El grupo teatral "Cómicos de la Legua" surgió en Bilbao en 1969 y se disolvió en 1980, marcando un hito en la historia teatral vasca y española. A pesar de contar con escasos medios económicos, este colectivo logró realizar montajes de una calidad excepcional, llevando sus actuaciones a barrios, zonas industriales y pueblos de todo el país.
La vocación de "Cómicos de la Legua" era clara: hacer un teatro popular, mayoritario, pensado y hecho para cada momento, capaz de reunir al público más diverso. Esta concepción del teatro como una herramienta para conectar a las personas a través de la emoción, la comedia y la tragedia, se remonta a los cómicos de la legua del Siglo de Oro español, compañías de actores ambulantes que recorrían largas distancias para llevar el arte dramático a comunidades rurales.

El grupo se propuso "cambiar el mundo", un objetivo ambicioso para un grupo de veinteañeros que lograron aglutinar en Bilbao a asociaciones vecinales, movimientos sociales, organizaciones de presos comunes, comités antinucleares, parroquias y embrionarios movimientos políticos. Escritores como Bernardo de Atxaga, Fernando Savater y Joseba Sarrionandia colaboraron con ellos, escribiendo algunas de las 15 obras originales que representaron sin ninguna ayuda pública.
Sus escenarios fueron tan variados como los lugares que visitaban: frontones, cines de barrio en ruinas, salones de actos parroquiales e iglesias. "No había un circuito teatral", recordaba el fundador de la compañía. Una noche de 1974, actuaron para los trabajadores encerrados de La Naval en Sestao. El comité de huelga abrió las puertas a la furgoneta y buscó un hueco entre las planchas y bobinas para que representaran 'Vivir por Bilbao', su mayor éxito y la obra que les permitió profesionalizarse.
En aquella época, Bilbao era un "páramo teatral". Mientras la cultura oficial ofrecía espectáculos tradicionales, "los barrios y las universidades fueron el sustrato donde fue creciendo una nueva cultura contestataria", reflexionaba Santiago Burutxaga, miembro del núcleo original. El nuevo teatro era una "ceremonia, o una fiesta lúcida, en la que el público captaba y celebraba el doble sentido de las referencias críticas a la dictadura".
Los actores no esperaban al público en una sala, sino que salían a su búsqueda, a construir un público popular. El grupo estaba formado por hombres como Ramón Barea, Santiago Burutxaga, Pedro Goiriena y Juan San Martín, quienes a menudo desempeñaban todos los roles. Incluso Álex Angulo, conocido por sus monólogos, se unió al colectivo. "Cómicos de la Legua" también se involucraba en la creación de elementos escénicos, construyendo gigantes y cabezudos, reparando el Gargantúa o participando en el entierro de Mari Jaia en las primeras ediciones de la Aste Nagusia.

El primer montaje dedicado a Miguel Hernández iba acompañado de fotografías del poeta, cedidas por su viuda, Josefina Manresa, tras un viaje de los hermanos Barea en un SEAT 600. Las obras abordaban temas de actualidad, como la historia de Bilbao o la problemática de la central nuclear de Lemoiz en su última obra, 'Makina Beltza'.
El grupo operaba en un contexto de censura. Barea llevaba las obras a la Delegación de Información y Turismo para obtener el plácet. Cuando actuaban en la calle y pedían una colaboración voluntaria, la guardia civil de paisano preguntaba por los permisos. A pesar de las detenciones, nunca llegaron a pisar la cárcel. La Plaza Nueva abarrotada en la primera Aste Nagusia de 1978, con la representación de 'Tripontzi Jauna', se recuerda como un momento en que "el mero acto de juntarse ya era una declaración política, la cultura era una herramienta para fortalecer los lazos de la comunidad".

En 1978, "Cómicos de la Legua" abrió una escuela de teatro que formó a una nueva generación de actores. Sin embargo, las distintas sensibilidades políticas de sus miembros precipitaron su disolución en 1980. El contexto social y cultural había cambiado: "De pronto, actuar en un barrio ya no era un acto político", rememoraba Barea. El grupo desapareció con una última representación de 'Makina Beltza', dando lugar a la creación de Karraka y Maskarada, compañías que continuaron su legado.
El legado de "Cómicos de la Legua" trasciende su propia existencia. Su enfoque en el teatro popular y la crítica social sentó un precedente para futuras generaciones de artistas. La compañía fue la primera profesional del País Vasco, apostando por vivir de los escenarios y dedicándose plenamente a su pasión.
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La influencia de "Cómicos de la Legua" se puede observar en la continuidad de su espíritu en otros colectivos teatrales. Un ejemplo es la Compañía Teatral del Norte, que al igual que los cómicos de la legua del Siglo de Oro, recorre pueblos y comunidades ofreciendo funciones teatrales gratuitas en espacios públicos. El teatro, desde sus inicios, ha sido una herramienta poderosa para conectar a las personas, y "Cómicos de la Legua" fue un claro exponente de esta capacidad.
La historia de "Cómicos de la Legua" es un testimonio de la importancia del teatro como reflejo y motor de cambio social, demostrando que la creatividad y la pasión pueden superar las limitaciones materiales para crear arte significativo y perdurable.