El reconocido artista Lucas Nine ha llevado al formato de novela gráfica cuatro de los impactantes cuentos de Mariana Enríquez, reunidos en su aclamada obra "Las cosas que perdimos en el fuego" (Salamandra Graphic, 2024). Este proyecto, surgido de una propuesta de la revista argentina Orsai para adaptar el relato "Bajo el agua negra", se convirtió en una profunda inmersión en el universo literario de Enríquez, explorando el terror y la inquietud que caracterizan sus textos.
Lucas Nine confiesa que, al inicio, solo conocía el cuento "Bajo el agua negra", pero la potencia gráfica y las imágenes sugeridas por el texto lo cautivaron de inmediato. Pronto descubrió que esta cualidad se extendía a los demás relatos del libro publicado por Anagrama en 2016. El artista también se sintió atraído por la conexión de estos cuentos con la tradición literaria rioplatense, aquella que explora el terror ante las masas, a las que llama "aluvionales".
Esta fascinación por la temática llevó a Nine a indagar en autores como Esteban Echeverría y Julio Cortázar, cuyas obras también abordan, desde diferentes perspectivas, el miedo a lo colectivo. Es interesante notar cómo adaptaciones previas de Cortázar, como las de Enrique Breccia y Carlos Nine, lograron cuestionar el sentido original de los textos a través de la ambigüedad visual, un aspecto que Lucas Nine buscó replicar y potenciar.
"Me parecía que algunos cuentos de Mariana (pienso en 'El chico sucio' y 'Bajo el agua negra') funcionan como una actualización al siglo XXI de estos viejos terrores rioplatenses", explica Nine. Por ello, decidió incorporar otros relatos del mismo libro para redondear esta sensación y plasmarla de manera gráfica.

La colaboración con Mariana Enríquez fue fundamental. Ella leyó todos los guiones y otorgó a Nine una considerable libertad creativa, un aspecto crucial para un proyecto que no buscaba ser una simple versión ilustrada, sino una obra con entidad propia. "No se trataba de producir una versión ilustrada de los cuentos sino de lograr otra cosa… algo que, al menos en ese momento, se hallaba en un estado embrionario, saliendo a gatas del barro", comenta el artista.
El eje temático y geográfico de la adaptación es la ciudad de Buenos Aires, que se erige casi como un personaje más dentro de la narrativa. El cómic se compone de cuatro cuentos: "El chico sucio"; "Pablito clavó un clavito: una evocación del Petiso Orejudo"; "El patio del vecino"; y "Bajo el agua negra". "Bajo el agua negra" fue el primer relato abordado, y a partir de él se articularon los demás.
La selección de los cuentos implicó decisiones difíciles, comparables a la experiencia de elegir qué llevar de una juguetería. "De entrada, sabía que 'El chico sucio' estaría sí o sí", afirma Nine. "Pablito..." fue incluido por su capacidad para organizar la adaptación y enfocarla en la ciudad y su trasfondo histórico, mientras que "El patio del vecino" se añadió por el simple deseo de dibujarlo. Un nexo interesante entre los cuatro cuentos reside en su inquietante variación sobre la idea del niño o el hijo como "otro monstruoso engendrado por lo cotidiano".
La adaptación al cómic: un diálogo entre lo real y lo fantástico
La labor de adaptación al cómic de los textos de Mariana Enríquez implicó, para Lucas Nine, la decisión de conservar el doble registro presente en los cuentos originales. Esto se traduce en la representación de paisajes y calles concretas de Buenos Aires, escenarios donde se despliega una imaginería de pesadilla.
Nine buscó que las narradoras de las historias, y por ende el punto de vista del lector, representaran un "lugar seguro y reconocible", una especie de "casa" donde refugiarse. Para ello, utilizó modelos: Nancy Giampaolo, su esposa, inspiró a la narradora de "Bajo el agua negra"; su hermana, María, a la protagonista de "El chico sucio"; y una amiga, Micaela Sáez, a la de "El patio del vecino".

La técnica de trabajo de Nine consiste en realizar las viñetas por separado, en varias hojas de papel y a gran tamaño, a menudo explorando diferentes versiones del mismo dibujo. La literatura de terror de Mariana Enríquez, según Nine, a menudo hunde sus raíces en la realidad argentina, y esta conexión se ve reforzada en la novela gráfica mediante la inclusión de fotografías.
"Creo que la fuerza de los cuentos de Mariana surge de anclar lo fantástico a lugares precisos", explica Nine. En el caso de "El chico sucio", los escenarios son los lugares donde él mismo vive, lo que le permite salir a la calle y situar a los personajes en el espacio. La búsqueda de la casa adecuada para "El chico sucio" resultó infructuosa; a pesar de consultar a Enríquez, no existía un modelo específico. Por ello, esa casa, aparentemente fotográfica, es en realidad una ilustración.
Este juego entre lo dibujado y lo fotografiado se repite a lo largo del libro. Aunque se presentan como planos diferenciados, muchas de las supuestas fotos son ilustraciones, y muchos dibujos se basan en modelos, algunos de los cuales fueron fotografiados. "En esa dificultad está la gracia", comenta el artista.
El desafío de dibujar el terror
La cuestión de cómo dibujar el terror es central en el proceso creativo de Nine. Sostiene que una simple ilustración del texto no es suficiente, y evoca su experiencia adaptando "El almohadón de plumas" de Horacio Quiroga, donde el dilema era si dibujar o no un monstruoso parásito escondido. "Toda descripción tiene algo de pueril: los verdaderos terrores son abstractos. Tememos aquello que no tiene forma", reflexiona.
Ante la pregunta de si su adaptación será mejor entendida por quienes ya conocen el libro de Mariana Enríquez, Nine se muestra optimista, aunque confía en que su obra pueda ser apreciada independientemente de la lectura previa del original. Reconoce que los lectores familiarizados con los cuentos establecerán comparaciones, pero su objetivo no era buscar lecturas radicalmente nuevas, sino potenciar los relatos desde lo gráfico, introduciendo variaciones que los alejaran de la mera ilustración.
Nine considera que el adaptador debe poseer una tesis sobre el texto que aborda, pero también la astucia para que esta tesis no resulte evidente. "Ese es el placer especial de trabajar sobre el texto de otro autor: cómo poner la sensibilidad propia al servicio de otro mundo".
Un aspecto fundamental para él fue evitar dar explicaciones que el original no ofrecía, esquivando la tentación de cerrar aquello que Mariana Enríquez dejaba abierto. Su circuito ideal es que un lector que no haya leído los cuentos originales se sienta impulsado a hacerlo tras haber recorrido la adaptación gráfica.

La novela gráfica comienza con una potente imagen: la explosión de un coche con una mujer en su interior, portando un ejemplar del libro de Mariana Enríquez. Este detalle, lejos de ser un sueño, es fruto de un cuidadoso diseño y planificación. Nine explica que, si bien el cuento titular "Las cosas que perdimos en el fuego" no fue incluido en la adaptación, la obra se justifica como "novela gráfica" debido a que los cuatro relatos seleccionados integran un mismo ciclo y forman parte de una mitología común, no siendo una simple antología.
El artista buscó potenciar la idea de que los terrores presentes en el libro de Enríquez son, en esencia, uno solo, un elemento "lovecraftiano" y mitológico que actúa como factor unificador. Mientras Lovecraft utiliza las palabras, Nine se vale de las imágenes para lograr este propósito.
Trayectoria de Lucas Nine y Mariana Enríquez
Lucas Nine, con estudios cinematográficos en la Escuela de Cine de Avellaneda, ha explorado diversas facetas artísticas. Su interés por el cine lo llevó a dirigir y guionar uno de los capítulos del largometraje de animación "Ánima Buenos Aires" (2012), basado en una historia de su padre, Carlos Nine. Actualmente, trabaja en varios libros de historieta, con Francia como principal mercado para su obra, un país que, según Nine, ofrece una apertura y variedad impresionantes.
Previamente, Nine ha incursionado en el mundo de la ilustración con proyectos como "Dingo Romero", su primer libro como autor integral, y "El Circo Criollo", un álbum ilustrado sobre el circo popular argentino. Su carrera se ha centrado en los libros de historieta, aunque no descarta explorar más el género del libro álbum ilustrado.
Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973) es una figura destacada en la literatura contemporánea. Periodista, subeditora del suplemento Radar del diario Página/12 y docente, ha publicado novelas como "Bajar es lo peor", "Cómo desaparecer completamente" y "Nuestra parte de noche" (Premio Herralde de Novela y Premio de la Crítica 2019). Sus colecciones de cuentos, incluyendo "Los peligros de fumar en la cama" y la multipremiada "Las cosas que perdimos en el fuego" (publicada en veinte países y galardonada con el Premi Ciutat de Barcelona en 2017), han recibido unánime aclamación.
"Las cosas que perdimos en el fuego" ha alcanzado un notable éxito, llegando a su trigésima primera edición en 2022. La obra de Enríquez es reconocida por su capacidad para entrelazar el terror sobrenatural con terrores muy reales, explorando lo podrido y maléfico de la vida cotidiana y la filtración de un fondo de irracionalidad en la existencia humana.
| Título del cuento | Breve descripción temática |
|---|---|
| "El chico sucio" | Explora la figura del "otro monstruoso" en el ámbito familiar. |
| "Pablito clavó un clavito: una evocación del Petiso Orejudo" | Aborda el trasfondo histórico y urbano a través de una figura icónica. |
| "El patio del vecino" | Se centra en la inquietud y el misterio que pueden surgir en lo cotidiano. |
| "Bajo el agua negra" | Inicia la adaptación, presentando imágenes potentes y un terror sugerente. |