La bande dessinée (popularmente conocida como BD) es la manera en que los países de lengua francófona llaman al cómic, tebeo o historieta en general. El inicio oficioso de la BD lo podemos situar en 1903 cuando los hermanos Offenstadt publican el semanario L’Illustré, más tarde Le Petit Illustré, a precios populares. En 1925, Alain Saint Ogan crea Zig et Puce y Hergé publica en 1929 la primera aventura de Tintín. Pero es tras la Segunda Guerra Mundial cuando la BD se expande de manera exponencial.
La historieta franco-belga constituye una de las tres grandes tradiciones historietísticas a nivel mundial, junto con la estadounidense y la japonesa. Aunque tanto Francia como Bélgica habían tenido autores de cómics de renombre, el cómic conocido como “franco-belga” despegó realmente en la inmediata posguerra, cuando las publicaciones periódicas editadas en Bélgica, principalmente Le Journal de Tintin y Le Journal de Spirou, conquistaron el mercado francés. La competencia entre estas revistas y el ritmo de publicación semanal provocaron un fermento creativo y varios autores surgieron durante este periodo. El panorama y los mercados del cómic en Francia y en la Bélgica francófona se volvieron inseparables: entre los cómics franceses, belgas y suizos francófonos, que compartían el mismo contexto artístico y comercial, la identidad nacional era a menudo difusa. Varios autores de cómic franco-belga han alcanzado fama internacional y, más allá de sus contextos locales, han influido en autores de otros países, sobre todo de Italia, España, Japón y América Latina, principalmente Argentina.
A caballo entre dos escuelas de artistas y editores; la de Marcinelle y la de Bruselas se articula una industria potente llena de obras memorables incluidas casi siempre en dos revistas fundamentales, Spirou y Le journal de Tintin. Una tercera vía la encarna la editorial Vaillant con series de aventuras y humor. En la décadas de los 60 y 70 se produce una revolución cultural, la BD se dirige a un público culto e informado y se popularizarán numerosas revistas mensuales para adultos como Pilote, Charlie Mensuel, Métal Hurlant, Circus, (A Suivre), Hara-Kiri, Fluide Glacial y otras.
Entre las historietas franco-belgas más populares destacan Las aventuras de Tintín y Las aventuras de Jo, Zette y Jocko (de Hergé), Tomás el Gafe (Franquin), Astérix (Goscinny & Uderzo), Lucky Luke (Morris & Goscinny) y Los Pitufos (Peyo). De esta forma, el cómic belga ha desempeñado un papel fundamental en la evolución del noveno arte, contribuyendo significativamente al desarrollo y la popularidad de este medio a nivel global.
Las Aventuras de Tintín: Un Icono de la Narrativa
Las aventuras de Tintín es pura narrativa. El gran mérito de su creador Hergé (1907-1983) y del magnífico equipo de colaboradores que le asistía radicó en ofrecer al público mayoritario un producto de una sofisticadísima estructura argumental pero con un lenguaje sencillo, diáfano y preciso. Todos tenemos una aventura de Tintín favorita. Para unos puede ser Las joyas de la Castafiore por su aguda reflexión de los medios de comunicación de masas, para otros El loto azul y su descripción de los mecanismos que emplean los países colonizadores. En El secreto del Unicornio encontramos una de las secuencias más maravillosas de la historia del medio cuando se entrelazan con precisión matemática y quirúrgica el vehemente relato del Capitán Haddock sobre su antepasado luchando contra los piratas y el flash-back de la batalla; son 14 páginas asombrosas, de una magia y sabiduría expositiva sin precedentes.
La serie nació en el semanario Le Petit Vingtième en enero de 1929. Durante su historia, esta saga se publicó también en revistas como Coeurs Vaillants, L’Écho Ilustré, Le Soir jeunesse y, a partir de la historia El templo del Sol, en Le Journal de Tintin. Tintín va siempre acompañado de un perrito blanco llamado Milú, curioso, entrometido y valiente que le sirve de confesor y confidente. El capitán Haddock, un marino retirado borracho, colérico, leal y de gran corazón, es el contrapunto ideal al joven periodista de corazón puro y grandes ideales que protagoniza la serie. Los policías Hernandez y Fernandez, torpes e ingenuos, el profesor Tornasol, un científico brillante pero fuera de este planeta, la exuberante diva de la ópera Bianca Castafiore o Nestor el mayordomo de modales británicos, todos constituyen una suerte de familia que aparecen y desaparecen según lo demande el guion. La influencia de esta serie en todo el cómic posterior es descomunal. Una corriente del cómic franco-belga nace del estilo de dibujo aplicado en esta serie y se llamó línea clara.

Astérix el Galo: Humor, Sátira y Resistencia
Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste al invasor. Y la vida no es fácil para las guarniciones de legionarios romanos en los reducidos campamentos de Babaorum, Aquarium, Laudanum y Petibonum… En la aldea viven Astérix y sus amigos que resisten gracias a la fuerza sobrehumana que les otorga la poción mágica de Panorámix el druida.
La serie Astérix el Galo nos narra las aventuras y viajes de Astérix, Obélix y su perro Ideafix, tan diferentes entre sí como inseparables. Astérix es bajito, delgado, inteligente, frío y siempre piensa antes de actuar. Obélix, en cambio, es alto, gordo, simple, sensible y primero golpea y después pregunta. Uno de los puntos fuertes de la serie son los personajes secundarios que siempre son brillantes, ya sean personajes fijos como los habitantes de la aldea (el bardo Asurancetúrix, Abraracúrcix, Karabella, Ordenalfabetix, Esautomátix y Edadepiédrix) o de fuera (los piratas, que son un homenaje a la serie Barbarroja, o la tripulación fenicia), además de algunos históricos (Julio César o Cleopatra) o los que solo aparecen en un álbum como los jefes de los campamentos romanos o las personas que conocen en sus viajes. En los nombres de estos personajes vemos el enorme talento que tenía Goscinny para los juegos de palabras, aunque algunos se pierden en la traducción, lo mismo que algunos chistes. Además, los álbumes están plagados de personajes que son caricaturas de personas famosas, además en Astérix en Bélgica vemos homenajes a otros cómics.

Los álbumes de la serie se pueden dividir en dos tipos: los que se desarrollan en la aldea y los que los protagonistas emprenden algún viaje. Los que desarrollan en la aldea les sirven a sus autores para criticar diferentes aspectos de la sociedad como el capitalismo salvaje, el turismo, la codicia, la manipulación de los medios y por regla general son un poco más adultos. En los que los personajes viajan, los autores hacen una sátira de los tópicos, aunque resulten anacrónicos, de esos lugares (España plagada de procesiones y toros, en Inglaterra siempre beben té y son muy educados, los alemanes belicosos, etc.), pero también lo hacen con las distintas regiones de Francia que visitan, así que no es una serie que resulte chovinista.
Albert Uderzo es un dibujante excepcional, brillante en todos los aspectos. Sus personajes son creíbles, expresivos y con unos diseños que reflejan su personalidad. Cada uno de los edificios, trajes, armas y barcos están construidos a la perfección y son históricamente consistentes. Los guiones de René Goscinny son originales, brillantes, divertidos y tan actuales que resisten mil relecturas. Cualquiera de los álbumes guionizados por Goscinny es una buena opción para empezar, pero si me tuviera que decantar por alguno sería por La residencia de los dioses o por Obélix y compañía. Su muerte marcó el declive de la serie, que nunca más recuperó su nivel, ya que Uderzo, aunque es un excelente dibujante, carece de la mordacidad y capacidad de su compañero. Los nuevos autores hacen álbumes que no pasan de correctos, pero sin brillo y con personajes olvidables. Por suerte, los 24 primeros siguen siendo joyas atemporales.
El Teniente Blueberry: El Western en Forma de Cómic
El western en forma de cómic tiene su máximo exponente en la serie El teniente Blueberry de Jean-Michel Charlier (1924-1989) a los argumentos y Jean Giraud (1938-2012) al arte. Esta obra marca como pocas el paso de la bande dessinée para adolescentes a la dirigida a los lectores adultos. En su trayectoria podemos apreciar el cambio que su protagonista, un teniente de caballería del ejército de los Estados Unidos, realiza pasando de ser un joven pendenciero, valiente y altruista a convertirse en un rebelde maduro, cínico pero comprometido. En la etapa final de la serie, Mike S. Blueberry es expulsado del ejército y se une a una tribu india desalojada de sus tierras, confinada en una reserva inhabitable y de la que escapan hacia un mejor destino.
La serie principal se compone de 28 álbumes divididos en varios ciclos argumentales. Las primeras 23 historias están escritas por Charlier y dibujadas por Giraud. A partir del álbum 24, el dibujante se encargará tanto de escribir como de dibujarlas debido al fallecimiento del guionista. El álbum 28, titulado Apaches (2007), es un remontaje de varias historias anteriores con el añadido de escenas inéditas realizadas por Giraud y está considerado como un apéndice de la serie principal. En algunas fuentes separan los 5 álbumes finales de la colección original y los consideran como una segunda colección que bautizan como Mister Blueberry. La primera lleva el título genérico de La juventud de Blueberry, compuesta por 8 ciclos de los que el primero está realizado por los creadores originales, el segundo está escrito por Charlier y dibujado por Colin Wilson.

El teniente Blueberry destaca por sus argumentos originales, por los desarrollos rocambolescos y por las conclusiones amargas que reflejan una concepción del mundo más acorde con la realidad de los adultos que la del público juvenil a la que en principio estaba destinada. Desde un punto de vista narrativo y artístico, la parte central de la serie - que va del sexto álbum titulado El caballo de hierro al 20 de título La larga marcha - suponen uno de los momentos más brillantes de la historia del cómic, donde un inspiradísimo Jean Giraud demuestra todo su talento como narrador clásico e incorpora hallazgos formales de su otra encarnación artística conocida como Moebius.
Valerian y Laureline: Pioneros de la Space Opera
En el siglo XXVIII, Valerian es el mejor agente del servicio espaciotemporal, una agencia de Galaxity (centro del imperio terrestre) encargada de velar por la seguridad de la Tierra y que nadie altere su pasado. En la serie Valerian y Laureline de Pierre Christin (1938- ) y Jean-Claude Mézières (1938- ), las tramas relacionadas con los viajes temporales pronto dejan paso a las historias más parecidas a la space-opera, aunque un cabo suelto, o falta de previsión, de la primera aventura larga provocará que la serie tenga que enfrentarse a una encrucijada durante los años ochenta. Que se solventará en los dos dípticos, publicados en esa década, que suponen el cénit de la colección (el primero formado por Metro Chatelet, dirección Casiopea y Estación Brooklyn, fin de línea el Cosmos y el segundo por Los espectros de Inverloch y Los Rayos de Hypsis). Hasta este momento los álbumes se podían dividir en dos tipos: los que contenían viajes temporales y los que contenían viajes espaciales, es por eso que los recopilatorios de Norma tienen ese orden aparentemente tan extraño; siguieron el elegido por Christin y Mézières que separaron la serie entre historias espaciales y temporales, así en los dos primeros integrales no hay viajes temporales.
Valerian y Laureline es una serie brillante tanto a nivel gráfico como argumental. Christin crea una saga de aventuras espaciales que no son ajenas a los problemas de su momento de aparición, reflejando los problemas de esos años. Es una serie con múltiples capas de lectura. El otro punto destacado de la serie es como Christin y Mézières, con la ayuda de Évelyne Tranlé al color, se convierten en unos demiurgos que diseñan un universo tan variado como sorprendente. Cada planeta posee una flora y fauna únicas, al igual que las razas que los habitan o las ciudades que visitan. Nos regalan especies memorables como los Shinguz, el transmutador gruñón de Bluxte o los Glapum´tianos. Su influencia no solo se puede ver en artistas europeos, sino que traspasa fronteras y autores americanos como Howard Chaykin, Gil Kane o Walter Simonson se «inspiran» en sus diseños. Su influencia llega incluso al cine, donde George Lucas fusila sus diseños sin pudor en las tres primeras entregas de Star Wars, desde el Halcón Milenaria, hasta la carborita pasando por el bañador de Leia.

El motor de la serie es la relación entre Valerian y Laureline. Valerian en un primer momento se asemeja al prototipo de héroe de la BD más clásica, pero pronto vemos que es un héroe con los pies de barro. No es el más listo, ni el más valiente, tampoco es intachable, ya que le vemos borracho o con otras mujeres, pero sí es el más leal a su compañera. Laureline, lejos del prototipo de la novia-rehén del protagonista, se convierte en la heroína de la serie sin discusión. Es valiente, decidida, capaz de saltarse las órdenes si son injustas y es la voz de la razón de la pareja. Es uno de los primeros personajes femeninos de verdad de la BD.
Spirou y Fantasio: La Locura Creativa de Franquin
Spirou es una palabra valona que significa ardilla, pero también significa listo y despierto, lo que define al protagonista de la serie. Spirou y Fantasio es una colección que a lo largo de su longeva historia ha tenido varios autores, pero hay uno que brilla por encima del resto: André Franquin (1924-1997). La serie Las aventuras de Spirou y Fantasio fue creada en 1938 por Rob-Vel para la revista Le Journal de Spirou y se encargó de ella hasta 1943, cuando pasa a las manos de Jijé, que crea a Fantasio. Y llegamos al año 1946, cuando Jijé le cede la serie a un joven Franquin que la convertirá en una obra maestra y el gran referente del cómic de aventuras juvenil junto a Tintín y Astérix.
Es una serie que en muchos sentidos es la competencia directa de Tintín, ya que ambas eran las colecciones estrella de una revista y una editorial, además eran la cabeza visible de una corriente de dibujo: la escuela de Marcinelle, con un estilo más caricaturesco y desenfadado que se contraponía con la línea clara imperante en la revista Le journal de Tintín. Los primeros episodios eran historias cortas y gags, como en su inicio, pero todo cambia con Hay un brujo en Champiñac, la primera historia larga. Este álbum le dio el tono y el carácter a la serie, pero sin perder de vista los gags y el humor que, lejos de desaparecer, se vuelven más brillantes e ingeniosos.

El lema de la serie con Franquin podría ser “Aprende a esperar lo inesperado”, con un maravilloso punto de locura fruto de la imaginación más desbordada. Así que puedes esperar que pase cualquier cosa, nada es imposible en esta serie, desde descubrir las descacharrantes ocurrencias de Fantasio, los locos inventos del Conde de Champiñac, los torpes y megalómanos planes de Zorglub, viajeros de Mesozoico hasta disfrutar el Marsupilami, la criatura más carismática y divertida que se ha creado en el cómic. Las historias son básicamente aventuras humorísticas que se desarrollan por el mundo conocido y países inventados. Están repletas de giros argumentales, pero con toque de otros géneros como la ciencia-ficción, suspense, policíaco e incluso un falso documental. Contó con la ayuda de varios guionistas como Greg y es con él cuando la serie empieza a reflejar la realidad, así en El Prisionero de los 7 budas y en QRN en Bretzelburg tenemos críticas a la Guerra Fría. Estos reflejos críticos con la realidad siempre han sido uno de los puntos más interesantes de la BD clásica, que le otorgaban distintas capas de lectura. Junto a Greg, Franquin creó los dos álbumes que tal vez sean el cenit de la colección: Z como Zorglub y El retorno de Z, un díptico que es un compendio de lo mejor de la etapa de Franquin y que nos trajo un villano inolvidable. Franquin es uno de los mejores dibujantes de la historia del cómic, a pesar de no tener un estilo realista, es capaz de dibujar cualquier cosa que se proponga y hacerlo perfectamente con una expresividad y dinamismo espectacular.
Otras Joyas del Cómic Franco-Belga
La fantasía heroica europea tiene su referente en la serie Thorgal, publicada en la revista Le journal de Tintin y que se ha recopilado en más de 35 álbumes. Jean Van Hamme (1939- ) y Grzegorz Rosinski (1941- ) parten de la mitología escandinava para tejer un universo a medio camino entre la edad media y los mundos imaginarios de la ciencia ficción. Thorgal y su familia; su mujer Aaricia y sus hijos Jolan y Loba, buscarán la paz.
En un mercado invadido por los cómics de superhéroes estadounidense, a veces, o por lo menos para mí lo fue en su momento, es difícil navegar entre la magnífica oferta de cómics europeos que pueblan las estanterías de las librerías especializadas y grandes superficies. Y es que el tebeo europeo, dominado sobre todo por el mercado francobelga, tiene una larguísima tradición de obras maestras y joyas que, quizá, se nos hayan pasado desapercibidas.
Riad Sattouf nos ofrece un excepcional vistazo a su juventud en oriente medio en los años ochenta con 'El árabe del futuro'. Año a año cada entrega se ha hecho hueco en la mayoría de tops y no es para menos.
David B. es el responsable de lo que quizá sea la primera gran obra maestra de lo que llevamos de siglo XXI (o la última del XX según el año de publicación de cada entrega). También conocida como 'Epiléptico'.
En uno de esos tristes ejemplos de lo difícil que han estado las cosas para lograr publicar en nuestro país nos encontramos con 'Blacksad', sensacional noir que llegó a Francia meses antes que a España.
Puede que sea, sin duda, la historia más política de todas las que tiene Superlópez en su haber. Y, probablemente, la mejor y más compleja.
Un tierno slice of life en el que Larcenet cuenta la historia de un antiguo fotógrafo de guerra que se retira a vivir al campo: LOS COMBATES COTIDIANOS.
Recuerdo que la primera vez que leí 'El corazón del imperio' debía tener trece años y todo lo que vi me abrumaba y fascinaba a partes iguales. Talbot crea un universo futuro riquísimo en el que el Imperio Británico es su dueño.
Recientemente reeditada en España, Émile Bravo se pone a actualizar al famoso botones dentro de la colección de historias que nos ha dado otras joyas como 'El botones de verde caqui' o 'La mujer leopardo': 'Diario de un ingenuo'.
Entre lo mejorcito que ha dado la casa italiana Bonelli se encuentran las aventuras del investigador de lo sobrenatural Dylan Dog creado por Tiziano Sclavi.
Con este intrigante y chocante nombre se esconde un ejercicio de historia alternativa ambientada en unos finales del siglo XX con tintes victorianos, más en concreto vamos a una Baker Street que es el centro neurálgico de los punks londinenses.
Cómo no meter por aquí la obra magna de dos gigantes como son Alejandro Jodorowski y Moebius y que se ha convertido en una de las obras más influyentes de la ciencia ficción de las últimas décadas.
Una divertida saga en la que seguimos la historia de un pobre pintor que se ve buscándose la vida como tripulante de un barco pirata. Caricaturesco e inesperado en el sentido de que no es lo que uno espera cuando lee la sinopsis y el título, sino muchísimo más.
El magnífico Hermann elabora con 'Jeremiah' una gran saga postapocalíptica protagonizada por dos jóvenes en busca de una justicia que no existe en una Estados Unidos dividida en tres regiones raciales. Hermann demuestra en estos álbumes ser, al menos, tan buen escritor como dibujante...
Siendo Dredd uno de los personajes más emblemáticos que ha salido de la factoría de 2000AD, extraña la pobre suerte editorial que ha tenido por nuestro país hasta relativamente poco. Pero esto no implica que estos primeros años, con Ezquerra y Wagner a la cabeza, no sean de una calidad altamente notable. Juez Dredd.
Trondheim es un viejo conocido para los aficionados al cómic francobelga por su colaboración con Joan Sfarr en 'La mazmorra'.
Es difícil decidirse por algo de Carlo Giménez, así que voy a "tirar" por la impactante 'Paracuellos', que nos sitúa en las desventuras de un grupo de críos en un internado (Casa de Asilio Social) durante los primeros años del nacionalcatolicismo de Franco.
Marjane Satrapi relata en esta gran obra sus experiencias como testigo del cambio que sufrió Irán a finales de los 70, cuando ella era todavía una niña.
La obra de Peeters está repleta de grandes cómics pero creo que el más conmovedor y redondo es 'Píldoras azules' en el que el autor cuenta su relación con Cati y su hijo, ambos seropositivos.
El yugoslavo Enki Bilal plasma en la "Tetralogía del monstruo" que inicia con este cómic un asombroso relato lleno de humanidad en el que, ambientándose en un futuro cercano, nos habla de las heridas de la guerra de los Balcanes a través de tres huérfanos. EL SUEÑO DEL MONSTRUO C (COL.
Aunque parece que ya nadie presta atención a Mortadelo y Filemón, tenemos que recordar que durante un tiempo han sido los mayores símbolos del cómic de Bruguera y, por extensión, del español.
De entre toda la bibliografía de Paco Roca probablemente 'Los surcos del azar' sea la obra en donde alcance el mayor grado de madurez artística. Los surcos del azar.
Puede resultar una extraña elección teniendo en cuenta que 'Los cigarros del Faraón' o 'El secreto del unicornio' son las primeras que vienen a la mente a la hora de hablar de las aventuras del intrépido reportero creado por Hergé. Sin embargo, 'Tintín en el Tíbet' es uno de los álbumes más especiales de la saga.
Aunque ya hemos recomendado 'Jeremiah', no me resisto a incluir el que probablemente sea uno de los mejores cómics de género histórico de la BD francobelga.
Otra obra magna del cómic es el 'Torpedo' de Abulí y Bernet, una monumental obra que cuenta las aventuras de Luca Torelli, implacable asesino a sueldo que recorre los bajos fondos de la Nueva York de los años 30. Torpedo 1936.
Aunque gran parte de su obra se ha realizado para editoriales estadounidenses, el Alan Moore inglés nos ha regalado esa obra maestra que es 'V de Vendetta' (iniciada en Reino Unido y completada en Estados Unidos).