Josei Toda: Legado de Transformación y Paz

Josei Toda, cuyo nombre de nacimiento era Jin'ichi Toda, nació el 11 de febrero de 1900 en la actual ciudad de Kaga, Prefectura de Ishikawa, Japón. Fue el séptimo hijo de Jinshichi y Su’e Toda. A la edad de dos años, su familia se trasladó al pueblo de Atsuta en Hokkaido, donde se dedicaban a la administración de una concesión de pesca y transporte.

Toda ingresó en la Escuela Elemental Superior de Atsuta en abril de 1906. Recibió formación en lectura de Clásico Chino de su hermano Sotokichi, quien era devoto de obras como “Las Analectas de Confucio”. Sin embargo, Sotokichi falleció cuando Toda tenía 8 años. Influenciado por el gusto de su padre por la ficción épica, Toda también se convirtió en un ávido lector.

Se graduó de la escuela Elemental Superior de Atsuta en marzo de 1912 y continuó sus estudios de secundaria a partir de abril del mismo año. Motivado por un profesor con inclinaciones literarias, comenzó a leer vorazmente obras de literatura y filosofía. A pesar de que el director de la escuela intentó persuadirlo de continuar su educación superior, él dejó la escuela porque su familia buscaba a alguien para heredar el negocio familiar.

Después de un breve período en el negocio familiar, en julio de 1915, Toda comenzó a trabajar en un granero llamado Koroku Shoten, en Sapporo, Hokkaido, recomendado por su hermano mayor Tozo. No obstante, tras visitar la tumba de su hermano Sotokichi en 1917, resolvió continuar las aspiraciones de su hermano fallecido de convertirse en educador. Estudiando mientras trabajaba, Toda aprobó los exámenes para una licencia provisional de enseñanza. Tras obtener los certificados de enseñanza como profesor asociado de escuela elemental a tiempo completo, empezó a enseñar en la Escuela Elemental Mayachi en Yubari, Hokkaido.

Nacido en Hokkaido, la isla septentrional de Japón, Toda se mudó a Tokio cuando tenía poco más de veinte años. En la capital, Toda encontró un puesto de maestro en una escuela cuyo director era Tsunesaburo Makiguchi. El joven quedó impresionado por la filosofía pedagógica de Makiguchi, quien pronto lo acogió como su discípulo. En 1928, Toda siguió a Makiguchi en la decisión de aquel de practicar el budismo de Nichiren.

En 1943, Toda y Makiguchi fueron arrestados y enviados a la cárcel por oponerse a las políticas del gobierno japonés, cuyas autoridades militaristas iban aumentando su control sobre la población y suprimiendo cualquier forma de oposición. En la cárcel, Toda se dedicó a la práctica y al estudio del budismo de Nichiren, y logró adquirir una profunda comprensión de dicha doctrina. Makiguchi falleció en prisión en 1944, mientras que Toda fue liberado tan sólo dos semanas antes de la rendición incondicional de Japón.

Una vez liberado de prisión, a fines de la Segunda Guerra Mundial, Josei Toda comenzó a reconstruir la Soka Kyoiku Gakkai, a la que le cambió el nombre por el de Soka Gakkai (Sociedad para la Creación de Valor). Toda postulaba que, a través de la práctica del budismo y de un cambio interior del individuo o “revolución humana”, todas las personas podían transformar su destino para bien. Ese mensaje -que trasladaba los profundos conceptos budistas en una guía práctica para la vida cotidiana- resonó entre numerosas personas que estaban en la pobreza o sufrían de enfermedades y otros padecimientos, en medio del caos de posguerra, instilándoles valentía y esperanza.

El 3 de mayo de 1951 fue nombrado segundo presidente de la Soka Gakkai. En 1957, Toda realizó una declaración "condenando" el uso de armas nucleares como “criminales” bajo cualquier circunstancia, y llamando a los jóvenes del mundo para que trabajen en busca de su abolición. Esa declaración se volvió la piedra fundamental de las actividades de la Soka Gakkai por la paz.

Josei Toda es también recordado por su postura inflexible en contra de las armas nucleares, que él definió como el mal absoluto que amenaza el inalienable derecho de las personas a la vida. Por ello, exhortó a los jóvenes miembros de la Soka Gakkai a trabajar por la abolición de dichas armas. Su posición al respecto, que él proclamó públicamente el 8 de septiembre de 1957, es la base de las actividades de la SGI por la paz.

El señor Toda fue quien me enseñó qué significa vivir de manera verdaderamente humanística. Solía decirnos que no había nada tan poderoso como la sinceridad. Ustedes son miembros del Departamento Futuro, nacidos un siglo después del maestro Toda; son Bodisatvas de la Tierra con la prodigiosa misión de conducir el movimiento del kosen-rufu mundial durante el próximo siglo. Al igual que Sensei aprendió de su maestro Josei Toda, Nanjo Tokimitsu, de quien ya hemos hablado en anteriores entregas, recibió instrucciones detalladas de su maestro Nichiren Daishonin sobre la forma correcta de vivir como ser humano.

Mi maestro de vida, Josei Toda, fue un hombre de gran personalidad. Hoy, más temprano, me senté a escribir algunas reflexiones sobre mi mentor así como venían a mi mente. Quisiera compartirlas con ustedes, con la esperanza de que les permitan apreciar mejor la personalidad del maestro Toda.

Era un hombre estricto. Pero un maestro de vida lleno de afecto. Era resuelto y sagaz. De gran amplitud mental. Apasionado. Inteligente. Se indignaba ante la injusticia y la arrogancia. Se conmovía fácilmente hasta las lágrimas. Identificaba claramente la esencia de las cosas y de los hechos. Era un matemático brillante. Tenía una fe y una convicción inamovibles. Protegía y defendía la Ley con absoluta lealtad. Tenía un temple riguroso como la escarcha del otoño. Pero su sonrisa era siempre como la brisa primaveral. Solía sonreír y ofrecerle al otro una copa de sake. Tenía un porte majestuoso e irradiaba excelencia a cada instante. Era, invariablemente, un aliado del pueblo. Nunca olvidaba a los que se debatían con los sufrimientos de la vida y la muerte. Siempre escuchaba con sinceridad los problemas y las aflicciones de la gente. Era, al mismo tiempo, optimista y pesimista. Luchaba con todo su ser contra el mal y la falsedad. Era capaz de discernir enseguida la naturaleza esencial y las cualidades de las personas. Era un experto en ayudar a la gente a expresar su potencial más elevado. Un valiente propulsor del ideal postulado por el Daishonin: «establecer la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra». Lloraba por los pobres. Su vida, en cierto sentido, fue una serie interminable de luchas extremas. La felicidad y la alegría de los demás lo llenaban de gozo. Detestaba, sobre todas las cosas, que lo llamaran el fundador de una religión. Se enorgullecía de ser una persona común, un hombre de gran fe. Amaba al pueblo en todas las circunstancias. Se esforzaba por comprender el mundo interior de cada persona. Era minucioso y estaba siempre alerta. Se destacaba por su gran corazón, y su actitud libre y sin prejuicios. Era estricto al capacitar a sus discípulos. Pero era capaz de dar la vida por ellos. Hombre de inmensa pasión, siempre vivió con genuina capacidad intelectual y auténtica sabiduría.

El segundo presidente de la Soka Gakkai, Josei Toda (1900-1958), fue un hombre de profunda convicción y dedicación a la causa de la paz y el bienestar humano. Su vida estuvo marcada por la lucha, el estudio y la transformación, dejando un legado imborrable en la historia del budismo y del activismo por la paz.

Retrato de Josei Toda

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La amistad es algo que depende de uno, no de la otra persona. Seguro que a todos nos gustaría tener más y más amigas y amigos con quienes poder compartir muchos momentos de felicidad y alegría, además de alentarnos mutuamente en esos momentos en los que tenemos dificultades y sufrimientos.

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