Lazos de Sangre Capítulo 09: La Amenaza de Tessa Becker y la Protección de Aurora

No podía creer lo que acababa de escuchar. Tessa Becker, una presencia que deseaba borrar de mi vida para siempre, volvió a aparecer en escena. Estaba allí de pie, frente al cadáver del italiano. Jace comenzó a desatarlo, y en su mirada, notaba la preocupación. Temía que estallara en cualquier momento, pero yo me negaba a permitir que ella volviera a afectarme.

Poco a poco, los hilos se conectaban en mi mente: la carta, el ataque a Gloria, el espionaje e incluso los idiotas. Con la laptop encriptado, todo apuntaba a Tina Becker. No servía de nada preguntarme el porqué. Tessa era jodidamente caprichosa y complicada. Siempre lograba enredarme de alguna manera. Intentar entenderla era como tratar de encontrarle sentido a un maldito enigma. Pero ahora, joder, Rory necesitaba mi protección. Tenía que averiguar cómo mantenerla a salvo, porque ahora Tina sabía de su existencia.

La silueta de un detective observando un cadáver.

Salí de allí, sumido en mis pensamientos, dejando a Jace a trabajar. Mientras conducía, no podía evitar que los recuerdos se me clavaran en la mente. Su cabello rubio que siempre caía por su espalda, esa mirada que me dirigía como si yo fuera el puto héroe de la película, y esa sonrisa que parecía iluminar todo el jodido mundo. Pero, claro, esa era la imagen que Tessa quería que viéramos; detrás de esa fachada se escondía una arpía fría, sádica y traicionera, joder.

Al llegar a mi edificio, me sentía abrumado, furioso, no solo con Tina y Jace, sino sobre todo conmigo mismo. Me había relajado y perdido de vista mi objetivo principal: mantener a Aurora a salvo. Madison se había apoderado de mis pensamientos, me había enredado en su juego y había pasado por alto demasiadas advertencias sobre la amenaza que representaba Tessa Becker.

Nunca solía cometer errores, nunca bajaba la guardia ni me permitía relajarme de esa manera. Sin embargo, esta vez había dejado que eso sucediera. Me había involucrado en la cacería de la latina, en la obra escolar y hasta había reducido el tiempo de entrenamiento con Jace. Incluso él había empezado a relajarse, algo que no solía suceder. Habíamos caído en una rutina en la que esperábamos que nos buscaran a nosotros o a quienes nos contrataban, y nunca se nos habría ocurrido esta opción por nuestra cuenta.

Una mujer con expresión calculador y una sonrisa maliciosa.

Cuando regresé a mi pent-house, habían transcurrido varias horas, y todo estaba exactamente igual, pero algo parecía fuera de lugar. Las luces estaban apagadas, solo el velador de la sala y la televisión estaban encendidos. Me acerqué con cautela, y entonces la ardiente mujer me tomó por sorpresa; había olvidado por completo que ella estaba en mi departamento. Pero como siempre, ella tenía ese maldito don de hacer que se me fueran todas las ideas de la cabeza y solo pensara en una jodida cosa.

No se dio cuenta de que había entrado, estaba tan absorta en la serie que estaba viendo. Estaba al natural, y uno podría pensar que así perdería parte de su maldito encanto, pero, carajo, al contrario, lucía incluso más sexy de lo normal. Su cabello aún estaba húmedo, por lo que sus rizos no estaban perfectamente definidos, creando un cabello largo con unas leves ondas. Llevaba puesta una de mis playeras, y en ese momento, ¿cómo la había encontrado? Honestamente, no me importaba una mierda.

La playera le llegaba hasta la mitad de los muslos, pero a simple vista, no llevaba nada debajo, mostrando unas piernas largas y tonificadas que terminaban en sus pequeños pies. Su cuerpo pequeño se acomodaba perfectamente en el sofá de una plaza. Su piel morena resaltaba bajo las tenues luces, y sin duda alguna, me tenía completamente jodidamente fascinado.

Una mujer con una camiseta grande, sentada en un sofá, con el pelo mojado.

- ¡Dios santo!- Se llevó la mano al pecho cuando saltó del susto, pero pareció aliviarse al ver que era yo. Siempre que hablaba, podía distinguir esa tonada mexicana en su voz, y sonaba jodidamente sensual. La forma en que sus labios se movían era tentadora como el infierno- Que susto me has dado... tome una camiseta tuya, espero que no te moleste pero tuve que lavar mi vestido, ya sabes por las manchas y no sabría cómo explicarlo- Lucía nerviosa, un poco avergonzada mientras yo hablaba. Su carácter furioso e histérico se había esfumado, dejando un aire más ingenuo y tímido. Sus mejillas estaban teñidas de rubor, y desde mi altura, no podía evitar notar sus grandes y sinceros ojos verdes. Apenas podía mantener su mirada en la mía.

"El apartamento"(1960), escena: "Yo vivía como Robinson Crusoe..."

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