Por supuestísimo, Moyoco Anno no dice nada del estilo. «¡Gorda!» es lo que no paran de gritarle a la protagonista de este manga. Gorda es su título. Un tebeo no apto para espíritus delicados, tampoco enfocado al público juvenil. Gorda es para adultos. Y recalco lo de adultos, porque a pesar de que en Japón clasifican el manganime según la demografía a la que va dirigida, considero este cómic apropiado para todo cerebro maduro.
Nunca me ha gustado, y esto ya es una opinión personal, ese tipo de distribución nipona por género: tebeos para niñas (shôjo), tebeos para niños (shônen), tebeos para hombres (seinen), tebeos para mujeres (josei). Ha sido una forma tremenda de dispersar y fortalecer unos roles de género de lo más rancio a diestro y siniestro, con los prejuicios que suelen provocar, además. Hay que añadirle también la eterna falacia de lo masculino como neutro, relegando las obras creadas o protagonizadas por mujeres al rango de una especialización, un subgénero destinado exclusivamente al sexo femenino, haciéndole así perder su relevancia natural. Para todo el mundo crecidito ya está el seinen ¿no? Craso error. Quizá por eso el desarrollo del josei no ha sido tan espectacular como el del seinen; quizá por eso en España todavía existe un bonito agujero editorial en esa demografía. Quizá, aunque seguramente existan otras variables también. Sin embargo, qué sabré yo, bloguera infeliz, para recelar sobre esas clasificaciones. Han existido desde siempre, y resulta improbable que desaparezcan.
Gorda no es un tebeo solo para chicas o mujeres, aunque esté catalogado como josei. Lo puede leer cualquier varón sin miedo a que se le caiga la picha a trozos. Los habituales devoradores de manga ya saben esto de sobra, no obstante. Y esa sería otra de las mentiras: considerar el universo femenino como algo inferior y que puede contaminar la virilidad del individuo. Ay, amables lectores, cuánta estupidez diseminada por el mundo. Gorda sería estupendo que lo leyera el público masculino, de hecho habría que incentivar su lectura. Aunque se trata de un cómic de hace veinte años, los dilemas que propone gozan de espléndida salud en la actualidad. Por desgracia. No hay nada mejor que un poco de conocimiento y empatía para ser conscientes de los atolladeros que existen en nuestra sociedad. Porque, no nos engañemos, las dificultades que pueda sufrir la mitad de la población, afectan a todos al final.
Pero, ¿este manga no va sobre bulimia y anorexia? Pues no del todo. Gorda toca muchos temas, sin llegar a desarrollar ninguno demasiado; aunque sí lo suficiente para mostrar un panorama cruel y desolador. Los trastornos alimenticios no son un cardo borriquero solitario que brota, repentinamente, en un campo de lindas margaritas. Son dolencias vinculadas a un estado mental y a un entorno; son síntomas de algo más grande. Y es ese algo el que Mayoco Anno plasma en su obra.

¿Existe una gordofobia en Japón? Desde luego. En Japón, en España, en Tuvalu y en la Cochinchina. Se discrimina, menosprecia y cosifica de manera inconsciente a las personas con sobrepeso, máxime si son mujeres. A veces no de forma tan involuntaria. Es lo primero que encontramos retratado en este cómic, que fue escrito además una década antes de que entraran en vigor la ley Metabo y la ley Shuku Iku. Fueron implantadas en colegios y empresas, logrando que el país en la actualidad solo tenga un 3’5% de población adulta obesa. Todo un mérito echando una mirada a la auténtica epidemia que existe en medio planeta. Pero no nos desviemos.
La obesidad es una enfermedad, es lo primero que deberíamos tener claro. Pero es una enfermedad algo especial, pues da la sensación de que quien la padece es porque le da la gana. Se culpa sin ningún tipo de rubor al enfermo de su enfermedad, obviando el hecho de que la obesidad es muy compleja, y de naturaleza además personal. Ningún caso es igual. Se simplifica la afección hasta límites absurdos con la siguiente sentencia inapelable: el que está gordo es porque es un puto vago y come demasiado. Sin fisuras.
Por otro lado, están los ideales de belleza femeninos donde la delgadez, entre otras sandeces irracionales, conforman un canon prácticamente inalcanzable. La constitución de cada persona es distinta, no todos somos idénticos: unos más robustos, otros más flacos; unos más altos, otros más bajos; unos más morenitos, otros más paliduchos. Cualquier característica que se salga de las pautas establecidas como «belleza» es algo a corregir. La más importante es el peso. Es completamente de locos que una talla 42 se considere maxi, cuando es una de las más comunes entre mujeres. La presión mediática y social por conseguir un cuerpo esbelto entre el sector femenino es tal que la sociedad en conjunto ya ha interiorizado la premisa delgadez=éxito.

Esta opresión, como ya comentábamos, es más notoria entre mujeres, pues la belleza se ha considerado desde siempre única virtud intrínseca de la femineidad. Un aspecto físico lindo y un carácter amable son suficientes para ser la mujer perfecta. Ante todo ser bella y joven. De ahí los alucinantes monstruos de la cosmética o de la moda que se han alimentado durante décadas de esa noción lisiada de lo femenino; y que amenaza con infectar también a lo masculino, ojo (el bicho crece). La mujer como objeto al que admirar, la mujer como sujeto pasivo. ¿Y de quién busca la admiración? Del hombre, por supuesto. La hermosura femenina tiene como objetivo atraer y complacer al ser masculino. Y tanto hombres como mujeres alimentan estos principios sin darse apenas cuenta, porque han llegado a pensar que es lo natural.
Todo este intrincado discurso es el que hallamos en Gorda. De una manera desapasionada, casi indiferente; pero que no se corta tampoco ni un pelo a la hora de ensañarse cuando lo considera oportuno. Aunque nunca es de forma gratuita, en la vida suceden a menudo cosas así. Las ideas que Anno desmenuza en este tebeo no sorprenden demasiado ahora, pero en su año de publicación, 1997, supusieron un mind-blowing en toda regla. Y continúan siendo vigentes. Aunque no se debería olvidar que este Gorda le debe lo indecible a la obra previa de la grandísima mangaka Kyôko Okazaki. Ella fue la que abrió la caja de los truenos y revolucionó no solo el josei, sino el paisaje del manga general mediante sus historias venenosas. Unas historias que mostraban un universo femenino hasta entonces inédito. Muy pocos se habían atrevido a mostrar las miserias que se agazapaban en el planeta rosa de las compras de zapatos sin fin o la llegada del novio perfecto del shôjo/josei. Okazaki lo hizo, y Anno siguió su estela.
Una belleza perversa: un análisis de "Helter Skelter" de Kyoko Okazaki
No tengo ningún derecho a enfadarme contigo. Si me enfado contigo, quizá me abandones. Si eso pasa, me muero. Por eso tengo que seguir siendo una chica sumisa con la que te sientas siempre a gusto, hagas lo que hagas. Estos pensamientos proceden de la mente de la protagonista de Gorda, Noko Hanazawa. Noko es una mujer de veintilargos con un buen empleo y novio atractivo. Sale con él desde hace ocho años, y se siente muy afortunada de tenerlo a su lado. Solo tiene un pequeño contratiempo: está gorda. Un problema que ha arrastrado desde que era adolescente, y ha modelado su personalidad insegura.
Noko, a pesar de que ha sufrido siempre acoso por su sobrepeso, ha logrado capear el temporal gracias a que está con su querido Saitô. La ansiedad que la asalta en momentos de debilidad, la apacigua mediante la comida. La comida es su refugio seguro. Pero su mundo da un vuelco cuando una compañera de trabajo, Mayumi Tachibana, descubre quién es su pareja. Mayumi no puede aguantar que una persona de aspecto físico repugnante tenga una pareja tan guapa y exitosa, así que decide castigarla acostándose con él. Y lo hace (varias veces), dado que Saitô no tiene ningún escrúpulo en follar con una mujer hermosa y magra como Mayumi. Le gustan mucho las muchachas así, pero no las quiere como pareja estable porque teme la independencia y el poder que les otorga su belleza. Con Noko no tiene que preocuparse de algo semejante, porque nadie la puede codiciar con su apariencia. Es obediente y solo lo ama a él, sabe que nunca lo dejará haga lo que haga. Saitô posee un ego muy, muy frágil.
Noko, que en un principio no quería enfrentarse a lo que estaba ocurriendo delante de sus narices, por fin decide tomar cartas en el asunto y empezar a perder kilos. Cree que estar gorda ha sido siempre el origen de sus desgracias, y conforme su situación laboral se precariza y Saitô se distancia más, la angustia por comer aumenta de forma exponencial. ¿Cómo lidiar con ello y conseguir adelgazar? Vomitando, claro. Noko consigue adelgazar, pero nada es como ella pensaba que iba a resultar. Nadie deseaba que Noko perdiera peso en realidad, todos la querían bien rolliza en beneficio de sus amores propios.
Gorda no ofrece ni un principio ni un final. Todo ha estado desde un inicio en el aire. Sus quince capítulos, que comienzan con la ilustración de una bella (y enjuta) señorita acompañada de las consabidas armas de mujer, son observaciones al microscopio de una ameba. Una ameba temblorosa y fofa llamada Noko, a la que Anno disecciona sin compasión delante de nuestros ojos. Y no solo a ella, también a esos entes parasitarios que sobreviven gracias a su grasa. La autora hace realmente difícil empatizar con cualquiera de sus personajes, pero quizá esté ahí donde radique la originalidad de este manga, en la capacidad de Moyoco Anno de crear un elenco de impresionante escala de grises. Desde el casi negro de una Mayumi superpredadora, al blanco sucio de una Noko pusilánime y tierna.
Gorda es un tebeo crudo y feroz, como una bofetada. ¡Apúrate! ¡GORDA! de Moyoco Anno es una inmersión vertiginosa en la vida de Noko, una mujer atrapada en un cuerpo que la sociedad desprecia. A través de los ojos de Noko, somos testigos del constante tormento que sufre: desde el rechazo implacable de sus compañeros de trabajo hasta la presión contradictoria de su propio novio por mantenerse gorda. Lo más impactante de "Gorda" es su capacidad para profundizar en las complejidades psicológicas de Noko. Su lucha interna entre la aceptación de sí misma y el deseo de encajar en los estándares de belleza establecidos, es palpable en cada viñeta.
