La tensión se elevaba en el acantilado mientras Elizabeth estaba a punto de hablar. De repente, un pedazo del acantilado comenzó a caer, sumiendo a todos en un caos inminente.
Hawk exclamó con alarma: "¡Ay, ya no!".
Un individuo llamado X, guardando su espada, comentó con frialdad: "Vaya, olvidé confirmar en el reportaje si había más personas. Diré tres personas desconocidas fallecidas, ¿les parece bien?".
Sin embargo, el Caballero 4 objetó, preocupado: "¡Pero señor Allioni estaba en ese barranco!".
X, imperturbable, respondió: "No hay problema, diré que fueron 4 fallecidos".
El Caballero 4 no podía creerlo: "No puede ser".
El Caballero 2 intervino, con desaprobación: "¡Señor Twigo, esto ya fue demasiado lejos!".
Twigo, con una ambición desmedida, preguntó: "¿Y si reporto ocho fallecidos?". A lo que el Caballero 4 suplicó: "¡No, por favor discúlpanos!".
En medio de la confusión, el chico (que luego se revelaría como Meliodas) saltó con las princesas en brazos, mientras también agarraba a Hawk y al caballero que había caído.
El Caballero 4 gritó: "¡Es Allioni!".
Twigo, frustrado por no poder confirmar las muertes, llamó: "¡Oigan! ¿Por qué sobreviven sin avisarme? Debo confirmar las muertes en mi reporte".
Hawk, desafiante, respondió: "¡No vas a confirmar nada!".
El chico se dirigió a Elizabeth: "¿Oye, estás despierta?". Elizabeth confirmó: "Sí".
Él les dio una instrucción vital: "Cuando dé la señal, corran hacia el bosque, ¿entendido?".
La princesa Tn, afirmando su compromiso, respondió: "¡Sí, entendido!", mientras tomaba la mano de Elizabeth.

Twigo, observando al grupo con atención, cuestionó: "¿Cuál de esos inútiles será miembro de los siete pecados capitales? Ninguno se parece a los afiches de búsqueda". Su mirada se posó en el pendiente que llevaba una de ellas.
Con una sonrisa de suficiencia, continuó: "Ya veo, el destino me sonríe hoy. El símbolo en tu pendiente pertenece a la familia real, lo que significa que tú eres la princesa Tn, la Santa del reino de Liones, y la que está a tu lado es la princesa Elizabeth".
El chico, sorprendido, preguntó: "¿Princesa Tn? ¿Santa?".
Hawk, reconociendo la magnitud del descubrimiento, exclamó: "¡Princesa Tn y Princesa Elizabeth!? ¿Santa? ¡Entonces tú debes ser la tercera princesa de Liones junto a Elizabeth, y eso no es todo, también la Santa!".
Twigo reveló el peligro inmediato: "Enviaron un decreto para localizarte y llevarte viva, pero si muere la princesa Elizabeth no habría problema, y si muere en un accidente, nadie podrá refutar lo que yo diga".
Ante la amenaza, el chico gritó: "¡Corran!".
Hawk, leal, decidió unirse a la huida: "¡Yo también voy!".
Elizabeth y Tn comenzaron a correr junto a Hawk hacia el bosque, con la determinación de Tn resonando: "¡No pueden capturarnos todavía! ¡Ni crean que nos rendiremos tan fácilmente!".

Twigo, sin piedad, declaró: "¡Diré muerte accidental!", mientras desenvainaba su espada y cortaba todos los árboles en la zona. Los árboles cayeron en cascada.
Tn se quedó protegiendo a Elizabeth, pero el chico se interpuso, protegiéndolas a ambas con su cuerpo.
Él habló, mirándolas desde debajo de su cuerpo: "Hola. ¿Estás bien, Hawk? Te ves bien".
Hawk, con su habitual drama, respondió: "Soy un cerdo empalado, ¿cómo voy a estar bien? ¡Mami! ¡Quiero a mi Mami!", y salió corriendo.
Twigo, indiferente al cerdo, dijo: "El cerdo... me da igual".
Después de este evento, Tn se quedó reflexionando. Comprendió que si ella se entregaba, dejarían en paz a Elizabeth y al chico, permitiendo así que Elizabeth pudiera continuar su búsqueda de los Siete Pecados Capitales. Con esta decisión, se levantó y se dirigió hacia el caballero sacro.
El chico, preocupado, preguntó: "¿Tn? ¿A dónde vas?".
Elizabeth, alarmada, exclamó: "¡Hermana!".
Tn, resignada, dijo: "No hay modo de huir".
El chico intentó detenerla: "¡Espera, Tn, no vayas! ¡Tú misma dijiste que no se rendirían!".
Tn explicó su sacrificio: "Pero si yo decido rendirme en este momento... podré evitar que los asesinen a sangre fría".

De la nada, fue interrumpida por uno de los ataques del caballero sacro, dirigido hacia ella. Sin embargo, el chico la cargó y la apartó del ataque, quedando él ahora debajo de los escombros.
Con lágrimas en los ojos, Tn suplicó: "¡Por favor! ¡Deben huir ahora mismo!".
Elizabeth, angustiada, dijo: "Hermana...".
El chico, con sombría premonición, comentó: "Creo que él nos asesinará aunque tú te rindas".
Tn, desconsolada, respondió: "¿Por qué? Estaba tan feliz de hacer esto... ¡inicié la búsqueda de los siete pecados capitales yo sola! Jamás había viajado así... junto a Elizabeth... ¡tenía miedo que le sucediera algo!". Se talló los ojos, intentando secar las lágrimas. "Caminé con esa armadura hasta el cansancio para que nadie me reconociera e incluso llegaba a cargar a Elizabeth para que no se cansara. Pero no encontré a nadie quien nos ayudara... pero tú has sido tan amable con nosotras y eres un completo extraño. Por eso no quiero involucrarte en este problema. ¡Es mi problema! ¡Ni siquiera sé tu nombre!".
El chico se quedó serio por unos instantes y luego sonrió. Su nombre resonó: "¡Meliodas! Ese es mi nombre".
Tn se sorprendió al oír su nombre, recordando de inmediato el cartel de búsqueda de Meliodas. "No puede ser, ¿Meliodas?".
Elizabeth, impactada, murmuró: "Esto no puede ser cierto".
Los Siete Pecados Capitales
Mientras tanto, lejos del fragor de la batalla, los caballeros que habían estado ayudando a su amigo Allioni hasta que despertó, escucharon su pregunta ansiosa: "¿Dónde está?".
El Caballero 2 intentó calmarlo: "Allioni, no...".
Allioni, impaciente, preguntó de nuevo: "¿Dónde está el chico con la espada?".
El Caballero 2 respondió: "Tranquilo Allioni, Twigo ya se está encargando de él".
Allioni, con un tono de pánico, gritó: "¡Idiotas, no lo debimos hacer enojar! ¡El reino caerá!".
El Caballero 2, desconcertado, preguntó: "¿Qué?".
Allioni, con el recuerdo fresco de la salvación, explicó: "Cuando me salvó, lo vi. ¡Es el líder! ¡Es el más peligroso de todos! Ese símbolo es su brazo. ¡Era...!".
Aun estando debajo de Meliodas, Tn vislumbró un símbolo en uno de sus brazos. "Ese símbolo, es una bestia. No, ¡es un dragón!".
El caballero sacro que estaba detrás de ellos alzó su espada para atacarlos. El ataque, sin embargo, solo resultó en un rasguño en la cara del caballero, quien salió disparado hacia atrás como si hubiera sido empujado con gran fuerza. En ese instante, Meliodas se encontraba parado frente a él.
Twigo, asombrado, exclamó: "¡No puede ser! Estoy seguro que mi espada consiguió tocarte, pero yo fui quien recibió el ataque. ¿Cómo fue posible? ¡Pero qué es esa cosa?! ¡Una espada de filo rota!".
Tn, detrás de Meliodas, preguntó con incredulidad: "¿Meliodas, eres Meliodas? ¿Enserio?".
Twigo, al ver su rostro, se quedó paralizado: "¡Espera! ¡Tu rostro me parece muy familiar! ¡No! ¡No puede ser cierto! ¡Pero por qué luces igual a ese día!?".
Meliodas, adoptando una pose defensiva, preguntó con calma: "¿Así que tú sabes quién soy yo?".
Twigo, superado por la revelación, gritó: "¡No! ¡No puede ser! ¡Maldito seas!".
