Si mencionamos a día de hoy los nombres de Donny Cates y Daniel Warren Johnson, seguro que a todo el mundo le suenan de sobra. No en vano estamos hablando de dos de los autores más de moda en el panorama estadounidense.
Por un lado tenemos a Cates, guionista, que desde que pegó el pelotazo junto a Ryan Stegman con su etapa al frente de Venom encuadrada dentro de la llamada Marvel Fresh Start en 2018 se ha convertido en una de las estrellas del plantel de la Casa de las Ideas. Sus trabajos al frente de licencias como Guardianes de la Galaxia, Thanos o Thor han sido grandes éxitos, y próximamente podremos verlo al frente de otra cabecera principal como es la de Hulk.
En el otro lado del cuadrilátero nos encontramos con Johnson, dibujante y, habitualmente, autor completo. Desde que Skybound dio el pelotazo sacando a la palestra el talento de este artista de Chicago con su magnífica Extremity, todo el mundo ha estado pendiente de lo que Johnson se traía entre manos.
Sin embargo, para la reseña de hoy vamos a retroceder unos cuantos años, mucho antes de que estos dos titanes fueran aclamados por los seguidores. Por aquel entonces, nos encontramos con un Donny Cates comenzando a dar sus primeros pasos en el mercado del cómic. El tejano contaba en su haber con Buzzkill, una miniserie más que recomendable en la que comenzaría su historia de colaboraciones con Geoff Shaw, y que publicaría Dark Horse.
Daniel Warren Johnson, por su parte, compaginaba un webcomic llamado Space-Mullet con distintos trabajos de diseñador e ilustrador, mientras buscaba la oportunidad de poder dedicarse a tiempo completo al cómic.
La sinopsis detrás de ese proyecto no podía ser más loca y divertida: conoce a la Flota Fantasma, el servicio de transporte que usas cuando la carga es especialmente delicada. “¿Recuerdas al final del Indiana Jones, el almacén lleno de objetos secretos? Pues la Flota serían los que se encargan de llevarlos hasta allí a buen recaudo”, dice uno de los personajes.
Como veis, ya por entonces se veía perfectamente el estilo de ambos autores.

Porca miseria: las ventas del primer número fueron muy malas (unas 4.000 copias), e inmediatamente la editorial le comunicó a Cates y a Johnson que el plan inicial quedaba cancelado y que la serie tendría que limitarse únicamente a ocho números. Una enorme guarrería por un lado, dado que guionista y artista tuvieron que ponerse manos a la obra para corregir el rumbo de la serie y condensar seis números en dos con el objetivo de darle un final más o menos digno a su historia. Aunque por el otro, ambos agradecerían a Dark Horse la oportunidad de al menos poder darle un final para sus pocos lectores, aunque fuera en condiciones tan limitantes como que los cuatro últimos números solo se publicaran en formato digital y el segundo tomo no llegara a editarse.
Con todo ello, la obra terminó, y quiso el destino que unos pocos años después ambos autores comenzaran a besar la fama. Así, Cates se llevó la obra a Image Comics (junto a Buzzkill), donde publicarían por fin una edición completa de la obra en un único tomo a finales de 2017. Por supuesto, era difícil tener esperanzas de verla publicada en nuestro país, hablamos de una obra fuera de la rabiosa actualidad, que supone más bien una curiosidad para acercarse a los inicios de las carreras de sus dos autores.
Sin embargo, Cates y Johnson, lejos de perder fuelle, siguen teniendo cada vez más fuerza para atraer a los compradores, y eso ha servido para que Norma Editorial se haya lanzado definitivamente a traernos la obra a nuestras tierras.
La Flota Fantasma es una perfecta declaración de intenciones de lo que veríamos ofrecer a sus dos autores en el futuro. Como tanto le gusta hacer, Donny Cates idea una historia macarra y cañera, una de esas en las que las organizaciones secretas conspiran, el fin del mundo acecha y los asesinos matan mientras suena de fondo el grito de The Who en Won’t get fooled again.
El guionista de Thor escribe como un adolescente que busca la mayor cantidad de momentos molones por página, es algo que nunca ha ocultado, y que a muchos lectores no convence. No es el caso de un servidor, debo decir: disfruto enormemente de las gamberradas de Cates, no solo porque sea un estilo de historias que me encante, sino porque creo que Cates, además de todo eso, sabe escribir muy bien. Cuando quiere desarrollar bien a sus personajes tiene sensibilidad de sobra para hacerlo, y cuando no le interesa tanto (como es el caso de esta obra), sabe perfilarlos perfectamente para que nos atrapen con un par de apariciones carismáticas y nos enganchemos a sus aventuras.
Otro al que reconocemos perfectamente es a Daniel Warren Johnson. El autor de Extremity realiza aquí su primer trabajo profesional y deja ya bien a la vista sus mayores virtudes. Por supuesto, como en casi cualquier trabajo primerizo, se hace patente la diferencia de nivel con lo que luego nos asombraría en Murder Falcon o Tierra Muerta. El cuidado del trazo, especialmente en los rostros de los personajes, es algo inferior, y sus fondos tienen menos dedicación.
Sin embargo, brillan más sus virtudes. Johnson tiene un don para inundar las páginas de velocidad y dinamismo, y un manejo de las escenas de acción y los chaparrones de sangre magnífico. La Flota Fantasma nos sirve como su carta de presentación, algo así como una de esas películas de bajo presupuesto con las que se estrena el que a futuro se convertirá en un director de prestigio.

El gran hándicap de la obra es sin duda su apresurado final. Esto tiene todo el sentido del mundo conociendo la intrahistoria de su publicación y su cancelación prematura. Los dos últimos capítulos transcurren a una velocidad de vértigo, cerrando la trama con una enorme prisa que hace que quede un poco anticlimático. En cualquier caso, es de justicia decir que Cates y Johnson salvan el tipo notablemente y que, a pesar de los problemas inherentes, consigue dejar la historia cerrada y mantener la diversión a un gran nivel, coñita metareferencial incluida.
Algo parecido pasa con el personaje de Beth, que queda muy desaprovechado y parece más relleno que un personaje relevante de la trama. Un problema que los propios autores reconocen como un fallo de la obra cuya raíz reside también en la reducción de episodios. En cualquier caso, está claro que siempre nos quedaremos con la duda de cómo habría sido la obra respetando su extensión original, pero dadas las circunstancias, se puede decir que la labor de los autores logra salir del paso.
SE HAN METIDO CON EL CAMIONERO EQUIVOCADO! Si tienes que transportar las mercancías más valiosas, peligrosas o secretas del mundo no puedes llamar a cualquier empresa de mensajería... llamas a LA FLOTA FANTASMA. Pero cuando uno de los camioneros con más experiencia en combate del mundo echa una ojeada prohibida a su carga, descubre una enorme conspiración que no solo supone una amenaza para él, sino seguramente para todo el planeta.
Formato: Cartoné. Color, 208 páginas.
Libro de historietas encuadernado en cartoné con sobrecubierta de 208 páginas interiores en color más cubiertas que contiene la traducción de los comic books originales The Ghost Fleet números 1 al 8 publicados en USA por Dark Horse Comics entre 2014 y 2015. Volumen único.
En definitiva, La Flota Fantasma es una obra recomendable por distintos motivos. Si eres fan de la acción descerebrada y desacomplejada, digna de una producción de la Cannon, y tienes ganas de una lectura frenética y divertida, no te la puedes perder. Y si quieres conocer los orígenes de dos de los autores más famosos de la actualidad estadounidense, sin duda te encantará acercarte a ella. Ya solo nos queda pedirle a Norma que no se detenga y nos traiga también Buzzkill.