El viento era leve, las piedras ya no estaban frías. Noin se secó las lágrimas con la manga, sus manos aún temblaban. A su lado, Leah seguía sentada, serena, pero con los ojos cargados de ternura.
-¿Te acuerdas...? -murmuró Leah-. De la vez que me salvaste de ahogarme en el lago. Noin la miró, sorprendido.
Ella sonrió con melancolía. -Tenías ocho. Yo, cinco. Me hundía y nadie se había dado cuenta... pero tú sí, me tomaste fuerte del brazo y me dijiste que me cuidarías.
-Leah... -comenzó Noin.
-Desde ese día -continuó Leah, mirando al vacío-, siempre te observaba, jugábamos juntos en la orilla del lago, yo... te seguía sin que lo notaras. Su voz se quebró un poco.
-Después fuiste a la academia... y ya no pude seguirte. Sus ojos se entristecieron.
-Mi abuela murió unos meses después y sin ella, no pude regresar al castillo, estuve en casa, pensaba... pensaba en cómo volver a verte, me prometí que lo haría. Se abrazó a las piernas.
-Trabajé duro. Mi familia me ayudó a entrar en la academia real de sirvientes, sabía que tenía que ser la mejor... así que no hice amigos, solo estudié y practiqué, día y noche. Noin escuchaba en silencio.
-Y entonces... me enteré. Ella lo miró.
-Supe que tú serías el Consorte imperial. Él bajó la mirada.
-Sentí que todo había sido inútil, que estabas demasiado lejos, pero el deseo de estar cerca fue más fuerte. Me esforcé el doble, porque entrar al Palacio Imperial era mucho más difícil. Hubo una pausa.
-Tuve suerte. Me recomendaron y cuando dijeron que atendería al consorte imperial... mi corazón dio un giro. Leah sonrió, luego, su sonrisa se borró.
-Pero a la persona que vi allí, no eras tú. Noin cerró los ojos.
-Te vi ebrio, burlándote de todos. Ni siquiera te acordabas de mí, me gritabas, me tratabas como si fuera nada... me tirabas la comida, me decías criada, incluso me llegabas a maldecir.... Su voz era baja, pero firme.
-La imagen que tenía de ti... se quebró, pero no quise dejarte...yo no podía, me había resignado a verte así... Y entonces, sus ojos brillaron.
-Hasta ese día. Noin supo cuál día se refería Leah. Ella lo miró, con dulzura.
-No me hablaste mal. Me dijiste mi nombre, empezaste a entrenar... y sonreíste. Me hiciste bromas, incluso me pediste que te llamara por tu nombre. Su rostro se iluminó.
-Volví a ver al mismo niño que me salvó en aquel lago. Noin tragó saliva, sin poder hablar.

Leah se volteó completamente hacia él. -Yo... te amo, Noin. No quiero verte así y aunque no pueda ser tu esposa... quiero caminar por siempre a tu lado y superaremos esto como lo hemos hecho...juntos.
Las lágrimas resbalaron otra vez, y esta vez, fueron de ambos. Se abrazaron, fuerte. Por un momento... el mundo se detuvo.
Se separaron levemente, ambos se miraban a los ojos. Leah se inclinó lentamente hacia él, sus labios temblando, cada centímetro una duda y un deseo. Noin se quedó paralizado, no sabía cómo responder.
Hasta que... -"¿Debería venir más tarde?"
Este capítulo de Liz y Sombra profundiza en los sentimientos y el pasado de Leah, revelando la profunda conexión que tiene con Noin desde la infancia. A través de sus recuerdos, se muestra cómo su amor y admiración por él la impulsaron a superar obstáculos para estar a su lado, a pesar de las dificultades y el cambio que percibió en él.