playero lo comprueba.

Mikoto Urabe y Tsubaki Kyouta en la playa

Este evento es tradicional en series de picaresca adolescente con condimentos ecchi; sin embargo, pocos episodios de arena y bikinis merecen la etiqueta de memorables pues la mayoría se rigen por criterios esquemáticos y formulaicos, estructurándose mediante la reiteración obediente de tópicos o figuras recurrentes, por ejemplo, la costumbre de partir una sandía a mazazos, los encuentros con pulposas o viscosas criaturas acuáticas, untamientos de bronceador, etcétera. No obstante, es posible revitalizar las fórmulas, sea introduciéndole innovaciones, sea subvirtiéndolas.

Para resaltar la alegría, Nazo no Kanojo X traza primero el rastro pequeñas derrotas, en específico, la insatisfacción de Tsubaki porque la temporada de vacaciones se agota sin señales de progreso o acercamiento romántico con Urabe, salvo la rutina usual, ahora sin uniforme escolar. Aunque mantienen el activo el aspecto más orgánico del vínculo citándose cada tarde para efectuar el ritual de la dosis diaria, esa forma automática y reducida de ejercer el noviazgo genera frustración en Akira, pues había cifrado sus esperanzas juveniles en pasarse el verano disfrutando al máximo su nueva condición de muchacho emparejado: durante el aprendizaje de vida en pareja, la imitación cumple un papel fundamental.

Salir al cine, pasear por centros comerciales, citarse en parques de diversiones o ferias son acontecimientos típicos que constituyen un standard social, impuesto al sujeto como norma de conducta o aspiración ideal que moldea sus deseos. Las «opciones» de Urabe quiebran ese molde introduciendo a Tsubaki en formas más auténticas y novedosas de «crear recuerdos». Sin embargo, entablar una relación implica negociar, adoptar actitudes valientes y tomar la iniciativa cuando es necesario: ateniéndose al ritmo de Mikoto, esas semanas habrían transcurrido de manera monótona (incluso si obtuviera, en compensación, sueños espectaculares o magníficas sensaciones gustativas).

Lento de razonamiento, pero nada estúpido, Tsubaki comprende (tras varios silencios decepcionantes) que alcanzar sus objetivos supone comunicarlos, expresarlos, ponerlos a discusión. Sentándose a esperar, sus ilusiones y antojos jamás serían adivinados, porque, pese a estar conectados y comprender sus sentimientos, cargar exclusivamente en Urabe la responsabilidad de decidir cuándo ascender un nuevo escalón sería abusivo y descompensado. Además, Akira tampoco es un pelele carente de dinamismo: su curiosidad lo mueve a tomar determinaciones y actuar según una respetable escala de valores adscritos a la caballerosidad. Incluso, esa transparencia inocente para exponer sus afectos provoca en Mikoto reacciones explosivas, inusuales o inadecuadas en una jovencita, como vomitar saliva o sangrarle la nariz.

Entre ambos, usando un método bastante recatado, han aprendido a excitarse contagiándose -mediante las babas- sendas bombas de estímulos eróticos. Urabe rehuye a la afectuosidad intempestiva, detesta los abrazos súbitos y prohíbe los contactos sin previo consentimiento, pero juega con elegancia y sutileza al coqueteo pícaro, sin evadir sus aspectos más lascivos, integrándose al disfrute de las insinuaciones.

🔷 Nazo no Kanojo X | Resumen en 10 Minutos (más o menos)

Muchas teorías circulan acerca de la verdadera naturaleza de Mikoto Urabe. Algunos especularon acerca de cierta ascendencia alienígena, origen de sus espléndidas habilidades, en particular, el vínculo salival. La estridente y barroca imaginería de Ueshiba, sus churriguerescas elecciones de símbolos o decoraciones convierten el aparato de imágenes de Nazo no Kanojo X en una tupida y caótica telaraña de signos engañosos.

Según Mikoto, su baba es «común»: no contiene ningún ingrediente especial. Este episodio nos revela información adicional respecto de su situación familiar. Al privilegiar la perspectiva de Tsubaki, el carácter misterioso de Urabe se incrementa pues apenas accedemos por mínimos instantes a su complejo mundo interior y jamás ingresamos de lleno a vislumbrar su privacidad. Cualquier dato nos permite armar el rompecabezas de suposiciones alrededor de su enigmática identidad.

Mikoto menciona que pasará un domingo «donde vive su padre»: esta frase suena neutra, pero el lector ingenioso habrá captado de inmediato sus posibles implicancias. En tiempos recientes, la tasa de divorcios ha aumentado. Debido a los regímenes de custodia y visitación, vemos con frecuencia a niños y adolescentes pasando los fines de semana «en casa del padre». Una instancia de separación parental sigue considerándose traumática incluso si varias sociedades han abandonado el estigma contra los hijos de padres divorciados.

La negativa de Urabe a propiciar el contacto cercano, su personalidad oscura, tajante y huraña, su actitud de desgana y aburrimiento en la escuela, su desinterés por cuidar su aspecto personal, su predisposición hacia lo extraordinario o fantástico podrían derivarse del proceso de ruptura familiar. La serie nunca aclara con contundencia estos temas porque mantener la esfera personal de Mikoto bajo sombras es conveniente para engendrar esa aura de rareza.

Sin embargo, Ueshiba se cuida de evitar confusiones con otra clase de sujetos peculiares: freaks, otaku, punks, darks, etcétera. Su vistoso pero fashionable sentido de la moda delata un sorpresivo talento femenino para escoger su atuendo, sumando otra cualidad al listín de competencias de Urabe: en próximos capítulos, se confirmará esa capacidad de mostrarse brillante inclusive en asuntos convencionales. Su apariencia arisca causa confusión, pero el nivel de transgresión que propone Mikoto se distancia de la mera locura.

Nazo no Kanojo X nos proporciona una heroína habilidosa y creativa, bendecida por una sensibilidad estética superior que le permite identificar la belleza allí donde otros son incapaces de discernirla. Esa facultad para hallar lo sublime entre lo abyecto, para leer el mundo e interpretarlo como un poema suele malinterpretarse y subestimarse, pero es fundamental para definir las aptitudes artísticas, pues supone un toque de genialidad. Incluso los detalles más estilizados de Urabe contienen algo de «extraño» como aquel pareo con reminiscencias religiosas mexicanas. La mysterious girlfriend logra resaltar su individualidad sin artificios, sino con autenticidad y pasmosa naturalidad.

Le importa un bledo la normalidad si, antes que carnes, su paladar le exige recrearse con porciones extra de jengibre rojo (y toneladas de mayonesa, si pudiera). Incluso las casualidades la ayudan en su propósito de iluminar la vida con destellos fabulosos. Pocos episodios playeros nos dejan impresa en la memoria una impronta tan ilógica, descabellada pero llena de frescura y concupiscencia como esas tijeras delineadas sobre la dermis bronceada de Mikoto. Quizá resultan más provocativas e impresionantes porque mezclan lo inusual, lo surrealista, lo sexy.

Los fetiches surgen cuando un objeto adquiere una función ajena a su empleo habitual, cuando es sublimado y transformado. Ninguna silueta de artículo de escritorio nos incita al deseo: el contexto, la situación, el lugar la convierten en símbolo erótico.

tags: #nazo #no #kanojo #fanservice