El ser humano siempre ha sentido fascinación por el cielo y curiosidad por desentrañar su naturaleza. Antes de que las grandes mentes de la Revolución Científica descifraran el origen de los colores del cielo, un crepúsculo naranja no anunciaba nada bueno precisamente, sino todo lo contrario. Cuando las antiguas sociedades no entendían un fenómeno natural, responsabilizan a la furia de los dioses. Sin embargo, habría que esperar hasta el siglo XVII para que Isaac Newton descubriese que los diferentes colores son el resultado de la refracción de la luz blanca.
La luz del sol es blanca, es la suma de todos los colores del arco iris (rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta). Este es el llamado espectro electromagnético. Son los colores que el ojo humano puede retener, contemplar, entender, aquellos que surgen después de que un haz de luz (blanca por defecto) pase a través de un prisma. Esto quiere decir, efectivamente, que lo que vemos no es la luz, sino distintos segmentos de esta. Hay mucha más luz. A los colores que podemos ver se les llamó espectro de luz visible, pero fuera de este hay mucha más luz. Sí, esto también quiere decir que existen muchos más colores de los que percibimos.
En su viaje hasta la tierra, la luz se sucede sin alterarse hasta que penetra en la atmósfera, y es entonces cuando ocurre la fantasía, el milagro, la ciencia. Choca con las partículas que componen nuestra capa protectora, partículas que son polvo, gotas, cristales de agua, o moléculas de los diferentes gases que conforman el aire. Cuando el rayo los atraviesa, ya es otra cosa.

Que el cielo luzca azul en los días que llamamos soleados tiene que ver con este choque: el nitrógeno y el oxígeno, por ejemplo desvían las radiaciones de color azul y violeta, y las emiten en todas las direcciones mientras que dejan pasar las de color naranja y rojo en línea recta. Esta separación se traduce en un cielo celeste casi uniforme, si no fuera por pequeñas protuberancias que no son otra cosa que gotitas de agua condensadas a las que llamamos nubes.
La altura del Sol determina el color del cielo. Cuando está alto, la luz blanca se divide al entrar en contacto con las partículas de aire. El primero que se dispersa en todas las direcciones es el violeta y después el azul. Si no vemos el violeta es porque los humanos somos más sensibles al azul debido a unas células que tenemos en los ojos que se llaman conos y bastones.
Lo que sucede al atardecer es que el sol está bajo (hemos girado nosotros, no él) así que con su movimiento, los rayos de luz que desprende deben recorrer hasta 10 veces más superficie atmosférica hasta llegar a nuestros ojos. Dicho en otras palabras: la luz penetra igual en las partículas que tenemos sobre nosotros, pero el movimiento es distinto. Por un lado, los tonos azules sufren tal dispersión que directamente no llegan a nuestros ojos. Por otro lado, los tonos naranja, rojo y amarillo sí.

Pero cuando el astro rey está bajo sobre el horizonte, al atardecer o amanecer, la cosa cambia. El volumen de la atmósfera es mucho mayor y el azul, que tiene una longitud de onda corta, tiene dificultades para dispersarse y alcanzarnos. El color del cielo durante el atardecer puede variar dependiendo de varios factores, pero generalmente tiende a mostrar tonos de naranja, rojo y rosa. Aunque es importante saber que el tono puede variar dependiendo de las condiciones atmosféricas locales, como la humedad, la presencia de nubes y la calidad del aire.
¿Por qué naranja y no verde?
El color anaranjado del cielo durante el atardecer, se debe a una combinación de factores que incluyen la dispersión de la luz y la presencia de partículas en la atmósfera.
La dispersión de la luz
Durante el atardecer, el sol se encuentra más cerca del horizonte, lo que significa que la luz solar tiene que atravesar una mayor cantidad de la atmósfera antes de llegar a nuestros ojos. Esto significa que la luz solar viaja a través de una capa atmosférica más densa, lo que provoca una dispersión de la luz en diferentes direcciones. Los rayos crepusculares son sombras de nubes que están situadas cerca o por debajo del horizonte o montañas, son proyectados en el cielo por el sol cuando está bajo. Como resultado, las longitudes de onda más cortas, como el azul y el violeta, se dispersan más intensamente, mientras que las longitudes de onda más largas, como el rojo y el naranja, se mantienen relativamente más intactas. Esto produce una apariencia anaranjada en el cielo.
Contaminación y partículas en la atmósfera
La presencia de partículas en suspensión en la atmósfera, como polvo, aerosoles, humo o contaminantes, puede afectar el color del cielo durante el atardecer. Estas partículas pueden dispersar y filtrar selectivamente la luz, lo que puede intensificar los tonos anaranjados y rojizos en el cielo. La presencia de nubosidad o de partículas adicionales pueden amplificar aún más este efecto. Los cielos naranjas también son comunes cuando se producen episodios de calima y tras una explosión volcánica porque aumenta el contenido de partículas en la atmósfera.
De manera que cuantas más partículas sólidas haya suspendidas en el aire, más dispersión, y con ello más color y más saturación. Es por esto que los atardeceres más espectaculares suelen darse más durante el otoño y el invierno, porque las partículas que forman el aire que atraviesan los rayos del sol para llegar a nuestros ojos suelen ser entonces más secas y limpias.

¿Eres más de amanecer o de atardecer? A quién no le han hecho esta pregunta más de una vez. Muchas personas eligen la segunda opción, por los colores, dicen: cuando el cielo se vuelve contrastes de naranjas y otros tonos que lo hacen más cercano y misterioso a la vez. La postal que no olvidamos: mientras el sol va descendiendo hacia el horizonte comienza a surgir un baño sobre otro de colores cálidos que se superponen al azul habitual hasta plasmar un infinito lienzo malva. Una armonía revuelta, caótica, llena de tonos opuestos. Pero, ¿qué hace provoca este cambio? ¿Por qué el color del cielo pasa de azul a rojo en cuestión de minutos?
Las nubes altas, también conocidas como nubes cirrus, están compuestas por cristales de hielo suspendidos en la atmósfera a grandes altitudes. Durante el atardecer, la posición del sol en relación con estas nubes genera un impacto visual impresionante.
¿Qué es la luz? ¿Por qué vemos colores?
Una atmósfera cálida ofrece a veces una información de servicio ya que puede anticipar un cambio de tiempo. Si el atardecer es muy rojizo significa que hay muchos aerosoles, poca humedad y no debería llover a la mañana siguiente. El color del atardecer en sí mismo no proporciona información precisa sobre las condiciones meteorológicas futuras, como la temperatura, la humedad, la presión atmosférica o la posibilidad de lluvia, pero sí que puede darnos muchos datos valiosos sobre la situación atmosférica presente debido a esa interacción entre la luz y la atmósfera.
¿Sufres de opacarofilia?
Si te gustan los atardeceres y sus colores me temo que sí pero no os preocupéis, la opacarofilia tiene una serie de beneficios para la salud fisico y mental:
- Relajación y reducción del estrés: observar un atardecer puede ser una experiencia relajante y reconfortante.
- Conexión con la naturaleza: los atardeceres ofrecen la oportunidad de conectarse con la naturaleza y alejarse de las distracciones de la vida cotidiana.
- Estímulo sensorial y apreciación estética: los atardeceres son una fuente de estimulación sensorial y belleza estética.
- Mejora del estado de ánimo: la experiencia de presenciar un atardecer puede tener un impacto positivo en nuestro estado de ánimo.
- Fomento de la gratitud y la introspección: observar un atardecer nos invita a reflexionar y apreciar los aspectos positivos de nuestra vida.