El universo del manga y el anime ha dado lugar a géneros que exploran diversas facetas de las relaciones humanas, y el yaoi, también conocido como Boys' Love (BL), es uno de los más fascinantes y populares. Este género, centrado en el romance y las relaciones entre personajes masculinos, tiene una rica historia que se remonta a siglos atrás en Japón, mucho antes de su manifestación moderna.
Los orígenes del amor entre hombres en Japón se entrelazan con prácticas históricas y culturales. Durante el período Heian (794-1185), la novela "Genji Monogatari" de Murasaki Shikibu ya mostraba relaciones homosexuales masculinas de manera natural. El término utilizado para estas relaciones era danshoku (男色), y se desarrollaban principalmente en entornos cerrados para hombres, como templos budistas en las montañas o entre los samuráis.
La influencia del budismo y la cultura china también jugó un papel crucial. El danshoku, conocido también como nanshoku, se originó entre monjes japoneses que estudiaban en China. En China, el danshoku se refería a relaciones homosexuales entre monjes. Dado que los samuráis estaban fuertemente influenciados por el budismo, heredaron esta costumbre, dando lugar años después al shudo, el amor entre samuráis.
Durante la época Edo (1603-1868), el shudo era una práctica común entre los samuráis. Adoptaban a jóvenes preadolescentes y adolescentes como pupilos, y mantenían relaciones sexuales con ellos como parte de su entrenamiento. Estos jóvenes pasaban por una ceremonia de mayoría de edad llamada genpuku, y eran conocidos como wakashū (若衆). Los wakashū, con su apariencia andrógina y flexibilidad sexual, eran considerados un "tercer género" y se les veía como altamente deseables. El arte del cariño y el sexo en esa época recibía el nombre de shikido, que significa "el camino del amor", el cual tenía dos vertientes: el joshoku (amor heterosexual) y el danshoku.

El danshoku, sin embargo, no estaba exento de problemáticas. La doctora Saeki Junko señala que existían múltiples violencias de hombres adultos sobre los más jóvenes, y que el danshoku difería de la homosexualidad moderna, donde el adulto tomaba la iniciativa y el menor permanecía en una posición de debilidad social y sexual. Las relaciones de hoy día aspiran a ser independientes e igualitarias.
Varias de estas primeras historias del amor gay en Japón están recopiladas en el libro "El gran espejo del amor entre hombres" (Ihara Saikaku, 1867). En la época Edo, eran comunes los grupos exclusivos de hombres, como los templos budistas, las sociedades de samuráis y los grupos de teatro kabuki. El aislamiento de las mujeres en esa época, según Junko, inducía a los hombres a desarrollar amistades y amores entre sí.
El Nacimiento del Shōnen-ai y el Yaoi
La era Meiji (1868-1912) trajo consigo una ola de occidentalización que impactó en Japón, llevando a la ilegalización de la homosexualidad bajo la influencia de ideales occidentales.
A mediados del siglo XX, el panorama comenzó a cambiar con la aparición de nuevas corrientes en el manga. Hasta mediados de los años 60, las historias shōjo (para chicas) eran escritas por hombres para mujeres jóvenes, centrándose en el amor entre chicos y chicas. Sin embargo, a partir de los años 70, un grupo de autoras conocido como el "Grupo del 24" (Riyoko Ikeda, Moto Hagio y Keiko Takemiya) revolucionó el género shōjo. Introdujeron temáticas como la identidad de género, la sexualidad y la salud mental, ideas que antes no se habían explorado en profundidad.
Así nació el shōnen-ai (少年愛), un subgénero de romance entre chicos jóvenes, escrito por mujeres para mujeres. Algunas consideran a Mori Mari, hija de un novelista de renombre, como una precursora del shōnen-ai con su novela de 1961 que exploraba la historia de amor entre un profesor y su joven estudiante. El término shōnen-ai, que significa "amor de chicos", históricamente tenía una connotación de efebofilia o pederastia, pero las creadoras del Grupo del 24 lo adoptaron para sus obras sobre romances entre bishōnen (美少年, "chicos guapos"), a menudo con características andróginas o afeminadas.

A principios de los años 80, comenzaron a circular los dōjinshi (同人誌), trabajos autopublicados por fans. Las fans de animes y mangas populares creaban sus propias historias utilizando a los personajes de las obras originales. La popularidad de los dōjinshi fue tal que el mercado japonés comenzó a incluirlos en revistas dedicadas al shōnen-ai, como "June", pionera en el género.
A finales de los años 70, se acuñó el término yaoi (やおい), un acrónimo de "yama nashi, ochi nashi, imi nashi" (sin clímax, sin resolución, sin sentido). Inicialmente, se usaba como un eufemismo irónico para referirse a los dōjinshi autopublicados por fans, que a menudo se centraban en el sexo con exclusión de la trama. El término se popularizó para designar historias con contenido erótico explícito entre hombres, a diferencia del shōnen-ai, que se centraba más en el romance.
La serie de manga "Kaze to Ki no Uta" (La canción del viento y los árboles, 1976) de Keiko Takemiya fue pionera en representar relaciones abiertamente sexuales entre hombres, estimulando el desarrollo del yaoi. En la década de 1990, el término Boys' Love (BL) (ボーイズラブ) surgió como un término más amplio para englobar estas producciones comercializadas para mujeres con romance hombre-hombre.
La Evolución y Difusión del BL
Hoy en día, BL es el término genérico que utiliza el mercado japonés para todo el contenido que retrata relaciones románticas y/o sexuales entre hombres, dirigido principalmente a un público femenino. Yaoi se suele usar para referirse al contenido creado por fans, mayormente erótico, aunque en Occidente los términos se usan de manera algo diferente: Yaoi para contenido erótico explícito y shōnen-ai para el romance sin contenido sexual explícito.

La popularidad del BL ha ido en aumento en los últimos años, con una gran cantidad de merchandising oficial en Japón. A pesar de que su público objetivo han sido tradicionalmente las mujeres heterosexuales, su base de fans se ha diversificado enormemente, incluyendo mujeres de la comunidad LGBTQ+ y hombres homosexuales y heterosexuales que aprecian el desarrollo romántico y de personajes.
El BL permite explorar fantasías, deseos y atracciones desde el espacio de la ficción. Sin embargo, es importante señalar que el BL no siempre funciona como una representación LGBTQ+ fiel, sino más bien como ficción. Esto permite su aceptación en sociedades con valores tradicionales conservadores en temas de diversidad sexual. A pesar de ello, el género ha recibido críticas por la representación de relaciones a menudo basadas en dinámicas de poder (jefe-empleado, profesor-alumno) y por perpetuar estereotipos dañinos. También se critica su enfoque excluyente, la minimización de la figura femenina y la fetichización de los hombres gay en historias creadas principalmente por y para mujeres heterosexuales, a diferencia del bara (un género creado por y para hombres homosexuales).
La difusión global del BL ha sido impulsada por internet, plataformas de streaming y la expansión de mercados como Tailandia, donde la diversidad sexual es más aceptada. Las series tailandesas "Y" han adaptado contenidos japoneses al contexto local, ganando gran popularidad.
En China, el género se conoce como danmei (una derivación del término japonés tanbi), aunque su desarrollo se ha visto limitado por las regulaciones de censura. A pesar de las restricciones, han florecido series donde la relación entre dos hombres se insinúa de manera evidente, más allá de la camaradería.
El manga BL llegó a España a principios de los años 2000 con editoriales como Glénat y Norma Editorial. Sin embargo, las primeras publicaciones no tuvieron un gran éxito de ventas, posiblemente debido a que la sociedad española aún no estaba preparada para ese contenido, coincidiendo con la legalización del matrimonio homosexual en 2005. A pesar de un parón, el género resurgió en España a partir de 2014 con editoriales como Tomodomo e Ivrea, trayendo obras de gran éxito internacional y consolidando el BL en el mercado español.
La evolución del YAOI/BL "SU HISTORIA"
Hoy en día, la evolución del género parece dirigirse hacia un punto medio, donde coexisten obras de pura ficción escapista con historias cada vez más realistas y conscientes de su impacto. Hombres homosexuales también consumen y crean este tipo de historias, añadiendo su propia perspectiva y convirtiéndolas en representaciones más auténticas de su realidad.