Mundo Yaoi: Un Encuentro Inesperado Entre Profesores

En el vasto universo de las historias, a veces los caminos más inesperados se cruzan, dando lugar a narrativas que exploran las profundidades del corazón humano y las complejidades del amor. Hoy, nos adentramos en un mundo donde las pasiones ocultas y los sentimientos no expresados chocan, creando un torbellino de emociones que cambiarán vidas para siempre.

El Comienzo de una Tormenta

A veces salimos a la calle con el sol en alto en el hermoso cielo azul, pero no podemos saber en qué momento se desatará la tormenta. Era un día como todos y Misaki se encontraba en la cocina haciendo el desayuno. Usagi aún no bajaba de su habitación, así que al servir el desayuno lo llamó: "UsaguiSan, ven a comer, el desayuno está servido". Como en muchas oportunidades, salió el escritor de muy mal humor de su habitación y bajando pesadamente las escaleras se dirigió a la mesa a desayunar con su Misaki. Este, al ver el rostro de Usagi, le dijo: "Usagi san, ¿tienes algo que hacer hoy? Te ves de muy mal humor".

"Sí, tengo que ir a la editorial a llevar el libro que terminé anoche y a escuchar los gritos de Aikawa", Usagi hizo ese comentario mientras comía su desayuno. Misaki terminó de comer y se dispuso a irse a la universidad, despidiéndose de Usagi y dejándolo solo con su mal humor. El escritor no estaba muy conforme con el trabajo que había hecho con su último libro; lo habían presionado mucho para terminarlo rápido. Pensando y pensando, se le ocurrió visitar a un viejo amigo que hacía un tiempo que no veía.

Escritor de mal humor

Un Profesor Distraído y un Doctor Tranquilo

En otro punto de la ciudad, un joven doctor preparaba tranquilamente el desayuno en su día libre, sonriendo dulcemente mientras un alocado Profesor desordenaba todo el apartamento buscando su maletín porque, como comúnmente le ocurría, se había quedado dormido y se le había hecho tarde para ir a la Universidad. "Nowakiii, te voy a matar por no despertarme y por mover mis cosas de lugar", Hiroki le gritaba a su joven amor mientras este solo sonreía con la escena que presenciaba todas las mañanas. "¿Vas a desayunar, Hirosan?", "Crees que tengo tiempo para eso", le respondió Hiroki mirándolo con ojos asesinos. "Me voy, nos vemos en la noche", dijo el castaño y, sin darle tiempo a Nowaki de despedirse, salió disparado del apartamento.

Un Encuentro Fortuito

Ya en la calle, corriendo para poder llegar a la hora, casi es atropellado por un deportivo rojo que era conducido por un guapo caballero que, al ver la cara de susto de Hiroki, soltó una carcajada muy sonora. "Sube, Hiroki", dijo aún sonriendo Usagi Sensei. Hiroki, impresionado y furioso, subió al auto más por apuro que por las ganas que tenía de subirse a ese auto. "¿Qué demonios hace el afamado escritor por estos lados de la ciudad?", la pregunta estaba cargada de ironía. "Vamos Hiroki, deja de estar molesto, solo fue una broma. Precisamente me dirigía a tu casa". "¿Ah, sí?", dijo el castaño, "¿Cómo para qué?". "Quiero una opinión sobre mi último libro y solo pude imaginar una persona que sería totalmente objetiva... ¡tú!".

Coche deportivo rojo

Hiroki se quedó boquiabierto con tal declaración; sintió como el calor invadía todo su cuerpo y estaba completamente seguro de que sus mejillas estaban totalmente coloradas. Tratando de dominar todas sus emociones, se quedó viendo por la ventana sin proferir palabra alguna hasta llegar a la Universidad. "Hiroki, sé que debes dar clases. ¿Puedo esperarte en tu oficina hasta que termines?". El castaño, aún sin poder controlarse, dijo: "Sí, quédate allí, termino en dos horas e iré para allá", y salió disparado al salón de clases sin pensar en nada más.

Secretos Ocultos en la Oficina

Usagi conocía el camino a la oficina de Hiroki de memoria; había estado allí infinidad de veces para llevar libros, para conversar acerca de su amor no correspondido, para escapar de las preocupaciones. En cierta forma, ese lugar era un rincón de escape para él. Valoraba mucho la amistad de ese hombre que había crecido junto con él. Ya en la oficina, se dispuso a leer algo mientras esperaba. Revisó la biblioteca de Hiroki y no encontró nada de su gusto; él no quería una lectura trivial, necesitaba algo que lo distrajera de sus preocupaciones, que le hiciera olvidar el vacío que había estado sintiendo estos últimos días.

"Tarde o temprano debo enfrentarme a esto", pensó, pues más que el libro del que no estaba conforme, era su vida junto a Misaki lo que lo tenía totalmente descontrolado. El chico estaba próximo a graduarse y él sabía que en ese momento tendría que tomar grandes decisiones en su vida, y eso aterraba al escritor: el temor de que Misaki se decidiera por abandonarlo y seguir otro camino menos difícil que el que le esperaba con él.

"Debo dejar de pensar en eso o me voy a volver loco", siguió registrando la oficina sin encontrar nada y se dirigió al escritorio del profesor. Picáramente, se decidió a hurgar las gavetas, pensando en lo molesto que eso pondría a Hiroki, y soltó varias risitas por la travesura. Al cabo de unos minutos, y ya en el último cajón del escritorio, encontró al final, escondida, una caja. La sacó y vio con sorpresa que allí se encontraban muchas cosas conocidas por él: aquellas viejas libretas con sus primeras historias que le regaló a Hiroki cuando eran niños y unas fotografías de ambos en diferentes edades. Dominado por la curiosidad, Usagi vació el contenido de la caja en el mueble y se sentó a mirar. De una de las libretas salió un sobre elaborado con hermoso papel y atado con una cinta azul. El sobre tenía su nombre: "¿Una carta para mí?", pensó mientras desataba con sumo cuidado la cinta para no dañar el hermoso sobre.

Caja con recuerdos

La Carta Reveladora

Usagi sacó del sobre un papel que se veía que había sido tocado una infinidad de veces; más aún, el papel estaba arrugado como señal de que habían tratado de botarlo. Pero lo que más sorprendió a Usagi fue lo que allí decía:

“Hoy se cumple un año más de conocerte, Akihico. Jajajaja, ¿sería algo así como nuestro aniversario? ¡Qué irónico! Y estoy aquí en mi apartamento solo, tomando sake como un idiota, tirado en el escritorio, escribiendo algo que no voy a enviar y llorando como un imbécil. Quisiera poder decirte que te amo, que te he amado desde ese día en que te encontré escondido en nuestro jardín secreto, con el sol brillando en tu pálido y perfecto rostro. Que me enamoré de ti desde el preciso momento en que me miraste con tus hermosos ojos. ¡Dios! ¡Me duele! ¡Me duele no poder decirte eso! Me ha dolido durante años, es como una permanente daga en mi corazón que se enterraba más y más cada vez que te tenía cerca y no podía tocarte o besarte o hacer el amor contigo. Me conformé como un cobarde con lo poco que me dabas, con verte cuando te escapas de tu editora y duermes en mi casa y conversas de trivialidades y me sonríes. Me matas, Akihico, me matas con tus visitas, con tus palabras, con verte dormido en mi cama y no poder tocarte.

No puedo terminar de escribir porque las lágrimas no me dejan, porque el dolor no me deja. Una vez más, el cobarde que hay en mí prefiere callar todo su amor antes que perderte...

Kamijou Hiroki”

Carta antigua

Emociones Desbordadas

Las manos del escritor temblaban. Miedo, ansiedad, tristeza, muchas emociones se mezclaron en su interior. Ni siquiera podía moverse mientras sostenía aquel papel en sus manos, que pesaba como una enorme roca llena de verdades que sus ojos nunca supieron ver. Sus ojos se llenaron de lágrimas al imaginar el dolor que había padecido Hiroki durante años. Él lo comprendía; él sabía qué tan grande era ese dolor porque él lo había vivido en carne propia cuando se enamoró de Takahiro. Pudo imaginar el vacío y la soledad que el profesor sufrió durante años, y que él contribuyó a que su dolor fuera más grande cuando lo convirtió en su confidente, contándole su amor no correspondido. Sus lágrimas caían sin cesar, llenas de culpa y de tristeza, y leía una y otra vez el texto cargado de dolor y de verdad.

Hiroki terminó de dar clases, no sin antes lanzar varios libros a algunos alumnos distraídos, más por castigarlos que por aliviar la rabieta que la había hecho pasar el escritor en la mañana. "Y ahora, ¿ese tonto va a estar allí en mi oficina riéndose de mí como siempre?", se dijo mientras caminaba a su oficina. Mucho tiempo ha pasado ya desde que dejó de amar a Akihico; el amor de Nowaki lo llenaba ahora por completo, haciéndolo sentir seguro, aunque él no lo reconociera. Atrás había dejado el sufrimiento y la tristeza que le produjo el haberse enamorado solo del escritor. Ahora podía ser su buen amigo sin sentir pena o desdicha, y eso lo hacía sentirse tranquilo y en paz.

No imaginaba Hiroki que la vida lo iba a poner en una terrible encrucijada cuando se dirigía confiado a su oficina...

Un Descubrimiento Doloroso

Hiroki se entretuvo un momento en la cafetería comprando algo de comer para ambos, ya que no sabía cuánto tiempo tenía planeado quedarse esta vez. Akihico tenía un vaso de jugo en las manos cuando abrió la puerta de su oficina. El vaso se estrelló contra el suelo y la cara de Hiroki perdió la expresión; comenzó a temblar y se puso pálido porque, al abrir la puerta de su oficina, un hombre con los ojos llenos de lágrimas estaba sentado en su sofá con un papel entre sus manos que era dolorosamente conocido por él, un papel que contenía algo que él se había esforzado por ocultar a costa de su pena y su dolor. "¡TÚ LEÍSTE ESO!", gritó, pero ya no supo más nada de él. Se desplomó, pero no llegó a caer al frío suelo porque, en un movimiento rápido, Usagi logró alcanzarlo y sostenerlo en sus brazos.

Profesor colapsando

La Confrontación y la Confesión

Usagi san recostó con cuidado a Hiroki en el sofá, cerró la puerta de la oficina con llave porque no quería que los molestaran. Tenía muchas preguntas que hacer y no sabía cómo reaccionaría Hiroki al despertar. Se sentó junto a él para esperar que despertara y, mientras lo miraba, pensaba en las muchas veces que lo había mirado y en que jamás lo vio verdaderamente. Miles de recuerdos vinieron a su mente: risas, lágrimas, aventuras, cosas que había compartido con ese hombre que lo había amado tanto, ese hombre que se había sacrificado por medio de perder su amistad. Pasó su mano suavemente por el rostro de Hiroki, acariciándolo con sumo cuidado. "Por qué... si me hubieras dicho la verdad, lo habríamos resuelto. ¿Por qué no compartiste esa carga conmigo?". Acariciaba su rostro y su cabello despacio.

Hiroki comenzó a moverse y poco a poco abrió los ojos, encontrándose con los ojos de Akihico que lo miraban con una profunda tristeza. De un impulso, se levantó, empujando a Usami para apartarlo de sí. Estaba fuera de sus cabales, no podía creer que Akihico le hubiera hecho eso. "¡CON QUÉ DERECHO TE ENTROMETES EN MIS COSAS!", le gritaba, totalmente fuera de control. "¡ESO NO DEBISTE TOCAR ESO!", decía, señalando la carta que aún estaba en las manos de Usagi. "¡ES MÍO, UNA PARTE DE MI QUE NO DEBÍAS CONOCER!".

"¿POR QUÉ? ¿QUÉ HICISTEEEEEEE?", se tiró de rodillas en el piso y comenzó a llorar sin reparo alguno. Mientras lloraba, seguía gritándole al escritor: "¡AÑOS GUARDANDO ESO PARA MÍ! ¿¡ACASO SABES CUANTO SIGNIFICA!? ¿¡SABES CUANTO DOLOR HAY ALLÍ!?". Ocultó su rostro entre sus manos y lloró; eran unas lágrimas contenidas por años, unas lágrimas que jamás pensó derramar porque él nunca iba a revelar esa verdad.

Akihico se acercó a él y se arrodilló para quedar en frente de su rostro, que permanecía tapado con sus manos temblorosas. Lo tomó por los hombros despacio y lo acercó a su pecho con delicadeza, encerrándolo en un abrazo que debió darle hacía muchos años. "No quiero tu lástima", le dijo Hiroki en un murmullo. "Jamás sentiría lástima por ti, Hiroki", dijo Usagi san, apretándolo un poco más en sus brazos y acomodándose para quedar sentados en el piso de la oficina. "Las verdades no están hechas para estar ocultas, Hiroki. Tarde o temprano tenía que saber".

"Pero, ¿por qué ahora, Akihico? ¿Qué ganas ahora con saber?", le dijo entre sollozos Hiroki. Se quedaron un rato en silencio, sentados en el piso, Hiroki en los brazos de Akihico, ambos perdidos en la situación, sin saber qué hacer ni qué sentir.

Abrazo reconfortante

Un Beso Inesperado

Akihico de pronto tomó el rostro de Hiroki con una de sus manos e inesperadamente depositó un suave y dulce beso en los labios del castaño. Este, al principio negándose, cerró los ojos y se dejó llevar por aquella sensación que soñó muchos años atrás y que creyó imposible que sucediera jamás. En ese beso se imprimieron años de deseo y de amor no correspondido y muchas otras sensaciones que ninguno de los dos alcanzaba a reconocer...

🔥EL PRIMER BESO DE KOHAKU Y YOI.!😘Uruwashi no Yoi no Tsuki Cap 11-12 FINAL Manga Resumen/SPOILERS

El Dilema del Primer Amor

Se puede olvidar al primer amor? Hiroki se encontraba en un dilema. Mientras aún se besaba con Akihico, no podía pensar con claridad. Haciendo un gran esfuerzo, lo separó de él, empujándolo suavemente con ambas manos, y se levantó del suelo. Caminó hacia la ventana para tomar un poco de aire y tratar de aclarar un poco sus ideas. Usagi estaba tan confundido como él, pero un sentimiento cálido lo inundaba. Se levantó del suelo y se quedó en medio de la oficina, observando los movimientos de Hiroki. Este se encontraba de pie frente a la ventana, mirando al vacío con una expresión dolida y triste. Se le acercó y lo abrazó por detrás, diciéndole en voz muy baja: "Tenemos que hablar de esto, Hiroki". El profesor puso sus manos en los brazos que lo envolvían: "Lo sé, Akihico, pero por favor, hoy no. Necesito que me dejes solo, vete, por favor".

El escritor no quería marcharse, pero viendo el estado en el que se encontraba su amigo, no tuvo más remedio que obedecer. Depositó un beso en el cabello del profesor: "Te llamaré luego, adiós", y se fue, dejando solo a Hiroki, que estaba absorto en sus pensamientos.

Hiroki pensativo en la ventana

Consejo de un Colega

Al sentirse solo, Hiroki se derrumbó en su tristeza. Se sentó en el mueble y lloró por quién sabe cuántas horas. Era tarde cuando ya estaba calmado y unos golpes a la puerta lo sacaron de sus pensamientos. El que tocaba era el profesor Miyagui, que se había extrañado de no ver al castaño en todo el día. "¿Hiroki, puedo pasar?", dijo cuando ya estaba dentro. Hiroki estaba sentado en el sofá con un semblante cansado. "¿Te sientes mal, Hiroki?", "No te vi en todo el día, por eso vine a ver si estabas aquí". El castaño trató de ser lo más natural que su ánimo le permitía: "Estoy bien, profesor Miyagi. Ya me iba". Miyagi no se tragó el cuento, pero no preguntó más por no molestar al castaño. "Sabes, Hiroki, siempre que necesites un consejo o alguien con quien hablar, aquí estaré", esto último lo dijo en forma de despedida, pues se disponía a dejar la oficina. Hiroki, un poco sorprendido de sí mismo, le preguntó: "Profesor, ¿qué hace uno cuando el pasado regresa para voltearlo todo al revés?". "Lo enfrentas, Hiroki", respondió Miyagi. "Lo confrontas y te preguntas en qué lugar eres más feliz, si en tu pasado o en tu presente". "Gracias, profesor", murmuró Hiroki.

El Regreso a Casa y la Esperanza

Ya fuera de la Universidad y en camino a su casa, el único pensamiento que tenía Hiroki en su mente era llegar rápido para ver a Nowaki. Solo él lo podía salvar, ya lo había hecho una vez y él necesitaba que lo hiciera de nuevo. Por fin, cuando ya se encontraba en la puerta de su apartamento, respiró profundo y trató de actuar normalmente. Nowaki estaba preparando la cena y, cuando lo vio entrar, le regaló una gran sonrisa, de esas que su Hiro san tanto amaba. El castaño, al ver eso, sintió un vuelco en el corazón. Dejó el maletín en el mueble y se...

Pareja feliz

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