El mundo del manga y el anime ha dado lugar a una rica subcultura de fans que interactúan activamente con sus obras favoritas, creando fan fiction, fan art y participando en comunidades en línea. El término "fandom" se refiere a estas comunidades interpretativas, compuestas principalmente por mujeres de diversas demografías, formadas en torno a textos de cultura popular.
Aunque las raíces de estas comunidades se encuentran en las convenciones de ciencia ficción, su medio principal hoy en día son las plataformas habilitadas por Internet. Estas plataformas facilitan la producción y circulación de obras de fans, como fan fiction, fan art, meta-comentarios y videos de fans. Además, estas comunidades se caracterizan por un alto grado de interactividad e intertextualidad entre los participantes y, cada vez más, con los textos de origen, sus autores y celebridades asociadas.
Un aspecto significativo de estas comunidades es su participación en actividades transformadoras, donde los textos de origen se reutilizan para producir obras de fans. Estas actividades a menudo se enmarcan como resistentes y subversivas, particularmente aquellas relacionadas con el género de "slash fan work", que empareja a dos personajes masculinos en una relación romántica o erótica. Este enfoque ha sido un marco comúnmente referenciado dentro del campo de los estudios de fans, que ha crecido exponencialmente en las últimas dos décadas.
A medida que el interés en los fans y las audiencias de textos de medios de cultura popular ha explotado, también lo ha hecho la cantidad de investigación publicada sobre sus actividades. Los estudios de fans, funcionando en el ecosistema académico neoliberal moderno, siguen siendo un campo multidisciplinario. Como tal, se basa en tradiciones metodológicas y disciplinarias marcadamente diferentes, incluidos los estudios feministas, de género, literarios y culturales, estudios de comunicación, estudios de medios, sociología y antropología.
La primera ola de académicos de estudios de fans se centró principalmente en recuperar la imagen del fan del estereotipo de ser consumidores acríticos de cultura popular de baja calidad. John Fiske fue especialmente influyente en la sentación de las bases de marcos teóricos que conceptualizaban a los fans (blancos) como audiencias de nicho que participaban en complejos procesos de creación de significado con respecto a los textos de cultura popular, una actividad que tradicionalmente se había visto como dominio de la cultura de élite.
Sin embargo, la narrativa de los fans como actores resistentes o "poachers" ha sido cuestionada en diversos aspectos. A pesar de estas críticas, una fuerte corriente utópica permanece evidente en las discusiones teóricas sobre el trabajo de fans, especialmente aquellas que explícitamente queerizan los textos de origen. Esto se basa en datos demográficos que indican que muchos participantes en estos espacios se identifican como mujeres queer. Dicho trabajo de fans transformador se considera que funciona en una matriz intertextual y comunitaria, que es autorreflexiva y progresista en su política.
Lo que sigue ausente en estos exámenes es un examen sostenido de la composición racial de estas comunidades, tanto en términos de participantes como en las elecciones de personajes y textos que forman el foco de las actividades transformadoras del fandom mediático. La ausencia de raza como aspecto de análisis en los estudios de fans no se debe solo a una supervisión, sino porque esta ausencia perturba las suposiciones fundamentales con respecto a su potencial subversivo y su ethos inclusivo.
Este libro explora las ramificaciones de tales perturbaciones, alineándose con la conceptualización de Sara Ahmed de lo que ella llama la "feminist killjoy" (la aguafiestas feminista). Se plantean preguntas sobre qué significa ser un "fandom killjoy" con respecto a ser objeto y reaccionar al racismo en los espacios del fandom, y cómo las concepciones de placer compartido y comunidades intertextuales se interconectan con estas dinámicas.
Se utilizan datos de entrevistas con fans no blancos de todo el mundo, así como el examen de prácticas específicas como el "racebending" (cambio de raza en personajes) para intentar responder a estas preguntas. Se argumenta que la blancura ha sido un mecanismo de estructuración central, tácito pero fundamental, tanto en los estudios de fans como en las comunidades de fandom mediático, que trabaja activamente para eludir, borrar y excusar sus operaciones. Los argumentos deconstruyen sistemáticamente estas verdades aceptadas.
Se interroga la forma en que se considera que funcionan estas comunidades, utilizando datos de encuestas de entrevistas para interrumpir los relatos aceptados de la historia del fandom mediático, así como su funcionamiento contemporáneo. Al posicionar el fandom mediático como un ciberespacio poscolonial, se pueden interrogar las operaciones, flujos, interrupciones y reinscripciones del poder representacional dentro de los espacios de fans, sin recurrir a ideas simplistas de resistencia y cooptación. Esto también permite abordar las complejas identidades de los encuestados no blancos con el matiz apropiado.
Dado que la identidad racial de los fans mediáticos se considera algo adicional a sus experiencias en los espacios del fandom mediático, en lugar de constitutivo de ellas, una consideración seria de sus efectos en los marcos generalizados de estudios de fans continúa siendo pospuesta. El objetivo es poner fin a esa postergación y resaltar las formas en que la elección de marcos metodológicos y teóricos inclusivos permite una discusión más matizada de las operaciones de las comunidades contemporáneas de fandom mediático.

La popularidad de obras como "El Guardián de Lynn Hagen" (Lynn Hagen's Guardian), que se enmarca dentro del género yaoi, es un ejemplo de cómo los fans buscan representaciones y narrativas que resuenen con sus intereses. El género yaoi, que se centra en relaciones románticas y eróticas entre personajes masculinos, ha ganado una considerable popularidad, permitiendo a los fans explorar temas y dinámicas que a menudo no se encuentran en los medios convencionales.
La lectura en línea de este tipo de obras se ha convertido en una práctica común, facilitada por plataformas digitales que permiten el acceso a una vasta biblioteca de contenido. Esto no solo democratiza el acceso a la cultura, sino que también fomenta la creación y el intercambio de contenido dentro de las comunidades de fans.
Destrozando el Fandom Yaoi
La intersección entre la vida de los fans y sus actividades en línea, como se ve en la novela "Fangirl" de Rainbow Rowell, donde la protagonista navega por espacios en línea como una popular escritora de fan fiction, es un reflejo de la creciente integración de la cultura de fans en la vida cotidiana. La defensa de intereses "poco naturales" en personajes ficticios y la acusación de tener más amigos en Internet que en la vida real encapsulan tanto la actitud hacia los textos de la cultura popular como la participación en las comunidades en línea que facilitan tales interacciones.
La pregunta "¿Qué demonios es 'el fandom'?" resuena con las acusaciones comunes sobre la sobrerinversión en lo frívolo y el desajuste social derivado de la falta de compromiso en el mundo real. Sin embargo, en la última década, la imagen del fan más generalizado ha experimentado una especie de recuperación, impulsada por el éxito de convenciones como la San Diego Comic-Con y el poder de audiencias "nerds" que han impulsado a empresas de medios como Marvel y DC Comics a convertirse en potencias internacionales.
A menudo, esto toma la forma de alentar prácticas de fans que antes se consideraban extrañas o desviadas, como el cosplay, el fan art e incluso la fan fiction. Si bien la monetización de las prácticas de fans y la manipulación de estos espectadores dedicados no es nada nuevo, la llegada de las redes sociales ha llevado a un nuevo nivel de integración en la corriente principal y su hipervisibilidad resultante para las culturas de fans mediáticas.
Famosamente caracterizados como "poachers" subculturales por Henry Jenkins, los fans de hoy parecen, al menos en la superficie, ser más convencionales que nunca. Sin embargo, los fans que son considerados más valiosos siguen inmersos en una compleja matriz de marcadores de identidad, especialmente los de raza, género y sexualidad. Es en este momento conflictivo, donde las lentes a través de las cuales se refractan simultáneamente las comunidades de fans y sus participantes desde múltiples ángulos, que se centra la atención en la pregunta de qué constituye "el fandom".

La naturaleza de "el fandom" puede entenderse como redes interconectadas de comunidades interpretativas, principalmente compuestas por mujeres y abarcando una amplia gama de datos demográficos en términos de edad, sexualidad, estatus económico y orígenes nacionales, culturales, raciales y étnicos, formadas en torno a diversos textos de cultura popular. La interactividad y la intertextualidad, junto con el compromiso en actividades transformadoras, son características clave que definen estas comunidades y su relación con los medios que consumen y recrean.