La segunda temporada de Nanatsu no Taizai: Imashime no Fukkatsu ha explorado a fondo el pasado de sus personajes, enriqueciendo el trasfondo de la historia. Se han revelado aspectos cruciales como la vida de Diane en su pueblo natal, la compleja relación entre Meliodas, Liz y el origen de su ira, y la juventud de Ban. Estos elementos, lejos de entorpecer el ritmo de la serie, han calado hondo en el espectador, añadiendo capas de profundidad a los protagonistas.
Tras superar una prueba que puso a prueba su autocontrol, Meliodas ha recuperado el vasto poder que custodiaban los druidas. Sin embargo, King, el hada de aspecto jovial, no puede evitar desconfiar cada vez más de su capitán. Este temor se intensifica por el poder de Meliodas y su conexión con los Diez Mandamientos, un enemigo que, según se insinúa, conoce a Meliodas y luchó a su lado en el pasado antes de traicionarlos.
Esta desconfianza no se disipa, especialmente ante la negativa de Meliodas a hablar sobre su pasado, un pasado tan inhóspito como lejano. Tras este breve desencuentro, el capitán de los Pecados solicita a Merlín la oportunidad de enfrentarse al enemigo. Sorprendentemente, solo dispone de diez segundos para lograrlo. En ese breve lapso, el espectador es testigo de cómo Meliodas destroza, literalmente, a Galand.

La segunda temporada de Nanatsu no Taizai se ha caracterizado por los reencuentros. Hemos sido testigos de la reunión de Diane con Matrona, de Meliodas con los Diez Mandamientos, y de varios encuentros significativos para Ban. Uno de ellos fue con Zhivago, una figura paterna imponente, y el más conmovedor, con su amada Elaine.
Después de conocer su trágico pasado y el vínculo forjado con Zhivago tras encontrarse en la peligrosa ciudad de Ravens, el Pecado de la Codicia se sinceró con su padre. El anhelo de resucitar a Elaine había llevado a Ban a intentar asesinar a Meliodas en el pasado, a su mejor amigo, en quien confiaba y a quien era leal sin dudar.
La tristeza y el profundo dolor de Ban conmovieron a Zhivago, quien le instó a reconciliarse y a expresar sus más profundos sentimientos. Fue un último consejo, una última lección, las últimas palabras de un padre a su hijo antes de su sueño eterno. Tras varias escenas cargadas de nostalgia y sentimentalismo, la cámara nos sitúa en la tumba de Zhivago, con Ban y Jericho despidiéndose de él.
Sin embargo, los rumores se confirmaron y decenas de difuntos emergieron de sus tumbas, atacando a los vivos impulsados por la ira y el rencor. Es en este momento que el espectador presencia uno de los reencuentros más esperados de la temporada: el de Ban y Elaine.
Elaine se abalanzó sobre los vivos, como si encarnara la hoz de la Muerte. Su sed de sangre no distinguía, e incluso hirió a Ban, quien intentaba proteger a Jericho y hacer que su amada entrara en razón. La visceralidad de la situación se detuvo por un instante con un apasionado beso entre la pareja, un contacto que insufla vida a cualquier amante y que, con una dirección de arte y una composición musical magistrales, transportó al espectador.

Los motivos detrás del estado de Elaine se aclararon con la aparición de Melascula y Galand. Melascula, representante del Mandamiento de la Fe, posee la habilidad de manipular las almas y devolver a los difuntos al plano de los vivos, infundidos de sentimientos dañinos. Sin embargo, las almas de Ban y Elaine eran diferentes; su amor puro y sin obstáculos impedía que los efectos del precepto de Melascula erosionaran su vínculo.
Ban empuñó su bastón sagrado, Courechose, para enfrentarse al dúo de demonios mayores y proteger a Elaine y Jericho. La inmortalidad del Pecado sorprendió a Galand, quien una vez más demostró su impulsividad y egocentrismo. Esta actitud nubló su juicio, impidiéndole ver cómo Ban aprovechaba sus habilidades para robar la mitad de la fuerza del Mandamiento.
La animación acentuó las proporciones físicas de Ban, denotando el inmenso poder que albergaba en su interior. El intercambio de golpes y movimientos se percibía lento, pesado, quizás para enfatizar la gran cantidad de poder en juego. Pero dos sucesos sorprendieron tanto a la Fe como al espectador.
Por un lado, Galand saltó vertiginosamente para atrapar un alma y devorarla en un instante. Por otro, el último acto de bondad de un padre hacia su hijo, el acto que redimió el pasado de Zhivago como figura paterna de Ban. El cruce de sus dos almas se realizó a través de planos azulados, con un aire celestial; palabras de esperanza y lágrimas se unieron en un último sacrificio, un legado.
Galand no devoró el alma de Ban, sino la de Zhivago. El Pecado agotó sus últimas gotas de vitalidad para asestar un golpe capaz de mermar al enemigo y, cargando con Elaine y Jericho, huyó de la batalla. Una huida que culminó en una peculiar taberna enclavada en el interior de una montaña. Su dueño, un señor enclenque con gafas y una enorme hacha como decoración del lugar.
La presentación fue breve y concisa. El hombre de aspecto endeble y actitud temerosa resultó ser Escanor, el último de los Pecados Capitales que faltaba por aparecer. Galand y Melascula irrumpieron en la taberna siguiendo el rastro de Ban y compañía, quienes se ocultaban en la cámara del almacén. El hedor no engañaba y los Mandamientos sabían que su enemigo se encontraba allí, y el tabernero los cobijaba. Sin embargo, decidieron aliviar tensiones y 3000 años de abstinencia echando mano de los licores más selectos del lugar. Una sucesión de escenas humorísticas que la dirección aprovechó para mostrar otro lado de estos villanos y, también, para llegar al clímax de esta tanda de episodios: la auténtica presentación de Escanor, el Pecado del Orgullo.

La luz de la luna se desvaneció para dar paso a la tenue luz del sol, la fuente de poder del último Pecado. Blandiendo el hacha que reposaba en la pared de la taberna, Escanor se alzó como un superhombre, como aquel que se encuentra en la cúspide del poder. Tal era la magnitud de su fuerza que incluso Galand cayó presa de su propio precepto y quedó petrificado al intentar huir del combate y mentirse a sí mismo. Por su parte, Melascula fue consumida por las llamas al intentar engullir su alma. Las brasas de un poder proveniente del sol incineraron su cuerpo y la arrojaron al vacío. Dos demonios mayores, dos de los abominables Diez Mandamientos, cayeron en cuestión de segundos ante la fuerza hercúlea de Escanor.
La trama se desplaza nuevamente para mostrar a Diane, quien tras ser rescatada por Matrona convive con ella y su pequeña familia. Matrona ya no es la guerrera de antaño; su vida ahora es de sosiego y calidez con los suyos. Insta a Diane a dejar de luchar, de blandir armas o enseñar los puños. El espectador vislumbra el lado más natural de ambas gigantas gracias a una peculiar danza que representa la sintonía y unión con el ambiente. Momentos de paz que finalizan con el ataque de un demonio azul a los hijos adoptivos de Matrona, quien no duda un instante en exterminar al enemigo y clamar venganza.
Estos últimos capítulos de The Seven Deadly Sins han ofrecido algunos de los mejores momentos de la temporada. Personajes como Zhivago, el reencuentro entre Ban y Elaine, y el fantástico clímax con la estelar aparición de Escanor son clara prueba de ello. El ritmo de la serie se mantiene altísimo, sin altibajos tanto a nivel de trama como de guion. La separación de los Pecados parece estar a punto de extinguirse, y el torneo de Vayzel se postula como un nuevo escenario de reunión y tensión. Tal vez durante la travesía hacia el mismo, el espectador obtenga más detalles acerca de la última e inesperada revelación.
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Diane, después de derrotar a Friesia, se disculpa con Elizabeth por no ser lo suficientemente fuerte y se apresura para llevarla a Dalmary. Pero la princesa le pide que la lleve con ellos para encontrarse con Ban, por lo que la gigante la coloca dentro de su bolsa para que pueda descansar. Seguidamente, Hawk con ayuda de Diane consiguen averiguar la ubicación de Ban y Sennett interrogando al pastor de Dalmary, quien estaba a punto de huir.
Diane se reúne con Meliodas y le indica el camino que deben seguir. Él pregunta por Elizabeth y Diane le dice que está descansando en su bolsa. Meliodas le agradece y luego entran a Baste Dungeon, que al parecer se encontraba vacío. Entonces, desde afuera del calabozo, Golgius habla con Jericho sobre la buena actuación de los Siete Pecados Capitales contra los Weird Fangs y, al confirmar su ingreso a Baste Dungeon, Golgius utiliza el hechizo de "Sello Eterno" para atrapar a los criminales por la eternidad.
Dentro de Baste Dungeon, Meliodas y los demás se encuentran con Sennett huyendo de la batalla entre Jude y Ban. Ella afirma ser la hija del doctor Dana, por lo que es fácilmente reconocida por Meliodas, Diane y Hawk. En ese momento, Ban aparece frente a ellos y tiene un duro cruce de miradas con Meliodas, acompañado de un frío silencio. Hawk dice que tiene un mal presentimiento, y Diane lo afirma, diciendo que deben esconderse detrás de ella.
De repente, ambos criminales gritan eufóricamente, muy alegres por reencontrarse, luego chocan sus manos como si jugaran como niños. Hawk comenta sobre lo bien que parecen llevarse ambos, cosa que Diane afirma, algo aburrida. Ban golpea alegremente a Meliodas, haciendo que atraviese varias paredes de Baste Dungeon en su vuelo; de la misma manera, su capitán le responde al darle un cabezazo que lo hace atravesar varios muros.
Baste Dungeon es destruido. Inmediatamente ambos inician una prueba de fuerza. Al recostarse en el suelo para disputar una pulseada, pero cuando comienzan a hacer fuerza, todo su alrededor comienza a destruirse y Baste Dungeon comienza a derrumbarse. Diane afirma que ellos siempre fueron así, mientras Ban le recuerda a su capitán que tienen un historial de 720 encuentros con 361 victorias a su favor, pero Meliodas le dice que fue él quien ganó las 361 veces.
