En el vasto universo de la literatura gráfica, a veces emergen obras que, con su originalidad y profundidad, logran capturar la atención del lector y dejar una marca imborrable. "Los que quedan", una creación de Josep Busquet y Alex Xöul, es precisamente uno de esos cómics. Publicado en España por Ponent Mon, este álbum se adentra en un territorio poco explorado, ofreciendo una perspectiva única sobre las aventuras fantásticas que tanto fascinan a los niños.
La premisa de "Los que quedan" es tan intrigante como conmovedora: ¿qué sucede con los padres cuando sus hijos desaparecen en mundos de fantasía? La obra nos sumerge en la angustiosa experiencia de Susan y Edward Hawkins, padres de Ben, un niño que una noche es reclutado por un ser fantástico para salvar un reino mágico. Mientras Ben vive extraordinarias aventuras, sus padres se enfrentan a una pesadilla en el mundo real. Son objeto de rumores, acusados por sus vecinos e incluso considerados sospechosos por la policía al no haber pruebas de secuestro o fuga.

Josep Busquet, con un guion brillante y lleno de giros inesperados, nos sorprende a cada página. Su pulso narrativo consigue un crescendo casi continuo que atrapa al lector de una manera irremediable. La historia expone la "otra" realidad de las aventuras mágicas vividas por menores, aquella que solo viven los adultos. Es un homenaje a los cuentos clásicos de aventuras infantiles, pero con un giro muy interesante que aborda con la normalidad de la realidad un tema muy recurrente en las fábulas.
El dibujo y el color, a cargo de Alex Xöul, son magníficos y están a la altura del guion. Xöul lleva a cabo un trabajo delicioso, con un estilo que respeta las proporciones y perspectivas, pero sin cohibirse a la hora de mostrar su carácter. La narración gráfica está muy bien llevada, siendo totalmente clara en todo momento y consiguiendo diferenciar a la perfección a todos los personajes, al igual que la expresividad también está bien trabajada. Los enfoques y presentación de viñetas suelen ser bastante clásicos y pausados, pero siempre logrando el efecto preciso requerido por el guion y dándole cierto dinamismo en viñetas puntuales por medio de la distorsión de la perspectiva.

"Los que quedan" no es un cuento de hadas, es una investigación policial, son los interrogatorios, las dudas, las preguntas incómodas. Es el contraste entre el ansia de libertad y de experimentar de unos hijos en cualquier ámbito y las consecuencias que dichas acciones tienen para sus familias. Es el cómo el perseguir tus sueños hasta el final puede condenar tu vida, lo fácil que es manipular a jóvenes que no son conscientes de las consecuencias de sus acciones, el amor paternal, constante e inquebrantable hasta el final. En conjunto, un cómic magnífico al que se le pueden sacar varias lecturas.
La obra brilla de una manera especial gracias al talento de Alex Xöul. El artista catalán realiza un trabajo global muy interesante, tanto en el aspecto narrativo como en el artístico. Normalmente divide sus páginas en un esquema de tres tiras que contienen un número variable de viñetas, a menudo solo una de formato panorámico. Reserva las splash pages para definir segmentos de transición de carácter atmosférico y las viñetas más grandes para los momentos de alta intensidad dramática. Es preciosa la escena del primer regreso de Ben. Su definición de los personajes es muy efectiva y todos son perfectamente reconocibles para el lector. Domina la anatomía humana y las expresiones faciales de sus protagonistas.
En este álbum, el trabajo de Xöul destaca por tres aspectos más: el primero es por su puesta en escena donde los personajes están inmersos en unos decorados amplios, llenos de detalles pero que, lejos de ahogarlos, los empequeñecen, los convierten en seres extraños dentro de su propio ambiente. En segundo lugar, esta obra sobresale por el hermoso y elegante uso del color que combina ocres, azules, morados, verdes y dorados que le dan al conjunto un ambiente retro pero muy atractivo. Y por último, quizás éste sea el aspecto más singular, sorprende por la ambientación. Esta historia transcurre en una pequeña ciudad indeterminada a caballo entre Francia y el Reino Unido. La época en que transcurre la acción tampoco está definida, se trata del pasado, pero encontramos en ella ciertos anacronismos - voluntarios - que nos desconciertan.

La edición nacional, a cargo de Ponent Mon, se puede calificar de notable. El libro es en tapa dura, tiene un tamaño adecuado (29,2 x 22,2 cm), cuenta con un papel muy bueno y con una reproducción de los dibujos de Alex Xöul correcta. El tomo es muy sólido, se abre con facilidad y ofrece una lectura muy cómoda. Los materiales empleados denotan calidad.
“Los que quedan” es una obra muy interesante, con un planteamiento llamativo que aborda con la normalidad de la realidad un tema muy recurrente en las fábulas. Plasma la fantasía con la que todo niño sueña en un mundo real, y lleva hasta el final las consecuencias de esa parte de los cuentos de hadas que en contadas ocasiones se ha visto. Creo que es una obra que debe formar parte de toda comiteca de los amantes del Bande Dessinée, incluso como lectura de un público menos adulto. "Los que quedan" no debe pasar inadvertido ya que merece la pena ser leído, y me ha resultado una buena alternativa para quienes quieran disfrutar de una obra algo más intensa, y con la calidad a la que nos tiene acostumbrados el cómic europeo.
La revolución de los pinceles, de Josep Busquet y Pere Mejan.
La historia, que mezcla el thriller con la fábula, dirige su atención hacia los personajes que permanecen al margen de los maravillosos mundos fantásticos de cuentos tan conocidos como Peter Pan, Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas o El mago de OZ. Los autores nos muestran con detalle la desesperación de unos padres que no entienden lo que le está pasando a su hijo y que viven la angustia lógica de creer que corre un gran peligro. Por otro lado, en "Los que quedan" también podemos asistir a los problemas cotidianos que sufre Ben a causa de sus continuas desapariciones. Como el tiempo parece funcionar de forma distinta para él y como, lentamente, acaba desconectándose de su entorno familiar, escolar y social. Sus escapadas hacia los fantásticos universos de la noche no son inocuas y el chico acaba pagando un precio muy alto por ellas.
Un gran acierto de esta obra es que en ningún momento asistimos a las aventuras fantásticas del niño protagonista. Tan solo percibimos breves retazos de estos universos a través del único representante que aparece en la realidad ordinaria; el wumple que viene a buscar a Ben. También los atisbamos a través de las explicaciones que el propio chico da a sus padres, a la policía, a los doctores y cualquier adulto que quiera escucharlo y finalmente gracias a unos dibujos que el niño realiza cuando se aburre en la escuela.
“Los que quedan” es un tebeo excepcional. Estamos ante una historia madura, inteligente, adulta y construida con brillantez. El escritor ha sabido encontrar el lado más oscuro de algo tan maravilloso como es la aventura juvenil. Busquet tira de referencias, piensa en Peter Pan, en Dragones y mazmorras, en Las Crónicas de Narnia, en todas esas historias en las que uno o más niños viajan a un mundo fantástico para convertirse en héroes. Y le da la vuelta, centrándose en sus padres, en quienes permanecen en el mundo real sin saber qué ha pasado con sus hijos. Impresiona la manera en la que Busquet da forma al relato, exhibiendo otra vez más su casi infalible acierto para encontrar al dibujante adecuado para cada libro. Si Busquet firma un guion soberbio, el dibujo de Alex Xoul es igualmente magnífico. Qué tebeo nos han dejado entre los dos, que relato más emocionante, duro y melancólico.
La obra ha sido galardonada con el Premio Maurice Petitdidier 2019 - Coup de couer del jurado para el álbum en francés publicado en el extranjero por un autor no canadiense, lo que aumenta aún más el valor de esta obra. "Los que quedan" es una propuesta doblemente original: no es un cuento protagonizado por un niño en un país fantástico, es lo que pasa en el mundo de los adultos, es lo que pasa con los padres. Estas premisas se conjugan para dar una historia en la que el lector no sabe en qué se va a encontrar ni qué va a pasar.
El ritmo de "Los que quedan" es firme, pausado. Es una historia de las que atrapan sin que uno se dé cuenta, suavemente y sin urgencia. El desarrollo del guión, y el peso de cada momento están equilibrados para que no se note ningún altibajo en cuanto al interés. Además, también me gustaría destacar, más allá de la originalidad de la historia, la valentía a la hora de desarrollarla y concluirla, llevándola siempre por donde los autores han sentido que debería discurrir y alejándose de lo fácil o de lo que mejor recibimiento pudiera tener. He disfrutado mucho de la lectura de "Los que quedan"; es un cómic sólido, con la capacidad continua de sorprender mientras mezclamos la fantasía de nuestra niñez con la gris realidad del mundo «de los mayores». Una propuesta original que gustará a cualquier lector de cómic europeo con ganas de salirse de los temas e historias más recurrentes y que busquen un descanso con un tebeo que, no pretende ser una obra maestra, pero sí una lectura a reivindicar que se asimila con gran suavidad.
La edición de este álbum a cargo de Ponent Mon se puede calificar de notable. El libro es en tapa dura, tiene un tamaño adecuado, cuenta con un papel muy bueno y con una reproducción de los dibujos de Alex Xöul correcta, quizás algo oscura. "Los que quedan" es una obra atractiva y desasosegante. La premisa que tanto Busquet como Xöul nos ofrecen brilla por su inteligencia y por un desarrollo que cumple con la mayoría de las expectativas. Esta reflexión adulta y con aires de thriller de los cuentos fantásticos para niños consigue que nos sumerjamos en la trastienda de estas ficciones y que acompañemos a unos personajes que casi nunca tienen un lugar destacado en ellas. Hacen que sintamos casi en carne propia la angustia de los padres, la perplejidad de los vecinos y la decepción de unos héroes que de repente tienen que dejar de serlo. Una experiencia que para muchos les recordará a la que vivieron cuando dejaron de ser niños y que solemos llamar de una forma algo prosaica; crecer.
