La relación entre Hyun y Eun-seo se encuentra en un punto crucial, donde la confianza se fortalece ante los desafíos. A pesar de la distancia física, ambos son plenamente conscientes de los sentimientos y las acciones del otro. Resolver sus propias necesidades en habitaciones separadas, lejos de la mirada de sus anfitriones, Ji-woon y Dam-yi, marca un nuevo hito en su entendimiento mutuo.
Al reunirse, el rubor en sus rostros es evidente, producto de la intimidad recién experimentada. Sin embargo, no hay arrepentimiento, solo la ligera incomodidad de haberlo hecho en la casa de sus amigos. A pesar de las circunstancias, reconocen haber hecho lo mejor posible, optando por no atormentarse con el "qué hubiera pasado si...". La alternativa de haber cedido a la tentación y resuelto sus problemas juntos, allí mismo, habría sido una profanación de la confianza y hospitalidad que les ofrecían.
Esta intensa cercanía les impide conciliar el sueño, temerosos de caer nuevamente en la tentación. Evitan incluso el contacto físico más sutil, como los besos, por miedo a que sus cuerpos reaccionen de la misma manera. Para disipar la tensión y enfocar sus mentes, deciden salir al jardín y realizar estiramientos al fresco aire de la mañana.

Mientras se concentran en los ejercicios, Eun-seo propone un duelo con espadas. La idea es aceptada con entusiasmo por Hyun, quien reconoce la necesidad de entrenar sus habilidades de combate. El duelo pendiente se convierte en la oportunidad perfecta para canalizar la energía y la tensión acumulada.
Eun-seo saca el par de espadas que ha traído consigo y le ofrece una a Hyun. Al empuñar la espada, Hyun observa los músculos de Eun-seo ondular bajo su vestimenta, un detalle que lo distrae momentáneamente. Se reprocha mentalmente, instándose a concentrarse en el combate y no en la figura de su guardaespaldas.
-Bien, empecemos -dice Eun-seo, ajeno a los pensamientos de Hyun-. Atácame tú primero.
Hyun adopta una postura defensiva, evaluando la técnica de su oponente. Eun-seo, con ojos oscuros fijos en los de Hyun, espera el primer movimiento. Hyun se mueve con cautela, calculando el momento oportuno para atacar. Eun-seo, con agilidad, desvía los golpes de Hyun y contraataca. La velocidad y precisión de ambos guerreros convierten el duelo en una danza peligrosa, donde cada movimiento es un cálculo, cada parada un reflejo.
-No lo haces nada mal -comenta Eun-seo, esquivando los ataques de Hyun con esfuerzo.
En un instante, Eun-seo encuentra una abertura y se lanza al ataque. Hyun se defiende con lo mejor de su habilidad, pero la velocidad de Eun-seo es formidable. Ambos jadean, agotados, pero el ritmo rápido del combate se mantiene. Finalmente, la espada de Eun-seo rompe la defensa de Hyun, deteniéndose a milímetros de su rostro, demostrando un control absoluto.
-Debes mantener la concentración en todo momento para que esto no te suceda -indica Eun-seo, mirándolo fijamente.
-¡1 - 0 a favor del hombre rudo! -grita de pronto la voz de Ji-woon, interrumpiendo el trance de los combatientes. Ji-woon, observador desde el umbral de la puerta, se une al espectáculo culinario de una manzana. Les insta a continuar, ofreciéndose a llevar la cuenta mientras espera a sus clientes.
-Hagámoslo una vez más -dice Hyun, con voz fuerte. Eun-seo asiente.
El mejor jugador del campo es una princesa disfrazada. ¡En cuanto salió, todo cambió!
El duelo se reanuda, y la intensidad aumenta con cada embate. Dam-yi se une a la audiencia improvisada, sorprendida por la fluidez de los movimientos de ambos. -Vaya -dice Ji-woon, girando la cabeza para mirarla-, ¿te das cuenta de que los movimientos de ambos están fluyendo juntos? -Es verdad -responde Dam-yi-. Están haciendo que incluso los movimientos más difíciles parezcan lo más sencillo... Es como si estuvieran ejecutando una bella danza.
-¡2 - 2! ¡Están empatados por primera vez! -grita Ji-woon, cuando Hyun logra ejecutar un movimiento casi idéntico al de Eun-seo, derrotándolo.
-¡Muy bien hecho, Hyun! -dice Eun-seo, con una sonrisa en su rostro a pesar de estar arrodillado-. Has usado mi propia técnica contra mí.
Hyun le devuelve la sonrisa y le hace una señal para que continúen. Eun-seo, animado, se pone en pie y ataca de nuevo con elegancia. El cabello de Eun-seo se agita salvajemente mientras el combate se vuelve más intenso, y su curiosidad se centra en ver hasta dónde llegará Hyun.
Lo que comenzó como un duelo privado, pronto atrae la atención de un nutrido grupo de mujeres jóvenes, clientas de Ji-woon, cautivadas por el sonido del enfrentamiento. Inmersos en la batalla, Hyun y Eun-seo apenas se dan cuenta de la multitud que los observa.
El duelo concluye con un marcador de 6 - 5 a favor de Eun-seo. Ambos jadean, agotados pero satisfechos. Hyun, aunque derrotado, sonríe al saber que ha logrado superarse a sí mismo, venciendo al mejor espadachín de Joseon al menos una vez.
Las mujeres aplauden emocionadas el triunfo de Eun-seo, quien las mira desconcertado. Su atención se dirige luego a Hyun, quien se levanta con dificultad. Eun-seo se acerca y le ofrece la mano, preocupado por su estado. -Te defendiste muy bien y atacaste aun mejor -le dice a Hyun-. Incluso lograste ganarme una vez. Lo hiciste excelente. -Tú lo hiciste mucho mejor -responde Hyun, intrigado por la aparente indiferencia de Eun-seo ante los halagos de las mujeres.
Sin embargo, Eun-seo sí escucha los comentarios de las mujeres sobre la belleza y el encanto de Hyun. Cuando dos de ellas expresan su deseo de conocerlo, Eun-seo se pone tremendamente serio y las mira con dureza. Hyun, encantado por la reacción posesiva de Eun-seo, sonríe. Eun-seo lo atrae hacia sí, alejándolo de las mujeres y colocándose entre ellas y Hyun.

Ji-woon, percatándose de la situación, se apresura a alejar a sus clientas, explicando que sus invitados necesitan descansar. Ante la insistencia de las mujeres por conocerlos, Ji-woon revela un secreto: -Porque no tiene caso. Ellos ya están comprometidos -dice Ji-woon, dejando a Hyun y Eun-seo sorprendidos.
Dam-yi los llama para que se acerquen. Les elogia su desempeño, especialmente a Hyun, quien se esfuerza por mejorar su habilidad con la espada tras lo sucedido con Gyeom. Eun-seo coincide en la mejora de Hyun, ofreciéndole consejos para perfeccionar su técnica. Hyun, agradecido, propone practicar el combate múltiple, a lo que Eun-seo accede.
Dam-yi ofrece la ayuda de Ji-woon y suya para entrenarlos por la mañana, evitando así a las admiradoras de Eun-seo. Hyun acepta con gratitud, asegurándose de que Ji-woon no tenga inconvenientes. Dam-yi sonríe, complacida de poder practicar con un soldado de élite y su mejor amigo.
Más tarde, Hyun y Dam-yi esperan a Eun-seo para el desayuno. Hyun comparte con Dam-yi los detalles de cómo surgió su relación con Eun-seo. Recuerda la noche en que Eun-seo lo salvó, la forma en que lo miró, la emoción que sintió. -Nunca había sentido nada como eso -confiesa Hyun-. Algo surgió con fuerza esa noche entre nosotros... Él me besó cuando menos lo esperaba y fue como si de pronto mi mundo gris estallara en miles de colores brillantes. Desde entonces mi corazón es solo suyo.
Dam-yi, sorprendida pero feliz por la felicidad de Hyun, le asegura que Eun-seo también está enamorado de él, evidenciado en su mirada y su reacción posesiva ante las admiradoras. Hyun se sonroja, feliz ante la confirmación.
Dam-yi, con seriedad, le pregunta a Hyun sobre las implicaciones de su relación, los peligros de ser descubiertos y la posibilidad de que le pidan desposar a una mujer y tener un heredero. Hyun suspira, admitiendo haber pensado en ello y tener claro lo que debe hacer.
Dam-yi, compartiendo su propia experiencia, le advierte que al final alguien resultará herido. Le recuerda el sufrimiento que ella causó y le expresa su deseo de que todos encuentren la felicidad. La conversación se interrumpe cuando Eun-seo se une a ellos para el desayuno, ajeno a la profunda charla que acaba de tener Hyun con Dam-yi.
