Konan: El Ángel de Akatsuki y su Legado

Konan, una figura enigmática y poderosa, se erige como uno de los miembros más distintivos de Akatsuki. Su historia, marcada por la pérdida y la resiliencia, la ha convertido en un personaje fascinante dentro del universo de Naruto. Desde sus humildes comienzos en la Aldea Oculta de la Lluvia hasta su papel crucial en la organización criminal, Konan ha demostrado una fuerza inquebrantable y una lealtad incondicional.

Sexo: Femenino

Fecha de nacimiento: 20 de febrero

Tipo de sangre: O

Altura: 169,4 cm

Peso: 45,3 kg

Aldea: Aldea Oculta de la Lluvia (País de la Lluvia)

Maestro: Jiraiya

Equipo: Pain, Konan

Niña Konan con Yahiko y Nagato

La Infancia Marcada por la Guerra

Cuando eran niños, Konan y Yahiko quedaron huérfanos debido a una de las múltiples guerras de la Aldea Oculta de la Lluvia, obligándoles a que se protegieran ellos mismos. Más tarde encontraron a Nagato estando agonizante debido al hambre, Konan y lo llevó junto a Yahiko, y los tres se encontraron luego a los Sannin, quienes les dieron comida. Konan les impresionó haciendo una flor perfecta de las envolturas de la comida. Después de que Nagato matara a un ninja de la Aldea Oculta de las Rocas, Jiraiya decidió aceptar la petición de los niños y comenzó a enseñarles ninjutsu. Luego de que Jiraiya se marchara, Nagato, Yahiko y Konan formaron una organización al mando de Yahiko, a la que Hanzou no pudo ignorar. Más tarde, Hanzou ofreció un falso trato con Yahiko, Nagato y Konan a la que estos aceptaron, pero luego al día siguiente Konan fue raptada por Danzo y Hanzou y pidieron como recompensa la muerte de Yahiko para liberar a Konan. Al ver esto, Yahiko se abalanza contra Nagato para que este lo mate, muriendo así, Konan y Nagato sufrieron la pérdida de su amigo.

Konan es la compañera de Pain en la organización, y al igual que éste, está al corriente de la identidad de Tobi y sus planes, al contrario que otros miembros del grupo. La relación con los demás miembros de Akatsuki, excluyendo a Pain y Tobi, es bastante fría, ya que no se la ha visto hablar ni discutir con ellos.

Konan con su flor de papel

Habilidades Únicas: El Arte del Origami como Ninjutsu

Konan es una ninja de alto nivel al igual que los otros miembros de Akatsuki, por lo que es altamente respetada por sus compañeros. Ella tiene un talento natural: el origami, como se puede ver con la flor de papel que tiene en su cabello. Cuando niña, después de entrenar con Jiraiya, podía formar armas de papel mezcladas con su chakra, las cuales podían atravesar la piel fácilmente. Ya en Akatsuki, sus poderes crecieron considerablemente. Su cuerpo entero ya se podía transformar en miles de hojas de papel que ella controlaba, y formaba en cualquier figura. Para viajar largas distancias, ella puede moldear sus papeles en mariposas o aviones de papel para un vuelo rápido, y para el ataque, las hojas forman flechas, shurikens o kunais. Ella también puede paralizar a los enemigos cubriéndolos de hojas, así deteniendo los movimientos. Lo que ha inspirado su título de El Ángel de Dios es su habilidad para que los papeles formen enormes alas para el vuelo o mayor rango de ataque. Los ataques físicos pueden atravesar su cuerpo en tanto que se convierta en hojas de papel, haciéndola invulnerable frente a taijutsu.

Ella tiene puntos débiles, ya que Jiraiya la cubrió con aceite, impidiendo que manejara con libertad sus papeles e impidiendo que sus habilidades se pudieran usar temporalmente. Pain detiene la lluvia mediante una técnica antes de que ella se separara en múltiples hojas de papel. Sin embargo, cuando era niña, ella no tenía problemas luchando en la lluvia.

Personalidad: Calma y Lealtad

La mayoría del tiempo, Konan se mantiene calmada, sin mostrar ninguna emoción fuerte, comportándose con frialdad, de la misma forma que Pain. Cuando era niña, era brillante y muy alegre, comparada con el sensible Nagato y el rudo Yahiko. Su vida posterior pareció cambiar esto. Parece tener un lado más humano que los otros miembros de Akatsuki, ya que se pone triste cuando le recuerdan de su pasado. También expresa lealtad y cortesía hacia Pain, ambas correspondidas, haciendo lo que él pida sin cuestionarle y preocupándose por su bienestar. Actúa como intermediario entre Pain y los habitantes de la Aldea Oculta de la Lluvia, hasta el punto de haber recibido por parte de estos el título de Ángel de Dios.

Posee la habilidad de conocer las emociones de Pain sin necesidad de que él las muestre, como se ve al hacer notar a Pain que la orden dada por Madara Uchiha sobre la captura de Naruto Uzumaki y al Kyūbi no le gustaba a éste. Aparentemente, Madara y Konan no se llevan bien el uno con el otro, ya que cuando Madara duda de las habilidades de Pain, ella inmediatamente se encara a él, a pesar de que Madara sea el benefactor de ambos.

Konan y Pain

Jutsu

  • Ninjutsu de Origami
  • Shuriken de Papel
  • Lanzas de Papel
  • Estilo Origami: Alas de Papel
  • Shikigami no Mai

All of Konan Jutsu 小南 (術)

Un Amor y una Amistad Inquebrantables

Konan con Pain (Nagato) son amigos de infancia. Como sabemos, Jiraiya encontró a estos niños, Konan, Nagato y Yahiko, donde les enseñó técnicas ninja, pues no tenían maestro; ellos se encontraban fallecidos por la guerra. Hay una relación dentro de Akatsuki: Tobi, Konan y Pain son los líderes de la organización. Pain y Konan fueron a la villa a buscar a Naruto. Konan no sabe cocinar.

El San Valentín de Konan y Pain

Era la habitación del líder de Akatsuki. Ahí estaba Pain, acostado en la cama doble plaza, cubierto con frazadas rojas y negras hasta el cuello, además de tener el uniforme Akatsuki puesto… que por sí solo abrigaba bastante. Konan suspiró. No era momento para halagos. "Pain, me refiero a que tienes fiebre. Te encuentras incubando una gripe." "Y yo me refiero a que eres hermosa." Los labios de la chica Akatsuki formaron una leve sonrisa. No podía evitarlo, le encantaba que le dijera ese tipo de cosas. Además, Pain se veía lindo con ese rubor en el rostro que le causaba la fiebre. "¿Por qué no has esperado a enfermarte un poco más tarde?" "Supongo que en mi interior quería que tú me cuidaras." El muy bastardo sabía manejarse con las palabras. "Mañana tendré que cuidarte," suspiró la del cabello azul. Acariciando dulcemente el rostro de Pain. "¿Y eso te molesta? Podríamos usarlo como una excusa para escapar de los demás," sonaba convincente, él sabía cómo convencerla. Vivía seduciéndola todo el tiempo, directa o indirectamente. "Solos, tú y yo… haciendo todo lo que queramos aquí… sabiendo que ninguno de los otros Akatsukis vendrán a molestarnos. Dime algo mejor que eso para mañana…" La manipulaba, pero tristemente tenía razón. ¿Qué mejor opción que eso para un San Valentín? Hace mucho tiempo que no tenían ese momento a solas: las constantes misiones para la organización, las estrategias para la caza de los jinchuurikis y las peleas entre los mismos miembros eran razones suficientes como para no poder renovar su romance.

Konan levantó una gran sonrisa. No podía evitarlo, lo amaba. "Tienes razón." Ella se acercó lentamente a él para quitarse el deseo de darle un beso al enfermo. Cuando sus labios sonrientes estaban solo a unos milímetros de distancia, pasó… "¡ATCHÚ!" Konan se alejó, tapándose el rostro recién salpicado de gérmenes. "Disculpa, Konan."

Pain y Konan fueron a dormir luego de una cena un poco accidentada. El líder no paraba de estornudar, los demás Akatsukis lo miraban con cierto asco por esparcir tantos agentes patógenos a la atmósfera. Luego de que Deidara preguntara cosas fatalistas como "¿Se va a morir, líder?", Pain y Konan decidieron que era momento de irse a dormir un poco más temprano, dejaron detrás de ellos los murmullos de los otros Akatsukis… Pasaron un par de horas luego de eso, Pain aún seguía estornudando… "¡ATCHÚ! ¡ATCHÚ!"

Konan comenzó a preocuparse por el estado de salud de su pareja. Pain ya había tomado sus medicamentos, por lo tanto, el efecto de éstos no tendría que tardar en llegar. Ella tendría que hacer algo para que se sintiera mejor anímicamente al menos, ¿pero qué…? Se acercaba San Valentín, Konan sentía culpa: no podía ver a su líder en ese estado. Las píldoras antigripales quitarían sus virus, ella quitaría su malestar emocional. "Pain…" "Sí, lo sé. Parece que fuera cierto lo que me dijo Deidara en la cena." "No digas tonterías. Nadie muere de una gripe." "Lo sé, Konan. Si moriría, no podría darte tu regalo de San Valentín mañana," el líder Akatsuki sonrió cuando vio que los ojos de su hermosa flor brillaban de emoción. Un conjunto de ropa interior de encaje muy delicado, un ramo de camelias rojas y una enorme caja de bombones: el regalo perfecto para una chica como ella. "No pienso adelantarte nada, es sorpresa."

Un rastro de impaciencia se mostró en el rostro de la chica. Se mordió el labio inferior… Lo amaba, sabía cómo hacerla desesperar. Pero de pronto, Konan se dio cuenta de algo… ¿Qué podría darle a Pain? Con todas las ocupaciones que daba una organización como Akatsuki, ella no había tenido tiempo de pensar en el regalo perfecto. Para eso, tendría que asegurarse… "Pain…" "Dime, ángel." "¿Qué quieres que haga mañana?"

El propietario del Rinnegan comenzó a pensar, considerando todas las opciones que tenía. Estaba indeciso, esa era una pregunta muy general. Primero, el líder Akatsuki pensó las ideas más pervertidas que se le podrían ocurrir en ese momento. Para su sorpresa, consideró una opción completamente distinta al rango sexual… "Quiero que me cocines mañana." Konan parpadeó un tanto confundida. ¿Desde cuándo Pain consideraba la comida algo importante? "¿Cocinar?" "Sí, cocinar. Al enfermarme, me di cuenta que necesito nutrientes." Mentiras. Pain era un vil mentiroso. "Dime la verdad," pidió la chica, acercándose al hombro de su pareja para colocar su cabeza allí. "Quisiera que me mimes dándome de comer. Solo eso." Cariños y comida, era razonable. Como solía decir la gente: "estómago lleno, corazón contento". "Sabía que no te preocupan los nutrientes en lo más mínimo," Konan sentía pena por él, sentía que debía hacer ese gesto. Cocinarle a su líder, ¿qué podría salir mal? "¿Qué quieres que te prepare mañana?"

El líder no tardó mucho en decidir qué quería comer… "Así que este era su plan," Konan debió reconocer que todo estaba fríamente calculado… "Me gustan los desayunos y almuerzos livianos. Para desayunar quisiera un café con crema y tostadas de mermelada de ciruela." La mano izquierda de la chica Akatsuki formó una hoja de papel, ésta se despegó del cuerpo de la mujer, voló en el aire dos segundos antes de que la mano derecha la atrapara. Con esa misma hoja, Konan tomó una lapicera roja del escritorio de Pain y comenzó a anotar… "Para el almuerzo quisiera sushi makizushi con una buena taza de té verde." La chica anotaba rápidamente los deseos de Pain para ese San Valentín… "Lo que hago por amor," pensaba lastimeramente… "Para la merienda quisiera un beso tuyo bañado en chocolate." Amaba cuando decía esas cosas. Lo amaba a él… Konan sonrió. "¿Qué quieres para la merienda?" Un sonrojo apareció en el rostro de la Akatsuki. Pain, al verla, sonrió… jamás vio a una mujer tan bella como Konan siempre lo fue… desde que eran amigos en la infancia, Pain siempre la vio como su ángel… "Un beso tuyo bañado en chocolate." "Pain, ¿cómo se supone que hagamos eso?" "Yo me encargaré. No te preocupes por ello."

Konan sabía que estaba todo previa y fríamente calculado. Él no había tardado mucho en decidirse los platos del día, ni siquiera fingía que los pensaba en el momento. Pero no le importaba: ella haría cualquier cosa para que Pain se sintiera feliz… Con el rostro sonrojado, Konan anotó como merienda a sus propios labios bañados en chocolate. "¿Para la cena?" "Para la cena quiero un pollo al vino tinto con arroz seco y tomate." Anotando… "¿Quieres postre?" "Por supuesto." "¿Algo dulce o agridulce?" La respuesta del propietario de Rinnegan la tomó por sorpresa… "Quiero comida afrodisíaca." Konan abrió los ojos hasta su límite. Pain sonrió de una manera que se podía saborear el sexo en sus labios. "Un San Valentín sin el toque final no sería lo mismo, ¿no?" - dijo él, mirando seductoramente a su ángel. Enfermo… pero ni aun así dejaba de ser sexy. Konan anotó distraídamente en el papel el último pedido de su líder… es que, en ese momento, su imaginación volaba muy lejos…

Luego de despedirse con un tierno y largo beso, Konan releyó los pedidos culinarios de Pain… Desayuno: café con crema y tostadas con mermelada de ciruela. Almuerzo: sushi makizushi con una taza de té verde. Merienda: un beso bañado en chocolate. Cena: pollo al vino tinto con arroz seco y tomate. Postre: comida afrodisíaca. Cuando vio los deseos culinarios del líder, la chica Akatsuki no se dio cuenta lo complicado que podría ser un San Valentín. No pudo dormir desde entonces, tratando de pensar en cómo haría todas esas cosas… lo único que no era difícil de hacer en toda esa lista de restaurante cinco estrellas era el desayuno. Es decir, ¿un pollo al vino? ¿comida afrodisíaca?... Entonces, fue cuando tuvo la idea...

Tratando de no despertar a su hombre, Konan se levantó de la cama para buscar la solución a este problema. Aunque por su gripe no podía oler muy bien, ese aroma era lo suficientemente fuerte como para que su nariz enferma se interese. "¿Café?" fue lo primero que preguntó el Akatsuki. "¡Feliz día de San Valentín, amor!" Pain se frotó los ojos antes de poder sentarse en la cama. Cuando el Rinnegan pudo enfocar bien lo que veía, Pain sintió la sensación de una sorpresa grata: Konan, su ángel de la vida, con una bandeja y el café justamente como lo había pedido ayer, sin ningún detalle a faltar. La taza de café estaba inundada de crema, parecía una montaña; miles de tostadas violetas por la riquísima mermelada de ciruela llenaban el resto de la bandeja de plata haciendo un desayuno perfecto. "K... Konan… ¿tú…?" Ella asentía con la cabeza, sonriente. La expresión del rostro de su líder no se podía comparar con nada: los ojos bien abiertos sin saber a qué dirigir la mirada primero, si a su ángel o al desayuno más lindo de su vida. "Feliz San Valentín, Pain." "¿Puedo darte un beso… ángel?" preguntó él, dulcemente. Konan soltó una risa y no dudó ni un segundo en ir a besar a Pain. Dejó cuidadosamente la bandeja en la mesa de luz, se colocó encima de su amada pareja, lo miró seductoramente y juntó sus labios con los de él. Como siempre, jugaron uno con el otro, divirtiéndose con ese hermoso tacto llamado beso. A los dos les encantaba sentir con sus labios el frío metal del piercing del otro, morderse con suavidad, sonreír entre tiempos, disfrutar de ese momento de intimidad… solos, él y ella.

Cuando el hambre conquistó el estómago de Pain, Konan decidió dejarlo comer. Él insistía en que comiera un poco, compartir esa obra de arte llamada desayuno. Konan aceptó solo un poco, puesto que luego tenía que arreglar el almuerzo y arreglar el horario de los demás Akatsukis para que ninguno se quedara sin hacer nada. Se dieron de comer el uno al otro, cosas de una típica pareja en su mejor estado. Se besaban, se profesaban cuánto se querían.

Al terminar, Konan medicó a Pain y levantó la bandeja para bajar a la cocina. Cuando un hermoso cabello azul se asomó otra vez por la puerta de la habitación, olvidó por completo sus sospechas. Ahí estaba ella, con su cautivador brillo de siempre, su piel blanca y sus ojos dignos para enamorarse; llevaba en sus manos una bandeja de plata más grande que la anterior con un delicioso sushi junto con un humeante té verde. Esos círculos cubiertos con arroz y pescado, ya se podía sentir el sabor con solo mirarlos. Estaba completo… la salsa de soja, el wasabi, el jengibre… todo…

Pain no podía creer que su ángel podía hacer arte con la cocina. La amaba, ella era perfecta para él. Se complementaban y tenían cosas en común al mismo tiempo, estaba seguro que nunca encontraría a alguien mejor que ella… mejor que su ángel, ninguna… Ahora no pensaba soltar a Konan por nada en el mundo… ahora que descubrió que ella cocina así… "Konan, déjame ayudarte." "¡Pain, no!" "¿Por qué lo dices de manera tan brusca?" "Porque no quiero. Ya deja de preguntar." "Pero tus platos son tan deliciosos que quiero ayudarte para recompensar." "Pain, tienes gripe." "¿Cuál es la diferencia? Un sushi no es algo fácil de preparar. Quiero ayu… ¡ATCHÚ!" Su ángel culinario aprovechó el estornudo para irse. "¿Por qué no quiere que la ayude?" para el líder Akatsuki, volvieron las sospechas. Me toca devolver mi parte.

La chica Akatsuki comenzó a prestar atención a todo movimiento de su líder. Pain levantó el brazo derecho y lo dirigió a la izquierda, donde estaba un armario. Cerró su puño y lo volvió a abrir. Una caja pequeña, la otra grande y un ramo de camelias rojas fueron atraídas desde dentro del armario por un Shinra Tensei. El rostro femenino y bello de Konan se iluminó. "¡Pain! ¿Esto es…?" "Feliz San Valentín, mi hermoso ángel." Feliz, Konan besó con euforia y agradecimiento a Pain. Abrió la caja pequeña primero, donde se encontraba ese sensual conjunto de ropa interior azul con encaje negro. Al verlo, Konan rió: "Esto más que un regalo para mí, es para ti." "Pruébatelo." Al principio no se veía muy convencida. Cuando se dio cuenta, Konan ya hasta había desfilado por toda la habitación con su nueva lencería. Ahora, él y ella se encontraban comiendo los bombones de la caja más grande. "Konan, es hora de mi merienda."

El líder de Akatsuki, en un movimiento rápido, le colocó un bombón de chocolate a Konan en su boca… dejando medio bombón afuera. Pain ya no podía más, tenía mucha hambre. Estaba solo en esa habitación, enfermo, tirado en la cama sin poder hacer nada y con ganas de comerse a Konoha entera. Estaba entrando en un estado de una aparente paranoia, desesperación junto con una desnutrición severa. Su estómago gruñía una y otra vez; Konan se estaba tardando mucho… Estaba consciente que el pollo al vino no era un plato fácil. Había que cortarlo en diferentes partes, había que calentar aceite de oliva para volcarlo en donde calentaría el pollo, cuando dicho pollo estuviera en el horno mantener un estricto control del tiempo, agregarle hierbas, el vino, sacarlo del horno, volverlo a poner, etcétera. Realmente, era un problema… Pero Pain no aguantaba más el hambre. Además, no podría haber nada más gratificante que ver a su celestial ángel en manos a la obra… transpirada por el calor del horno, sus manos con restos de hierbas, ella suspirando su nombre… le parecía una idea excitante… Su estómago hambriento y su lívido sexual, lo obligaron a bajar a la cocina… Jamás pensó que iba a ver lo que vio… El Rinnegan se abrió hasta parecer desorbitado. Temblando, abrió la boca. Levantando una nerviosa mano, señaló a quien estaba ahí… Un maldito intruso ocupaba el lugar de su ángel… "¡¿I… ITACHI?" El aludido se dio vuelta. Pain se encontró con un lacio cabello negro y una mirada fríamente roja… Efectivamente, el Uchiha era ese intruso. "Buenas noches, líder." No, no podía ser esto. No estaba pasando, no estaba pasando… "¿Por… por qué… estás… cocinando?" "No sé si debería decirlo," comenzó a decir Itachi, revisando el horno. Pain pudo ver algo del contenido de ese horno… "¿Q… qué es eso… del… del horno?" "Es un pollo al vino tinto." No, no estaba pasando eso. No estaba pasando eso… Pain inspeccionaba la cocina con terror en su rostro. "Mi… mi cena," pensaba él, sintiendo como tenía ganas de vomitar… todos esas fantasías en donde su ángel cocinaba sensualmente para él se habían esfumado… Itachi… ¿Itachi Uchiha había…? Su desayuno, su almuerzo y su cena… de repente, le cayeron mal a estómago. "¿Qué le pasa, líder?" "¿Por qué estás cocinando? ¡Exijo una explicación!" "Aparentemente, porque yo sé co..."

Era un día normal en la aldea de Konoha y todos los habitantes se encontraban realizando sus propias tareas diarias. Pero un ninja rubio, más bien conocido como Naruto Uzumaki, se encontraba entrenando en uno de los campos de entrenamiento junto a Rock Lee y Kiba Inuzuka. "Tus técnicas son lo mejor Naruto, ¿cómo hiciste para aprenderlas si son tan difíciles?" preguntaba el pelimarrón con un poco de envidia. "Ninguna técnica es imposible de aprender si practicas con determinación y empeño," respondió el Uzumaki. "Pues seguiré ese camino Naruto-kun, y no me detendré hasta superarte," dijo el cejudo mientras lanzaba una patada que el rubio pudo esquivar, pero por poco.

Pasadas dos horas de una ardua práctica, los tres ninjas se encontraban jadeando y cubiertos de sudor, así que decidieron que era todo por hoy y se fue, cada uno, a su casa. Al ingresar a su hogar, el ojiazul se dio una ducha, se dirigió a su habitación y se recostó sobre su cama. Mientras trataba de dormir, pensó en las palabras que le había dicho Konan luego de la muerte de Nagato: "Dejaré Akatsuki, Nagato y Yahiko eran todo para mí, así que ya no hay razón para que siga en esta organización." Al principio, pensó que no era nada importante, pero después de meditarlo con más detenimiento, entendió lo que en realidad la peliazul quiso decir y no era nada bueno. "Si Konan dejó Akatsuki, seguramente el líder de la organización tratará de reclamarle el cuerpo de Nagato, pero no por el cadáver, sino por los ojos que posee," analizaba el rubio mentalmente. Los ojos de los que hablaba no eran más que el Rinnegan, el mayor poder ocular que ha existido en toda la historia. Y el único que todavía tiene esos ojos es el fallecido ex-líder de Akatsuki, Nagato Uzumaki. Lo que el ojiazul aún no sabía es que el recientemente mencionado era uno de sus familiares. Naruto decidió ir a donde estaba la peliazul, para asegurarse de que todo estuviese en orden, pero sabía que no iba a estar todo de color de rosa.

Konan luchando contra Tobi

La Aldea Oculta de la Lluvia y el Legado de la Paz

VILLA OCULTA DE LA LLUVIA. El Uzumaki se encontraba en las puertas de Amegakure, trataba de persuadirse a sí mismo de que todo estaba bien, pero los nervios le jugaban en contra. Llegó al área en el cual se encontraban luchando Konan y el enmascarado, y pudo divisar que Tobi estaba a espaldas de la peliazul, dispuesto a darle el golpe de gracia y matarla definitivamente. Pero eso no ocurrió ya que el rubio se interpuso entre el kunai que tenía el líder de Akatsuki y la ojiámbar, recibiendo el daño. Aún así, estaba en condiciones de luchar, el enmascarado, al darse cuenta que estaba en desventaja y que había utilizado el Izanagi en su ojo derecho, optó por marcharse y escapar. La ex-miembro de Akatsuki aún no entendía por qué el ojiazul la había salvado, pero estaba muy agradecida, sin duda alguna. Lo siguiente que hizo el Uzumaki fue desplomarse sobre el agua, ya que la herida que había recibido era muy profunda, Konan, sin pensarlo dos veces, fue a ayudarlo. "Naruto, ¿por qué me salvaste?" preguntó la peliazul un tanto confundida, había peleado muchas veces, pero nunca le salvaron la vida de esa forma. "Porque, no quería que tú…" no terminó la frase el rubio ya que se desmayó por la pérdida de sangre. La ojiámbar levantó al joven ninja y lo cargó hasta el hospital de la aldea, donde tenían que atenderlo inmediatamente. La peliazul aún no entendía por qué había pasado todo esto, pero sabía que el ojiazul tenía un motivo para salvarla de esa forma tan sorpresiva, y lo iba a averiguar.

EN EL HOSPITAL DE AMEGAKURE. Konan se encontraba esperando a que los doctores le mostraran los resultados de la recuperación del rubio. Todavía no entendía por qué alguien podía llegar a arriesgar su vida para salvarla a ella, quien parte de su vida fue uno de los miembros de Akatsuki. "¿Cómo está Naruto, doctor?" preguntó la peliazul, podía notarse mucha tristeza en sus palabras. "Afortunadamente, se encuentra bien, pero la herida que recibió lo obligará a reposar por al menos una semana," le explicaba el doctor a la oji-ambar. "Uff, ¡qué alivio!, bueno, ¿puedo entrar a su habitación?" preguntó por segunda vez la ex-Akatsuki. "Me temo que no, pero puede venir a visitarlo en tres días, ya que en ese tiempo mejorará mucho, pero por ahora debe descansar," respondió seriamente el hombre. "De acuerdo, nos vemos después," finalizó la peliazul para después marcharse del hospital con la mente puesta en una sola cosa, en Naruto Uzumaki.

Pasaron los tres días, que para Konan habían sido eternos, si bien estaba agradecida por seguir con vida, no tenía nada entretenido que hacer. Lo único que quería en ese momento era ir al hospital y visitar al valiente rubio que estuvo dispuesto a entregar su vida por ella. Al ingresar al hospital, más específicamente a la habitación que el doctor le había dicho, pudo notar la presencia del Uzumaki, quien estaba durmiendo pacíficamente en una camilla, tapado con unas sábanas blancas. La peliazul se sentó sobre una silla que se encontraba allí y observó desde más cerca a quien había sido su salvador hace unos días. "Naruto, ¿por qué me salvaste?, ¿qué hice yo para ser rescatada por ti?. Además, no debiste llegar tan lejos solo porque yo no pude derrotar a mi enemigo, y ahora tú eres el que se está recuperando en un hospital," eran los pensamientos de la ex-akatsuki. La ojiámbar intentó acariciar la mejilla del rubio, pero cuando su mano hizo contacto con el rostro del rubio, éste abrió lentamente los ojos y logró divisar a esa persona tan familiar. "Konan, ¿qué ha pasado?" preguntaba Naruto un tanto confundido. "Interveniste en mi batalla contra Tobi y recibiste un ataque que te dejó inconsciente hasta ahora," respondió la peliazul acariciando la frente del paciente. "¿Y qué sucedió con el enmascarado?, ¿lo mataste?" cuestionó nuevamente el Jinchuriki. "No, logró escapar, pero juro que lo atraparé y lo asesinaré de una vez por todas," dijo la ex-akatsuki haciéndole esa promesa al ojiazul. "Busquemoslo los dos, te vendría bien mi ayuda," comentó el Uzumaki, preocupando un poco a la mujer. "No, tú casi mueres tratando de protegerme, no tuviste que llegar hasta ese extremo solo por mí," aclaró de manera fría la peliazul. "¿Por qué no?, tú eres una persona importante para mí," dijo el rubio dejando a la fémina aún más sorprendida que antes. "Naruto, ¿de qué hablas?" preguntó Konan, sinceramente no entendía a lo que el ninja se refería. "Tú y Nagato me ayudaron a comprender lo que es el odio y la guerra, y gracias a ello logré obtener un nuevo poder, el control del otro chakra que habita en mi, la energía de Kurama. Además, la historia que Nagato me contó acerca de ustedes tres me ha conmovido, y no supe de ti durante meses, así que empezaba a preocuparme y a preguntarme si algo te había pasado, pero, por suerte, llegué justo a tiempo," terminó de explicar el rubio.

"Aún no te lo dije, gracias por salvarme," agradeció de manera nerviosa la ojiámbar, no solía agradecer a la gente ya que esta no hacía muchas por ella. "No hay problema, era mi deber como discípulo de Jiraiya salvar a una de sus ex-aprendices," comentó Naruto consiguiendo sacar levemente una sonrisa en el rostro de la peliazul, cosa que hace mucho no conseguía mostrar. "Muy bien, tengo que irme, además debes descansar," señaló Konan mientras se levantaba de la silla. "De acuerdo, cuando me recupere completamente seguiremos hablando," dijo el rubio notando que su acompañante se acercaba cada vez más a él. "Nos vemos luego," saludó finalmente la peliazul para después depositar un suave beso en la frente de Naruto y salir de la habitación. Se encontraba un poco más feliz que antes ya que iba conociendo la verdad, lentamente, pero lo estaba logrando. Además, también deseaba que el joven rubio se recuperara por lo que no tendría que haber hecho, simplemente la ojiámbar sentía culpa por haber permitido que el Jinchuriki se arriesgara de esa forma. De todos modos, él se estaba recuperando, y eso era lo más importante.

Konan cubriendo los cuerpos de Nagato y Yahiko con flores de papel

tags: #konan #akatsuki #doujinshi