Los niños que leen tebeos leen libros de mayores

Desde que tengo uso de razón, leo cómics. Cuando era pequeño leía todo tipo de tebeos, desde más infantiles hasta títulos más “adultos”. Entonces era lo más normal del mundo. Incluso los adultos te animaban a leer para que así mejorara tu lectura y te divirtieras… Pero entonces creces. Cuando llegas a la adolescencia las miradas de reproche se incrementan. Muchos mayores consideran que los cómics son cosas de críos. “Ya podrías leer un libro.”, “Deja eso y haz algo de provecho” o “¿Pero eso no es para niños pequeños?” son algunas de las perlas que hemos oído más de uno. Pero pasas. Pasas porque sabes que no lleva razón, que leer cómics es un entretenimiento (y placer) tan bueno o mejor que mucho otros.

¿Que tú has viajado a una escuela de brujos de la mano de un tal Harry? Pues yo he salvado a toda una ciudad junto a un nerd al que le picó una araña radioactiva. ¿Que tú y tus amigos de la República habéis salvado la galaxia del azote de un señor oscuro? Pues mi amigo con una S en el pecho lo hace semana sí y semana también.

Y te haces mayor. Y sigues leyendo cómics. Dónde otros tiene una biblioteca, una estantería llena de DVDs o una tele de 70 pulgadas para jugar al último juego de matar bichos, yo tengo un montón de cómics que me han divertido, ilusionado y emocionado una y mil veces. Y eso no quita que me gusten y respeten el resto de aficiones. Me gusta leer un buen libro, ir al cine con mi novia o jugar a un buen videojuego, pero los cómics tiene algo que me encanta por encima de todo. Es la facilidad con la que te metes dentro del personaje y que te transporta a un mundo real o fantasioso. Es cómo te estremeces cuando tu personaje favorito está al límite de la muerte y se levanta (porque siempre se levanta…). Es el ir mes a mes a la tienda y saber que tendrás tu ración de ilusión.

Pero a lo que iba. Te haces mayor y la gente… pues te mira raro. Cada vez menos, sí, pero te mira raro. Les dices que coleccionas cómics. O que trabajas en ellos. O que los escribes… O lo que sea. Y te sonríen, pero en muchos casos ves en su mirada algo así cómo “Ostia tú, si parecía normal…”. Hay gente que te dice la frase de “Pues yo pensaba que los tebeos esos eran para críos”. Y te entran ganas de estamparles con un tomo de Predicador, Watchmen o Maus, y que te digan si eso es infantil, pero sabes que no servirá de nada. Por desgracia, la afición de leer cómics viene de la infancia o, cómo mucho, de la adolescencia. Si el gusanillo de las viñetas no te pilló de joven, difícilmente lo hará de mayor, cuándo los prejuicios son más atenuados.

Pese a todo, la afición a los cómics es cada vez más aceptada gracias a las excelentes películas y series de televisión de las que disfrutamos en los últimos años. Yo doy gracias al día que mi primo me llevó al Mercat de Sant Antoni. Ese día me regaló mi primer cómic de Superman. Aquél cómic supuso un cambio en mi vida. El día en que se me mostró un mundo del color y fantasía que me hizo, hace y, sin duda, hará tremendamente feliz hasta el fin de mis días.

Niños leyendo cómics

Los adolescentes están especializados en rebeldía. Pocas cosas se les dan mejor que cuestionarlo todo: de sus familias al sistema entero. Pero resulta que tampoco tienen rivales en otra actividad, quizás más sorprendente: leer. No hay franja de edad en España más apasionada con los libros. Lo que supone otra rebelión, frente a los estereotipos. Porque a menudo la sociedad -los adultos- les dedica miradas por encima del hombro y quejas nostálgicas: ya no se interesan por nada, no levantan los ojos de la pantalla, nadan en la ignorancia. Una visión que desmienten los números: entre los 10 y los 14 años, el 78,2% se declara lector frecuente; el porcentaje baja al 67,7% entre 15 y 18 años. Y cae en picado al 52% al superar la mayoría de edad, según un reciente informe de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Está claro que a los jóvenes les queda mucho por aprender. En cuanto a ardor literario, sin embargo, podrían dar clases a unos cuantos.

“Por nuestra edad parece que no leemos nada. Y que, si lo hacemos, son cosas en el móvil de vez en cuando. Pero a mí o muchos de mis compañeros nos encanta. A veces está influenciado por las redes sociales, pero no tiene por qué”, afirma Joel Lozano Osorio, que cursa tercero de la ESO y cumplirá 15 años en tres semanas. “Creo que la imagen que a veces se da de nosotros se ajusta poco a la realidad”, agrega su coetánea Emma del Blanco Anta, que acaba de montar un club de lectura con dos amigos. Gracias a chicas y chicos como ellos, la celebración este domingo del Día Internacional de la Literatura Infantil y Juvenil ofrece varias razones para sonreír.

Así que la pelea editorial por el público de menores está desatada. Tanto que varios grupos han creado recientemente más y más sellos ad hoc, para abarcar todo lo que el mercado llama young adult y alrededores. Y eso se refleja en el constante avance del sector: la literatura infantil y juvenil supuso el 16,8% de la facturación de la industria editorial en 2021, frente al 12,3% de 2017, en datos de la Federación de Gremios de Editores. No hay, al fin y al cabo, lector más rentable a largo plazo que el que acaba de empezar.

“Muchas veces se tiende a mirar a su mundo con recelo, por parte de gente enfadada que se niega a soltar el testigo. Aunque en un estudio entre varias universidades estamos detectando también un sector que no lee nada y hasta presume de ello. Supongo que la imagen social se extrapola de ahí”, reflexiona Gerardo Fernández San Emeterio, profesor de literatura infantil y educación literaria en la Universidad Complutense de Madrid. Porque, como apunta, la mayoría de las teorías críticas contra la juventud suele proceder de quien la dejó atrás hace mucho tiempo. O de voces prescriptoras que la adolescencia apenas escucha.

Pero, entonces, ¿qué desean? Y además, ¿cómo? He aquí las preguntas del millón. Puede que alguna respuesta se halle en Wattpad, una enorme comunidad digital donde cualquiera puede enseñar sus escritos ante millones de usuarios. De ahí despegaron autoras hoy superventas como la italiana Erin Doom -su Fabricante de lágrimas lideró la lista de ventas en el país en 2022-, la mallorquina Joana Marcús -cuyo Tres meses figura como el tercer libro más comprado en la web Todostuslibros.com- o la estadounidense Jo Watson.

Por un lado, el portal permite cultivar la afición narradora, generar un público comprometido y recibir directamente sus opiniones. Más en general, resulta frecuente que autores exitosos de literatura juvenil dediquen una parte importante de su tiempo a la relación con sus aficionados, ya sea en internet o en eventos y firmas. “Me tomo en serio a los adolescentes”, lo resumía hace ocho años a EL PAÍS John Green, autor de Bajo la misma estrella, libro más vendido en España en 2014. “Yo también he sido joven. Y nunca he olvidado qué significa. Los tiempos cambian, pero los dramas emocionales, físicos e intelectuales del crecer siguen siendo los mismos”, añade David Almond, cuya novela Skellig se convirtió en un clásico instantáneo de la literatura juvenil hace 25 años y ahora es reeditada por Duomo.

Pero, además de los riesgos de plagio, Wattpad puede alimentar la tendencia a intentar agradar demasiado a los lectores. Una crítica que, por ejemplo, persiguió siempre las exitosas novelas románticas de Federico Moccia. Aunque Watson, en declaraciones de hace dos meses a EL PAÍS, no lo veía como un problema: “Ciertos comentarios me resultaron de gran ayuda, y en algunas ocasiones he modificado mi historia si percibían que algo no funcionaba o no les gustaba un particular elemento”. Es más: consideraba que Un beso en la oscuridad se hizo “más fuerte” porque los adolescentes ayudaron a una autora de edad ya más elevada a contar mejor el colectivo joven.

La flamante editorial TBR también confía en saber entenderlo y narrarlo. Tanto que acaba de presentarse, dentro del grupo SM, como el sello “donde mandan los lectores”. “Los jóvenes leen lo que quieren, no lo que se les diga. Queremos establecer un diálogo fluido: tampoco vamos a publicar todo lo que tire, pero sí ver lo que está gustando y proponerlo desde nuestro filtro de editores”, detalla su responsable, Xohana Bastida. El propio nombre supone un buen resumen: evoca la etiqueta que en redes sociales se asocia a los títulos que hay que leer. Un equipo compuesto en parte por veinteañeros y treintañeros, una comunicación que no rehúye stickers y emoticonos y un catálogo con las reflexiones de los conocidos raperos de las batallas de gallos, un cómic feminista o la autora de fantasía Morgan Rhodes completan la declaración de intenciones.

La receta pretende cundir sobre todo entre los 16 y los 25 años. Pero también espera seducir a más de un adulto. Otros, eso sí, probablemente la mirarán con recelo y escepticismo. ¿Ofrecer lo que el público masivo busca no reduce la diversidad? Aunque aquí hay humanos de por medio. “Estaremos pendiente de lo que quieran leer. Pero seleccionaremos según nuestro criterio. No hay mensajes que pretendamos transmitir, pero sí sabemos qué no queremos contar. Nunca vamos a un publicar un libro que fomente las relaciones tóxicas, por ejemplo. Y una búsqueda de la etiqueta BookTok (los vídeos sobre libros en esa plataforma) sugiere por qué a través de una cifra: 120.000 millones de visualizaciones. Las grabaciones oscilan desde una joven intentando mostrarle desde un autobús a otra chica por la calle que están leyendo la misma obra de Colleen Hoover, hasta reseñas de un minuto, reacciones a giros inesperados en la trama o el mismísimo Will Smith promocionando su autobiografía.

BookTok y su impacto en la lectura juvenil

La lista de títulos citados es tan amplia como la propia literatura: sagas juveniles como Trono de cristal, de Sara J. Mass; Los juegos del hambre, de Suzanne Collins, Heartstopper, de Alice Oseman, o Nacidos de la bruma, de Brandon Sanderson, justo lo que anda leyendo Emma del Blanco; pero también hay espacio para Salinger, Jane Austen, Oscar Wilde o Stephen King. A saber qué diría Homero si viera su Ilíada resumida en pocos segundos en un teléfono. Aunque Colleen Hoover le agradeció a BookTok parte del mérito de sus ventas, que superan los 20 millones de ejemplares y llevan años colonizando las listas de éxitos en EE UU y en medio planeta.

Joel Lozano Osorio, de cierta forma, refleja esa mezcla de estilos y géneros. Dice que lee sobre todo novelas contemporáneas, de misterio, que se ha enganchado a El enigma de los cuatro, de Ian Caldwell, pero que también ha disfrutado de El Quijote, El principito o Federico García Lorca. Tanto él como Emma del Blanco Anta explican que eligen sobre todo por su propio criterio o de alguien cercano. La chica devora también tebeos y ha abrazado El señor de los anillos por consejo de su padre. He aquí otro prejuicio que sacude el estudio de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez: pese a correr hacia el futuro, los adolescentes se muestran mucho más fieles al viejo formato que cualquier otra edad. “No hay que temer demasiado el uso de pantallas. Hay muchos libros maravillosos y libreros, enseñantes, familias, escritores y artistas que ayudan a los niños a encontrar los que necesitan”, tercia Almond. Tanto que los jóvenes dominan también el podio de los libros leídos: 14,5 al año de media entre los 10 y los 14; en la siguiente franja, hasta los 18, son 12,5. Y a partir de entonces se pasa a 10,4 volúmenes.

Gráfico de lectores por edad

La cantidad, sin embargo, no resuelve todas las dudas: otra opinión frecuente sentencia que la literatura juvenil adolece de una baja calidad media. Inferior, desde luego, a la de las obras para los mayores. Almond comparte su experiencia como autor de textos para unos y otros: “No hay diferencia en la esencia. Debes crear el mejor libro de la mejor manera posible. Nunca me esperé escribir para los jóvenes, pero apareció Skellig y supe inmediatamente que era sobre todo para ellos. Y cuando escribes para la adolescencia, escribes para el futuro”. Y el profesor Fernández San Emeterio no se muerde la lengua: “Veo adultos encantados con esas novelas históricas de tres al cuarto de Julia Navarro que luego se meten con los niños por leer Blue Jeans”.

El experto anima, de paso, a repensar el sistema educativo, ya que cree que la enseñanza y sus libros obligatorios terminan generando más rechazo que pasión. El citado estudio de la fundación también apunta en ese sentido. “Hay una idea de que difícil equivale a bueno. Pero lo bueno es lo que te apetezca leer. No vas a poder crear una comunidad lectora de calidad si no quieren lo que les estás contando. Como si, además, lo más leído entre los adultos fuera Joyce. No sé por qué la literatura policiaca debe ser respetable más que la rom com [comedia romántica]. No creo que haya diferencia en la calidad, sino que quien clasifica es adulto y se perdona más a si mismo lo que sea comercial”, agrega Bastida.

Los dos jóvenes entrevistados reivindican sus elecciones. Y Lozano Osorio comparte que el debate llegó incluso dentro de su casa: “Mis abuelos dicen que lo que yo leo no son libros de verdad. Yo creo que es porque cuando eran pequeños circulaba otra literatura y había muchos temas de lo que no se podía hablar y que ahora se cuentan sin tabúes, como madres solteras, parejas homosexuales o abortos”. El comunicado de presentación de TBR ofrece más pistas. Entre las “temáticas actuales” señala: fantasía, romance, vampiros, misterio, poesía urbana, feminismo, empoderamiento, body positive, batallas de gallos, ilustración... Y desde el grupo Planeta se destaca también el interés por todo lo STEM (Ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, en su acrónimo inglés).

Cada época, en realidad, tuvo sus tendencias. De ahí que el profesor Fernández recuerde que, en su juventud, sucediera lo mismo con “los niños detectives”, por ejemplo. El experto cree que leer, sea lo que sea, “ayuda a leer”. Pero también muestra cierta preocupación: “El adolescente es una presa fácil para las editoriales. Tengo la sensación de que las señas de identidad de la literatura juvenil se han marcado mucho y complican o incluso cierran el paso para el salto a las obras adultas o los clásicos. Recuerdo a una alumna que llevaba años leyendo solo a Laura Gallego y me preguntó dónde podía encontrar un puente hacia otro tipo de literatura”.

Al fin y al cabo, las mismas cifras que constatan el entusiasmo lector de la adolescencia esconden también una alarma: a partir de los 18 años, poco a poco, parte de la población se descuelga de la literatura. Entre el trabajo, las relaciones sentimentales u otros entretenimientos, tal vez el tiempo se reduzca. Sucede, en una palabra, la vida. Pero no por eso resulta menos importante seguir enseñando las maravillas de los libros. La directora de la Feria de literatura infantil y juvenil de Bolonia, Elena Pasoli, lo tiene claro: “Lo que se ha sembrado se recoge. Un joven que haya crecido con la pasión por la lectura volverá a encontrarla”. Además, tomarse una pausa de vez en cuando puede ser hasta sano. Ya lo decía la célebre lista donde Daniel Pennac juntó las 10 facultades que corresponden a todo enamorado de los libros. Puede picotear, buscar lo que le gusta o dejar un título a medias.

Infancia y lectura: un puente hacia el futuro

En Austria, todas las casas que he visitado tienen una biblioteca. Todas. He encontrado bibliotecas caseras de todos tamaños, chicas, medianas o grandes, provistas con libros de todo tipo, algunos muy buenos y otros no tanto. Lo que me parece maravilloso es que siempre hay libros en las viviendas. Sin embargo, lo que más me gusta y me sorprende cada año que estoy aquí, es que los niños, desde que nacen, tienen una especie de biblioteca en sus habitaciones en la que atesoran cientos de libros de cuentos de todo tipo. Los cuartos de los niños en Austria y los de los niños de México, tienen una diferencia que para mi es importante: la proporción entre juguetes y libros. Diría “a ojo de buen cubero”, que los niños de las casas austriacas que he visitado tienen en su habitación un juguete por cada 80 libros. Es decir que apenas tienen uno que otro “juguete” semejante a los que poseen en abundancia algunos niños en México. Aquí escasean monos de plástico, soldados, tanques, pistolas de juguete, réplicas de iron man o el hombre araña, muñecas y princesas -que parecen bulímicas- carros de control remoto, etc. Me refiero a ese tipo de objetos desechables -frecuentemente tóxicos- cuya vigencia termina cuando otro juguete se pone de moda; artículos que promueven el consumismo desenfrenado, la violencia y la pasividad mental, y que invariablemente acaban arrumbados como el cachivache más inútil de una casa. En este país la lectura es un regalo vigente, el amor por leer comienza a gestarse desde los primeros años.

Hace un tiempo asistí a una fiesta de cumpleaños de una niña de cuatro años, donde la mayoría de los regalos eran libros. Cuando vi esto pensé, “pobre niña, se va a aburrir.” Pero a la hora de abrir los regalos, la niña se sorprendía con cada uno de ellos. Además, pasó algo muy interesante: cuando la niña terminó de recibir los obsequios, se sentó con cada persona que le había regalado un libro, y ambos empezaron a leerlo juntos. Esto hizo que la niña tuviera un momento especial con cada invitado; y luego algo maravilloso pasó, de manera natural los demás niños empezaron a acercarse a la niña del cumpleaños para leer los libros a su lado.

Leer desde una edad temprana enseña a los niños a empatizar con los personajes que conocen a través de los libros. Por ejemplo, las primeras lecturas los llevan a preguntarse, ¿quién es el oso?, ¿por qué está triste?, ¿quién es su amigo?, ¿quién lo ayudó? Este beneficio de la lectura también ayuda a niños que han sufrido experiencias traumáticas. Una persona muy cercana a mí, a quien respeto enormemente, es voluntaria al cuidado de niños sirios refugiados en Austria, que cargan en su memoria historias terribles de abuso y violencia. Ella me contó que la lectura ha sido muy importante para la integración y autoestima de estos niños, principalmente porque leer crea un vínculo emocional extraordinario: “…leer con ellos -explica mi amiga- no se trata solamente de aprender historias, se trata de que sientan, y de que sientas con ellos una conexión emocional compartida a través de esas historias. Cuando esto ocurre, los niños empiezan a perder el miedo poco a poco, aprenden a juntarse con los otros, perciben que son parte de una comunidad”.

Cuando leemos con los niños hay una conexión emocional. Es un momento en el que tenemos un contacto físico y afectivo único. Esa es otra consecuencia interesante del hábito de la lectura: los niños que leen no ven -casi nada- la televisión. Ulla y yo hemos tenido el honor de cuidar niños lectores de entre 4 y 6 años, y ninguno de ellos nos pidió, nunca, que encendiéramos la televisión. Con ellos hemos leído, jugado legos, fútbol, escondidas, etc., pero nunca vimos televisión. Desde mi opinión, la televisión y los videos dan muchos problemas a los niños; quizá el problema más grave que veo del contenido televisivo es que satura a los menores con estímulos que les impiden reflexionar y comprender la profundidad de las imágenes y sonidos que presencian. Pregúntenle a un niño de menos de 6 años de qué se trató una caricatura. La mayoría de las veces no tienen ni idea. En cambio cuando un niño ve una ilustración o lee un libro, sólo o con un adulto, puede tomarse el tiempo de actuar a su ritmo, reflexionar, sentir, imaginar, conectar los distintos elementos de una historia, preguntar, quedarse en la misma página todo el tiempo necesario hasta saciar su curiosidad, hasta entender la complejidad de los personajes. Si lo pensamos, la mayoría de nosotros nos acordamos de las historias de los libros que leímos en nuestra niñez, y cuando nos acordamos de ellas sonreímos. ¿No es cierto? En cambio ¿de cuántas historias de caricaturas nos acordamos? La televisión es una aplanadora que avanza con una sola velocidad aplastante, la cual hace que los niños estén pegados a ella, como hipnotizados, como zombies con cerebros planos.

Los temas de los libros que leen los niños austriacos, son otra cosa sorprendente. Por ejemplo, hay libros muy simples que enseñan a los niños a lavarse los dientes y prepararse para dormir; hay otros que les enseñan nombres de pájaros -que ni yo sabía como se llamaban, qué comen y dónde viven. Todos esos libros tienen algo en común: el gozo por imaginar y aprender. Ese tipo de libros me hicieron pensar que quizá uno de los problemas de la lectura en países como México, es que en nuestro país queremos enseñar el criterio para evaluar textos literarios, antes de fomentar el amor por leer. ¿Recuerdas qué leiste en la primaria y secundaria? A mi me tocaron La Ilíada y la Odisea de Homero, y el poema del Mío Cid editado por Ramón Menéndez Pidal. Sin duda se trataba de grandes obras, pero francamente mis compañeros y yo las leíamos a regañadientes, sin gozarlas porque nadie nos preguntó si eso nos interesaba. Tampoco olvidaré otro libro de texto de mis primeras clases de español, “El Galano Arte de Leer”, un libro con buenas intenciones pero que realmente despertaba muy poco interés entre nosotros, los pubertos. En cambio, lo que he visto en Austria es que lo importante es experimentar en carne propia el gusto de leer, como una forma de aprender y pasarla muy bien a partir de lo que se lee. Lo importante es leer: los contenidos no se imponen, sino que son sugerencias para continuar disfrutando la lectura.

Y si creemos que la lectura no es importante en los temas relacionados con la tecnología, el emprendimiento y los negocios, pensémoslo otra vez. Para afrontar un problema matemático tenemos que entenderlo, analizar sus elementos y explicarse claramente el procedimiento que les permitirá resolverlo; dicho de otro modo, debemos tener una lectura clara del mismo. En cualquier carrera, oficio o trabajo tenemos que entender lo que leemos, tener una explicación firme de la información que procesamos e interpretamos. Por ejemplo: la capacidad de conformar una narración coherente y un discurso bien estructurado es indispensable a la hora de emplear lenguajes de programación para desarrollar software, “armar” casos legales o contar la historia de tu empresa a un inversor.

Es aplastante la evidencia sobre los beneficios de leer a los niños de manera interactiva, especialmente antes de los 4 años de edad. Por todo lo dicho, he decidido que cada vez que le de un regalo a un niño o niña será siempre un libro como postura filosófica, y no me importa que el regalo sea percibido como algo conservador o “aburrido”. Yo sé que no lo es. Un libro te puede cambiar la vida, y no puedo pensar en un mejor regalo que contribuir con un granito de arena al amor por la lectura en un niño. Con un libro que regalemos a la vez, estaremos contribuyendo a formar el hábito de leer, de explorar, con el potencial de formar ciudadanos curiosos, críticos y con más herramientas para ser quienes quieren ser. Espero que después de leer este artículo te animes a regalar más libros a los niños e incluyas algunos en su Lista de Reyes o simplemente en general. Nunca es tarde para empezar. Si pudiese ir atrás en el tiempo y volver a ser niño, me gustaría que me hubiesen regalado más libros y menos juguetes, porque casi todos los juguetes de mi infancia se me olvidaron y francamente no me sirvieron de mucho; también porque estoy seguro de que la lectura mejora la calidad de vida del lector y de los que están a su alrededor.

La importancia de Leer COMICS

El mito de que la juventud no lee se rompe: 75 de cada cien jóvenes lo hace, según el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2024. Uno de los motivos es que el libro se convierte en un oasis en un mundo de pantallas. La lectura de libros está garantizada por un largo tiempo al caer el mito de que los jóvenes no leen. En España la franja de edad entre los 14 y 24 años es la que más lee (75,3%), es decir los nacidos en la era digital, las generaciones z (nacidos entre 1995 y 2010) y alpha (nacidos entre 2011 y 2025). Leen diez puntos por encima de la media española. Justo la población que se creía iba a sepultar al libro de papel en favor de la lectura electrónica o, simplemente, dar la espalda a los libros en favor de las múltiples y diversas actividades de ocio ofrecidas en el ciberespacio. Ellos se han convertido en los aliados insospechados. Una tendencia que se mantendría, pues la literatura infantil es de las que más crece en España.

Lectores por edad en España (2024)
Franja de edad Porcentaje de lectores frecuentes
10-14 años 78,2%
15-18 años 67,7%
Mayores de 18 años 52%
14-24 años 75,3%

Las buenas noticias del barómetro continúan: en términos generales, por primera vez, el porcentaje de población que lee libros en su tiempo libre supera el 65 % de la población (65,5 %). Desde 2017, se incrementan los lectores de libros por ocio en 5,8 puntos porcentuales. La lectura infantil sigue siendo mayoritaria, crecen los hogares con menores de 6 años cuyos padres les leen libros (un 78% frente al 76% de 2023). Las cifras de lectores mayores de 65 años seguirán creciendo cada año debido a que reflejarán los efectos de la mejora de los niveles de estudio.

Otra noticia importante es que el ecosistema del libro empieza a alcanzar las estadísticas de antes de la crisis económica y digital de 2008, pero que afectó al sector en 2010, la cual llevó a que el mundo editorial perdiera un tercio de sus ventas, cayendo de 3.100 millones de euros anuales a 2.100.

El porcentaje de lectores frecuentes se mantiene en cifras superiores al 50% (51,2 %). La falta de tiempo sigue siendo el principal motivo de aquellos que no tienen la lectura entre sus actividades habituales. Continuó creciendo el porcentaje de españoles que compró algún libro en 2024 (53,8 %). Desde 2017 se ha incrementado 6,5 puntos porcentuales. Crece el porcentaje de lectores en formato digital tras unos años de estancamiento. Se incrementa hasta el 31,7 % de la población.

“En los últimos años, el Barómetro había estado marcado por el fuerte incremento de los índices de lectura que se produjo como consecuencia de la pandemia. Hoy, vemos que además de haberse consolidado esas cifras, se sigue produciendo un crecimiento en el porcentaje de personas que leen en su tiempo libre. Motivos por los que no leen los españoles. En 2024 creció el porcentaje de mujeres que lee en su tiempo libre situándose en el 71,7 % del total. Por nivel de estudios, el 84,4 % de la población con estudios universitarios se declara lectora. Además, en el último año se registra un incremento de lectores entre la población con estudios primarios que pasa del 38,1 % al 39,5 %.

A diferencia de lo ocurrido en años anteriores, el Barómetro de Hábitos de Lectura 2024 refleja un nuevo crecimiento de los lectores en formato digital tras unos años de estancamiento. Se incrementa hasta el 31,7 % de la población. Con respecto a la compra de libros, el porcentaje de la población española que adquirió alguno (no de texto) a lo largo de 2024 se situó en el 53,8 %.

Comparativa de lectura en formato digital vs. físico en España

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