La Cruzada del Infinito es una serie limitada de seis números publicada por Marvel Comics en 1993. Es la secuela de El Guantelete del Infinito y La Guerra del Infinito, ambas del mismo equipo creativo.
Cuando el héroe Adam Warlock toma posesión del artefacto Guantelete del Infinito, expulsa los aspectos buenos y malos de su ser para convertirse en un ser totalmente lógico, que por lo tanto puede usar el Guantelete sabiamente. Este acto no solo liberó la encarnación de sus aspectos malignos, el antiguo enemigo de Warlock, el Magus, sino que también creó una encarnación de sus aspectos buenos, la Diosa.
Durante los eventos de La Guerra del Infinito, la Diosa roba las cinco unidades cósmicas de contención (también conocidas como Cubos Cósmicos) recolectadas por el Magus. Usando el Huevo para crear un planeta llamado Paraíso Omega, la Diosa secuestra y lava el cerebro a muchos de los superhéroes de la Tierra para que actúen como su ejército. Los héroes elegidos son susceptibles, ya que son especialmente religiosos, místicamente inclinados o han tenido una experiencia cercana a la muerte.
Los héroes Mister Fantástico, el androide Visión y Iron Man investigan la desaparición de sus aliados y encuentran Paraíso Omega. Se retiran al ser atacados por los héroes con lavado de cerebro y contactan al Profesor X, líder de los X-Men, quien intenta hablar con Moondragon a través de telepatía. Esto resulta en un ataque telepático que deja al Profesor X en coma.
El Titán Thanos es visto como una amenaza por la Diosa, y es su primer objetivo a atacar, pero es inexplicablemente salvado por su enemigo Adam Warlock. Armado con la información de Mephisto, Warlock y Thanos planean derrotar a la Diosa. Thanos reúne a los héroes de la Tierra y a Silver Surfer, quien, aunque inicialmente sirvió a la Diosa, ha roto su control.
Silver Surfer destruye las defensas de Paraíso Omega, permitiendo a los héroes aterrizar y luchar contra sus amigos en lo que se convierte en una batalla a muerte. Thanos, potenciando sus propios poderes telepáticos con los del Profesor X en coma, ataca a la Diosa en el momento en que activa su plan.
Esto, sin embargo, resulta ser una ilusión creada por Warlock momentos antes de que la Diosa actuara para engañarla, exponiendo así su verdadero objetivo a su ejército y privándola de su lealtad, y de la voluntad necesaria para anular las salvaguardas de la unidad de contención contra la destrucción universal. Cogida por sorpresa, la Diosa es atacada simultáneamente por Thanos, Warlock y el Profesor X, los tres golpeándola en el plano espiritual ya que las unidades no pueden afectar al alma, y ella es absorbida por la Gema del Alma.
Los héroes regresan a la Tierra, con su batalla deshecha por el Huevo Cósmico, antes de que Thanos ordenara su autodestrucción, para asegurar que su poder nunca pudiera ser utilizado por otro. Thanos toma una unidad cósmica de contención para Mephisto y luego destruye Paraíso Omega.
La Cruzada del Infinito arranca la recta final de esta colección dedicada a la Trilogía del Infinito que Jim Starlin orquestó en la primera mitad de los años noventa. Se dice que para tener la fiesta en paz, se debe evitar en toda reunión social hablar de dos temas: política y religión. Y una de dos, o Starlin no conoce ese dicho o le da exactamente igual. En múltiples ocasiones hemos comentado que aprovecha una y otra vez para exponer a lo largo de su obra sus visiones sobre estos dos temas, y aquí tocan los dos.
Como ya vimos en La Guerra del Infinito, una de las consecuencias del breve paso de Adam Warlock por la omnipotencia al final del Guantelete fue que, para ser una entidad de razón pura, expulsó de su ser a todo el bien y todo el mal que llevaba en su interior. El mal tomó la forma de una recreación del Magus y fue derrotado en la segunda parte de este ciclo, y ahora toca el enfrentamiento contra el bien. Ese es el gran problema que tiene esta historia. La Diosa, que es la encarnación física del bien de Warlock y por algún motivo tiene la apariencia física de Juana de Arco con el tono dorado de piel de Adam, no es una personificación del bien. Va captando personajes con profundas convicciones religiosas aquí y allá y los va añadiendo a su causa, que es básicamente llevar el bien a todos los rincones del Universo Marvel, pero la adhesión a la causa de la Diosa no es del todo voluntaria.
Tenemos en este penúltimo volumen de la CJS, además, la resolución de dos asuntos pendientes de tomos anteriores. Por un lado, el esperado reencuentro entre Adam Warlock y Mefisto tras los sucesos de Resurrección. Y por otro, por fin llega el momento en el que se revela la identidad del guardián de la Gema de la Realidad.
Editorialmente, La Cruzada del Infinito tiene una estructura de crossover mucho más estándar que lo visto al principio de la Trilogía. Se extendió a lo largo de cuarenta y cinco números, de los cuales aproximadamente la tercera parte corresponden a la miniserie central de seis números y los tie-ins aparecidos en las series Warlock y la Guardia del Infinito y Warlock Chronicles, siendo esta última una serie dedicada a Adam Warlock en solitario que arranca justo coincidiendo con este crossover y cerraría en su octavo número. Los dieciséis números de estas tres cabeceras, escritos todos ellos por Jim Starlin, componen el núcleo central de la historia.
Conceptualmente, La Cruzada del Infinito tiene un fallo importante. Siendo la Diosa el bien expulsado de Adam Warlock, un bien sin matices, no tiene sentido el hecho de que controle mentalmente a sus secuaces, anulando su libertad. No tiene sentido tampoco que pretenda aniquilar a los que no coinciden con su planteamiento vital. Lo que busca la Diosa no es el bien, es dominación, es control. A estas alturas, la fórmula muestra ciertos síntomas de agotamiento, quizás más por la extensión del evento que por el tema tratado en sí.
Si la Trilogía del Infinito hubiera estado formada por tres series autocontenidas, al estilo del inicio en el Guantelete, probablemente no habría derivado tanto.
Salvat te trae las batallas que cambiaron la historia de Marvel. Realizada por los equipos creativos más talentosos, estas historias llevan el universo Marvel a otro nivel. En los conflictos entre héroes, la distinción entre el bien y el mal se difumina, y elegir el bando correcto a menudo es complicado. ¿Puede haber una batalla más grande?
Ella ha llegado para erradicar el crimen y traer la paz al Universo. El Capitán América y Spiderman están de su lado. Thanos y Mefisto, en su contra. ¿Cómo puede ser una villana?
Dicha decisión, se debe a que las mencionadas colecciones auxiliares al evento, se incluyen de forma intercalada con los tres primeros números de éste, pues los sucesos de las mismas transcurren a la par o casi seguidamente a los citados números del evento principal, por lo que la lectura gana si se lee todo el contenido en el orden que se incluye.
El guión de las tres series es de Jim Starlin, lo que sin duda es de celebrar, y los ilustradores difieren según la colección de la que se trata. Así, Ron Lim, con su estilo cumplidor pero no destacable, y sin embargo tan adecuado al argumento acompaña a Starlin en La Cruzada del Infinito. Por otro lado, es Tom Raney con un estilo en el que priman los planos y perspectivas imposibles, que resultan de verdadera locura lisérgica, es quien dibuja Las Crónicas de Warlock, dejando a Ángel Medina la ilustración de Warlock y la Guardia del Infinito.
Mención especial entre estas tres series merece Las Crónicas de Warlock, y ello porque se trata de una serie limitada, creada especialmente para esta ocasión, que narra lo que Warlock hace mientras el conflicto cósmico que da título al evento se produce. Así, a diferencia de como puede ocurrir con Warlock y la Guardia del Infinito (serie que tuvo una vida más larga, de un total de 42 números, por lo que prosiguió estando ya cerrada La Cruzada del Infinito), Las Crónicas de Warlock cumplió la función que como colección tenía que acometer: Servir de añadido y comparsa a La Cruzada del Infinito, finalizando casi a la par que dicho evento.
Así, la historia comienza con la llegada de La Diosa, un ente que encarna el lado bueno y femenino de Adam Warlock y que ha llegado a la existencia con el fin de imponer (subráyese dicho verbo) a toda costa la paz en el Universo entero, aunque para ello deba lavar el cerebro de quien sea necesario. Y es que, como ya sabemos, durante el breve tiempo que Adam Warlock poseyó el Guantelete del Infinito, para evitar convertirse en un Dios descontrolado y acabar por emular a Thanos, Warlock expurgó de su ser tanto el bien como el mal absoluto, tratando de convertirse en el más lógico e imparcial de los seres vivos.

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