El Nivel 89 de las Backrooms: Un Abismo de Oscuridad y Terror

El Nivel 89 es el 90° nivel de las Backrooms, un lugar que se asemeja a un vasto e infinito almacenamiento cubierto por una oscuridad permanente de tono rojizo oscuro, parecido a la caoba.

Estas características del nivel lo convierten en un lugar extremadamente inhóspito, agravado por la presencia de entidades peligrosas.

El monótono sonido de las luces que zumban al unísono con la ligera brisa que enfría la piel de los vagabundos es, probablemente, lo único que se puede escuchar en este nivel. La escasez de recursos y la incapacidad de abrir los contenedores obligan a los exploradores a deambular en una tediosa eternidad, con la única esperanza de encontrar una salida.

Cualquier fuente de luz es inútil ante la penumbra del Nivel 89. Es muy difícil percibir con claridad el entorno, incluso para personas con una visión muy aguda. La mayoría de las veces, uno puede tropezar con contenedores o postes de luz estrepitosamente, lo que dificulta enormemente la movilidad en el nivel.

Ilustración del Nivel 89 de las Backrooms, mostrando su oscuridad y los postes de luz.

Las Entidades del Nivel 89

El Nivel 89 alberga a dos entidades principales, cada una representando una amenaza única y aterradora para cualquier vagabundo que ose adentrarse en sus dominios.

El Ghoul

Una de las entidades más prominentes del Nivel 89 es conocida como "El Ghoul". Su apariencia es grotesca y desagradable, una especie de amalgama entre humanoide y criatura salvaje de 3 metros de altura. Utiliza sus extremidades superiores alargadas como apoyo.

Sus brazos, desproporcionadamente largos, terminan en garras afiladas que brillan con un rojo opaco, similar al tono que emiten los postes de luz alargados. Dichas garras pueden cortar con suma facilidad cualquier material, ya sea carne o metal.

Su cabeza carece de rasgos humanos reconocibles. En su lugar, presenta una mandíbula ancha y dentada que parece sobresalir de su cráneo, con dientes desiguales que rezuman un líquido oscuro y viscoso.

Representación artística del Ghoul, destacando sus garras y mandíbula.

Desde su espalda surgen protuberancias musculares que se expanden y ramifican cuando la entidad entra en estado de caza. Estas estructuras orgánicas cubren parte de su torso y brazos, funcionando tanto como armadura defensiva como armas ofensivas, capaces de extenderse para apuñalar o atrapar a sus presas.

El Ghoul tiene una necesidad impulsiva de consumir carne humana, lo que lo motiva a estar cazando constantemente a los vagabundos y comérselos en el acto. Cualquier otro alimento no le proporciona ningún nutriente; de hecho, la composición de su lengua hace que sustentos no derivados de los humanos sepan totalmente desagradables e indigeribles.

Cabe destacar que El Ghoul está completamente adaptado a su entorno, portando visión nocturna y una velocidad y fuerza sobrehumana a la hora de desplazarse sobre los contenedores. A su vez, ahorra una gran cantidad de energía al vagar encorvado.

Los Sanctus son un conjunto de extremidades orgánicas no convencionales manifestadas por El Ghoul. Estas estructuras emergen desde la espalda de la entidad, específicamente desde la región toracolumbar. Visualmente, estas extensiones adoptan la forma de tentáculos de color carmesí, con una superficie brillante y segmentada que recuerda a la quitina de ciertos artrópodos, aunque su resistencia y su elasticidad parecen ser muy superiores.

El Sanctus ha demostrado ser tanto un mecanismo ofensivo como defensivo. Durante encuentros hostiles con unidades de campo, se ha documentado que estas extremidades son capaces de perforar estructuras metálicas, manipular cuerpos con precisión quirúrgica y bloquear proyectiles pesados. A pesar de su constitución aparentemente externa, las extremidades son capaces de retraerse completamente en el cuerpo de la entidad, dejando solo un leve rastro de marcas dérmicas al momento de desactivarse.

Arbor A. Studere

Si bien está confirmado que El Ghoul es la entidad y peligro principal del nivel, hay avistamientos de una entidad secundaria, con muy pocos registros al aire libre. Arbor A. Studere es otra entidad que reside en el Nivel 89.

Luce una apariencia humanoide totalmente distinta a la de El Ghoul, con unos 179 cm de altura, una tez oscura y demacrada, como si hubiera sido expuesta a una trituradora, y un cabello negro caído y desgreñado.

Dentro de sus habilidades, no es tan diferente de El Ghoul. Puede expulsar extremidades similares en forma a tentáculos, pero con una dureza igual que el acero que salen de su espalda, cuya función principal es empalar a cualquiera que se ponga en su camino.

Representación de Arbor A. Studere, mostrando sus extremidades de acero.

Al igual que El Ghoul, Arbor tiene una necesidad impulsiva de consumir carne humana, motivo principal por el que se convierte en un vigilante del Nivel 89, teniendo un método de caza o modus operandi mucho más grotesco que la entidad predecesora: arranca los ojos de sus víctimas lentamente, para luego desprender con sus propios brazos, sin usar sus extensiones en la espalda, sus extremidades. De esta manera, teniendo solo el torso y cabeza visibles del cuerpo, inicia con un agresivo bocado en todo el rostro de su víctima, para luego dar mordiscos aleatorios por todo lo que queda de su cuerpo hasta que no quede nada, resguardando a sí mismo residuos de órganos y las extremidades restantes que previamente cortó.

Al contrario de El Ghoul, Arbor es una entidad con pensamiento humano, pero con una conducta enigmática que, hasta ahora, no se ha logrado descifrar. En los primeros registros que se tuvieron sobre avistamientos de Arbor, se le describía como una entidad pacífica y sumisa, perteneciente a una naturaleza hostil, como si hubiera sido forzado a convertirse en un verdugo del Nivel 89. Incluso, se negaba a cazar vagabundos y consumir carne humana, poniendo en juego su propia vida solo para el bienestar general.

Después de enterarse de un detalle entre los registros que se tienen del Nivel 89, uno de nuestros investigadores ha abierto la posibilidad de que Arbor A. Studere sea el ex-miembro fallecido del MEG Capra Nominata. Ante esto, se ha pedido a la DMM abrir un caso específico para determinar la veracidad de esta especulación.

Entidades de los Backrooms Explicadas (Pt.2) Guía para entender los Backrooms | HFLain

El cuerpo de Capra Nominata fue custodiado y conservado en el Nivel -808.1 para evitar que se descompusiera con el paso del tiempo.

Sedecim solo se permitía verlo, viendo el intento más artificial posible de mantener una vida perdida que había visto en años. Aquel cuerpo le evocaba a una amalgama distorsionada que a duras penas se mantenía bajo sustentos artificiales, perdiendo todo tipo de humanidad.

Pero esas dudas se desvanecieron en el instante en que sus ojos se abrieron, como espejos que dejaban ver una capa de sufrimiento, desorientación y terror mezcladas en uno.

Sedecim se estremeció de su silla, dejándola caer abruptamente sin darle importancia ante lo que veían sus ojos. Miró a todos lados, buscando entre el entorno una explicación del porqué había regresado a la vida, a la vida que había perdido cuando una entidad demoniaca atravesó su estómago, acabando con su vida.

―¿Dónde estoy...? ―Estás... ―¿Quién eres? ¿Por qué estoy aquí? ―Por suerte... o no, estás vivo ―opinó Sedecim, aclarando su garganta ―. ―¿Experimento? ¿Qué es lo que hicieron conmigo? -Una entidad... -murmuró Capra, con un tono fastidiado, como si sintiera que Sedecim estuviera burlándose de él en su cara -. -Pues... -Creo que yo me retiro... Antes de que Capra pudiera articular otra palabra, la puerta se abrió con un sonido metálico, casi ceremonial.

Sus pasos eran suaves, como si no deseara interrumpir la quietud del entorno, pero con cada paso el aire parecía volverse más denso, como si su misma aura ocultara un impulso asesino a niveles colosales, que con solo un respiro podía hacerlo estallar.

Capra, aún recostado, clavó su mirada en ella como si estuviera viendo a un fantasma. No había alarmas, ni respiraciones mecánicas, ni siquiera el susurro de las paredes criogénicas. El reflejo distorsionado de sí mismo le devolvía la mirada desde un panel de cristal, uno que no reconocía como propio.

-Capra Nominata -musitó Candens con una voz tersa, casi maternal-. Capra no respondió de inmediato. Su respiración, de nuevo, se volvió irregular. Lo que sentía no era exactamente miedo. -¿Qué me hiciste...? -logró decir. Candens no pareció molesta por la pregunta. -Te salvé -proclamó, con un tono que intentaba convencerse a sí misma-. Moriste protegiendo vidas que habrían sido fácilmente reemplazadas. Esa ideología tuya… era insostenible. -¿Y por eso... -No lo decidí -corrigió ella, con una sonrisa leve, apenas una sombra en su rostro-. El núcleo me mostró tu alma en el instante en que morías. Sincera, limpia, pero rota. Y supe que... merecías más que la muerte. -No pedí ningún propósito. Candens ladeó la cabeza. -¿Y qué te dio tu humanidad? ¿Dolor? ¿Una muerte inútil? ¿Un legado que no se sostendrá más de unos años en la memoria del MEG? Lo que te ofrecí es continuidad, relevancia, eternidad, y...

Capra bajó la mirada. Su cuerpo temblaba levemente, no por frío, sino por la tensión contenida. Su reflejo en el cristal del panel frente a la cápsula revelaba unos ojos distintos. Más hondos. Más opacos. Como si una llama se apagara lentamente desde dentro. -¿Qué soy ahora, entonces? -preguntó con voz ronca-. ¿Un arma? Candens no respondió de inmediato. -Eres una entidad, Capra -dijo sin mirarlo-. Y aún no sabes si eso es una condena o un privilegio. Pero lo descubrirás. Porque ahora formas parte de algo más grande.

Capra permaneció allí, solo. Consciente. Vivo. Pero por dentro, algo se había roto definitivamente. Ya no era un vagabundo. Era algo en medio, y ese umbral entre mundos... La sensación de sentirse perdido, de no encajar, es similar a una picazón constante en la nuca, incapaz de rascar, que te atormenta durante cada paso, a cada instante. Un dolor que se acecha con cada suspiro que da tu cuerpo, diciéndote que no deberías estar allí, incitándote a regresar a un punto de regocijo inexistente; algo que hace mucho tiempo te fue arrebatado, y que por esa misma razón estás obligado a continuar.

Jadeando y expulsando saliva de su boca, como un animal salvaje, se adentró entre la oscuridad de los contenedores a pesar de no poder ver. Algo que sentía que no era de su cuerpo, algo ajeno a su carácter, lo conducía a un mundo desconocido del cual tenía miedo. No obstante, esa sensación de pérdida, de incertidumbre, de estar completamente en la intemperie, lo atormentaba y carcomía cada vez más.

Capra percibió un olor peculiar: un olor rústico y hogareño entre todo el ambiente sombrío del nivel, como una cena casera hecha con todo el amor posible de una madre. «Es mejor ser lastimado que lastimar a los demás». Sin embargo, cuando vio a un vagabundo indefenso, recostado en un contenedor, casi como si estuviera en su lecho de muerte, se paralizó.

-No... Capra solo pudo quedarse plasmado, presenciando el sufrimiento de aquella persona entre la inmensa oscuridad del lugar. Con una fuerza aberrante, que ni siquiera Capra tenía conciencia, su brazo atravesó por completo el pecho de aquel vagabundo, tal como El Ghoul había hecho consigo mismo una vez. Había dado en el plexo solar, un punto...

El destello de los ojos de El Ghoul ilumina la grotesca escena que graba perfectamente la cámara de Vindex. La entidad retira aquella extensión del estómago del wanderer, dejándolo caer en el oscuro y frío suelo del nivel. Por unos segundos, se suspende en un trance mientras mira la cara horrorizada de Capra, que ni siquiera tenía fuerzas para gritar, solo podía ver como la boca de la entidad se acercaba en un parpadeo a su rostro, dando un bocado rápido que arrancaría varias partes de su cara.

Las extensiones de El Ghoul se alzaban con una devoción asesina que solo podía ser saciada atravesando la carne del investigador, apuñalándolo profundamente varias veces, en partes aleatorias de su torso, sin un sentido en concreto.

Un vagabundo siendo atacado por una entidad en la oscuridad.

Era sabido que Capra Nominata era un joven servicial, valiente y con un fuerte sentido de la justicia. Una filosofía como aquella era lo suficientemente intrigante para que llegara a mis ojos, los ojos del dios blanco. La esperanza, bondad y firmeza demostraban una señal de existencia incluso en un lugar como la zona de caza del Nivel 89; era algo que podía asimilar a duras penas, por ende, esa oportunidad de experimentar con la mente de alguien como un explorador con una voluntad supuestamente inquebrantable, era algo de lo cual era incapaz ignorar.

La noticia de su aniquilación no vino a mí hasta mucho después; cuando entre reuniones del MMCE con Duorum, descubrí que hubo un tremendo escándalo por la muerte de Capra Nominata, un joven explorador de rango medio del MEG que estaba siendo adoctrinado para convertirse en un completo experto, una flor prometedora que no fue capaz de florecer ante mi mano destructora y omnipotente.

Vindex Caelorianus Y Aeter Prope casi fueron enjuiciados, incluso entre todo el ambiente pesado e inhóspito del momento. La razón fue ser señalados como desertores y romper un código de leyes morales en la cual se decretaba la incapacidad de un explorador de abandonar a su compañero. También no se puede ignorar la muerte de Aurelius Noctuvius -aunque sinceramente, no es como que me importe mucho-, la cual sumada con el fallecimiento de Capra, pusieron en duda la organización de la facción a la cual servían.

Ahora, con todo este altercado, simplemente no podía emplear mi plan para causar incluso más confusión y alboroto del que ya había causado aquel caso, poniendo en riesgo la posición del MMCE y, por ende, mi propio cargo -sin mencionar que los regaños de Duorum eran lo peor que me podía imaginar-.

Vindex Caelorianus y Aeter Prope casi fueron enjuiciados, incluso entre todo el ambiente pesado e inhóspito del momento. La razón fue ser señalados como desertores y romper un código de leyes morales en la cual se decretaba la incapacidad de un explorador de abandonar a su compañero. También no se puede ignorar la muerte de Aurelius Noctuvius -aunque sinceramente, no es como que me importe mucho-, la cual sumada con el fallecimiento de Capra, pusieron en duda la organización de la facción a la cual servían.

Ahora, con todo este altercado, simplemente no podía emplear mi plan para causar incluso más confusión y alboroto del que ya había causado aquel caso, poniendo en riesgo la posición del MMCE y, por ende, mi propio cargo -sin mencionar que los regaños de Duorum eran lo peor que me podía imaginar-.

El nivel 89 es un lugar de terror y desesperación, donde la oscuridad y las criaturas que la habitan amenazan constantemente la cordura y la vida de quienes se aventuran en él.

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