El Sr. López, protagonista de "Las puertitas del Sr. López", creación de uno de los dúos más brillantes de la historia del cómic, los argentinos Carlos Trillo y Horació Altuna, es un personaje rigurosamente universal, por el sencillo motivo de que todos, en alguna ocasión, lo hemos sido alguna vez, en mayor o menor medida.
¿Quién no se ha dejado llevar en alguna ocasión por su fantasía, imaginándose que si hubiera actuado de un modo o de otro tendría una existencia distinta, más plena y feliz, o no se situado en sus ensoñaciones en un ámbito ajeno, extraído de una novela o una película? El Sr. López es una versión inigualable de un arquetipo: el hombre gris, oprimido por las circunstancias, que se evade de una realidad angosta, repelente y rutinaria gracias a su capacidad para soñar.
Se trata de un individuo sin grandes cualidades, más allá de una decencia elemental, de edad ya madura, regordete, feo y apocado, que trabaja en una triste oficina, siempre bajo la garra de un jefe que le ningunea y una esposa que le desprecia. Su vida sería de una inanidad insoportable si no fuera porque, en los peores momentos, corre a su refugio, que es tan vulgar como él mismo: el Sr. López, con cualquier excusa, se encierra en el baño y, entonces, tras su puerta, durante unos minutos, con la única fuerza de su mente viaja a mundos fantásticos, a universos en los que sus penalidades cotidianas aparecen transfiguradas, glorificadas por el poder de sus sueños.
El Sr. López es también, evidentemente, un homenaje bonaerense y desengañado de su antecedente más famoso: el gran Little Nemo, de Winsor McCay.

El Sr. López, el epítome de la existencia gris, triste, oprimida y reprimida, nace en una época especialmente turbulenta de la historia de Argentina en la que lo más sensato era agachar la cabeza y pasar desapercibido. López hace precisamente eso. No ha tenido suerte en ninguna parcela de su vida. Su propio oficio, burócrata con ocupación indeterminada, es el símbolo de la función desvaída, anónima e irrelevante que impide destacar. Para colmo, su jefe y compañeros abusan de él, se burlan y lo ningunean. Y en casa las cosas no mejoran. Su esposa es una bruja gruñona que lo maltrata y lo apabulla. Abundando en su despersonalización, ni siquiera ella le llama por su nombre.
Escapar de la mediocridad en que vive inmerso y hallar un alivio a la crueldad que dirigen contra él quienes le rodean es una necesidad para el Señor López. Y el lugar siempre más a mano para efectuar tal escapada, aquel en el que poder disfrutar de un momento de intimidad… es el cuarto de baño. Abrir la puerta del WC supone un alivio, no sólo físico, sino espiritual. Sin embargo, no todas esas fantasías sirven para serenar su alma. Dada la variedad de los guiones -las localizaciones oscilaban desde lo histórico a lo fantástico, del western al terror, del género negro al surrealismo- y las limitaciones espaciales (era necesario narrar la historia en cinco páginas) la tarea del dibujante distaba de ser sencilla, pero Horacio Altuna no sólo sale airoso, sino que realiza un trabajo sobresaliente. Modifica su estilo de acuerdo con el tono del episodio al tiempo que respeta la característica pauta dual de la serie según la cual se alternan realidad y fantasía.
En este volumen encontramos casi 40 relatos cortos en los que se nos narran las breves aventuras de un funcionario no muy afortunado llamado Sr. López (no se le nombra de otra forma en ningún relato). En cada historia López atraviesa una puerta, la mayoría de las veces la que daría al baño de su casa, de su trabajo, del cine… Tras atravesarla viaja a lugares fantásticos, desde la selva, a ciudades ficticias, salones elegantes o incluso al más allá. Esta obra creada entre los años 1979-1980 nos ofrece diversas visiones de temas muy variados.
El Sr. López es el típico prototipo de funcionario, de cabeza gacha, tripa rellena y esperanza perdida. Con una mujer descarada, no especialmente bella tanto por fuera como por dentro, y desagradecida con los esfuerzos que López pone por mantenerla; un trabajo rutinario y nada estimulante, y un jefe que tiene más que ver con un dictador que con un líder. Todo ello unido al poco ímpetu que pone López en su vida o a sus atributos entre los que se encuentra la pusilanimidad, la resignación y en general la apatía, hacen de éste el caldo de cultivo de un pobre desgraciado.
En sus historias, López viaja a lugares de fantasía, pero incluso en esto la desgracia le acompaña, una desgracia muy metafórica en todos los casos. Tras llegar en su vida “real” a un punto de tensión considerable, López huye, buscando la salida más cercana, que siempre se encuentra detrás de la puerta de un retrete. Pero tras su viaje por el mundo fantástico que siempre parece ir en contra de su satisfacción, vuelve, no como un Superman que ha entrado en una cabina y viene con el traje de superhéroe, sino, normalmente, peor de lo que entró, por motivo de haber tenido que luchar con el problema, de forma metafórica, del que huía en su espacio de pretendida paz.
Los relatos mantienen siempre la misma estructura del chiste, y pese a que parezca increíble, su forma repetitiva no se hace cargante, y aunque sí predecible en tiempos, nunca en contenido. Deambula por ingeniosos enclaves que se adentran sin ningún pudor en obras cinematográficas como Casablanca o Alien, el octavo pasajero, o en literarias, interpretando a Philip Marlowe, o entrando al mundo de La dama de las camelias. Hace también referencias a personajes reales como a Napoleón Bonaparte o, de alguna manera algo repulsiva y con una carga sarcástica muy densa, a la sex symbol del momento Bo Dereck, de la que López solo puede acceder en forma bobina; como también a la tradición más trivial del héroe casto y puro representada en un Conan de hacendado. Y por último, aunque no menos importante, manteniendo conversaciones metatextuales con el lector utilizando los bocadillos como elementos narrativos, o incluso llegando a conocer al mismísimo Dios en persona; quien no solo no parece estar muy por la labor de sentir lástima por él, sino que le reprocha no haber usado el don de la vida que le dio para reponerse de su apática forma de vida.

Solo un guionista de genio como Carlos Trillo podría lograr en "Las puertitas del Sr. López" que, partiendo de un esquema tan sencillo, las treinta y ocho aventuras oníricas, contadas siempre en cinco páginas, no parezcan jamás repetitivas: abunda el humor surrealista, el absurdo y el lirismo, pero también visiones con un fondo muy amargo sobre la falta de libertad, la corrupción del poder o la censura (no hay que olvidar que se publicó en origen durante los años más oscuros de la criminal dictadura argentina).
Por su parte, Altuna no le va a la zaga, y a lo largo de este volumen es capaz de modificar su estilo, de acuerdo a la historia que narra, tantas veces como sea necesario, y así nos movemos de las líneas limpias de la ciencia-ficción al estilo de Moebius al tenebrismo habitual en el género negro, pasando por la espada y brujería a lo Conan o por el desenfado de un Quino o un Vázquez. Un trabajo soberbio, en ambos casos, con el resultado de un cómic imprescindible.
En el apartado gráfico encontramos un Horacio Altuna sublime. Con un trazo firme pero fluido, haciendo uso de manchas o de rayados, se hace dueño de las expresiones de todos los personajes, dándoles no solo vida sino fondo dramático. En alguna ocasión, se ven unas intenciones en los fondos que podrían recordarnos a Moebius, pero que gracias a la forma y al estilo con el que representa al Sr. López, rápidamente reconocemos al autor que está tras el pincel. En algún caso se hace uso de tramas que nos dan esa sensación de envoltura por grises que no se encuentra en las manchas habituales del dibujante. Hay que decir que en este volumen, como ya hicieron en la editorial Astiberri con el Mort Cinder de Alberto Breccia y Héctor G. Oesterheld, se han recuperado las páginas originales, sin rellenar de negro las manchas afectadas o irregulares, dándole al aspecto algo más artesanal, y que se acerca lo máximo posible a la apariencia que el dibujante concibió de la obra. Al igual que por petición expresa de Horacio Altuna, los diálogos y textos en general, han sido adaptados al castellano peninsular, con su consiguiente rotulación.

La historieta fue adaptada al cine en 1988, en el film Las puertitas del Sr. López, dirigida por Alberto Fischerman y con Lorenzo Quinteros en el papel del Sr. López.
Las puertitas del Señor Lopez
Es, además, un cómic valiente. En los agitados e inseguros tiempos en los que se publicó originalmente, criticar el autoritarismo de los militares, la corrupción institucional, la ausencia de libertad de expresión, la burocracia sin sentido o la injusticia imperante en los tribunales suponía todo un desafío: renunciar a la comodidad de lo políticamente correcto y tomar postura frente a los atropellos sociales y políticos. En este sentido, al tiempo que un hijo de su tiempo y lugar, Las puertitas del señor López es un tebeo de carácter universal cuyo mensaje va más allá de la Argentina de los setenta. Era un cómic sutil pero claramente subversivo y el público fue capaz de apreciarlo, disfrutar de ello y apoyarlo. Y, por último y sobre todo, es una lúcida defensa del poder de la imaginación y la fantasía frente a las frustraciones inherentes a la sociedad en la que vivimos.
Tras leer una obra de corte tan pesimista y a veces existencialista, uno puede pensar, que en efecto, la única manera de enfrentarse a ello es la huida hacia delante, lo que se traduce en una resignación de pretendida impasibilidad. Pero de algún modo, siempre, por muy fuerte que golpee el viento, podemos encontrar un pequeño refugio, una mano que nos ayude a avanzar, a no dejarnos arrastrar por la corriente que tanto nos atrae, nos seduce, incluso nos fuerza. López lo intenta y nunca lo consigue, pero, ¿y nosotros?
“Si asumes que no hay esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que hay un instinto de libertad, que hay oportunidades para cambiar las cosas, entonces, quizá, puedas contribuir a hacer un mundo mejor. Esa es tu alternativa”.
Las puertitas del señor López se presenta como una obra honesta pero cruda, satírica pero con la que uno se ríe angustiado, esperando que el chiste no hable de uno mismo. Con el magnífico apartado gráfico de Altuna, unido al ácido trasfondo que le otorga Trillo, esta recopilación completa de la serie se convierte en una bomba existencialista que no es apta para, curiosamente, señores y señoras López.
Información Editorial y Publicaciones
| Título | Editorial | Año | Número de Historietas | Páginas |
|---|---|---|---|---|
| Las Puertitas del Sr. López Nº 1 | Ediciones de la Urraca | 1982 | 25 | 96 pp. |
| Las Puertitas del Sr. López Nº 2 | Ediciones de la Urraca | 1988 | 13 | 100 pp. |
| Nueva Biblioteca Clarín de la Historieta N° 11 | Clarín | 2006 | - | 108 pp. |
| LAS PUERTITAS DEL SR. LÓPEZ 1 | TOUTAIN | 1984 | - | 96 pp. |
| LAS PUERTITAS DEL SR. LÓPEZ 2 | TOUTAIN | 1984 | - | 100 pp. |
Formato: Cartoné. 194 páginas.