La noche había sido testigo de un giro inesperado en los corazones de dos jóvenes héroes. Un encuentro fortuito, unas palabras sinceras y la cruda realidad de los sentimientos no correspondidos habían dejado a Marinette y Chat Noir en un estado de profunda desolación. Ambos se encontraban distanciados, dándose la espalda sobre la arena, con un silencio que pesaba más que cualquier palabra.
Fue Chat Noir quien, incapaz de soportar la tensión, rompió el hielo, preguntando directamente sobre la veracidad de los sentimientos de Marinette por Adrien Agreste. La confesión de Marinette fue sincera: "Si... pero solía hacer hasta lo imposible por ese amor y era demasiado pesado de llevar...". Sus palabras resonaron en el aire, cargadas de un anhelo que hasta entonces había permanecido oculto. El corazón de Chat Noir dio un vuelco al escuchar su respuesta, mientras que Marinette, sintiendo la necesidad de reciprocidad, inquirió: "¿Y tú, Chat Noir? ¿Tienes sentimientos por Ladybug?". La respuesta de él fue tajante: "No... era demasiado pesado de llevar, solía hacer hasta lo imposible por ese amor".
En medio de la desolación, Marinette intentó animar a su compañero con un "Al menos aún tienes a tus fans". Chat Noir, sin embargo, insinuó una verdad más profunda: "Tal vez ya no tendría fans si supieran quién se esconde detrás de la máscara". La respuesta de Marinette fue inmediata y reconfortante: "No me importa que uses una máscara. No importa quién esté debajo...". Sus palabras, cargadas de una sinceridad que cautivó a Chat Noir, lo impulsaron a girarse y encararla. Descubrió a Marinette con las mejillas sonrojadas y una mirada que lo desarmó.
"¿Aún sigues siendo mi fan?", preguntó él, sorprendido y esperanzado. Marinette, con una sonrisa que iluminó la noche, respondió: "Yo soy... super, super fan...". El significado detrás de sus palabras era mucho más profundo de lo que aparentaba. Se acercó aún más, y la pregunta flotaba en el aire: "¿Fan del tipo...?".

Chat Noir, consciente de sus propios sentimientos por Marinette, se debatía entre la esperanza y la duda. Había sido rechazado como Adrien Agreste, y ahora, como Chat Noir, se enfrentaba a la posibilidad de un nuevo rechazo. Sin embargo, la cercanía de Marinette y la sinceridad en sus ojos lo impulsaron a arriesgarse. Marinette, impulsada por un deseo que superaba el miedo al rechazo, dio un paso audaz: "Fan del tipo que está lista para hacer esto...". Y con ello, lo besó en la mejilla.
El beso, tierno y lleno de significado, aceleró el corazón de Chat Noir y le otorgó un rayo de esperanza. "Si, del tipo que también puede hacer esto...", respondió Marinette, besando su nariz con dulzura. La ternura de la situación conmovió a Chat Noir, quien se dio cuenta de que quizás, solo quizás, podría ser amado por Marinette como él la amaba a ella. Decidió aventurarse un poco más: "¿Y por qué no... esto?". Y la besó en la mejilla, incitándolo a querer algo más. La razón abandonó a Marinette, y el momento se volvió magnético. Se acercaron el uno al otro, como imanes, y el beso que compartieron fue liberador.

A pesar de los riesgos y la prohibición de revelar sus identidades, el beso continuó. Chat Noir la atrajo hacia sí, mientras Marinette posaba su mano en su nuca. Marinette recordó otros besos, algunos bajo la identidad de Ladybug, otros llenos de confusión y dolor. Pero ahora, al ser Marinette, sintió una nueva esperanza. Si Chat Noir ya no amaba a Ladybug, ¿la amaría a ella?
El beso se detuvo, pero sus frentes permanecieron unidas, sus ojos cerrados, temerosos de que la realidad rompiera el encanto. "No quiero parar...", susurró Chat Noir. "No quiero que esto termine", aceptó Marinette, sabiendo que la realidad era ineludible. "...esto no está bien", completó él. A pesar del dolor, ambos sentían paz al saber que sus sentimientos eran mutuos, y que las consecuencias de su amor serían peligrosas. "Pero... no tiene que terminar aquí...", sugirió Marinette, sorprendiendo a Chat Noir. "¿A qué te refieres?", preguntó él, desconcertado. "La noche apenas comienza... ¿Por qué no podemos... simplemente... disfrutarla?".
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La respuesta tardó unos segundos en llegar. Segundos en los que Chat Noir, harto de acatar órdenes, encontró en la propuesta de Marinette la respuesta a sus propios deseos. La besó de nuevo, como una afirmación, entregándose a ella por esa noche, como en un sueño del que nunca querría despertar. Marinette aceptó el beso, sabiendo que esa noche sería mágica, única e inolvidable.
Desde la perspectiva de Marinette, la sensación era incomparable. La ternura, la adrenalina, la ansiedad y el amor se mezclaban en ese beso que la robaba los sentidos. No importaba cuánto tiempo pasara, solo quería seguir besándolo. La falta de aire los obligó a separarse, pero sus frentes permanecieron unidas. "Esto es una locura. ¡PERO QUIERO VOLVERME LOCO!", gritó Chat Noir, lleno de euforia. Marinette, con una sonrisa y un sonrojo, le susurró: "¡Shhh! ¡Pueden oírte!". "Por mi, que todo mundo se entere...", respondió él, pero bajó la voz. "¿Tu... te sientes... igual? Es decir ¿De verdad? ¿No solo como una fan?", preguntó con inocencia.
Marinette, conmovida, llevó su mano al centro de su pecho, invitándolo a sentir el latido acelerado de su corazón. "No solo me gustas, Chat Noir...", confesó, y al ver el rubor en sus mejillas y el brillo en sus ojos, lo amó aún más. Desde la perspectiva de Adrien, el latido de su corazón se sincronizaba con el de Marinette. Se sentía como en un sueño. Si alguien supiera lo que estaba sucediendo, se preguntaría cómo había llegado a ese punto. Marinette ya se le había confesado como Chat Noir, pero ahora, él, Chat Noir, se había enamorado de una civil. Esperaba no aprovecharse de ella, pues lo que sentía era real. "Eres increíble, Marinette... y te agradezco por darme esta oportunidad", dijo con sinceridad. "Simple civil que se ha enamorado de un héroe? Por supuesto que no, soy yo quien debe agradecerte", respondió ella. "Simple? Tú lo eres todo, menos simple, Marinette", replicó él, recordándole su valentía.
La historia se adentra en un invierno particular. Marinette, cansada de estudiar, es sorprendida por la visita de Chat Noir. Él, sintiéndose ignorado, decide volver a su forma civil como Adrien. Marinette, al notar su desánimo, intenta animarlo. Adrien, preocupado por su exceso de estudio, le pregunta cuánto tiempo ha estado dedicándose a ello. Marinette, evasiva, revela que ha estado estudiando durante diez horas ese día. Adrien, aunque preocupado, decide cuidar de ella, preparándole la cena y dándole un masaje para aliviar sus dolores de espalda y hombros. Durante el masaje, Marinette se siente dichosa de tener a Adrien en su vida, y él, a su vez, se siente afortunado de tenerla a ella. La noche concluye con un tierno momento entre ellos, donde Marinette admite que su mayor suerte fue conocerlo, y Adrien, que su mayor fortuna es tenerla a su lado.

La narrativa se desplaza a un evento festivo, donde Marinette, a pesar de su desánimo por un amor no correspondido hacia Adrien, se ve arrastrada a la celebración por su amiga Alya. Alya, al notar la tristeza de Marinette, decide ponerla a prueba al anunciar la llegada de Adrien. Marinette, visiblemente nerviosa, se levanta bruscamente. Alya, dándose cuenta de que Marinette ha bebido demasiado ponche, se preocupa y junto con Nino y Adrien, se disponen a buscarla. Adrien, preocupado, se transforma en Chat Noir para intensificar la búsqueda. Después de un tiempo, Chat Noir localiza a Marinette, quien se encuentra sola y vulnerable. Él la consuela y la abraza, recordándole que ella es su "purrincess". La escena se torna íntima, con Marinette revelando que él siempre ha estado a su lado en los momentos difíciles, incluso tras la muerte de sus padres. Ella se refugia en sus brazos, encontrando consuelo y amor en su presencia. La historia concluye con un tierno momento entre ellos, donde se reafirma su conexión y el amor que comparten.
Marinette, a sus dieciocho años, se encuentra sola tras la pérdida de sus padres dos años atrás. A pesar de la tristeza, cuenta con el apoyo de sus amigos Alya y Chloé, quienes han madurado significativamente. Su amor por Adrien, sin embargo, sigue sin ser correspondido. En medio de esta soledad, la presencia de Chat Noir se convierte en un faro de luz. Él la visita en las noches, rodeándola con sus brazos y compartiendo momentos íntimos. Marinette se siente atraída por su voz grave y felina, y por sus ojos verdes que la cautivan. A pesar de que él no conoce su identidad como Ladybug, la acepta tal como es. Ella recuerda cómo él estuvo a su lado en los peores momentos, especialmente tras la muerte de sus padres, cuando se sentía completamente sola y destrozada. La historia culmina con un tierno momento entre ellos, donde se reafirma su conexión y el amor que comparten, a pesar de las adversidades.