Manuel Vázquez Gallego: El Genio del Cómic Español y su Vida de Leyenda

Manuel Vázquez Gallego, más conocido como Vázquez, nació en Madrid en 1930 y se convirtió en uno de los pilares del cómic de humor español. Su talento para el dibujo se manifestó desde muy temprana edad, creando personajes icónicos que marcaron a generaciones. A pesar de su prolífica carrera, su vida personal estuvo marcada por la anarquía, la impulsividad y una constante huida de los acreedores, aspectos que alimentaron su leyenda y se reflejaron en su obra.

La portada para la revista Automovilismo en España, que dibujó a los 9 años (si nació en 1930, debió publicarse sobre 1939) fue su primer dibujo remunerado. Lamentablemente no he podido localizar ese dibujo, parece que hay un ejemplar de esa revista en la Biblioteca Nacional de Madrid.

En 1947 aparecen chistes e historietas suyas en varios números de revistas de su Madrid natal como Maravillas y Flechas y Pelayos. Maravillas nº 412. y publica por primera vez "Las hermanas Gilda" en el nº 96 de Pulgarcito. Las Hermanas Gilda fueron su primera serie de gran importancia, llegando a ser su serie más longeva.

Vázquez publica en 1950 también en otras editoriales. También dibujó varias historietas y chistes para el Almanaque para 1951. Ese mismo año debutó la importante revista de Bruguera El DDT, y Vázquez colaboró con tres series nuevas: "Azufrito", "Currito Farola" y "La familia Cebolleta".

En 1953 dibuja "Lopez", que aparece por primera vez en el nº 102 de el DDT. En la revista El Botones de Hispano Americana, publica varios personajes e historietas, algunos ya aparecidos en el Almanaque de Humor de Bolsillo, como Peter y Bartolo. La revista Els Infants, publicada por Hispanoamericana, contenía varias páginas de Vázquez. Siempre me han asegurado que se trata de reediciones de material anterior publicado en revistas de la misma editorial, de hecho su estilo es el de años anteriores a la publicación en "Els Infants".

"Don Isótopo" en Pulgarcito, "Los dos Gemelos" en Selecciones de Humor de el DDT (más adelante aparecerían como "Los Hermanos Marabunto", "Los Hermanos Dupont" o "Los Hermanos Pérez") y "Vidas Ejemplares" en DDT.

Fuera de Bruguera, en Parque, suplemento infantil del periódico Solidaridad Nacional, dibuja con el seudónimo de Moncho a "Sabanito", "Don Eloíso" "Doña Tele" y "Ríase con Mistol... Ríase con Mistol... Ríase con Mistol... "

"Angelito" también nacería en 1964, apareciendo en Tio Vivo, DDT y Pulgarcito. Al principio muy políticamente incorrecto, cambiaría posteriormente endulzando su personalidad. Otro personaje que tendría su recopilación en Olé.

En Tio Vivo nº 185 aparece "Arturito el Marcianito" por primera vez. El debut de "Anacleto, Agente Secreto" acontece en el nº 1753 de Pulgarcito.

En 1982 dibuja "A Vista de Sappo" y "La Telerisión y Yo" en El Puro, y dibuja bocetos para un cortometraje de Gugú, que ganaría ese mismo año un premio de la Generalitat de Catalunya.

El hijo del dibujante Manuel Vázquez Gallego (Madrid, 1930-Barcelona, 1995) firmó la historieta de dos páginas "Los cuentos del otro Vázquez", incluida en el catálogo de la exposición By Vázquez, presentada en la Sala Imagen de Sevilla en diciembre de 2005. Interpretó un pequeño papel y fue ayudante de dirección en la película El gran Vázquez (Óscar Aibar, 2010), basada en la vida de su padre.

Retrato de Manuel Vázquez Gallego

La leyenda de Manuel Vázquez Gallego (Madrid, 1930-Barcelona, 1995), autor de series legendarias del cómic español como Anacleto, agente secreto o La familia Cebolleta, cuenta que llegó un día a su casa y se encontró a varios cobradores en el rellano. Rápidamente se puso a aporrear su propia puerta con gran virulencia: "Paga lo que debes de una maldita vez, sabandija", debió vociferar. Vázquez se hizo pasar por un cazamorosos con gran convicción. Tanta que los señores del frac le acabaron invitando a unas cañas e incluso le pagaron un adelanto. ¡Pedazo de sinvergüenza!

Este es uno de los mitos sobre Vázquez que Francisco Ibáñez, padre de Mortadelo y Filemón y compañero de fatigas en la Editorial Bruguera, reprodujo en su popularísima tira 13, Rue del Percebe. "El mayor homenaje de Ibáñez a Vázquez fue convertirlo en el célebre moroso del ático", cuenta el cineasta Óscar Aibar (Barcelona, 1967), autor de El gran Vázquez, biopic sobre el dibujante de cómics. Aibar es probablemente la mayor autoridad mundial en leyendas urbanas sobre Manuel Vázquez Gallego, al que conoció en sus últimos años de vida, cuando ambos trabajaban en la revista underground Makoki.

"Cada vez que iba a un sarao del mundo del cómic, en los postres siempre se acababa hablando de Vázquez. Que si se había ido sin pagar de no sé dónde, que si había sableado a no sé quién, que si había estafado a sus jefes de Bruguera...", cuenta el cineasta. Aibar llegó a tener varios cuadernos guardados repletos de anécdotas sobre Vázquez. La película le ha permitido "transcribir el mito" de un hombre cuya vida fue "una epopeya" de otros tiempos. "Alguien tenía que recuperar sus peripecias para las generaciones futuras, como hizo Homero con Ulises", razona entre risas Aibar, que "confrontó la leyenda con la realidad" hablando con la primera mujer y los hijos del dibujante madrileño.

De la estafa a la viñeta

Ahora que el último grito en el mundo del cómic son las historias autobiográficas, no deja de ser pasmoso repasar las peripecias de uno de los personajes más corrosivos de Vázquez: él mismo. "La leyenda del Vázquez deudor se corrió tanto, creció de un modo tan brutal, que podía haberme sentido vilipendiado. En vez de eso, decidí sacarle dinero y crear el personaje del Tío Vázquez. Lo malo es que lo que yo hubiera querido es ser un estafador inmenso, de gran escala, y no un pobre tío que huye de su sastre. El sueño de mi vida era ser el perfecto sinvergüenza", contó una vez Manuel Vázquez Gallego.

"Lo que le convierte en un artista definitivamente moderno para su época es que se transformó a sí mismo en personaje. Vázquez era un pícaro. Hizo apología de ello en sus historietas. Imagínate en 1961, en pleno franquismo, crea un personaje que se llama el Tío Vázquez y les dice a millones de niños: el héroe es el que no paga. ¡Inaudito!", exclama Aibar.

Algo inconcebible en una época en la que la Orden de 1956 que regulaba el contenido de las publicaciones infantiles prohibía taxativamente "toda desviación del humorismo hacia la ridiculización de la autoridad de los padres, de la santidad de la familia y del hogar, del respeto a las personas que ejercen la autoridad, del amor a la Patria y de la obediencia a las Leyes". Pero los "irreverentes" tebeos de Bruguera se caracterizaban precisamente por lo contrario: "Los temas principales eran la ridiculización de la autoridad, el retrato de la familia como sistema desestructurado y caótico, y la chapuza como emblema del trabajo", repasa Aibar. En ese contexto, el creador de Heliodoro Hipotenuso y Las hermanas Gilda no paró de chocar contra el muro de la autoridad, representado en el filme por el personaje de Peláez (Álex Angulo), un contable malvado de la editorial en la que trabaja que representa al auténtico enemigo de Vázquez: "El sistema". "Peláez es su opuesto: aburrido, gris, mediocre, pelota, un burócrata que lo persigue. En una de las escenas de la película, Ibáñez dice a Vázquez: ‘Por lo menos, ahora ya no tendrás a ningún Peláez dándote la paliza'. Y Vazquez le responde: ‘Siempre hay un Peláez", adelanta el director.

Fotograma de la película

Un trabajo confortable

El rodaje de El gran Vázquez en los Estudios de la Ciudad de la Luz (Alicante) ha ido como la seda. "Todo lo contrario que el de mi primera obra, Atolladero, ejemplo canónico de todo lo malo que le puede pasar a una película", cuenta Aibar aludiendo a un rodaje desastroso que parodió años más tardes sin piedad en la (desternillante) novela Making of (Mondadori, 2008). Una de las claves de la buena marcha de su nuevo proyecto tiene nombre y apellido famoso: Santiago Segura. "Su implicación ha sido brutal. Uno de los atractivos de la película es verlo haciendo algo completamente diferente a lo que ha hecho hasta ahora. Se ha tirado a la piscina. Comparto con él la veneración por los cómics y sobre todo por Vázquez", dice un cineasta que tiene varios originales del creador de La familia Cebolleta enmarcados en las paredes de su piso madrileño.

Aibar espera expectante el estreno del filme en San Sebastián, donde, como ocurre en otros festivales de prestigio, no se suelen incluir comedias en la competición. Al menos en los últimos tiempos. "En los años sesenta, se estrenaban allí los grandes clásicos de la comedia italiana: Mario Monicelli, Dino Risi, Vittorio Gassman... Espero que los espectadores vean algo de esas películas en El gran Vázquez". Otro de los anhelos del cineasta es que el público salga de su película con la misma sensación que dejan a veces los biopics de personajes insólitos pero poco conocidos como Ed Wood. "Que digan: ‘¡Hostia! ¡Este tío hizo esto! ¿Por qué no me sonaba de nada?". Una buena respuesta a esa pregunta sería esta: "Vázquez, además de un genio, era un gran perdedor. El éxito no es interesante para un filme. Se aprende mucho más de las vidas de los perdedores", zanja convencido.

Vázquez fue el creador de personajes tan famosos como Anacleto o Las hermanas Gilda, entre otros. No obstante, su caótica vida personal y un carácter impulsivo también lo marcaron profesionalmente, algo que no fue óbice para convertirse en referente de otros colegas. Manuel Vázquez Gallego, más conocido como Vázquez Nació en Madrid en 1930 y desde muy temprano demostró un gran talento para el dibujo. Fue allí donde creó a sus personajes más importantes, que terminaron marcando a más de una generación. Protagonista de episodios oscuros como su paso por la cárcel tres veces, una por una acusación de bigamia, tuvo 11 hijos. Y la peor fama le vino por moroso, además de su habilidad para engaños con picardía y su poca voluntad para el trabajo.

En los años 70 adoptó el seudónimo de Sappo para colaborar en cómics ya de corte erótico para adultos en otras publicaciones. Y cuando Bruguera cerró a mediados de los ochenta se convirtió en su ocupación principal.

Personajes Emblemáticos

  • Anacleto, agente secreto: Creado en 1964, un remedo cómico y castizo del agente 007, tremendamente torpe y despistado, con un jefe que suele sacarle las castañas del fuego, es quizás el más recordado.
  • Las hermanas Gilda: Creadas en 1949 tres años después del estreno de la película Gilda, de la que tomaron el apellido, Leovigilda -la mayor, escéptica y más mandona- y Hermenegilda -más bobalicona e infeliz- son dos hermanas solteras que viven juntas y representan un retrato mordaz y al mismo tiempo reflejo de la represión de la época.
  • La abuelita Paz: La abuelita Paz era tan adorable como insensata muchas veces y cascarrabias otras tantas.
  • Los cuentos de tío Vázquez: Su autorretrato de corta estatura e gran picaresca, que siempre estaba huyendo de sus acreedores, como en la realidad.

Vázquez inició su carrera con el cuaderno Macana en el Oeste, publicado por Hispano Americana de Ediciones en 1946, y al año siguiente ya estaba trabajando en la revista Flechas y Pelayos, donde publicó su primer serie, Mr. Entre finales de 1947 y principios de 1948, Vázquez viajó a Barcelona, donde fue contratado por Editorial Bruguera, para cuya revista Pulgarcito experimentaba con diversos personajes (Mofeta, Jimmy Pintamonas, Gildo, Heliodoro Hipotenuso, Servulio Argamasa, Spoleta, Mr. También creó otras series en 1951 para un remozado Pulgarcito (Don Binomio e Hijo, S.L.) y para El DDT, fundado ese año (Azufrito, Currito Farola, er Niño e la Bola y La Familia Cebolleta).

Entre 1961 y 1963, sin embargo, otros autores, como Gustavo Martz Schmidt y Blas Sanchís, empezaron a encargarse de sus series y la misma Bruguera lo denunció en abril de 1963 por robo y falsificación de recibos. Mediada la nueva década, Vázquez creó Angelito (1964) y la tercera de sus series de mayor éxito, la paródica Anacleto, agente secreto (1965). Con Bruguera en suspensión de pagos en 1982, Vázquez buscó nuevos medios donde publicar, como la revista JAuJA («Vámonos al bingo», «Los casos de Ana y Cleto») y El Pequeño País («Así es mi vida»).

En junio de 1991 se estrenó en la sala Olimpia de Madrid Operación Ópera, espectáculo teatral montado por Ignacio García May y Juan Antonio Vizcaíno. La obra tiene como protagonistas a Aniceto (Anacleto) y las hermanas Morgan (Las hermanas Gilda). En 1993, Vázquez hubo de volver a El Pequeño País (Jurasy, Mónica) y probó con la nueva revista "Viñetas", donde serializó Las inefables aventuras de Vázquez, Agente del Fisco.

Vázquez era amigo del director de cine Jesús Franco y, según el cineasta, aparece como actor en dos de sus películas. Una de ellas es Gritos en la noche (1962), en donde interpretó a un dibujante que hacía un retrato robot del asesino. Franco también le dedicó su película Mari Cookie y la tarántula asesina (1998), y durante años barajó el proyecto de hacer una adaptación de Las hermanas Gilda al cine.

Portada de un cómic de

Manuel Vázquez y su influencia

Fueron muchos los dibujantes que reconocieron públicamente su admiración por él y esa influencia. Entre ellos, Francisco Ibáñez, que así lo admitió en sus creaciones de Mortadelo y Filemón. Vázquez no fue un dibujante al uso. No lo fue su obra y no lo fue su vida. Las hermanas Gilda (1949), La familia Cebolleta (1951) o Anacleto, agente secreto (1965) forman parte desde los años de posguerra del acervo cultural español.

Pero quizá el personaje más complejo alumbrado por Vázquez haya sido él mismo; críptico, se divirtió mezclando realidad y ficción en su propia biografía. Había en ello algo de divertimento, del hombre cautivado por el absurdo de Jardiel Poncela, pero había también un punto de necesidad: Manuel Vázquez pasó la mayor parte de su vida huyendo de acreedores, respondiendo a demandas y cambiando de mujer. Dejó como legado siete matrimonios, once hijos y unas cuantas estancias en la cárcel. Al menos, eso aseguraba él. Vázquez nunca pareció cómodo con las imposiciones de una vida normal, y mucho menos con la monotonía exigente de una gran editorial. Indisciplinado, inconstante, voluble, anárquico.

Afirmó también que se casó en siete ocasiones. La primera de ellas -y probablemente única- fue con Aurora Medrano; vivió con ella tres años en un hotel en Barcelona e intentó recuperar la relación en sus últimos años de vida. Se sabe, por haberse hallado su partida de nacimiento, que Manuel Vázquez Gallego nació el 24 de enero de 1930 como resultado de la unión del madrileño Manuel Vázquez Yebra, de veintiséis años, y de la brasileña Carmen Gallego González.

En 1990 consiguió el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona, un reconocimiento que, según él, merecía desde hacía muchos años.

Hoy se cumplen veinticinco años desde que, un 21 de octubre de 1995, nos dejó el que ha sido, seguramente, uno de los mayores genios del cómic de humor en este país: Manuel Vázquez. Suyos son personajes como Las hermanas Gilda (1949), La familia Cebolleta (1951) o Anacleto (1964) y suyo es también un estilo de dibujo y de humor que creó escuela en la Editorial Bruguera, especialmente a partir de 1957 cuando Vázquez se convierte en referente para una nueva generación de dibujantes de la editorial entre los que se encuentra Francisco Ibáñez.

Vázquez definió su obra en Bruguera como "repugnante" debido a las constantes censuras y las imposiciones editoriales, afirmando que "lo que tenías que hacer era dibujar. Dibujar cositas y rellenar todas las viñetas". Solo consideraba "suyo" el personaje del Tío Vázquez y Angelito (Gu-Gu), que patentó a tiempo. A pesar de las dificultades, su estilo de humor y dibujo marcó una época y sentó las bases para futuras generaciones de dibujantes.

Los mares del Sur - Manuel Vázquez Montalban

El seudónimo Sappo, que utilizó en su producción adulta, estaba motivado por no querer mezclar su nombre y ser libre. Caso curioso, se dio cuenta de que al ponerlo con dos P, era un personaje de Segar. En 1979 Ceres saca un álbum suyo y al cabo de dos años se publica una continuación. Don Cornelio Ladilla y su señora María (1981). La experiencia de autoedición fue fatal, pero el primer álbum se vendió tanto que no quisieron hacer el segundo, algo "brugueriano". Se agotaron 15.000 ejemplares, que en esa época no era mucho.

En 1987, crea Tita & Nick, una cosa aparte, como para resucitar un poco al Anacleto, pero fue una cosa aparte. Estos personajes sí quedaron de su propiedad. En 1988, entra en TBO, con Víctor Mora, en la sección El Rollo del día. El Grupo Z, en 1989 publica dos álbumes suyos: Vámonos al Bingo y Los casos del inspector Yes. Aún uno no lo ha cobrado todavía. La liquidación se ha perdido. Eso son venganzas.

En Makoki sí trabajó sin imposiciones, siendo la época más feliz de su vida. En la editorial Makoki edita el álbum Historias verdes (1990), una recopilación de trabajos antiguos. Y tienen proyectado Sábado sabadete, que son las historias aparecidas en la revista Makoki. Ahora empezará con otra serie, mañana mismo: Mujeres… o diosas. Seguirá ahí, pues… ha habido unos desajustes de pago, y yo tenía otros trabajos, pero sí, vuelve ahí. No puede dejar sola a su gente. Además disfruta, que si no se aburre.

Actualmente colabora con el diario El Observador, con un chiste de actualidad en la contraportada. No se siente muy limitado. El único problema es si ocurriera algo importante en la actualidad. Complicado por el tema deportivo, que le mata: tendría que poder entregar el mismo día para hacer el chiste sabiendo el resultado, pero no puede ser. La solución sería hacer dos tiras: una por si gana el Barça y otra por si pierde.

Vázquez no se sentía parte de la "Escuela Bruguera", afirmando que era un mito. Lo que había era un señor (Rafael González) que tenía un criterio de lo que era una revista de humor y tuvo éxito porque no había otra. El humor, según él, hay que sentirlo y vivirlo. Lo que hizo en Bruguera nunca fue humor, con tantas censuras por encima y puñetas, y bajo la directriz que había. La técnica que utilizaba para dibujar era de todo, lo que pillaba: rotulador, pluma, un pincel roto, lo que sale. Las plumillas no son buenas, se rompen. Los rotuladores y el rotring lo han perdido todo, pero la gente no lo sabe apreciar.

El mayor homenaje de Ibáñez a Vázquez fue convertirlo en el célebre moroso del ático

Me dejo muchísimas cosas, seguro. Y también hay otras que no aparecen en otras revisiones de la obra del autor, seguro. He comentado sobre las primeras apariciones, faltarían cosas como la evolución de series que se extendieron en el tiempo, también muchas portadas, recopilatorios, merchandising, chistes... Es un nunca acabar.

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